Las ballenas son como nosotros | Newsweek México


Las ballenas son como nosotros

La serie Secrets of the Whales, de James Cameron, muestra una revelación tan sorprendente como la de Avatar.

REALIZAN concursos de canto, se distinguen entre ellas mediante dialectos, se aferran a preferencias únicas de alimentos, son gobernadas por generaciones de matriarcas más viejas y más sabias, celebran la identidad de su tribu, eligen distintas técnicas de crianza y guardan elegantemente el luto por sus muertos.

Las ballenas son como nosotros. 

Mientras varias generaciones de admiradores esperan ansiosamente una secuela de la película Avatar, el mayor éxito de taquilla de la historia, su director, James Cameron, uno de los pesos pesados de Hollywood, revela algunos sorprendentes secretos sobre otro misterioso mundo que ha llevado a la pantalla. Este mundo también está habitado por una especie con una gran cognición y sensibilidad, un enorme cerebro, intrincadas estructuras sociales y complejas habilidades de comunicación.

Esta es otra “Pandora” amenazada que necesitamos comprender para protegerla, pero este mundo no proviene de alguno de los éxitos de taquilla de ciencia-ficción de Cameron. Se encuentra aquí mismo, en la tierra, y los seres mágicos que recorren y gobiernan este mundo son los cetáceos, más comúnmente conocidos como ballenas.

Secrets of the Whales (Secretos de las ballenas), la nueva serie documental de National Geographic transmitida por Disney+ que se estrenó el 22 de abril, es producida por Cameron y narrada por quien ha estelarizado desde hace mucho tiempo varias de sus películas de ciencia-ficción como Avatar y Avatar 2, la galardonada actriz y ecologista Sigourney Weaver. 

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“Desde hace años las ballenas me han fascinado, y esta fue una oportunidad de satisfacer mi curiosidad al meter las narices en un área en la que no soy experto, pero que es ciertamente un sector de curiosidad y fascinación, y aportar una especie de perspectiva del narrador de historias”, declara Cameron a Newsweek en una videoconferencia por Zoom.

James Cameron sale del Deepsea Challenger después de una sesión de buceo. Foto: Mark Thiessen/National Geographic Image Collection

Filmada durante tres años, esta épica serie documental de cuatro episodios sigue a estas misteriosas criaturas por todos los océanos, 12 países y seis continentes, incluidas ambas regiones polares, para mostrarnos sus complejas vidas, las cuales pocas personas habían atestiguado hasta ahora. 

Estos encuentros cercanos son obra del fotógrafo submarino y explorador experto de National Geographic Brian Skerry, quien cuenta las historias de las criaturas a las que ha estado documentando, y por las que incluso ha sido aceptado, durante más de 40 años.

Aunque podría ser más conocido por sus películas galardonadas con el Óscar como Titanic y Avatar y sus éxitos de taquilla de ciencia-ficción como Aliens y Terminator, Cameron también es explorador marino de National Geographic y ecologista. En su documental Deepsea Challenge (Desafío en el abismo), el director realizó una inmersión récord en el punto más profundo de la tierra.

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Al unir su pasión por la tecnología de vanguardia y por la exploración de los océanos, Cameron hizo equipo con Skerry, ganador de un “Óscar submarino” en 2019 por parte de la Academia de Artes y Ciencias Submarinas, para descubrir el mundo secreto de las ballenas, con la ayuda de avanzada tecnología submarina. Esto nos permite conocer su estilo de vida y la extraña cultura de cinco especies distintas de ballenas: orcas, ballenas jorobadas, belugas, narvales y cachalotes.

ACERCÁNDOSE A LAS BALLENAS 

Cameron cuenta, en el prefacio del libro fotográfico de Skerry que acompaña a Secrets of the Whales, que ambos comparten una atracción similar por la exploración y la creación en las profundidades del océano: “Ambos crecimos en ciudades de la clase obrera sin salida al mar, pero nos sentimos atraídos por este”, escribe Cameron, y añade que ambos obtuvieron sus certificaciones de buceo en piscinas de la YMCA.

“Fueron tres años de grandes y difíciles problemas en el mar, en condiciones de buceo muy complicadas. Había muchas cosas que yo no sabía hacer, así que llegué a celebrar el arte y la destreza [de Skerry]”, dice Cameron, que también es experto en buceo con y sin equipo. 

Una cría de ballena jorobada salta frente a Vava’u, Tonga. Foto: Brian Skerry

Skerry dice a Newsweek que entre los desafíos de filmar bajo el agua están el mal tiempo y la dificultad para encontrar a las escurridizas ballenas en el mar abierto. “Podíamos pasar semanas o meses sin avistar ninguna”. 

“Así que, aunque tres años parecen ser mucho tiempo, en el mundo de la filmación de las ballenas apenas es suficiente”. Sin embargo, en el documental se captaron imágenes nunca antes vistas: una cría de cachalote alimentándose, e incluso se registra una adopción entre especies cuando una manada de belugas adopta a un narval.

“¿Cómo acercarse a estos enormes animales y documentarlos en una forma tan dramática e íntima?”, pregunta Cameron. “[Skerry] logró que confiaran en él. Ellas le permitieron acercarse”. En el primer episodio, una orca incluso ofrece compartir su comida con Sherry: una ensangrentada mantarraya que él rechaza cortésmente. 

“Tenemos la fantasía de que estos animales tienen una vida y una inteligencia compleja y emocional, pero ahora vemos la prueba de aquello que esperábamos y creíamos instintivamente acerca de ellas”, dice Cameron, y añade que Skerry ahora tiene escenas grabadas que lo demuestran.

SON COMO NOSOTROS 

Cuando un grupo de ballenas jorobadas no relacionadas entre sí se reúnen, provenientes de distintas partes del mundo, Cameron lo describe como “un poco como una reunión anual de amigos que se juntan para pasar el rato y tomarse una cerveza”. Pero, en cambio, “ejecutan su estrategia de alimentación de red de burbujas en perfecta coordinación, casi como una danza”. 

“¿El mayor secreto de las ballenas? Tienen una vida, una familia y una cultura complicadas, de forma muy semejante a los seres humanos, afirma Skerry, y añade que piensa en ello como “los vecindarios de la Ciudad de Nueva York a finales del siglo pasado, con muchos enclaves de diferentes culturas y lenguajes. Las orcas tienen preferencia por la ‘cocina internacional’. Las orcas de Nueva Zelanda prefieren las mantarrayas, mientras que a las orcas de Noruega les gustan los arenques”.

“Las madres enseñan a sus crías las habilidades que necesitan para sobrevivir, pero también las instruyen en sus tradiciones culturales. Las ballenas jorobadas organizan ‘concursos de canto’. Las belugas visitan un ‘balneario de verano’ todos los años y realizan juegos. Las ballenas celebran su identidad y lloran a sus muertos. Son una inteligencia extraterrestre que comparte este planeta con nosotros”.

EL DAÑO PROVOCADO POR LOS HUMANOS

Así que mientras Cameron filmaba la secuela de Avatar, Skerry realizaba el trabajo de campo y capturaba imágenes de encuentros íntimos de ballenas, entre ellos, algunos que ponía los pelos de punta. “Uno no pasa mucho tiempo observando a las ballenas sin ver el estrés y las heridas que el impacto de la civilización humana le ha infligido”, dice Cameron a Newsweek, y señala un rescate filmado cuando un buzo de National Geographic intervino para ayudar a una orca atrapada en una línea de pesca y en peligro de ahogarse. 

Brian Skerry se prepara para bucear y fotografiar cachalotes frente a la costa de Dominica. Foto: Steve de Neef

Mientras Weaver narra este angustioso momento, añade que cerca de un millar de estos mamíferos que respiran aire mueren cada día atrapados en líneas de pesca. “La enorme orca macho podría matar fácilmente al buzo, pero parece comprender…”, señala la actriz de Avatar con su emblemática voz sobrenatural. 

“Prácticamente todo lo que hacemos como civilización resulta perjudicial para ellas”, dice Cameron, desde las sustancias tóxicas que contaminan el agua hasta la contaminación auditiva; desde las pruebas sísmicas hasta el sonar militar; todo esto resulta muy tóxico para las ballenas, que ven el mundo a través de los sonidos y utilizan la ecolocalización para cazar a sus presas. 

Esta contaminación auditiva se relaciona con muchos casos de ballenas varadas, señala Cameron, y explica que cuando una ballena sufre un daño en el oído ya no puede cazar u oír adecuadamente, por lo que queda varada. “Debido a sus lazos sociales, [si] una de ellas queda varada, las otras acuden al rescate, y también quedan atrapadas. Esto puede escalar hasta que se pierden manadas enteras de cientos y cientos de ballenas”.

PRIMERO, ASOMBRO; DESPUÉS, DEFENSA 

“No es posible defender y proteger aquello a lo que no amamos y que no nos importa. Así que hacer que a las personas les importe es el primer paso para emprender acciones”, dice Cameron.

Una ballena jorobada muestra la cola antes de sumergirse en la Antártida. Foto: Hayes Baxley/National Geographic para Disney+

“Actualmente se desarrolla una batalla crucial en la civilización humana, que es la guerra entre quienes toman y quienes se hacen cargo”, continúa Cameron. “Quienes toman, consideran que la naturaleza es algo de lo que nos aprovechamos y de lo que podemos obtener ganancias”.

“Así que pregúntate a ti mismo, ¿eres de los que toman o de los que se hacen cargo? ¿Estás votando por alguien que toma o que se hace cargo?” Cameron añade que las respuestas no siempre son en blanco y negro, y que quizá hay “un poco de gris”. 

“Si utilizas esa especie de prueba de fuego como una forma de guiarte para tomar decisiones, entonces eres un ciudadano responsable del planeta y estás cuidando a los otros ciudadanos del planeta, que son las grandes ballenas, los otros seres sintientes que tienen la desgracia de compartir esta enorme nave espacial con nosotros”. 

Skerry también espera que Secrets of the Whales inspire a las personas a ocuparse más de proteger los océanos: “Si sabemos y podemos ver que las ballenas comparten el amor, la jovialidad, la empatía, que invierten tanto en su descendencia y que transmiten tradiciones ancestrales, podemos comenzar a comprender lo especial que es el mundo natural, y que no estamos solos”. 

EL TOQUE DE AVATAR 

Avatar, la película de Cameron, es considerada como “la pieza más épica de defensa del medioambiente jamás capturada en el celuloide”. Y el director utiliza el mismo poder narrativo para no atiborrarnos de argumentos ecologistas en Secrets of the Whales. En cambio, nos invita a su mundo para ver los similares que somos a estas criaturas, con la esperanza de que, si podemos relacionarnos con ellas y dejar que nos asombren, nos encargaremos de salvar sus hogares y preservar sus culturas.

Skerry se acerca a un grupo de orcas frente a Nueva Zelanda para poder fotografiarlas, pues los telefotos no funcionan bajo el agua. Foto: Kina Scollay/National Geographic for Disney+

En un “divertimento de acción y ciencia-ficción que se desarrolla en un mundo de fantasía” como Avatar, Cameron afirma que pudo crear conciencia sobre los derechos de los indígenas y de las amenazas a su cultura. 

Al imaginar una cultura ficticia en otro planeta con criaturas míticas gigantes de color azul, Cameron hizo que nos importaran. “Avatar 2 y Avatar 3 están mucho más centradas en las emociones. También en este caso, no te llenan la cabeza de mensajes ecologistas. Tampoco te dicen qué hacer. Se trata de entretenimiento con conciencia”. 

Así como la tribu Na’vi saluda a los demás diciéndoles “Te veo” en Pandora, de Avatar, en Secrets of the Whales se hace una declaración similar: reconocer esas almas sintientes de las profundidades de mar, con su profunda existencia y nuestra conexión y responsabilidad de protegerlas. 

Y, a pesar de todo lo que le hemos hecho a su especie, es posible que incluso confíen en nosotros.

Entonces, ¿qué es lo que haremos a continuación? N

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Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

 

 

 

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