De tiempo y circunstancias | Las astillas del debate presidencial | Newsweek México


De tiempo y circunstancias | Las astillas del debate presidencial

 

HA COMENZADO EL OTOÑO y la Unión Americana, desde la primavera, se encuentra sumida dentro de una crisis sanitaria que trajo consigo una crisis económica y, además, tiene una crisis social que exige igualdad racial.

El país se encuentra profundamente dividido entre un grupo conservador, que ha detentado el poder al estilo de los luchadores rudos: violando constantemente las reglas de la contienda; y un partido liberal proclive a respetarlas.

Todo esto adereza la tradicional serie de tres debates entre los candidatos presidenciales de cara a la elección del próximo 3 de noviembre.

El auditorio que comparten el Campus de Educación de la Salud de la Universidad Case Western Reserve y la Clínica de Cleveland fue la sede del primer evento. El moderador fue el periodista Chris Wallace, y el formato fue de seis segmentos de 15 minutos. A continuación, el lector encontrará un resumen del debate y nuestras conclusiones.

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La primera de las preguntas fue sobre la elección del reemplazo de la juez de la suprema corte, Ruth B. Ginsburg.

Trump respondió que era su derecho elegirla, pues ellos ganaron la presidencia y el Senado.

Biden dijo que estaban en medio de un proceso de elección, y debería ser el nuevo presidente con su Senado quien debía elegirla. El caso se presentó en la transición Obama-Trump y dado que el Senado era republicano, los senadores arguyeron que era potestad del nuevo presidente elegir y bloquearon la elección. Esta vez, en función de la amenaza de Trump de protestar la elección legalmente, la nueva jueza representa un escaño estratégico en la Corte Suprema.

En repetidas ocasiones, Chris Wallace se vio obligado a contener al presidente estadounidense, que se comportaba como un chamaco malcriado, y al que tenía que recordarle que él (Wallace) era el moderador; ya que la verborrea presidencial no permitía el diálogo, mucho menos el debate. El presidente interrumpía al moderador sin permitirle hacer las preguntas, y al candidato demócrata sin permitirle responder. Haciendo que el evento asemejara un circo de tres pistas en un escenario reducido.

La segunda pregunta fue sobre el programa de seguridad social llamado obamacare. En ella, Wallace apuntó la voluntad del presidente para desarticular el programa sin mostrar ningún proyecto para substituirlo. Trump ni siquiera dejó que terminara de formular la pregunta. Alegó que el argumento era mentira sin mencionar el proyecto para reemplazar el obamacare. Cuando se le cedió la palabra a Biden, Trump volvió a la carga, y así se fueron hasta llegar al siguiente segmento.

El segundo segmento fue sobre el COVID-19. Ahí el drama del número de muertos salió a relucir. Biden exhibió la cifra de 200,000 muertos por la epidemia, que equivale al 25 por ciento del total de muertes en el mundo mientras, que Estados Unidos alberga tan solo al 4 por ciento de la población mundial.

Conforme dio las cifras, Biden mencionó que cuando la cifra de mortandad se le presentó a Trump, ante la severidad de esta, dijo: “Eso es lo que es”.

Ante lo que Biden agregó: “Es lo que es, por que tú eres lo que eres”.

Biden preguntó: “¿Cuántos de ustedes se han levantado, en la mañana, con una silla vacía en la mesa de la cocina por la muerte de alguien a causa del COVID-19?”.

Trump no supo qué contestar y dejó que Biden hablara. Cuando se repuso respondió echándole la culpa a China y alegó en su favor que los gobernadores dijeron que Trump había hecho un trabajo fenomenal. Trató de hacer ver mal a su contrincante, pero Biden contraargumentó con éxito.

CONTRADICCIONES TRUMPIANAS

Luego vinieron las controversias entre Trump y los científicos dentro de su gobierno a cargo de la pandemia. Ahí afloraron las contradicciones y las mentiras trumpianas. Biden trajo a colación la recomendación de Trump que sugería inyectar blanqueador en los pacientes para controlar la epidemia. A partir de ese momento Trump se desató y comenzó a contradecirse. Estuvo ocurrente a veces, pero sus argumentos fueron contrapunteados, deshilados e ilógicos. Biden lo acusó de irresponsable.

El siguiente segmento fue sobre economía. El argumento trumpiano fue que había construido la economía más grande del mundo, pero por culpa de China se había caído.

En respuesta, Biden alegó que la recuperación era solo para los ricos, y que la gente de clase media, así como la gente pobre, estaban desempleados. Y afirmó que Trump sería un presidente que al final de su mandato tendría, en la Unión Americana, menos empleos de los que había al principio.

Siguieron con una cuestión espinosa: los impuestos de Trump, pues en 2016 y 2017, de acuerdo con un reportaje del periódico The New York Times (NYT), pagó 750 dólares de impuestos al año por sus ingresos. La pregunta fue directa y Trump la esquivó sin responder a ella.

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Esto es relevante para los votantes, pues resulta grotesco que un maestro de escuela, o una enfermera, quienes viven al día, paguen cantidades que rondan los 10,000 dólares anuales por este impuesto, y que un magnate, que trata de repetir su periodo presidencial, pague menos de 1,000 dólares al año.

En cuanto a Biden, la pregunta se dirigió al proyecto de aumento de impuestos a los ciudadanos que tienen ingresos por más de 400,000 dólares al año. Otro punto álgido, pues el aumento de impuestos reduce los votos del sector afectado.

Biden arguyó que los impuestos incentivarán la economía. Trump contraarguyó que llevaría a una depresión económica y de nuevo surgieron las acusaciones entre candidatos; salieron incluso a relucir el hijo de Biden, a quien acusó de recibir dinero de la esposa del alcalde de Moscú. Biden replicó y Trump interrumpió convirtiendo el debate, de nuevo, en un circo.

El segmento terminó abruptamente y Trump atropelló al moderador.

De repente los candidatos trenzaron sus alegatos y Wallace gritó para detenerlos, disculpándose de inmediato al decir: “Odio levantar la voz, pero por qué debería ser diferente a ustedes”.

Siguieron los problemas raciales. Wallace preguntó: “¿Por que los votantes deben creerte, en vez de creerle a tu oponente, que vas a manejar bien los asuntos raciales a los que se enfrentará el país los siguientes cuatro años?”.

Biden dijo que era una cuestión de decencia, una cuestión constitucional, y que nunca le había dado la espalda a la comunidad, y sacó, otra vez, a colación el numero de afroamericanos muertos por el COVID-19.

Trump reviró diciendo que Biden había llamado a la comunidad negra “superdepredadores” y que ellos no lo habían olvidado. Luego dijo que el sheriff de Portland había declarado su apoyo a Trump ese día. Mientras esto sucedía, Mike Reese, uno de los sheriffs de Portland, tuiteó: “Nunca he apoyado a Donald Trump y nunca lo apoyaré”.

El desmentido al presidente no pasó inadvertido por el NYT, que de inmediato replicó el comunicado.

El siguiente punto fue la igualdad de justicia entre las minorías. La pregunta giró en torno al caso de Breonna Taylor, y se dirigió a Biden: “¿Crees que hay un sistema de justicia separado pero desigual para la gente de color en este país?”.

Biden respondió afirmativamente. Y reconoció, al tiempo, que la policía tenía gente de primera, pero que había manzanas podridas en el cuerpo policiaco y había que extirparlas.

¿Y LOS SUPREMACISTAS BLANCOS?

Wallace pasó a preguntarle a Trump por que decidió terminar con el Programa de Entrenamiento de Sensibilidad Racial a la policía.

Trump respondió que el programa estaba enseñando a la gente a odiar al país y que eso no lo iba a permitir.

Biden, en cambio, dijo que eso era mentira y acreditó el programa.

Luego el presidente restableció el circo.

Siguió el tema de la ley y el orden.

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El argumento fue que el crimen se ha elevado y que Trump culpa de esto a las ciudades gobernadas por demócratas, pero que lo mismo ha pasado en las que están bajo el mando republicano.

La pregunta fue: “¿Es en realidad esto un asunto partidario?”.

Trump dijo que sí.

Biden dijo que no, y expuso como algunas de las causas el COVID-19, el ambiente y la tendencia de Trump a buscar problemas.

Wallace preguntó: “¿Apoyan ustedes reinventar la policía y apoyan a la vez el llamado del movimiento Black Lives Matter en referencia al control comunitario de la vigilancia policiaca?”.

Biden dijo que sí, se opuso a la idea de quitar presupuesto a los departamentos policiacos y se pronunció por lograr una policía integrada a las comunidades. Trump interrumpió, y Wallace pasó a preguntarle a Biden si alguna vez había llamado a alguno de los alcaldes para pedirle que pusiera en orden su ciudad ante un movimiento de protesta.

Biden dijo que no era su función como presidente y Trump trató de desequilibrar a su oponente con argumentos agresivos, regresando el evento a una discusión desordenada en donde Wallace se veía obligado a interrumpir al presidente.

Luego le pidió al presidente que dijera si estaba dispuesto a condenar a los supremacistas blancos, del mismo modo que condenaba a los de extrema izquierda.

Trump desvió la pregunta. Wallace la reforzó; ante esto Trump no tuvo más remedio que decir tímidamente que los supremacistas debían replegarse y de inmediato cargó sobre la extrema izquierda. Wallace trató de llamarlo al orden y el segmento, para variar, terminó abruptamente.

Luego vino un episodio bochornoso. Wallace elaboró la siguiente pregunta: “¿Por qué los votantes deberían votar por ti en lugar de tu oponente?”.

Trump respondió: “Porque nadie ha hecho más que yo. En mi administración construí la economía mas grande. El menor desempleo, y todo iba de maravilla hasta antes del COVID-19”.

Luego el presidente se hizo bolas con una serie de argumentos cantinflescos diciendo cosas como: antes estábamos bien, pero ahora estamos mal, pero vamos a estar bien otra vez y los militares… y el Space Force… Trump terminó haciendo, del hecho de haber nombrado muchos jueces, un argumento para su campaña.

Biden replicó que debían votar por él porque: “Bajo la presidencia de Trump nos hemos vuelto más débiles, más enfermos, más pobres, más divididos y más violentos. Como vicepresidente recibí una economía en recesión; la arreglé y dejé una economía boyante. Él (Trump) trajo una recesión. Me le he enfrentado a Putin dejando claro que no vamos a aceptar su basura. Él (Trump) es su mascota, Se ha negado a hacer reclamos ante la recompensa (puesta por los rusos) sobre las cabezas de los soldados estadounidenses”. Ahí Trump interrumpió y sacó culpas del hijo de Biden, y otra vez comenzó la fiesta, pero Wallace aplacó la tormenta.

Biden volvió a la carga diciendo: “Los ricos se han hecho más ricos y los pobres, más pobres, y el pueblo está en una situación más problemática que antes”. Luego adujo el descenso en los índices criminales en la administración de Obama, y dijo que la nación no podía ni debía seguir dividida.

GOLPES FAMILIARES

Ahí las cosas se pusieron al rojo vivo, pues Biden espetó: “Y hablando de mi hijo, la forma en que hablas de la milicia tachándolos de perdedores y diciendo puntualmente que son idiotas… Mi hijo estuvo en Irak, se pasó un año ahí, obtuvo la estrella de bronce, obtuvo medalla de servicio. Él no era un perdedor, él era un patriota y la gente que dejamos en el campo eran héroes y yo resiento”.

Trump, en un golpe bajo, le pregunta: “¿Estas hablando de Hunter?”.

Biden responde: “Estoy hablando de mi hijo, Beau Biden”.

Trump revira: “Yo no conozco a Beau, yo conozco a Hunter. Hunter fue expulsado de la milicia deshonrosamente por usar cocaína y no tenía trabajo hasta que te convertiste en vicepresidente”.

Biden alega: “Nada de eso es verdad”.

Trump levanta la voz: “Él hizo una fortuna en Ucrania, en China, en Moscú”.

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Biden negaba cada afirmación hasta que decidió agarrar al toro por los cuernos: “Mi hijo, como mucha gente que conocemos, tuvo un problema de drogas; lo ha superado, ha trabajado en él, y estoy orgulloso de mi hijo”.

Trump le pregunta: “¿Y por qué le dieron decenas de millones de dólares?”

Biden: “A él no le dieron decenas de millones”.

Conforme Biden hablaba, Trump se le atravesaba, hasta que Wallace entró al quite. Y dijo: quisiera hablar del cambio climático. La pregunta para el presidente esta vez fue: “¿Qué cree usted sobre la ciencia del cambio climático y qué va a hacer los próximos cuatro años para enfrentarlo?”.

Trump dijo que quería aire puro y cristalino. Luego dijo una mentira, y luego, que no había destruido los negocios. Condenó el Acuerdo de París diciendo que era un desastre total. Al referirse a los incendios de California, culpó a la administración forestal y, ante la pregunta de los gases invernadero, Trump se evadió regresando a la administración forestal. Dijo que cesó los programas de reducción de carbón porque elevaban los precios del combustible y en general se escudó en una serie de sandeces.

Biden recibió la misma pregunta, recompuesta con otras, sobre su programa de ecoprotección. Contestó con una serie de políticas orientadas a la ecología, y una propuesta diplomática para integrar a los países del mundo; sin embargo, ante la pregunta sobre el equilibrio del costo-beneficio en la ecología, y la posibilidad de que su proyecto causara un desbalance económico, Biden se hizo camotes, y Trump aprovechó para interrumpir y sacarlo de balance.

Luego, Biden argumentó la posibilidad de un aumento enorme en el empleo con sus políticas ecológicas. La cuestión económica la justificó al considerar los costos debidos al incremento de daños por tormentas y huracanes causados por el calentamiento global.

Trump interrumpió y de nuevo Wallace tuvo que enfriar las cosas. Biden retomó, pero se equivocó, hasta que Wallace lo ayudó a recomponerse.

Luego entraron al segmento final: La votación de noviembre.

La pregunta fue: “¿Que estás haciendo para asegurarle al pueblo estadounidense que el siguiente presidente será el legitimo ganador de esta elección?”.

Biden dio sus parámetros. Afirmó que los funcionarios del gobierno trumpiano han dicho que no hay manera de que las papeletas con los votos sean manipuladas.

Pidió a la gente que vote, ya sea en persona o por correo. Y acusó a Trump de tratar de frustrar anticipadamente a los votantes.

Dijo que aceptaría si ganaba o perdía y que lo importante en verdad era la voluntad popular. Que Trump no podría forzar el resultado y quedarse en el poder.

Trump dijo que esto iba a ser un fraude enorme. Sabe que las encuestas no lo favorecen y con ese discurso se da por perdido, usando el argumento de un fraude para tratar de revertir el resultado en las urnas a través de pleitos legales.

¿Y EL DÍA DE LA ELECCIÓN?

La siguiente pregunta fue: “¿Cuentas con que la Corte Suprema decida el resultado?”. A lo que Trump respondió que sí. Y Biden dijo que Trump tiene miedo a contar los votos.

Wallace le preguntó: “¿Te preocupa que la Corte Suprema, con un nuevo juez, decida el resultado?”.

Biden dijo que el resultado debe salir de las urnas y no de las cortes.

La pregunta final: “Es probable que en la noche de la elección no sepamos quién es el presidente. Si esto es así ¿les pedirán a sus partidarios que estén calmados hasta que la elección esté certificada?”.

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Trump dijo: “Les voy a pedir que vigilen la elección, y si veo que las papeletas son manipuladas no podré acceder. Ellos (refiriéndose a los demócratas) son tramposos y no podré acceder”.

Biden: “Sí, sí se los voy a pedir. Es un proceso honesto. El hecho es que lo voy a aceptar y él también, pues una vez contados los votos y certificada la elección, ahí se acaba esto”.

Trump interrumpió y de nuevo se instaló el circo. El debate terminó en este tenor, gritos e interrupciones de Trump, que trataba de imponer sus argumentos, hasta que el moderador dijo algo así como: ya estuvo suave. Esto se acabó. Gracias y buenas noches.

Hubo un aplauso y el sonido se cortó.

La reacción de un sector del pueblo estadounidense fue calificar el debate como el peor de la historia. Se dijo que nadie había ganado y que la democracia había perdido.

Los analistas políticos en su mayoría coinciden con lo anterior. Algunos se decantan por Joe Biden, aunque otros aluden al dominio que ejerció el presidente Trump tanto sobre Joe Biden como sobre el moderador, suponiendo que esto puede hacer dudar a los votantes indecisos sobre si Biden tiene el suficiente carácter para enfrentar el reto de la presidencia.

Biden fue tartamudo de pequeño y se sobrepuso a ello. Su tartamudez lo hizo trastabillar a ratos. Hay quienes empatizan con ella y le dan un voto de respeto por haberse sobrepuesto, y hay quienes la ven como un signo de debilidad.

La cadena noticiosa CNN hizo una encuesta en la que dio por vencedor a Joe Biden con un 60 por ciento de la opinión a favor contra un 28 por ciento en contra.

Los partidarios de Trump, por el contrario, se dijeron satisfechos con los golpes bajos que el presidente le propinó a su oponente al referirse a su familia.

Desde nuestro punto de vista, el candidato demócrata se mostró ordenado y propositivo y expuso con datos duros las fallas más graves de la administración trumpiana. Mientras, el presidente estuvo cantinflesco en sus argumentos e interrumpió, cada vez que se sentía expuesto, para exponer las ocurrencias que surgían en su mente.

El candidato republicano hizo evidente que está contra la pared. Su insistencia en que la elección será un fraude revela el serio temor de perder la elección popular y trata de arrastrar la derrota al Congreso o a la Corte para revertir el resultado.

Si los resultados no le dan la victoria a Biden por un margen considerable, el pueblo estadounidense se enfrentará a una pesadilla legal después del 3 de noviembre. Por el contrario, si Trump gana la elección, sus argumentos se volverán contra él. Queda pendiente el control del Senado. Si Trump gana la elección con un Senado demócrata, los próximos cuatro años pueden ser muy complicados para él.

VAGÓN DE CABÚS

En México, el juicio a los expresidentes, como muchas de las propuestas presidenciales, será sometido a la Suprema Corte, donde ha sido calificado como un concierto de inconstitucionalidades. AMLO amenaza ahora con cambiar la Constitución. Mientras tanto, los problemas nacionales crecen y los rezagos se acumulan, pero lo importante, desde la óptica presidencial, es que el espectáculo debe continuar.

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Salvador Casanova es historiador y físico. Su vida profesional abarca la docencia, los medios de comunicación y la televisión cultural. Es autor del libro La maravillosa historia del tiempo y sus circunstancias. Los puntos de vista expresados en este artículo son responsabilidad del autor.

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