Paralelos atemporales | Newsweek México


Paralelos atemporales



Por definición las líneas paralelas son aquellas que nunca se interceptan, no se juntan, no convergen, sin importar dimensiones ni tiempo, éstas, jamás terminan siendo una.
Ciudad pequeña, verano indiferente, auge de redes sociales, sentimientos encontrados de cambios drásticos, así el comienzo de esta historia. Si hubiera sabido entonces que las líneas paralelas serían parte de mi experiencia me hubiera ahorrado muchos malos tragos.

Yo era un estudiante promedio, pensaba que mi vida era ¨aburrida¨. Comencé mi carrera y dejé atrás decepciones sentimentales, problemas familiares, y la ansiedad de no saber bien qué hacer de mi vida.

A petición de conocidos de otras carreras y la novedad de las redes sociales e interacciones virtuales abrí mi perfil de Facebook sin expectativa alguna. Pasaron meses y poco a poco igual que todos, me involucre más y más dentro esta red. Una foto desinteresada de perfil me bastó para agregar de amigo a Christian, a quien cabe mencionar, nunca había visto en persona; delgado moreno, de felinos ojos negros. . La conexión fue orgánica e inmediata, teníamos diferencia de edad mínima y varios amigos en común.
Pasaron algunos meses y entre nosotros creció un interés genuino desde el primer contacto, coincidíamos en maneras de pensar, gustos, y lo más importante; ambos queríamos una relación de pareja. Después de varios intentos fallidos, por fin nos conocimos en persona. Los nervios eran tan intensos que ocupaban un lugar en la mesa, a un lado de nosotros.
En ese momento, sentía que era lo que buscaba y que el sentimiento era mutuo, el tono de nuestras conversaciones cada vez era más íntimo, no queríamos ilusionarnos y sin embargo lo hicimos.
En esta ambigüedad de estar sin querer quedarse nos estacionamos un año, el interés de los dos seguía creciendo y sin embargo no avanzábamos a ningún lado, era como si todo estuviera de nuestro lado excepto el tiempo. Y con esa tibia excusa justificábamos no tener el valor de dar el siguiente paso, de tomarnos de la mano y de caminar hacia una misma dirección; juntos.
Ingenuos fuimos ambos al pensar que se puede planear cuándo, cómo y con quién porque los algoritmos de las redes sociales a diferencia de nosotros se actualizan a toda velocidad analizando nuestros comportamientos y gustos… De nuevo el Facebook – esto quizá explique cómo es que han tenido tanto auges las apps de citas los últimos años- una vez más, me sugiere otro rostro desconocido, pero de ojos cálidos y sonrisa de lado. No era Christian y eso era tan bueno como malo. Su nombre era Erick, como si fuera un loop del que no puedo salir comienza a desarrollarse la misma historia, meses antes de conocernos, vernos, congeniar y luego…nada.

Debo confesar que si me alejé de ambos fue por mis propios miedos y fantasmas, desbarate las telarañas que tenía en mi cabeza y con ellas construí una barrera fortalecida que no sólo impidiera el paso sino que atrapara ahí inmóvil a cualquiera que quisiera pasarla, y ahí pegados los dejé a los dos, entre tanta sombra hasta los imaginaba a ellos teniendo largas charlas en chat , saliendo y tomándose de las manos, siendo todo lo que no pude ser, ni con uno , ni con otro…por suerte, poco a poco fui desempolvando mi mente, sacando todo lo que ya no me servía, creando espacios seguros sin necesidad de armaduras protectoras.

Erick volvió a buscarme y comenzamos a salir, fue un soplo de aire fresco estar con alguien que tenía las mismas ganas de pasar tiempo conmigo, vaya que la reciprocidad es poco valorada. Fuimos un nosotros que duró lo suficiente. Pasado el tiempo descubrí que mis suposiciones no estaban equivocadas; Erick y Chris también habían sido líneas paralelas.
¨ Quizá somos lo que nos merecemos, pero no lo que necesitamos ¨nos dijimos la última vez labio a labio, suavecito, sabiendo bien que nadie habita en el hubiera pero pensando, como normalmente pasa que uno es la excepción a la regla. Pero no. Han pasado años, y mi nudo en garganta jamás se ha ido, Chris sigue siendo parte de mi vida, pero ahora es sólo mi amigo, bueno, siempre lo fuimos.
Hoy tengo la certeza de que nuestras líneas pudieron haber sido una, así, genuinamente, sin miedos, obstáculos ni dudas, o al menos eso me gusta pensar. Nos he visto compartiendo una cobija en el sillón viendo nuestras series favoritas, peleando entre risas porque me gusta apretar la pasta confirme se usa y a él no, de la mano a escondidas de su abuela, no sé, supongo que prefiero tenerlo así, en escenarios inagotables detrás de esa puerta en la que me resguardo de lo que no pasó, que no tenerlo en lo absoluto cuando abro los ojos y no está.

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