¿Quién acompañará al altar a Meghan Markle?


¿Quién acompañará al altar a Meghan Markle?

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Unos días antes de su boda con el príncipe Harry, a realizarse el próximo sábado, Meghan Markle confirmó que su padre no asistirá. Esto desató intensas especulaciones sobre quién la acompañara al altar en la Capilla de San Jorge del Castillo de Windsor, como dicta la tradición.

¿Será su madre, Doria Ragland, que llegó al Reino Unido el miércoles pasado, quien la entregue? Los rumores aumentaron a pocas horas del suceso. Por ello, la Casa Real informó este viernes que será el príncipe Carlos de Gales, heredero de la corona y padre del novio quien llevará hasta el altar a su nuera.

“El príncipe de Gales está encantado de recibir de este modo a la señorita Markle en la familia real”, afirmó el palacio de Kensington en un comunicado
Estas son las historias de mujeres de Estados Unidos y el Reino Unido, el nuevo hogar de Markle.

Mi padre murió cuando yo tenía 24 años

El padre de Sarah Vance-Tompkins murió cuando ella tenía 24 años. Cuando se casó, a los 48, su madre la acompañó al altar. SARAH VANCE-TOMPKINS

Sarah Vance-Tompkins es una escritora de 54 años que vive en Valencia, California. Ella y su esposo, Kevin Tompkins, se conocieron en su oficina, y se casaron en 2012, después de un año de analizarlo. Su madre la acompañó al altar.

Mi padre murió esperando un trasplante de corazón cuando yo tenía 24 años. Mi madre y yo siempre hemos sido muy íntimas. Ella siempre ha estado a mi lado. Nunca me comprometí ni pensé en casarme sino hasta que tenía 48 años. Para entonces, me había mudado a California y había perdido el contacto con muchos de los familiares de mi padre. Cuando hice un breve recuento mental de los parientes varones por parte de mi madre que podrían ser candidatos para acompañarme al altar y “entregarme”, encontré a varios, pero no tenía ese tipo de relación con ninguno de ellos. Quería que la persona con la que me sentía más cercana en el mundo fuera quien sostuviera mi mano cuando hiciera el mayor compromiso de mi vida.

Que mi madre me acompañara al altar fue la elección perfecta. Pienso que ella también lo cree así; de hecho, me parece que fue su idea. El día de mi boda fue frío y húmedo, y llovía mucho. Pero cuando lo recuerdo, me doy cuenta de que no cambiaría absolutamente nada. Especialmente, la alegría en el rostro de mi madre.

Estuve en Michigan todo el mes anterior mientras mi madre estaba en el hospital y en rehabilitación. La boda real ha sido un tema de mucha discusión entre ambas. Nos hemos levantado temprano y hemos visto todas las bodas reales: la de Diana, la de Sarah y la de Kate. Quizás se deba a que Meghan es estadounidense, pero ella le ha robado completamente el corazón a mi madre. Por ello, cuando se anunció que [su padre] no podría acompañarla al altar esta semana, mi madre dijo inmediatamente que la madre de Meghan debía hacerlo. Sin ninguna duda.

La gente se sorprendió cuando mi madre me entregó

Los padres de Lauren Marsh se divorciaron cuando ella era joven, y su madre la acompañó al altar. LAUREN MARSH

Lauren Marsh, de 21 años, maestra en formación. Conoció a su esposo, Jordan, en una iglesia local cuando ambos tenían 14 años. La pareja, de West Midlands, Reino Unido, estuvo junto durante dos años antes de casarse en mayo de 2016. Su madre la acompañó al altar.

Mis padres se divorciaron cuando yo era joven, y aunque hemos mantenido el contacto con el paso de los años, yo no sentía que él podría ser quien me “entregara”. Mi madre siempre ha estado a mi lado, durante [los exámenes de la secundaria], la Universidad, las decepciones amorosas, y más. Mi padre se ha perdido todo eso.

Fue una gran decisión para mí, ya que el hecho de que mi madre me haya entregado es lo que la gente recordará de mi boda, es lo que aparecerá en las fotos que mis hijos verán y es algo tan significativo en nuestra sociedad cambiante. Las familias ya no se componen de una mamá, un papá y 2.4 hijos.

Algunas personas mostraron su sorpresa al enterarse de que sería mi madre quien me entregaría y no mi padre. Tuve una sensación maravillosa al caminar por el pasillo y mirar los rostros de las personas dándose cuenta de que era mi madre quien me entregaría. Algunas personas pensaron que lo había hecho para empoderar a las mujeres, pues mi madre nos crió ella sola. Sin embargo, a decir verdad, ella es simplemente mi mejor amiga. ¿Acaso no es eso lo que quieres tener a tu lado el día de tu boda?

Yo tomé la decisión 100 por ciento correcta. Mi madre sigue siendo una parte muy importante de mi vida, mientras que mi padre no lo es. Mi madre nunca me decepcionaría.

Mi padre no asistió a mi boda. Ello habría dificultado las cosas

Heidi Lawton ha tenido muy poco contacto con su padre desde que era niña. Su madre la acompañó al altar. HEIDI LAWTON

Heidi Lawton, de 44 años, vive en Nottingham, Reino Unido, con su esposo, Phillip, y sus dos hijos. Es propietaria de un negocio de bodas y accesorios para novias, especializado en pañuelos y ligas de encaje de estilo Nottingham. Ella y Phillip se casaron en 2008, cuando su madre la acompañó al altar.

Mis padres se separaron cuando yo tenía 12 años, y he tenido muy poco contacto con mi padre desde entonces. Mi madre y yo hemos atravesado juntas por momentos muy difíciles, pero siempre nos hemos apoyado una a la otra. Muchos amigos me preguntaron quién me entregaría. Pero siendo honesta, fue una decisión fácil. Mi madre siempre ha estado a mi lado, así que ¿acaso no habría de entregarme por el solo hecho de ser mujer y no hombre? Sentí que era absolutamente lo correcto. Si se lo hubiera pedido a un tío o a un amigo íntimo, habría sido completamente erróneo.

Haz lo que sientas que es correcto para ti. Yo no le hablo para nada a mi padre, así que fue muy fácil no tenerlo en mi boda. Me imagino que si hubiera estado ahí pero no me hubiera entregado, las cosas habrían sido difíciles.

Siento que se hace demasiado énfasis en que el padre acompañe a su hija al altar. Debería ser cualquiera de los padres, o un miembro de la familia que la novia quiera. O puede hacerlo sola: es decisión de la novia.

Caminar hacia el altar fue un momento especial con personas que han estado a mi lado durante toda mi vida

La madre y el padre de Emma Sarran Webster la acompañaron al altar el día de su boda. KENNY KIM PHOTOGRAPHY

Emma Sarran Webster, de 32 años, es periodista independiente, editora colaboradora de Teen Vogue, y vive en Chicago, Illinois. Conoció a su esposo Andy Webster en un juego de los Mets en la Ciudad de Nueva York. Ambos se comprometieron tres años después. Los dos padres de ella la acompañaron al altar el día de su boda en 2015.

Nunca tuve ninguna duda. Cuando mi hermana se casó siete años antes, nuestros dos padres la acompañaron al altar, y en ese momento decidí que haría lo mismo en mi futura boda.

Entiendo que el hecho de que el padre acompañe a su hija hacia el altar es una antigua tradición, pero también lo es el hecho de que el padre, literalmente, entregue a su hija cuando lo hace. Nunca pensé en ese momento como uno en el que mis padres me entregarían; después de todo, no son mis propietarios, y tampoco sentí la necesidad de seguir la tradición al dejar que fuera solo mi padre quien me acompañara.

Consideré el camino hacia el altar más como un momento especial que podía compartir con las personas que han estado a mi lado durante toda mi vida. Y para mí, esas personas eran mi padre y mi madre.

Amo a mis dos padres por igual, y mi madre ha tenido un impacto en mi vida tan duradero y poderoso como mi padre. Ella es una persona inmensamente importante para mí, y el camino hacia el altar fue solo una de las muchas oportunidades que he tenido en mi vida de demostrárselo a ella y a todo el mundo. No vi ninguna razón por la que debiera quedarse al margen en ese momento, cuando nunca lo hizo en ningún otro.

Caminé sola hacia el altar

Stephanie Scott dice que siempre ha sido ferozmente independiente. SUSAN CENTILLA

Stephanie Scott, de 39 años, vive en Chicago, Illinois, y es trabajadora de la salud y escritora. Conoció a su esposo, Jason Scott, en la fiesta de un amigo en Chicago. Salieron durante dos años antes de casarse en 2004. Ella caminó sola hacia el altar.

Caminé sola hacia el altar. Personalmente, sentí que la tradición de ser “entregada” por uno de mis padres no tenía ningún significado para mí, ya que aquello no era cierto. Fui criada por mis dos padres, y mi madre siempre ha sido un gran apoyo para mí. He vivido por mi cuenta durante varios años, y el acto de ser entregada no era auténtico. Consideré la posibilidad de que mis dos padres me acompañaran, pero en una vieja iglesia con un pasillo estrecho y un vestido esponjado, la logística parecía difícil.

Soy ferozmente independiente, así que concluí que cambiaría yo sola por el pasillo y me reuniría con mis padres al final. La intención era respetar a mis dos padres, y no despreciar la tradición.

Al caminar yo sola hacia el altar, me sentí audaz y un poco asustada. Mientras lo hacía, se me ocurrió que el uso tradicional de un compañero para caminar por el pasillo tenía su origen en el hecho de dar un apoyo real, para ayudar a la nerviosa novia a no tropezar. Pero lo hecho, hecho está. Di pasos mesurados con una gran sonrisa en el rostro y traté de no llorar.

Me preocupaba un poco que las personas consideraran esto como una falta de respeto hacia mi padre. Si lo dijeron, mi familia hizo un trabajo maravilloso al evitar que los chismes llegaran a mis oídos. 

Cuando mi padre murió de cáncer, mi madre fue mi apoyo

La madre de Heidi McCauslan estaba muy nerviosa antes de acompañar a su hija hacia el altar. CONI COLETTI DE ON LOCATION PHOTOGRAPHY

Heidi McCausland, de 54 años, es diseñadora de catálogo y de comercio electrónico de Maine. Conoció a su marido Dave en línea, en 1998. Se comprometieron en 2009, y contrajeron matrimonio un año después. Su madre la acompañó al altar.

Mi padre falleció de cáncer en 1994, y en realidad no había ningún otro miembro de mi familia con el que me sintiera cercana o que hubiera hecho tanto por mi familia o por mí. Mi madre era profesora de piano y ama de casa, pero era la base de nuestra familia. Mis dos hermanas y yo nos reunimos alrededor de ella para ayudarle en todo lo que pudimos cuando mi padre falleció. Me mudé de nuevo a casa cuando ella tuvo problemas en la espalda y la cuide durante cinco años. Cuando conocí a mi futuro esposo, fue una decisión extremadamente difícil mudarme a más de 1,000 km de Nueva York a Maine para estar con él y dejar a mamá. Hablé con ella casi todos los días después de que me mudé.

Cuando Dave me pidió matrimonio, decidimos realizar la boda en Nueva York, en un sitio al que mi madre pudiera trasladarse fácilmente y en el que le fuera fácil moverse. Sé que se sintió muy honrada al acompañarme al altar, y me hizo gracia lo nerviosa que estaba al realizar esta tarea tan simple. Parecía que íbamos a caminar por la nave principal de la Abadía de Westminster.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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