'New Dawn': la lucha sufragista de las mujeres | Newsweek México


‘New Dawn’: la lucha sufragista de las mujeres



EL FORTALECIMIENTO de la democracia no se entendería sin la lucha de las mujeres, cuyas causas, a pesar de la diversidad de las culturas y los distintos niveles de desarrollo en los países, tienen puntos de encuentro; como en El Aleph, de Borges, en el que confluyen todos los aspectos del universo y que, desde el asombro, la intimidad y el periplo de nuestra vida, comprendemos de qué tamaño han sido nuestros actos y en qué hemos dedicado nuestra existencia. Así, recurriendo a esa universalidad imaginaria del escritor para llegar a un vórtice histórico, descubro a través de la maravillosa tecnología la escultura New Dawn, de la artista Mary Branson, cuya obra es una expresión de concentración multicolor de la lucha sufragista y donde se pueden ver representadas todas aquellas mujeres que con valentía exigieron el voto y el derecho a la participación política en distintas épocas.

La obra es una estructura de luz contemporánea situada en el histórico Palacio de Westminster, cuya exhibición será permanente. Fue inspirada en los cilindros de papel que concentran más de 500 años de historia de una de las salas del edificio del parlamento británico y que la artista, con el genio de la creación, creó rollos de vidrio soplado de chispeantes colores para dar cuenta de las distintas épocas y movimientos con los que las mujeres han emprendido sus luchas para poder participar en las decisiones públicas, y que a lo largo del tiempo han permitido forjar democracias maduras o no, pero que constituyen un avance indiscutible que no debemos olvidar y mucho menos soltar para seguir conquistando la libertad y la igualdad como valores fundamentales de las mujeres en la mayoría de los países del mundo.

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Mary Branson, catalogada por algunos medios internacionales como una artista que une al feminismo y el arte, nos deja una obra de alcance universal porque están impresos también los esfuerzos de hombres que creyeron en esas mujeres que decidieron no claudicar para lograr el voto, a pesar de los vientos en contra que arrastran consigo todas las resistencias sociales cuando se lucha por un cambio. En los movimientos sufragistas hubo arrestos, huelgas de hambre, señalamientos insidiosos de los oponentes que cuestionaban la moral de las mujeres y su estabilidad mental anteponiendo riesgos políticos cuyos prejuicios por desgracia aún nos alcanzan.

A esas primeras expresiones para consolidar la igualdad, que rondan los inicios del siglo XX en Gran Bretaña, Australia,  Dinamarca, Noruega, Rusia, Alemania, Estados Unidos, entre otros, le anteceden otras luchas como la de Nueva Zelanda, en la que desde 1893 se concede el derecho al voto a las mujeres mayores de 21; pero todavía antes, en el Parlamento Británico, Mary Smith, en 1832 defendió su postura con un argumento que simplemente es sentido común y que no debería, en ninguna época, haber estado en discusión: si ella estaba sujeta a las mismas leyes que los hombres, debería tener el mismo derecho a la participación política y a elaborarlas.

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Ese simple principio, que debería impactar en todos los países en los que aún no alcanzamos la verdadera igualdad, debería ser un lugar común para entender que más que géneros somos personas y que los derechos humanos no pueden estar sujetos a consideraciones temporales por causas políticas, económicas y mucho menos morales.

En el caso de México, donde el voto no se concedió hasta 1947 y a pesar de los avances en las agendas públicas y privadas que empujan la participación de la mujer en todas las esferas sociales, la realidad es que del respeto a los derechos humanos se puede presumir poco o casi nada. Diariamente mueren nueve mujeres en mi país que constatan que la lucha de esos derechos y sobre todo de la justicia todavía es ardua, no solo para alcanzar la participación política, laboral o incrementar los niveles educativos y de seguridad para nosotras, sino para imponer como norma cotidiana el respeto a la ley y a todas nuestras garantías.

El nuevo amanecer de Mary Branson también es nuestro. N

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Adriana García es escritora y periodista. Sus ensayos y novelas se han publicado en México y Estados Unidos. Ha dirigido diversas oficinas de comunicación y es asesora en comunicación política de organizaciones públicas y privadas. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad de la autora.

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