CAMe, entre la polémica y la política | Newsweek México


CAMe, entre la polémica y la política



Que exista una comisión ambiental pareciera un paso importante en pro de las políticas públicas que favorezcan la calidad del aire. El problema es que los integrantes de la comisión regresan a sus oficinas de gobierno y responden más a intereses políticos y económicos.

EN EL MAPA de la república mexicana, la megalópolis representa solo el uno por ciento de todo el territorio nacional, pero en esta pequeña porción se concentra el 30 por ciento de la población, el mayor número de construcciones, viviendas, oficinas, fábricas, manufactureras, comercios y servicios; y esas personas que viven, trabajan, estudian en este terruño, se transportan diariamente en automotores, reciben sus insumos que son abastecidos en camiones de carga; y para sus actividades cotidianas viajan en autos privados, taxis, peseras, microbuses, camiones, metro, metrobús, mexibús, tren suburbano, que van y vienen entre calles, caminos, autopistas, ejes, avenidas, pisos, subterráneos y segundos pisos.

La movilidad de esos 28 000 000 de personas en promedio se hace en los 10.7 millones de vehículos que ingresan de manera cotidiana en las diferentes zonas de esta región, los cuales, a su vez, generan también sus propias emisiones contaminantes, con todas las implicaciones que ello representa.

La región, que incluye ocho grandes ciudades (Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Cuernavaca, Cuautla, Pachuca, Tula de Allende y Tulancingo) con su respectiva área metropolitana, o dicho de otra manera, las 16 delegaciones de la Ciudad de México y 224 municipios entre el Estado de México, Hidalgo, Morelos, Puebla y Tlaxcala, está interconectada no solo en términos económicos, de la vida cotidiana laboral, educativa o de esparcimiento, sino geográficamente: sobre este terruño y bajo el mismo cielo convergen cinco cuencas atmosféricas, entre las que viajaban contaminantes generados en cada una de las entidades, porque la atmósfera no tiene fronteras, tampoco los contaminantes.

Por muchos años los gobiernos de la mayoría de las entidades que hoy forman la megalópolis hicieron mutis sobre su responsabilidad en la contaminación del aire, igual que han hecho en el resto de las formas de contaminación. Dicho está que la política y el medioambiente no son buenos aliados, y a ningún partido político le resulta redituable decirle a la gente, de la que espera un voto, que no va a circular el día de mañana.

Y aun cuando el país en su estructura gubernamental está lleno de áreas medioambientales en distintos niveles de gobierno que consumen millones de recursos presupuestales, muchas de estas son elefantes blancos permisivas ante el incumplimiento recurrente de las leyes ambientales, o encubridoras de la enorme corrupción en torno al “cumplimiento” medioambiental.

Oficialmente, con el objetivo de coordinar políticas públicas para mejora de gestión del medioambiente en la región, en agosto de 2013 se creó la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), una comisión sui generis que encabeza el gobierno federal, a través de la Secretaría del Medio Ambiente, y que incluye a los jefes del Ejecutivo de los seis estados de la región, junto con sus titulares de medioambiente y algunos representantes de áreas afines.

Su coordinador ejecutivo, Martín Gutiérrez Lacayo, es un abogado especialista en derecho ambiental, y quien durante 18 años estuvo al frente de Pronatura, una organización no gubernamental dedicada a la conservación de la biodiversidad.

A simple vista, que exista una comisión especial de esta naturaleza parecería un paso importante en pro de las políticas públicas que favorezcan la calidad del aire que respira casi un tercio de los mexicanos. El problema es que los integrantes de la comisión, al tener su propia autonomía de gestión, una vez que se levantan de la mesa de la CAMe, aun cuando firman acuerdos y compromisos, regresan a sus oficinas de gobierno y responden más a sus intereses políticos y económicos.

Las decisiones que en esta coordinación se toman dependen de la “buena voluntad” de gobiernos que, hasta el momento, han preferido cargar el costo medioambiental a los automovilistas que regular otros sectores altamente emisores de contaminantes como el industrial; o las que le toca vigilar al gobierno federal (incluso algunas del mismo gobierno), cuyas industrias no cumplen cabalmente las normas, como ocurre con muchas de las que están asentadas en el corredor Tula-Tepeji, y que en su mayoría son de carácter federal.

El parque vehicular contribuye con alrededor del 35 por ciento de los compuestos orgánicos volátiles, el resto son fuentes emisoras, como las industriales, a las que no se les han aplicado restricciones suficientes.

Martín Gutiérrez Lacayo, el coordinador de la CAMe, dice que el problema es que las regulaciones actuales con las que operan las industrias son muy antiguas y están totalmente desfasadas de la situación actual.

“Tenemos que ser más estrictos con el límite (de emisiones) y de allí irle apretando para exigir el cumplimiento y, en su caso, su sanción. Y en algunos casos, como se hizo en los años 80, reubicar industrias altamente contaminantes. En estos momentos nosotros no podemos exigir a la Profepa que vaya a clausurar empresas a lo loco, cuando la mayor parte de ellas van a cumplir con los límites tan laxos que tenemos. Depende del andamiaje normativo de límite de emisiones”.

Agrega: “Si nosotros no fortalecemos el marco normativo de nada va a servir. Necesitamos actualizar una serie de normas que regulan emisiones y establecen límites de emisiones por sectores. Hubo un letargo normativo en los últimos diez años, no se actualizó una sola norma de emisiones. Tenemos normas que no han sido actualizadas desde los años 80. Requerimos un sistema nuevo de normas ambientales que permitan, con base en el inventario, regular las emisiones.

“Se requiere actualizar 26 normas, entre ellas que se exijan sistemas de recuperación de vapores en gasolineras, en gaseras, que abarquen la fase cero que se conoce, que es desde las zonas de almacenamiento de combustible a la carga, el tema del gas LP, que es una situación que nos preocupa. Seguimos teniendo muchísimas fugas sobre todo en domicilios”.

Gutiérrez Lacayo habla largamente de medidas oficiales con las que idealmente la CAMe transformará el aire que respiramos. Pero, aterrizado a la realidad, afuera del edificio de la Semarnat, donde hoy despacha la CAMe, los tiempos o intereses políticos difícilmente coincidirán con el medioambiente.

Basta recordar las acusaciones mutuas entre el gobernador Eruviel Ávila Villegas, y el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, sobre quiénes generan qué contaminantes.

No obstante las disputas públicas, el coordinador de la CAMe describe su mesa como “de consenso” y “muchísima solidaridad” entre los gobernadores.

—¿A pesar de ser de partidos políticos distintos, ve voluntad de los gobernadores?

—Por supuesto que sí, incluso tenemos hasta este momento más de 65 acuerdos tomados en el orden de gobierno y no hay uno solo que no se haya tomado por consenso.

—Puede ser que en las reuniones de la CAMe haya consensos, pero afuera siguen peleando, está el tema de la basura o los automóviles entre el gobierno del Estado de México y el de la CDMX…

—Nosotros somos un sistema de coordinación política y de apoyo técnico. Lo que está sucediendo en medios de comunicación, o que puede estar reflejándose incluso por otros sectores en seguimiento de algunas declaraciones que haga algún integrante del órgano de gobierno, es ajeno a lo que nosotros estamos haciendo. Lo que yo puedo decir es que el trabajo real diario de todos los secretarios y el grupo de trabajo no ha sufrido ningún cambio, incluso con declaraciones como las que hemos visto… Una cosa es lo que se declara y otra cosa es lo que sucede aquí en el interior.

—¿Entonces es un doble discurso?

—Yo no sé si es una circunstancia por cuestiones de posicionamiento político, yo no lo sé, yo lo que puedo decir es que lo que trabajamos nosotros es totalmente coordinado. Ya lo que suceda afuera no está en mi control. Seguramente vamos a pasar de una etapa en que la ciudadanía está recibiendo mensajes diferentes, vamos a pasar a una etapa donde presentemos la información desde el órgano de gobierno.


Martín Gutiérrez, coordinador de la CAMe: “Si nosotros no fortalecemos el marco normativo de nada va a servir. Necesitamos actualizar una serie de normas que regulan emisiones y establecen límites de emisiones por sectores”. Antonio Cruz/NW Noticias.

MEDIDAS POLÉMICAS, SIN DATOS EXACTOS

De la CAMe han salido medidas polémicas como el llamado “doble no circula”, que, anunciadas a la ciudadanía a bote pronto, a veces parecerían como ocurrencia, aunque el coordinador ejecutivo, Martín Gutiérrez Lacayo, asegura que “todas las decisiones se toman por consenso”. Sin embargo, los datos con los que trabaja cada uno de los integrantes de esa comisión no son coincidentes, tampoco precisos ni están suficientemente certificados.

Las incongruencias comienzan con los inventarios de emisiones que manejan las entidades. Martín Gutiérrez Lacayo dice que una de las prioridades de la CAMe es homologar los inventarios: “Estamos unificando el inventario metropolitano a efecto de poder diseñar las política públicas que derivan y que nos van a llevar a armar este Pro-Aire de la región”.

Lo que significa que durante casi tres años esta área ha trabajado con datos dispares y con información proporcionada por entidades que, como el caso de Morelos, ni siquiera tienen un sistema de monitoreo de aire, aun cuando enfrenta un grave problema de emisión de partículas, el contaminante que los especialistas identifican como uno de los que más daños causan a la salud humana.

—La Ciudad de México dice que solo ellos tienen inventarios actualizados, ¿es esto cierto?

—Sí tenemos disparidad en los tiempos de reporte de los inventarios. La Ciudad de México por la capacidad instalada de años tiene la posibilidad de estar adelantando los inventarios de emisiones, ellos están por publicar el de 2014, e incluso están trabajando en el de 2016. En el caso del general, el inventario publicado es de 2008 y tenemos trabajando el de 2012.

“Efectivamente hay un desfase de tiempos… pero no quiere decir que la información no está allí. El elemento básico que nosotros hemos venido desarrollando, no solo a partir de esta situación ambiental compleja que tuvimos en la temporada, donde llegamos a tener niveles de ozono muy por arriba de los que hemos tenido en los últimos 14 años, lo que llevó a, el 14 de marzo, activar la llamada fase uno de contingencia y que atrajo la atención de qué es lo que estaba pasando. Entonces, a partir de allí empezamos una fase de trabajo, y lo primero es que tenemos que homologar no solo los sistemas de medición, esto es, fortalecer el sistema de monitoreo, sino que todas las estaciones cuenten con sistemas automatizados con los mismos criterios de medición de los contaminantes”.

FALTA DE TRANSPARENCIA

Uno de los expertos que participa en las reuniones de la CAMe, y que pide que se resguarde su nombre, asegura que las medidas como el doble no circula las tomaron en la comisión sin tener datos duros basados en los inventarios que los llevaran a un diagnóstico previo para tal decisión.

“Se ignoraron las condiciones, y se aplicaron acciones sin tener un diagnóstico previo y aquí tenemos las consecuencias. Lo triste de esto es que el costo económico y social fue para los ciudadanos, y el costo ambiental para todos. Es un ejemplo de cómo hacer mal todo, cómo ignorar todo y tomar decisiones por ocurrencia. Es tan sencillo como explicarlo así: el inventario es mi diagnóstico completo, y si no lo tengo, entonces mi película no es completa, así que no voy a tomar decisiones correctas”.

El ingeniero Eduardo Romero, académico de la Facultad de Química de la UNAM, da una explicación técnica:

“En la contingencia dejó de circular un 40 por ciento del parque vehicular, pero para la contaminación no fue excelente, los índices no disminuyeron, y en algunas ocasiones llegaron a subir. Esto tiene una explicación técnica: el óxido de nitrógeno, que se da porque en el aire el 70 por ciento es nitrógeno y el 20 por ciento es oxígeno, y ese se combina de muchas maneras, se puede combinar uno de nitrógeno con 2 de oxígeno, o uno y uno, eso hace que haya muchos nitratos de oxígeno, y a la hora que entran en el motor, con cierta presión de temperatura se produce un cierto tipo de nitrato que no es nocivo, pero cuando se producen 2 de oxígeno y aumenta el calor, es altamente nocivo. El problema está en que cuando nosotros tenemos mucha contaminación, y si bajamos unos días la contaminación, es reversible, y eso es lo que produce la contaminación”.

Romero, integrante del grupo Petróleo y Nación, destaca que en las decisiones gubernamentales “falta la transparencia, desde que realmente no sabemos si los que están haciendo este manejo son expertos o son políticos o son burócratas, porque es ridículo que habiendo ese conocimiento en el ámbito mundial, se tomen medidas que no son acordes a lo que técnicamente no debe de ser; parecen más decisiones administrativas que técnicas”.

Agrega que “actualmente están haciendo mucho énfasis en la revisión de los coches, de los verificentros, cancelándolos, poniendo a no circular los coches, y vemos que esta no ha sido una buena solución, porque la verdadera solución no es la calidad, sino el tipo de gasolinas, no hay gasolinas corrientes o finas, sino adecuadas o inadecuadas, y eso no se verifica”.

Por su parte, el coordinador técnico de CAMe promete que a finales de año tendrán los datos para un inventario metropolitano de emisiones, y junto con este, un nuevo programa para que se integren sistemas de pronósticos preventivos para los casos de contingencia.

Así que, en los siguientes meses, y en tanto no se tenga un inventario metropolitano de emisiones, las disposiciones se basan en buenas voluntades, ya que en la regulación actual son las fuentes emisoras de contaminantes las que reportan de manera voluntaria el volumen y tipo de sus emisiones contaminantes, tanto a escala local como federal.

Martín Gutiérrez explica que “lo que necesitamos es que esas manifestaciones se verifiquen, y para ello necesitamos un cuerpo estratégico que lo verifique.

“Vamos a hacer las pautas de homogeneidad en controles, procedimientos de verificación, en procedimientos y estándares.

“Vamos a establecer protocolos estandarizados, y eso va a evitar que exista este escenario donde parecería que una entidad trabaja más que otra”.


“Tenemos que homologar no solo los sistemas de medición, esto es fortalecer el sistema de monitoreo, sino que todas las estaciones cuenten con sistemas automatizados de medición de los mismos contaminantes criterio”. Foto: Saúl López/Cuartoscuro.

FOCOS ROJOS

La CAMe, por lo pronto, tiene muchas tareas pendientes, como mediar entre gobernadores que incluso están ya haciendo maletas porque dejarán su cargo en diciembre próximo.

Y entre sus focos rojos, zonas identificadas como de mayor prioridad, por ser altamente contaminantes, entre estas el valle de Toluca con sus industrias contaminantes, sus problemas de erosión de suelos y millones de chimeneas móviles; el corredor Tula-Apasco-Tepeji, que es asentamiento de 56 fuentes de emisiones contaminantes, en su mayoría de carácter federal, y que a escala mundial es considerada una de las zonas más contaminadas.

Las fábricas y textiles del valle de Puebla y Tlaxcala. En Morelos, la zona azucarera de Zacatepec, cuyas emisiones alcanzan Cuernavaca y la Ciudad de México.

La zona oriente del valle de México que será sede del nuevo aeropuerto; y zonas como Xaloxtoc, Ecatepec y Villa de las Flores, donde las partículas siempre están en niveles muy elevados.

“Son focos que nosotros hemos ubicado de alta prioridad. Son los sitios prioritarios de atención, no solo porque tienen una extensión territorial vinculada a una población importante, mucho más de 500 000 habitantes en estas zonas que están vinculadas, sino porque el sistema de monitoreo nos está reflejando problemáticas de calidad de aire diferenciadas, porque el tema territorial, el tema geográfico, se vuelve un componente básico para poder entender los sistemas de calidad de aire y llevarlo a las ciudades.

“El problema del valle de México es un problema muy grave de ozono que no tenemos en el resto de las entidades; en el resto de las entidades tenemos problemas más vinculados con partículas. Tenemos problemas muy fuertes de partículas sobre todo las PM2.5, que son aquellas que no son filtradas por el sistema respiratorio y que están vinculadas con muchas afectaciones”, explica Martín Gutiérrez.

Pero hay que recordar que este organismo es solo una especie de mediador de acuerdos y a cada entidad toca aplicarlos, lo mismo que al gobierno federal; de los que hoy están sentados en esa mesa, en unos meses dejarán su cargo los gobernadores Francisco Olvera, en Hidalgo; Rafael Moreno, en Puebla, y Mario González, en Tlaxcala; el próximo año, Eruviel Ávila Villegas, en el Estado de México; y en 2018, el de Morelos, Graco Ramírez Garrido; Miguel Ángel Mancera, en la Ciudad de México, y Enrique Peña Nieto, en la presidencia del país. Así que habrá que esperar que los próximos miembros de la CAMe asuman esa “buena voluntad” de la que habla el actual coordinador, mientras los ciudadanos siguen respirando… contaminantes.

¿Soluciones?

Especialistas en calidad del aire explican que, técnicamente, mejorar la calidad del aire tiene soluciones, “porque la ciencia es muy fácil dirigirla, porque los compuestos se van a comportar de manera natural, pero ¿qué pasa con el factor social? Ese es el gran reto de la ciudad, cómo hacer que la dimensión social del problema tenga el menor impacto tanto político como económico. El día que le digan a los ciudadanos: vas a pagar el doble por la gasolina, nadie dirá: bueno, voy a dejar mi coche. No, realmente se va a crear una situación de crisis, porque no hay una alternativa de transporte público, así que primero tendríamos que resolver la alternativa de transporte público y luego quitar parque vehicular.

“Si hubiera realmente una opción eficiente de transporte público la gente dejaría de usar el vehículo, y la solución está allí: mientras más opción de transporte publico tengamos, más gente va a dejar de usar su vehículo”.

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