¿Por qué la antigua "vida normal" desaparecerá tras el COVID-19? | Newsweek México


¿Por qué la antigua “vida normal” desaparecerá tras el COVID-19?



La pandemia ocasionada por el COVID-19 se ha intensificado y ampliado a escala mundial. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha señalado que las repercusiones en la salud pública son enormes, y las economías y los mercados de trabajo están sufriendo perturbaciones sin precedentes: “Es la peor crisis mundial desde la Segunda Guerra Mundial”.

La pandemia ocasionada por el COVID-19 se ha acelerado aún más en términos de intensidad y ampliación de su alcance a escala mundial. Las medidas de paralización total o parcial ya afectan a casi 2,700 millones de trabajadores, es decir: a alrededor del 81 por ciento de la fuerza de trabajo mundial, señala la OIT.

A partir del 1 de abril de 2020, las nuevas estimaciones mundiales de la OIT apuntan a que en el segundo trimestre de 2020 habrá una reducción del empleo de alrededor del 6,7 por ciento, el equivalente a 195 millones de trabajadores a tiempo completo.

Ante esta problemática, la ONU ha lanzado un plan para apoyar a los países hacia la recuperación social y económica tras la pandemia. Esto como respuesta al COVID-19 que además de la crisis sanitaria, ha provocado una recesión histórica con niveles récord de privaciones y desempleo. Una crisis humanitaria sin precedentes que afecta severamente a los más pobres, especialmente a mujeres y niños.

Las Naciones Unidas piden un aumento extraordinario del apoyo internacional y del compromiso político para garantizar que las personas de todo el mundo tengan acceso a los servicios esenciales y a la protección social.

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El “Marco de las Naciones Unidas para la respuesta socioeconómica inmediata a COVID-19: responsabilidad compartida, solidaridad mundial y medidas urgentes en favor de las personas más necesitadas” llama a la protección de los empleos, las empresas y la calidad de vida para poner en marcha —lo antes posible— una recuperación segura y sólida de las sociedades y las economías, con el fin de lograr un camino más sostenible, equitativo en materia de género y neutro en cuanto a las emisiones de carbono se refiere. Es decir, mejor que el antiguo “normal”.

Se ha explicado que no se trata solo de la población más vulnerable. “Esta pandemia muestra que todas y todos estamos en riesgo, porque solo somos tan fuertes como el sistema de salud más débil. Su escala, sin precedentes, exige una respuesta sin precedentes”, dijo el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, quien presentó su informe sobre las repercusiones socioeconómicos de COVID-19 “Responsabilidad compartida, solidaridad mundial”, en marzo de 2020.

“Todo lo que hagamos durante y después de esta crisis debe estar fuertemente enfocado en la construcción de economías y sociedades más equitativas, inclusivas y sostenibles que sean más resistentes frente a las pandemias, el cambio climático y los muchos otros desafíos mundiales que enfrentamos”, dijo.

Este nuevo marco establece la manera en que las entidades de las Naciones Unidas harán realidad esta visión sobre el terreno. Se ha puntualizado que las decisiones que se tomen en los próximos meses serán cruciales para el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDG), el marco de las Naciones Unidas para la recuperación social y económica.

Al observar que durante el brote del ébola en 2014 murieron más personas por la interrupción de los servicios sociales y el colapso económico que por el propio virus, “el marco se centra en la protección de las necesidades y los derechos de las personas más afectadas por la pandemia, empezando por los países y grupos más vulnerables y los que corren el riesgo de quedarse atrás”.

Basándose en las enseñanzas aprendidas de la crisis económica y financiera mundial de 2008-2009, el documento señala que los países con sistemas de protección social y servicios básicos sólidos son los que menos sufrieron y los que se recuperaron más rápidamente.

La pandemia es un golpe para las economías en desarrollo y las emergentes.
Foto: Adobe Stock

La ONU busca evitar que miles de millones de personas caigan en la pobreza, los gobiernos de todo el mundo tendrán que adaptar y ampliar rápidamente los “colchones” de seguridad, como las transferencias de efectivo, la asistencia alimentaria, los planes de seguridad social y los subsidios familiares.

Para reducir los efectos de COVID-19, las Naciones Unidas piden que se amplíe extraordinariamente el mecanismo de respuesta inmediato de protección social que tenga en cuenta los efectos diferenciados en los grupos vulnerables, las niñas, los niños, las mujeres, los hombres y las personas del sector no estructurado. Esto es particularmente urgente considerando que 4,000 millones de personas, más de la mitad de la población mundial —incluidos dos de cada tres niñas y niños—, carecen de protección social o esta es inadecuada.

 CINCO CORRIENTES DE RESPUESTA

Las Naciones Unidas se enfocarán en cinco corrientes principales en su respuesta, que sitúan a las comunidades en el centro de los esfuerzos de recuperación: 

  1. Proteger los servicios de salud existentes y fortalecer la capacidad de los sistemas de salud para responder al COVID-19.
  2. Ayudar a las personas a hacer frente a la adversidad, mediante la protección social y los servicios básicos.
  3. Proteger los empleos, apoyando a las pequeñas y medianas empresas, así como a las y los trabajadores del sector no estructurado mediante programas de recuperación económica.
  4. Orientar el aumento necesario del estímulo fiscal y financiero para que las políticas macroeconómicas beneficien a las poblaciones más vulnerables y fortalecer las respuestas multilaterales y regionales.
  5. Promover la cohesión social e invertir en sistemas de resistencia y respuesta dirigidos por las comunidades. 

Estas cinco corrientes están conectadas por la acción para satisfacer la necesidad de sostenibilidad ambiental, si se quiere que los países se recuperen y reconstruyan mejor, y estén mejor preparados para hacer frente a futuras conmociones, incluidas las pandemias, ha sentenciado la Organización.

El plan será puesto en marcha en 162 países en los próximos 12 a 18 meses, bajo la dirección de las y los Coordinadores Residentes de las Naciones Unidas, con el apoyo de una red de personas expertas mundiales y regionales. 

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Se prevé que las necesidades financieras del Fondo asciendan a 1,000 millones de dólares en los primeros nueve meses y se examinarán posteriormente. El secretario general también pidió que se diera una respuesta multilateral que representara, por lo menos, el 10 por ciento del producto interno bruto (PIB) mundial, a fin de dar la respuesta más eficaz a la crisis sin precedentes en el mundo.

NO SE VOLVERÁ A LA ANTIGUA “NORMALIDAD” 

No se volverá a la antigua “normalidad”, según el documento. “La pandemia es un golpe para las economías en desarrollo y emergentes que ya se enfrentan a limitaciones vinculantes de la deuda y a un espacio fiscal limitado; varios países en desarrollo necesitan un alivio urgente de la deuda.

“Sus repercusiones serán especialmente devastadoras para los países más vulnerables, es decir, los que se encuentran en situaciones de ayuda humanitarias o de conflicto”. 

Naciones Unidas también exhorta a que se lleve a cabo un reajuste fiscal y financiero masivo en las próximas semanas y meses, incluida la reorientación de los subsidios a los combustibles fósiles para contribuir a la respuesta.

 

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