Nunca he sido buena mintiendo. | Newsweek México


Nunca he sido buena mintiendo.



Se dice que , desde el principio se puede ver el fin, yo no concuerdo. Cuando conocí a Luis sentí que era parte de una comedia romántica , a pesar de que no lo había visto nunca antes me parecía familiar, sus ojos negros brillaban desde el otro lado de la mesa y no pude más que rendirme ante su magnetismo, él vivía en Monterrey , estaba de visita por un viaje de trabajo en Guadalajara mientras que yo llevaba apenas unos meses viviendo con Javier cerca de Chapala. Pasamos una noche increíble , intercambiamos números y quedamos en contactarnos. Al día siguiente me llamó y salimos a comer ; a las dos semanas me mudé de regreso al centro de la perla tapatía ; nunca he sido buena mintiendo por lo que era obvio para Javier que yo ya no estaba ni ahí.

Así pues comenzó lo que pensaba era mi cuento de hadas, a pesar de la distancia Luis representaba todo lo que ni siquiera sabía qué quería : era cariñoso, inteligente y sobre todo apasionado de la vida, aparte de que no era celoso ni posesivo como otras parejas que había tenido antes, era divorciado y parecía ya haber aprendido que eso no llevaba a nada.

Su trabajo era muy demandante , al igual que el mío, por lo que nunca me preocuparon sus viajes largos o la ausencia de algún mensaje, al contrario, me sentía bendecida de formar parte por fin de una relación donde reinaba la confianza y éramos capaces de darnos espacio suficiente para crecer.

Al cumplir el primer año decidimos irnos de viaje juntos, una semana en cuba ; un viaje tan inolvidable como agridulce. Todo iba viento en popa, salimos a bailar, hicimos un recorrido por la casa de Hemingway, comimos cómo si no hubiera un mañana y hasta una limpia nos hicieron, ojalá entonces hubiera sabido la bienvenida que nos esperaba.

Aterrizamos en la Ciudad de México , el plan era pasar una noche ahí antes de separarnos de nuevo y volver a la rutina…hasta que tuvimos que cambiarlo. Fuera de las llegadas internacionales una mujer con dos niños le bajó el color y la presión. Luis soltó mi mano y me dijo; es Gloria, mi esposa.

Resulta que, Luis se había abstenido de contarme algunos detalles de su vida. Por ejemplo: que si, estaba divorciado pero que después había vuelto a casarse. Con los ojos vacíos intenté disculparme con ella, me miró con desprecio -no la culpo pero aún así esperaba empatía- nunca pensé que me convertiría en la otra, mucho menos sin querer.

No, no siempre se ve el fin desde el principio, a veces por más que uno tenga los ojos abiertos el corazón le pone lentes rosas a la percepción.

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