El sendero de los horizontes vacíos | Newsweek México


El sendero de los horizontes vacíos



ANTES DE SALTAR del puente peatonal, la mujer voltea hacia atrás durante tres segundos como para cerciorarse de que nadie la observa. Aparentemente decidida, como si se tratase de una acción que no se negocia, coloca ambas manos sobre el barandal para tomar impulso, levanta la pierna derecha y la lleva al otro lado, la izquierda la sigue con rapidez. Cuando eleva la primera extremidad aparece en la pantalla un policía de la Ciudad de México que, al sujetarla de los brazos, frustra el intento suicida.

Comienza, al parecer, una leve discusión entre ambos. Ella quiere saltar, él no se lo permite. Al lugar llegan otros dos uniformados a sostener a la mujer, cuyo cuerpo está del lado del vacío. Son aproximadamente las once de la noche del lunes 29 de febrero de 2016.

Las imágenes en blanco y negro difundidas en internet sugieren que los policías intentan convencerla de no arrojarse. Abajo, mientras tanto, circulan los automóviles. Casi treinta segundos después otros dos policías aparecen. Los cinco levantan a la mujer y la colocan de nuevo sobre el puente.

Al otro día, las notas periodísticas informan que los operadores del Centro de Control y Comando Sur detectaron a través de las cámaras de vigilancia que la mujer, de entre 18 y 20 años, quería aventarse del puente peatonal de la estación Ciudad Jardín del tren ligero, en calzada de Tlalpan. Que tras el rescate fue resguardada por paramédicos, quienes diagnosticaron crisis nerviosa y depresión.

Luego de la revisión en un hospital psiquiátrico, fue trasladada a su domicilio, en la colonia Villa San Lorenzo, en Chimalhuacán, Estado de México. Su familia se hizo cargo.

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Caso 113. El profesionista desempleado de 36 años se ahorcó con una bufanda. Días antes vendió sus pertenencias y entregó a sus familiares objetos de relevancia personal. Aseguró que se iría a trabajar a otro estado del país y se despidió de todos. La carta póstuma, sin embargo, decía lo siguiente:

“Perdónenme, los quiero mucho. Por favor que Juan consiga un acta de defunción por complicación de VIH, así podrán cobrar el seguro del auto que está a nombre de Juana. Incinérenme de inmediato y no deseo rosarios, ni misas, por favor perdónenme. Juana, no sufras mucho, piensa que ahora soy feliz y gracias por tu amor. Del trabajo es mentira, no existe y me apena haberlos engañado todo este tiempo (firma).

“Perdónenme por favor; Carlos, deja esa vida, mira a lo que conduce. Dios los bendiga”.

Coordinados por el doctor Alejandro Payá Porres, el equipo de especialistas de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán de la UNAM analizó 672 expedientes de suicidios ocurridos en la Ciudad de México entre 2010 y 2012, de los cuales 121 registraron mensajes póstumos. Con el apoyo del director del Servicio Médico Forense del Distrito Federal, Edmundo Takajashi, y el subdirector, Macario Pompeyo, accedieron a los documentos.

El 113 es uno de los 124 casos que incluyeron en la investigación El don y la palabra: un estudio socioantropológico de los mensajes póstumos del suicida, publicado en 2013.

“Trabajamos la escena del suicidio como un registro sociológico en tiempo y espacio donde se pueden observar fechas, objetos y formas de intercambio que se dan entre las cartas y los testimonios que aparecen en el expediente”, detalla Payá, profesor del Programa de Investigación de la FES.

—¿Qué dato revelador encontraron?

—Los lugares que eligieron para suicidarse no fueron casuales. Por ejemplo, una persona que era atleta y daba clases en un gimnasio sufrió un accidente de motocicleta y le mutilaron la pierna. Él decidió morir en el gimnasio con las cuerdas de las poleas de las pesas. Ese lugar le otorgaba identidad y sentido profundo a la vida, formaba parte de su culto al cuerpo. Al fragmentarse se le cae la vida, no tiene la oportunidad de resarcir esa parte.

“Todos los expedientes, de una u otra manera, referían el abandono o falta de vínculos del sujeto, si vivía solo, si había perdido el trabajo, si acababa de romper con la pareja. La hipótesis central fue: el sujeto no sólo vive y muere biológicamente, sino que tiene una razón social y simbólica, tanto en la vida como en la muerte: cuando la gente muere hay una serie de ritos sobre el cadáver que hacen que este descanse. Eso termina con el duelo de los vivos”.

—¿Contactaron a los deudos?

—A pesar de que pudimos contactarlos, se cerraron inmediatamente. Ese es un pendiente: el legado real que deja el suicida a través de los testimoniales de familiares. Algunos suicidas escribieron, y con esto me refiero al tema de la muerte social y la vida social simbólica, que querían mucho a la familia, pero pidieron ser depositados en la fosa común. Eso habla de que no quieren nada con los ancestros, con la razón genealógica, con su historia ni con nada.

“Son hombres ya muertos simbólicamente”, concluye el investigador: “Algo desencadena que ya no haya anclaje con el trabajo, el deporte, la cultura, ni con la familia, ni con nada. Así como podemos morir biológicamente y después simbólicamente, esto es reversible: si el sujeto muere simbólicamente, el acto físico, como lo han demostrado los antropólogos, es un derivado de la primera muerte”.

—Pareciera que es algo que no se puede detener.

—Algunos de ellos tenían un claro marcaje íntimo y personal. Por ejemplo, alguien se cortó y regó la sangre por la casa, fue como dejar parte de su ser, una marca fuerte. El escenario de vacío se da y los expedientes refieren que el sujeto no puede laborar la pérdida de, por ejemplo, la familia, el trabajo, incluso de la capacidad propiamente del cuerpo cuando enferma.

“La investigación tendía a demostrar —agrega— esa razón sociológica: el ser humano, por más individual que sea, por más que sea tratado como un sistema biológico, en términos de que presenta una depresión endógena crónica, por ejemplo, es producto de una historia siempre. Es un efecto de las estructuras sociales y genealógicas. Tan es así que se mata y hace rituales con los materiales de la cultura”.


MARZO DE 2011: El joven Giovanni trata de lanzarse de un puente peatonal a las vías del metro férreo en la estación Los Reyes, en La Paz, Estado de México. No logró su cometido suicida. FOTO: LUIS CARBAYO/CUARTOSCURO


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A finales del año pasado, el titular de la Secretaría de Salud de la Ciudad de México, Armando Ahued, afirmó que el intento de suicidio ha aumentado en la capital, sobre todo entre adolescentes.

En la inauguración del foro Salud Mental de la Ciudad de México el funcionario exhortó a los padres de familia “a estar atentos a esta situación preocupante porque habla de que el muchacho no tuvo con quien hablar, con quien dirigirse”.

Ahued se refirió a un aumento únicamente en la Ciudad de México, pero la capital del país ni siquiera figura entre los diez primeros lugares de las entidades con mayores índices de suicidios.

Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio (10 de septiembre), el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) informó el año pasado que en 2013 se registraron en México 5909 suicidios, los cuales representan 1 por ciento del total de muertes registradas, colocándose así como la décima cuarta de causa de fallecimiento, con una tasa de cerca de cinco por cada 100 000 habitantes.

Las entidades con mayor tasa de suicidio —indicó— son Aguascalientes (9.2), Quintana Roo (8.8) y Campeche (8.5).

El Inegi comunicó que entre el año 2000 y 2013 la tasa de suicidios presentó una tendencia creciente: de 2000 a 2013 se elevó de 3.5 a 4.9 suicidios por cada 100 000 habitantes.

El dato que resaltaron los medios fue que, en el transcurso de los años, la tasa de suicidio entre la población joven de 15 a 29 años se ha elevado. En 2013, ocurrieron 2345 casos en jóvenes de 15 a 29 años (40.8 por ciento del total), es decir, una tasa de 7.5 muertes por cada 100 000 jóvenes de este grupo de edad. Esto significa que en 2013 cada 24 horas se suicidaron al menos seis jóvenes.

En su informe anterior, el Inegi reportó que en 2012 se registraron un total de 5549 suicidios en el país, de los cuales 826 fueron cometidos por jóvenes de entre 15 y 19 años; y 876 por personas de entre 20 y 24 años.

En enero de 2014, la Secretaría de Salud federal indicó que, en los últimos 30 años, el número de suicidios en el país aumentó 300 por ciento.

El documento se publicó en la Gaceta Parlamentariade San Lázaro y fue recibido por la Comisión Permanente. La dependencia subrayó que los suicidios se incrementan con rapidez entre adolescentes.


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Cuando la doctora en psicología clínica Ana María Chávez afirma que el suicidio en México es un severo problema de salud pública, sabe de qué habla.

Fundadora y creadora junto con otros colegas de la Asociación Mexicana de Suicidología, que atiende casos de personas propensas a cometer suicidios, ha estudiado el fenómeno por años y se alarma al indicar que, hoy, el grupo más afectado son los jóvenes de entre 15 y 24 años.

“Aunque las tasas de suicidios en México han sido históricamente bajas comparadas con el promedio mundial —indica—, en algunos estados los números han incrementado el nivel de alerta. El incremento contrasta con la ausencia de estrategias nacionales para atender el problema de manera integral”.

—¿Es posible clasificar los suicidios?

—Las cifras oficiales no otorgan ese detalle. Existe una propuesta general sobre motivos, muy amplia. Es necesaria una investigación profunda. Una de las metodologías es la autopsia psicológica: analizar con profundidad qué otros factores influyeron, aunque no hay muchos estudios de este tipo. Es factible analizar personas con tentativa de suicidio que continúan con vida, preguntarles los factores para quitarse la vida.

“Otra metodología es el análisis de contenido de notas póstumas. Es posible determinar algunos elementos en el estado de ánimo, factores psicológicos y de pensamiento en los últimos días de la persona”.

—Depende mucho de la experiencia de vida y salud mental.

—Entre otras cosas. Se vincula con estrategias para afrontar el estrés y los conflictos. Que una persona se quite o no la vida tiene que ver con las situaciones de carencia, las capacidades aprendidas en un medio ambiente infantil para hacer afrontamiento, el moldeamiento de los padres, los tutores sociales, con aprendizajes en el ámbito educativo, la sensación de protección, de seguridad personal. Las personas, por ser económicamente desfavorecidas o con poco acceso a la educación, no necesariamente tienen riesgos suicidas.

—Podría ser uno de los factores, únicamente.

—Sí, pero son factores precipitantes que se conjuntan con una personalidad vulnerable para que haya un acto de muerte. El suicidio es un fenómeno dinámico. ¿Por qué en ciertos países va a la baja y en otros crece? Por los factores socioculturales. Una sociedad en transición presenta una alza de comportamientos suicidas porque sus pilares estables se debilitan, dejan de funcionar para la cohesión grupal. México es un país en transición. Esos pilares están debilitados: educación, credibilidad en el Estado, religión, familia. Esto logra un país vulnerable que impacta a los individuos más desprotegidos social y psicológicamente.

—Dentro de los varios factores en los casos, ¿hay un número elevado de personas que presenten carencia de objetivos de vida, falta de oportunidades?

—Considero que sí. En estos 25 años se han modificado las tasas de suicidios en edad: antes había tasas altas en el grupo de 40 a 50 años en adelante. Ahora son los jóvenes. En los mensajes póstumos observamos que manifiestan su decisión de suicidio por no encontrarle sentido a la vida y no tener objetivos. Hay un desencanto hacia el proyecto de vida individual y colectivo.

Por otro lado, agrega la experta, “el 100 por ciento de las notas póstumas de los niños menores de 14 años habla de problemas con sus familias. Hay una situación de maltrato familiar e incomprensión. Es impresionante. En México, en general el suicidio infantil se relaciona con el estrés de los padres y este con cuestiones de abusos laborales, de falta de oportunidades en el nivel socioeducativo laboral. Algunos son migrantes, se ven obligados a irse porque el país no ofrece una estabilidad de seguridad y laboral.

—No hay suicidios impulsivos, ¿o sí?

—En general, se sabe que es un acto premeditado. En la mayoría de las personas, si no es que en todas, hubo antelación. La falta de oportunidades de los mexicanos en el acceso a información científica impide que sepan qué hacer o cómo detectar una persona con riesgo suicida. No hay acceso a los servicios de salud y estos, en general, no capacitan de manera adecuada a los profesionales para que atiendan a una persona con riesgo o la ayuden a pasar ese momento de crisis.


DICIEMBRE de 2013: Un hombre se cortó la yugular en el interior de su casa, en la calle de Doctor Galicia y Doctor Lucio, en la colonia Doctores de la Ciudad de México, luego de haberse peleado con otra persona por una mujer. FOTO: LUIS CARBAYO/CUARTOSCURO


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Caso 17. A los 23 años, un joven decidió quitarse la vida. Dejó un mensaje y su fotografía en la computadora. Ofreció disculpas “por hacer esta pendejada, pero no había opción. Fueron un regalo de Dios todos, los quiero. Atte. (firma)”.

Caso 112. El hombre de 26 años se avienta de un edificio de 15 metros de altura para impactarse en el pavimento. En su nota póstuma destaca las virtudes de familiares y amigos. El mensaje concluye así:

“Por fa, no me metan en un ataúd, tengo claustrofobia. Si no, llego y los voy a espantar a la gacha. En buena onda, chin chin el que no lleve un alcoholito a mi funeral y brinde por mí… Siempre supe que iba a terminar así. Bueno, ya me extendí largo y tendido. Me llevo a todos y a cada uno de ustedes conmigo…”.

El profesor Payá indica: “No dudo de que la persona pueda tener una depresión, pero esta, generalmente, se ha psiquiatrizado y dejado de ver como un elemento de una historia que puede ser fruto de rupturas. Por ejemplo, que alguien se mate un 10 de mayo”.

Caso 22. El sujeto de 35 años se suicidó el Día de las Madres en México. La nota póstuma decía:

“Madre, 10 de Mayo de 2005. El tiempo se fue, pero también tus recuerdos. Perdóname por no ser el hijo que un día esperaste poder conocer. Hoy es el día. Pero en medio de todos los conflictos (ilegible) y físicos no puedo sostener más esta situación”.

“Esto enluta el día materno y rompe la reproducción genealógica. Es un acto muy fuerte”, analiza Payá. Fechas y espacios tenían razón de ser, continúa, “aunque sea de manera consciente. El sujeto es tratado peor que en una prisión porque los vínculos emocionales hacen que ame mucho a la persona, pero también que la deteste: no puede vivir sin ella y como es, precisamente, todo el sentido de su vida, tampoco se puede diferenciar. Muchas veces el suicidio es una manera de saltar de la estructura social y familiar. Es un analizador sociológico que puede dar cuenta de las dinámicas de las familias y de qué es la sociedad”.

—¿Encontró reproche social?

—Predominó la estructura familiar, pero si esta la consideramos dentro del barrio o la sociedad encontramos que es uno de los primeros sostenes en donde el sujeto adquiere un lugar psíquico en su estructura, no sólo en términos de valores, de que se porte bien. Cuando el sujeto no logra ese sitio, muchas veces con la muerte quiere obtenerlo.

“Las muertes relacionadas con accidentes, suicidios, asesinatos, etcétera, requieren de rituales de mayor envergadura porque son repentinas. El sujeto que se suicida, que no tiene un lugar, muchas veces quiere regresar de alguna manera en el imaginario, a través de la muerte: deja una marca muy fuerte para la sociedad y la familia en el sentido de no haber tenido un lugar de existencia en el mundo familiar y social”.

Caso 87. Después de enterarse de que un vecino se ha suicidado, la joven de 16 años pregunta a su madre qué se sentirá morir. “No es una duda trivial, ni casual, como comprobará dramáticamente la familia unos días después, cuando esta joven decidió matarse”, dice la investigación del profesor Payá. “El suicidio del vecino extiende una nueva dimensión a la percepción de la muerte, al saber que se le puede llamar por voluntad propia, con su independiente fuerza de atracción”, agrega.

La adolescente decidió ahorcarse con una venda de tela, la cual amarró a una viga de madera en el techo de su casa. Su recado póstumo decía:

“Papi y mami: solamente les kiero decir y recordar lo mucho que los kiero, pero a mí no me gusta continuar con esta vida, así ke he decidido dejarlos. Los amo, gracias por haberme dado un hogar, pero desafortunadamente me pasan cosas ke ustedes y los demás no supieron explicar y ni entenderme, varios no supieron valorarme, mas sin embargo hoy me voy para bien y les evitaré problemas. Mamá: no maduré por más que lo decías, no lo hice. T.K.M. Papá: no crecí, no soy feliz, adiós, T.K.M. y demás: gracias. Atte. (fecha, nombre y firma)”.

—Parece un desapego absoluto.

—Alguien escribió: “Perdón por hacer esta pendejada, pero no había de otra”. ¿Qué significa que no haya otro escenario para un joven? En los expedientes encontramos que las familias, cuando están en el Servicio Médico Forense, dejan testimonios importantes que son cerrados por el mundo jurídico y médico. Para los médicos casi siempre es un acto con antecedente de enfermedad, pero las causas son infinitas y están en otro lugar.

Payá comenta que no está de acuerdo con la “tendencia a la psiquiatrización. Considerar: ‘Aguas, él es el síntoma, es el enfermo’. Ya no se trabaja con todas las condiciones que han hecho a esa persona. Tampoco a nivel de las escuelas veo mucho ese asunto de prevención”.

—Uno de los puntos relevantes es que el suicidio deja legados.

—No es un problema que se olvide con un carpetazo. Todos los secretos de familias, o las cosas que se quieren ocultar, generalmente son transmitidas a generaciones futuras, como deudas no elaboradas. Hay preocupación por el nieto que surge cuando el niño cumple la edad del hijo que se suicidó. Son legados que quedan sin saldo.

Caso 21. “Amanezco diferente, Mariana; te quiero, te amo, te adoro, hasta el último suspiro de mí. El amor existe y mata, ¿lo ves? Te cuidaré hasta el final, ya ves que sí hago todo por mi amor enfermizo, sacrifico todo por ti. Aniversario 20 de octubre de 2005, todos los 20 los recordarás”.


EL SEPTIEMBRE de 2014 un hombre se suicidó al aventarse por las escaleras de la estación del metro Aquiles Serdán, en la Ciudad de México. FOTO: ARMANDO MONROY/CUARTOSCURO


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Desde hace unos siete años, Luz de Lourdes Eguiluz, investigadora de la FES Iztacala de la UNAM, dirige el Programa de Apoyo Psicológico para Casos de Emergencia y se ha enfocado en evaluar anualmente a unos 700 alumnos de nuevo ingreso, de entre 18 y 25 años, para conocer su salud mental. Cuál fue la sorpresa de la doctora en psicología al encontrar que al menos el 26 por ciento de los jóvenes piensa en el suicidio.

Eguiluz trabaja la ideación suicida, es decir, la primera parte del proceso suicida: las ideas recurrentes sobre la muerte, sobre cómo alguien planea matarse. Las etapas del proyecto son tres: investigación, atención clínica y talleres de prevención para evitar que jóvenes piensen en el suicidio.

“La ideación suicida ha ido incrementando. Quienes tienen mayor resiliencia, la capacidad para sobreponerse, resistir la adversidad, son aquellos que no tienen ideación suicida, contrario a los que presentan una menor. Hay ideación suicida cuando se enfrentan a situaciones complejas: una familia caótica donde padre y madre no ejercen sus obligaciones, no se ocupan de sus hijos”.

—¿En qué casos han encontrado ideación suicida?

—Se relaciona con no ingresar en la primera opción de carrera de la universidad.

—¿Aunque ya hayan ingresado en la universidad?

—¿Te imaginas cómo estarán aquellos que hicieron el examen ya por segunda y tercera vez y no lograron entrar en la universidad, no consiguen trabajo, tienen algún tipo de familia caótica, en donde a nadie le importa el otro aunque duerman en la misma casa?

—¿El índice de 26 por ciento es elevado?

—No quiere decir que se vayan a suicidar, pero es alarmante que los jóvenes que estudian carreras de la salud, es decir, para ayudar a otros, estén pensando en su propia muerte.

—¿Ha habido intentos de suicidio?

—Hay muchos jóvenes que acuden a pedir ayuda psicológica. Han intentado suicidarse hasta tres veces.

—¿Hasta tres intentos? ¿No son llamados de atención?

—Cuando una persona se quiere matar se va a matar y no hay poder humano que la detenga. Si la amarras, se escapa. El chiste es que mientras más intentos, más cercano se está de la muerte. Todo empieza con la idea suicida que puede llevar años, y nunca llevarse a cabo. Un joven puede decir: “Cuando las cosas me salen mal me quiero morir”. Otro indica que ya lo intentó, tomó pastillas, y que no murió porque lo llevaron al hospital, que intentó colgarse pero el cordón se rompió. El joven tres informa: “Sí lo he pensado, lo haré el 15 de marzo a las cinco de la tarde, mis papás no estarán, tengo una pistola de mi padre que está en tal parte. Ya tengo la bala, lo haré en el baño de mi casa”. Hay casos así.

La doctora informa que el problema no sólo se presenta en jóvenes. “El semestre pasado atendimos a un niño de diez años que ha hecho dos intentos de suicidios. Pertenecía a una familia donde la madre trabajaba y el padre se había ido de indocumentado a Estados Unidos hace dos años. El niño iba mal en la escuela. Tenía Síndrome de Asperger, que es un conjunto de problemas mentales y conductuales que forma parte de los trastornos del espectro autista. Era un caso muy delicado”.

—Y sólo estamos hablando de una universidad.

—¿Ves propaganda masiva en televisión, como los anuncios de cuidar agua, para prevenir? Y eso que son suicidios en jóvenes, porque ahora son ellos y no como antes, que eran los viejos. Nunca sabremos por qué se suicidaron, porque menos del 30 por ciento deja una nota póstuma. Podrías saberlo a través de una autopsia psicológica.

Finaliza: “Todos llevamos dentro un impulso de muerte, según la corriente de estudio del psicoanálisis. Freud indica que todos tenemos el instinto de vida: si te avientan al agua y no sabes nadar, pataleas para sobrevivir, pero también existe ese otro instinto. Es una contradicción. Hay condiciones en la vida de un joven que pareciera ser que todo estuviera en su contra y lo mejor es morir”.


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Durante 25 años, el doctor Guilherme Borges, investigador del Instituto Nacional de Psiquiatría de la Secretaría de Salud, ha investigado el suicidio y por eso cuenta con licencia para afirmar que no hay estadísticas de parte del gobierno mexicano, ni de ningún otro, que catalogue los suicidios.

Sobre si el tema está relacionado con la carencia de oportunidades de empleo y estudio, dice: “La idea general de las investigaciones es que en diferentes poblaciones hay un vínculo entre el aumento de suicidios y los periodos de crisis económica, desempleo, falta de oportunidades. Existe, insisto, en términos generales”.

—No es determinante.

—En la perspectiva actual uno trata de averiguar los factores próximos al suicidio: que a alguien lo deje la esposa o se quede sin empleo, si hay uso de sustancias. Después, hay que ver cómo eso se conjunta con otros factores de cada uno de nosotros que algunos llaman distales, del remoto pasado.

Expone: “Si una chica fue violada a los 15 años, eso le va a dejar una huella, aunque no significa que mañana vaya a intentar suicidarse. Quizás esa huella se queda ahí 20, 30 años. A veces la persona que se suicidó tenía niveles elevados de alcohol en la sangre. De alguna manera, todo eso va quebrantando al individuo. Una serie de circunstancias logran que se dispare esta conducta. Es complejo.

—¿Hay una alarma de suicidios en México?

—Si comparas las tasas de mortalidad de suicidio en México con otros países de América Latina o a escala global, la del país es relativamente baja, por decir algo. El problema es que la tasa mexicana ha venido creciendo en los últimos 40, 50 años, y no ha dejado de crecer. Los estimadores de la Organización Mundial de la Salud muestran que en el orden global el suicidio ha disminuido, mientras que en México ha aumentado en los últimos 15 años.

Algunas entidades —indica el doctor— “cuentan con considerables programas de prevención, como Tabasco, Yucatán, es decir, donde el problema es más angustiante, pero carecemos de buenos lineamientos a escala país que ayuden a enfrentar el problema de manera más adecuada”.

—No hay prevención.

—Recuerdo cuando discutíamos el uso de la marihuana. Hace 30 años uno se comparaba con Estados Unidos y decía: “Aquí no, allá sí tienen problemas”. Se perdieron las oportunidades para actuar de forma preventiva. Sería lamentable que así pasara con los suicidios. El problema crece y nada nos permite pensar que no va a seguir así.

Caso 120 de la investigación El don y la palabra:un hombre de 37 años que vivía con su mamá se ahorca con una sábana. Ella comentó que su hijo había mencionado en varias ocasiones que se quería quitar la vida, que se la pasaba encerrado, durmiendo, “porque nadie lo quería”. El mensaje del sujeto fue corto:

“Me ahorco porque no puedo seguir así, sufro mucho. Adiós, que les vaya bien”.


EL JULIO DE 2015, en Ecatepec, Estado de México, un joven perdió la vida al arrojarse desde un puente peatonal a las vías del metro. FOTO: DIEGO REYES/CUARTOSCURO

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