La construcción del NO en el consentimiento sexual


La construcción del NO en el consentimiento sexual

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En el ámbito de los encuentros íntimos puede haber silencios que resulten catastróficos. Expertos explican a Newsweek México que, después de movimientos como el #Metoo, el terreno está listo para empezar a construir una sexualidad en donde las mujeres puedan decir “hasta aquí”. Ha llegado el momento, dicen, de que las mujeres puedan decir que no y que los hombres estén abiertos a recibirlo.

Era viernes por la noche. Carla cuenta que se fue a bailar con su mejor amiga, el novio de ella y el primo de él. En ningún momento, platica, se habló de una cita a ciegas o algo parecido, pero el primo dedicó la noche a seducirla. Primero unos tragos en la barra, unos pasos de baile y unos besos antes de que terminara la noche. Carla dice que hasta ahí se sentía cómoda. A las tres de la mañana decidieron irse, y cuando Carla subió a su coche, el primo se subió, sin invitación, al asiento del pasajero. “Bájate, llegué sola y así me quiero ir”, cuenta que le pidió.

Carla narra que empezó a sentir desesperación, pero aceptó que él la acompañara porque se sintió obligada. Entonces, continúa, comenzó a manejar, y apenas unas cuadras después él comenzó a tocarla. “Déjame, no me toques”, le gritaba ella. “Él ya no escuchaba lo que yo le decía, quería sexo y ya. Como nos habíamos besado, juraba que yo también quería. No me hacía caso cuando le exigía que no”. Carla dice que hacía malabares para poder manejar y quitárselo de encima.

Entonces, cuando logró quitárselo, él comenzó a masturbarse, recuerda Carla mientras hace una mueca de desprecio. Carla dio un volantazo y en un banquetazo se le ponchó una llanta. Entonces sí, dice, el tipo se fue. “Me dejó ahí con la llanta ponchada, sentía mucho miedo, me quedé llorando un ratito hasta que un policía se acercó a ayudarme”.

Carla, según comenta, pasó días sintiéndose vulnerada, expuesta. Si alguien se le acercaba sin que ella se diera cuenta, brincaba del susto: “No recuerdo cuánto tiempo pasó para que yo pudiera sentirme en confianza como para salir con otro hombre”.

En México, el informe de Incidencia Delictiva del Fuero Común del Sistema Nacional de Seguridad Pública establece que el total de delitos de carácter sexual del periodo de enero a noviembre de 2018 fue de 38,478. Mientras, hubo 36,923 denuncias recibidas entre enero y diciembre de 2017. Además, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) ha establecido una cifra negra de 94.1 por ciento, esto significa que casi el doble de estos delitos no es denunciado, también indica que el incremento de 2017 a 2018 no necesariamente obedece a que se cometieron más delitos, sino a que los delitos de carácter sexual se están denunciando más.

Si algo han evidenciado las acusaciones del movimiento #MeToo y sus repercusiones en países como México es que debe reafirmarse la manera en que se percibe el consentimiento. “Justo a partir de esos movimientos sociales las mujeres están denunciando más los temas relacionados con acoso, hostigamiento y abuso sexual”, dice la primera visitadora de la Comisión de Derechos Humanos de Ciudad de México, Hilda Téllez.

De acuerdo con expertas en derechos sexuales, se debe abrir la discusión y reposicionar lo que significa el consentimiento. Sofía Alessio, coordinadora nacional de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos (Redefine), explica que “es importante hablar sobre el consentimiento sexual como algo sexi que necesita pasar entre las personas antes de cualquier tipo de relación. Que las personas que quieran decir que sí no se sientan estigmatizadas por hacerlo, y las que quieran decir que no se sientan en libertad de hacerlo en cualquier momento de la relación”.

De acuerdo con el texto “Diferencias de sexo, género y diferencia sexual”, de Marta Lamas, el género es el conjunto de ideas, representaciones o prácticas que se atribuyen a hombres y mujeres a partir de su diferencia anatómica. De ahí que socialmente se ha construido que los hombres son los responsables de iniciar el encuentro sexual, mientras que las mujeres deben estar dispuestas y receptivas. Evidencia de esto se muestra en la Encuesta Nacional Sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh), la cual revela que 86 por ciento de las mujeres dice que es su pareja o esposo quien decide cuándo tener relaciones sexuales.

Alexis Hernández, hombre feminista que dedica su vida a luchar por mejorar el acceso al aborto seguro, dice que la falta de interés de algunos hombres en torno al tema del consentimiento tiene que ver con las formas en las que son educados:

“Tenemos la idea de que poseemos bienes, títulos, prestigio, cosas y mujeres, pero para poseer hay que comprar, invadir, imponer o conquistar y así se nos inculca esta idea de que insistir te lleva a conquistar, y el hombre que asume su papel de conquistador no acepta un no porque no reconocen a la otra persona como un interlocutor válido, sino como un medio para lograr su estatus. Y ese insistir puede convertirse en acoso fácilmente”.

Esas ideas, agrega, hacen que ciertos hombres se sientan con la facultad de acosar mujeres en las calles, de tocarlas o de violarlas.

Sobre estos esquemas, Alexis continúa: “Los hombres aprendemos la sexualidad de una forma muy genitalizada y eso nos pone en conflicto con la sexualidad de las chavas porque esperamos que ellas sigan teniendo un rol pasivo y disponible. Yo me cuestiono mucho si a estos hombres que se sienten muy incómodos ante el rechazo les gustan las chavas; claramente los excitan sexualmente, pero no les gusta la interacción, no les interesa lo que ellas tienen que decir. Para ellos la mujer está para cumplir el propósito de darles placer”, concluye.

UNA DECISIÓN LIBRE

Cuando Carla cuenta lo que le pasó la noche que salió a bailar aún siente culpa. “Finalmente —dice— yo me tomé mis tragos con ellos y lo dejé que me diera un beso, ya luego lo del coche no supe cómo pararlo”.

El consentimiento tiene que darse sin presión, sin manipulación y sin la influencia de drogas o alcohol. Por eso la Primera Visitadora de la CDHDF considera que, a la par del consentimiento, tiene que hablarse de voluntad.

“Alguien se puede sentir comprometida a acceder a un acto sexual y debemos de comprender que, en ocasiones, puede darse una situación de consentimiento en donde la voluntad no esté comprometida y externada”, explica sobre situaciones donde el uso del poder puede inhibir a una persona de expresar su verdadera voluntad. Hay casos en que la víctima no se encuentra en condiciones (influencia de alcohol o drogas) de expresar libremente su consentimiento, “pero el silencio no significa que haya consentimiento”, dice Hilda.

Siempre se puede decir que no y cambiar de opinión. A menudo se dice que, cuando se comienza algo, se debe terminar. Pero no siempre es así, comparte Téllez: “La persona debe tener claro hasta dónde quiere llegar. Se puede aceptar subir al departamento de alguien más, pero eso no significa la aceptación de un encuentro sexual, además de que en cualquier momento se puede decir: ‘No, hasta aquí’”.

El consentimiento es un derecho de la persona y no necesariamente es un rechazo. “El problema es que no estamos educados para aceptar el rechazo. A los hombres se les educa para ganar, ir por el objetivo, conseguir el premio, es una educación más egoísta. Las mujeres son educadas para ceder, ser complacientes, serviciales, ver por el otro y sacrificarnos. Es una cultura que fomenta que el hombre tenga más sencillo el decir que no y que la mujer se sienta comprometida a decir que sí”, opina Tatiana Yedid Lastra, psicoterapeuta y sexóloga.

El consentimiento es acceder activamente a participar en una actividad sexual de cualquier índole, de cualquier tipo y grado. FOTO: ADOBE STOCK

Además, el consentimiento tiene que ser explícito. Se tiene que hacer notar la voluntad de la persona de participar en los juegos sexuales o en el acto sexual. “Tienes que poder decir qué sí quieres hacer, lo que te nace genuinamente, y no lo que se espera que hagas”, dice Sofía Alessio.

ESPECÍFICO Y VERBAL

Siempre se puede consentir una acción y otra, no. “El consentimiento se tiene que hablar, y eso no lo hace frío, se puede convertir en parte de la relación y puede resultar sexi”, dice Hilda Téllez.

Tatiana Yedid se encuentra en el mismo lugar en este tema. “Tiene que ser un ‘sí, sí quiero’, y la otra persona tiene que, además de escucharte, ver físicamente que no estás diciendo que sí por estar presionado o quedar bien”, explica.

El consentimiento es acceder activamente a participar en una actividad sexual de cualquier índole, de cualquier tipo y grado, y es necesario tener el consentimiento de todas las personas involucradas en el acto. “Tenemos que empezar a reconocer que cualquier tipo de actividad sexual que se lleve a cabo sin el consentimiento de la persona es una violación”, dice Sofía Alessio.

Tatiana Yedid narra una dinámica que aplicó en una escuela de Ciudad de México en la que es encargada del taller de sexualidad. A algunos niños les dio galletas, y a los que no les tocó les solicitó que pidieran galletas con los métodos que conocieran y dominaran. Resultó que hubo niños que no querían compartir, pero finalmente terminaron haciéndolo, aunque con molestia y desagrado porque no era lo que querían. Hubo niños que, de tanta insistencia, terminaron por regalarlas todas. También estaban los que se resistieron y no dieron ni una.

“Junto con los niños encontramos alrededor de 20 estrategias distintas para conseguir galletas: soborno, intercambio, convencimiento, insistencia, chantaje. Después hicimos una reflexión sobre cuáles de esas estrategias les parecían violentas; los niños pensaban que ninguna, salvo la violencia física y el robo. Entonces pudimos identificar el lenguaje no verbal de los niños y llegamos a la conclusión de que todos esos métodos eran violentos, a excepción de pedir una galleta y aceptar que cuando te dicen que no es no”.

Tatiana aplicó el mismo ejercicio, pero con una maestra. El resultado fue que a los niños les resultó mucho más complicado decirle que no le daban una galleta. No es no y se tiene que aceptar, dice la experta: “Estamos socialmente acostumbrados a insistir y salirnos con la nuestra, pero no estamos educados para respetar lo que la otra persona quiere y esa es la base del consentimiento”, asegura.

“Hablar del tema [consentimiento] y visibilizarlo ayuda a que socialmente seamos más conscientes y que el abuso les suceda a menos personas. Debemos hacer conciencia con respecto a lo que está pasando y educar, porque cuando no hacemos y no decimos nada nos volvemos cómplices del abuso”, dice Tatiana.

SANCIONES PROTECTORAS DE ABUSADORES

Sucesos como el de “la manada” (España, 2016), en el que cinco hombres fueron acusados de violar en grupo a una joven de 18 años y que al final fueron absueltos del delito de violación porque la mujer permaneció en silencio durante la agresión, ilustran la importancia de hablar de consentimiento en el ámbito legal. El miedo de esta joven a pronunciarse en contra de lo que sucedía ocasionó que la sanción de los jóvenes fuera por el cargo de abuso sexual, que es mucho menor a la de violación.

Amnistía Internacional señala que solamente siete países de la Unión Europea tienen, dentro del tipo penal de la violación, el consentimiento (Portugal se unió a esta lista el 11 de enero de este mismo año). Mientras, la ley mexicana establece, en el artículo 265 del Código Penal Federal, que “comete el delito de violación quien, por medio de la violencia física o moral, realice cópula con persona de cualquier sexo, se le impondrá prisión de ocho a 20 años”.

Hilda Téllez subraya la importancia de considerar la falta de consentimiento como componente en los delitos sexuales, pues no necesariamente tiene que haber violencia física para que la persona agredida no se sienta segura de expresar su falta de consentimiento. “También tenemos que hablar de lo social, porque hay demasiados prejuicios y estereotipos que se difunden en torno a las mujeres: cómo están vestidas, maquilladas, peinadas, si salen de noche, si beben, si salen solas, si caminan de noche en la calle, etcétera. Cuando las mujeres son víctimas de un delito sexual la sociedad las victimiza nuevamente solo por el hecho de lo que traía puesto o si aceptó beber”, concluye.

De acuerdo con los especialistas entrevistados, lo único que define el consentimiento es un sí explícito. La forma de vestir, el tiempo en una relación, el silencio, si se consumió alcohol o cualquier droga, el aceptar salir a una cita, no determina el consentimiento. Solamente “sí” significa sí.

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