Aguascalentenses duermen en la calle en espera de una despensa | Newsweek México


Aguascalentenses duermen en la calle en espera de una despensa



Don Víctor Hugo es taxista, pero desde hace dos semanas dejó de trabajar luego de que los ingresos se redujeron ante la falta de personas en las calles de Aguascalientes, quiénes en su mayoría se encuentran acatando las medidas de distanciamiento social.

Junto con su esposa y sus tres pequeños hijos, que no sobrepasan los seis años, llegó desde las 9:00 de la noche al exterior de las instalaciones de la asociación Cáritas Aguascalientes, ubicadas en la calle Emiliano Zapata, en la zona centro de Aguascalientes, formando parte de una fila de familias que se tornaría interminable durante las próximas horas, en busca de una despensa que les permita subsistir por los próximos días.

“Estamos aquí desde las 9 de la noche, porque ya ve que ahorita el virus nos trae locos y nos está dejando sin trabajo, soy taxista y nos la estamos viendo bien dura ahorita. Cuando yo llegué ya había casi 60 personas formadas, desde las 7:00 p.m. ya estaba la primer persona”.

 

 

Desde hace más de dos semanas, la asociación, con el apoyo de empresarios, funcionarios públicos y de la sociedad en general, han realizado el acopio de alimentos para la entrega de despensas para los sectores vulnerables de Aguascalientes, principalmente a aquéllos que se han quedado sin empleo o que trabajan en la informalidad, y cuyos ingresos se han visto mermados.

Cerca de la medianoche llegó la señora Mónica González, junto con dos vecinas. Todas ellas, habitantes de la Col. México. Todas, mayores de 60 años; a su edad y en sus condiciones económicas, no es opción decidir entre el contagio del virus del Covid-19 o del otro virus, igual de grave, la pobreza.

“Yo soy intendente de varias partes, pero ahorita nos descansaron. Mi esposo es pensionado, pero al menos es poquito cada mes, aunque ahorita no alcanza para nada”.

Para poder comer, se han tenido que dejarse pagar algunos gastos del hogar, aquéllos que pueden esperar más que el hambre, según comenta la señora Mónica.

“Todavía tengo pendiente de pagar mi recibo de agua, se venció desde el día 19 de abril y todavía es fecha que no he pagado, porque antes necesito comer”.

 

 

Casi a la par, llegaron la señora Ofelia y su hija. Ella, también mayor de 65 años. A pesar de las recomendaciones para no salir a la calle, la necesidad para llevar el alimento a la casa es mayor, luego de que la familia dejó de obtener ingresos, pues los hijos de Ofelia, han tenido que acatar la cuarentena.

“Ahorita no tenemos trabajo, todos mis hijos están descansados, la mayoría son comerciantes y músicos”.

El lunes inició la entrega de 2 mil 500 despensas, que fueron suficientes para la cantidad de personas que acudieron, lo que generó molestia y frustración para las familias que se quedaron sin el apoyo.

“Ayer vine, pero no alcancé, por eso hoy me vine más temprano”, comentó la trabajadora de una cremería, que llegó a la fila a las 6:00 a.m. En su trabajo han suspendido labores desde hace un mes, pagándoles sólo un salario mínimo, equivalente a 600 pesos a la semana.

Así como ella, personas de prácticamente todas las zonas de Aguascalientes, como Mirador de las Culturas, Col. Insurgentes, La Rivera, entre otras, fueron poblando la fila, lo que provocó que en algunos momentos se dejara de respetar la “sana distancia” entre ellos, a pesar de la insistencia de elementos de la Policía Estatal para que se guardara un metro entre cada persona.

 

 

Pasadas las 7:00 a.m. inició la entrega de 3 mil 500 despensas. Después de esperar casi 10 horas, el señor Víctor Hugo salió de Cáritas con una despensa en la mano y en la otra, sus hijos.

“Toda la noche estuvo llegando gente, estuvo difícil por los niños, pero ahí fuimos pasándola, pero primeramente Dios ya nos tocó”.

Después siguieron saliendo más familias, con los rostros mezclados de sentimientos, pero donde imperaba la felicidad, tras recibir el apoyo que les permitirá llevar algo a su hogar para subsistir por los próximos días.

Sin embargo, no todos se fueron con el mismo semblante, pues dos horas bastaron para que las despensas se acabaran, y con ello, otro día de incertidumbre y preocupación para cientos de familias que regresarán a sus casas con la esperanza de que en los próximos días tengan mejor “suerte”.

 

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