Leche materna: la primera “vacuna” contra los virus y otras enfermedades | Newsweek México


Leche materna: la primera “vacuna” contra los virus y otras enfermedades



Neumonía, diarrea, obesidad, diabetes, muerte súbita… hoy es un buen momento para recordar los innegables beneficios de la lactancia para reducir las probabilidades de padecer varias enfermedades.

 

La lactancia materna es una de las formas más eficaces de asegurar la salud y la supervivencia de los niños. Además de estimular el desarrollo cerebral, la leche de la madre ayuda a que el bebé esté protegido contra las enfermedades comunes de la infancia y a que de adulto corra menos riesgos de padecer problemas cardiacos y diabetes.

Si todos los recién nacidos del mundo fueran alimentados únicamente con leche materna durante sus primeros meses de vida, 1.4 millones de muertes infantiles podrían evitarse cada año, según un informe de 2008 de la revista británica The Lancet, pues la lactancia fortalece el organismo del bebé frente a males mortales de su edad como diarrea, padecimientos gastrointestinales y muerte súbita.

A escala mundial, un niño que no fue amamantado tiene 14.4 veces más probabilidades de morir que el que sí lo fue, refiere el mismo estudio, y agrega que, por esa razón, un infante muere innecesariamente cada 22 segundos.

“La lactancia materna tiene todos los nutrimentos que requiere un infante de cero a seis meses de edad. El tiempo que se le dé leche materna se verá reflejado en beneficios que obtenga. Si un bebé es lactado por lo menos cuatro meses, disminuye en un 72 por ciento el riesgo de contraer neumonía, una infección muy grave y frecuente en los bebés y que pone en peligro su vida.

“También disminuye un 64 por ciento que sufran una infección gastrointestinal, que puede ser grave en un niño menor de cinco años; reduce en un 40 por ciento heredar asma, en caso de que sus padres padezcan la enfermad. Y no solo disminuye diarreas y neumonías, sino que a futuro puede disminuir el riesgo de obesidad, diabetes, presión alta e, incluso, el riesgo de cánceres como la leucemia”, explica la pediatra de alto nivel y especialista en lactancia materna Diana Espejel Huerta en entrevista con Newsweek México.

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Alimentar al bebé con leche materna tiene un impacto trascendental, porque reduce en un 24 por ciento las posibilidades de que el infante contraiga leucemia. “No hay ninguna leche de fórmula o sucedáneo de la leche materna al que puedan agregarle inmunoglobulina para prevenir infecciones y ninguna otra sustancia disminuye el riesgo de cáncer”.

La leche materna posee una sustancia llamada HAMLET (human alpha-lactalbumin made lethal to tumor cells), la cual provoca que las células que se van a convertir en malignas o en cancerígenas se suiciden, de esta manera es una quimioterapia selectiva. “Incluso se ha estudiado el uso de la leche materna para algunos tipos de cánceres, pues causan la muerte de las células malignas sin tocar el resto de las células, mientras que un proceso químico acaba con todo”, explica Espejel Huerta.

Otro temor de las madres es la muerte súbita, es decir, que el bebé se quede dormido y ya no despierte. La mortalidad en estos casos disminuye casi un 50 por ciento si es amamantado, de acuerdo con los estudios más recientes.

La leche materna posee estos beneficios porque cuenta con más de 2,000 componentes en comparación con cualquier sucedáneo que apenas llega a los 80 componentes, lo que la hace incomparable.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) advierten que no se está combatiendo la comercialización nociva de sucedáneos de la leche materna y han llamado a fomentar que los bebés se alimenten exclusivamente con leche materna en los primeros seis meses de vida, momento a partir del cual debe continuarse la lactancia materna complementada con otros alimentos nutritivos e inocuos, hasta los dos años o más.

Los datos actuales indican que es poco probable que el coronavirus pueda transmitirse a través del amamantamiento. Foto: Graciela López/Cuartoscuro

“LA PRIMERA VACUNA” 

Amamantar inmediatamente después del nacimiento es importante porque el sistema inmunitario de los recién nacidos aún no está del todo maduro. Por ello muchas veces se denomina a la lactancia materna como la “primera vacuna”, de acuerdo con la OMS.

En México, actualmente existen nosocomios certificados como “hospital amigo”. Al momento del nacimiento permiten que el bebé permanezca con su madre. La lactancia materna en la primera hora de vida reduce en casi 20 por ciento el riesgo de morir en el primer mes.

“Llamada la ‘hora dorada’, los primeros 60 minutos de vida está muy despierto y es necesario que esté piel con piel con la madre para que, si nace con hambre, succione de inmediato, eso ayuda a que haya una lactancia exitosa.

“Si se separa al bebé, se lleva al cunero y se le da leche de fórmula, después a la madre le costará mucho trabajo iniciar la lactancia y le será más fácil darle un biberón, aunque no tenga los mismos beneficios. A su vez, los padres van a necesitar de orientación sobre la lactancia. Porque muchas veces las madres creen que no tienen suficiente leche, pero en realidad todas pueden hacerlo si tienen una buena orientación”, explica la pediatra Diana Espejel.

De acuerdo con la OMS, durante el primer mes de vida los bebés que no son amamantados tienen seis veces más probabilidades de morir en comparación con aquellos que sí lo son; entre los 9 y 11 meses, aquellos que no son amamantados tienen 30 por ciento más de probabilidades de fallecer. Se estima que la lactancia subóptima (ausencia de leche materna) causó el 11.6 por ciento (804,000) de las muertes de recién nacidos en 2011.

LACTAR EN TIEMPOS DE COVID-19

Durante la pandemia por coronavirus, madres que han contraído el virus tienen miedo a amamantar a sus hijos, ya que prefieren no hacerlo para no contagiarlos. 

La Unicef y la OMS han alentado a las mujeres a seguir amamantando durante la pandemia, aunque tengan la sospecha o la confirmación de estar infectadas. Si bien los investigadores siguen realizando análisis de la leche materna de mujeres con sospecha o confirmación de COVID-19, los datos actuales indican que es poco probable que el coronavirus pueda transmitirse a través del amamantamiento o de la administración de leche materna extraída de una mujer con sospecha o confirmación de contagio.

“Los numerosos beneficios de la lactancia materna superan con creces los posibles riesgos de enfermedad asociados con el coronavirus. No resulta más seguro alimentar a los lactantes con leche artificial”.

De acuerdo con la OMS, la comercialización inapropiada de sucedáneos de la leche materna continúa socavando los esfuerzos por mejorar las tasas de lactancia materna, a esto se suma la crisis por COVID-19, la cual agrava la amenaza.

“Ante el avance de la pandemia, la lactancia materna puede proteger la vida de millones de niños, pero las mujeres que acaban de dar a luz necesitan el apoyo del personal sanitario para ello”, afirma el doctor Víctor Aguayo, jefe de Nutrición de la Unicef.

“Debemos intensificar los esfuerzos más que nunca para garantizar que todas las madres y familias, en todas partes, reciban de un profesional sanitario capacitado la orientación y el apoyo que necesitan para alimentar a sus criaturas con leche materna desde el mismo momento del nacimiento”, explica.

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Una madre con coronavirus sí puede amamantar a su bebé, comenta por su parte la pediatra Espejel Huerta. Además del uso del cubrebocas cuando le dé de comer, agrega, puede tener al bebé en el mismo cuarto guardando dos metros de distancia y con la debida higiene de manos, así, con la leche materna protegerá a su bebé del coronavirus.

Las mujeres con sospecha o confirmación de COVID-19 pueden amamantar adoptando sencillas precauciones, a saber, lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón o limpiárselas con un gel hidroalcohólico, en especial antes de tocar al bebé, y utilizar una mascarilla médica (quirúrgica) durante cualquier contacto con el lactante, en particular mientras lo amamantan.

Asimismo, debe protegerse la boca y la nariz con un pañuelo al estornudar o toser, tras lo cual debe desecharse el pañuelo inmediatamente y lavarse las manos, así como limpiar y desinfectar las superficies sistemáticamente después de tocarlas.

Por la poca claridad de la información sobre la lactancia y el coronavirus, las organizaciones internacionales indican que el COVID-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de una legislación más firme para proteger a las familias contra afirmaciones falsas sobre la inocuidad de los sucedáneos de la leche materna o contra prácticas comerciales agresivas. A su vez, han puesto énfasis en que “la leche materna salva vidas infantiles, ya que proporciona anticuerpos que promueven la salud de los bebés y los protegen contra numerosas enfermedades de la infancia”.

Los sustitutos de la leche materna podrían utilizarse en situaciones muy especiales, por ejemplo, cuando el bebé padece enfermedades como la galactosemia clásica. Foto: Adobe Stock

Patti Rundall, del Consejo Mundial de la Red Internacional de Grupos de pro Alimentación Infantil (IBFAN), asevera que el temor a la transmisión del COVID-19 está eclipsando la importancia de la lactancia materna, y en demasiados países se está separando a las madres de sus hijos tras el parto, lo que hace difícil, cuando no imposible, la lactancia materna y el contacto piel con piel.  “Todo esto sucede sin que exista ningún dato objetivo que lo respalde”, afirma.

RESTRICCIONES LEGALES

De 194 países analizados por la OMS, 136 cuentan con algún tipo de medida legal relativa al Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna y las posteriores resoluciones de la Asamblea de la Salud en esa esfera. En los dos últimos años, 44 países han endurecido su reglamentación sobre la comercialización de estos productos.

No obstante, “las restricciones legales de la mayoría de los países no abarcan plenamente la comercialización que tiene lugar en los centros sanitarios. Solo 79 países prohíben la promoción de sucedáneos de la leche materna en centros sanitarios, y solo en 51 existen disposiciones que prohíben la distribución de productos gratuitos o de bajo costo en el marco del sistema sanitario”, informa la OMS.

Solo 19 países han prohibido que los fabricantes de sucedáneos de la leche materna (que comprenden los preparados para lactantes, preparados de continuación y preparados de crecimiento comercializados para su consumo por lactantes y niños de hasta 36 meses) patrocinen reuniones de asociaciones científicas o asociaciones de profesionales sanitarios.

“La comercialización agresiva de sucedáneos de la leche materna, especialmente a través de profesionales sanitarios en quienes las madres y los padres confían para obtener consejos relativos a la nutrición y la salud, constituye un importante obstáculo para mejorar la salud neonatal e infantil en todo el mundo” afirma el doctor Francesco Branca, director del Departamento de Nutrición e Inocuidad de los Alimentos de la OMS. 

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Branca recomienda que los sistemas de atención sanitaria actúen para fomentar la confianza de madres y padres en la leche materna sin influencia de la industria con el fin de que los niños no se queden sin sus beneficios, que salvan vidas.

El Código prohíbe cualquier forma de promoción de los sucedáneos de la leche materna, en particular la publicidad, los obsequios a trabajadores sanitarios y la distribución de muestras gratuitas.

“En el etiquetado de estos productos no deben figurar declaraciones sobre propiedades saludables o nutricionalmente beneficiosas ni imágenes que idealicen los preparados para lactantes. Por el contrario, el etiquetado debe incluir mensajes relativos a la superioridad de la leche materna sobre los sucedáneos y a los riesgos que supone no practicar la lactancia materna”.

Además, los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil no deben solicitar ni aceptar donaciones de sucedáneos de la leche materna en situaciones de emergencia.

Sin embargo, la Unicef y la OMS también señalan que un número de afecciones maternas y del recién nacido podrían justificar la recomendación de que no se amamante o se introduzcan los sucedáneos de manera temporal o permanente. 

Por ejemplo, la fórmula láctea podría recomendarse para niños con padecimientos como galactosemia clásica, enfermedad de orina con olor a jarabe de arce y fenilcetonuria. Y respecto a las madres, podrían requerir el evitar la lactancia aquellas que tienen infección por VIH, septicemia, medicación psicoterapéutica, quimioterapia o quienes consumen sustancias nocivas.

BENEFICIOS PARA LA MADRE

Cuando una madre amamanta a su bebé también obtiene beneficios. Entre los más importantes se encuentra la disminución de riesgo de cáncer de ovario en un 34 por ciento y el cáncer de mama hasta en un 28 por ciento, además disminuye la depresión postparto, explica la pediatra Espejel Huerta.

También se recupera del parto mucho más rápido y fácilmente. A esto se agrega que la hormona oxitocina, que se libera durante la lactancia materna, actúa para regresar el útero a su tamaño regular con mayor rapidez y también puede reducir el sangrado tras el parto.

Diversos estudios han demostrado que la lactancia materna puede reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, artritis reumatoide y enfermedad cardiovascular, así como una alta presión arterial y colesterol alto.

Los especialistas también señalan que amamantar ayuda a perder peso de forma natural. Dar de mamar consume entre 450 y 500 calorías al día, mientras reduce el riesgo de anemia. A su vez, las tomas nocturnas son más fáciles, ya que la hormona prolactina, que estimula la producción de leche, tiene un efecto relajante tanto en la madre como en el bebé.

LACTANCIA Y ECONOMÍA

Alimentar a un bebé con fórmulas lácteas puede tener un alto costo para la familia y para las naciones, asegura la FAO. Y es que la leche materna se produce en todos los países, pero la fórmula láctea, no. La fórmula láctea es un alimento muy costoso, y si los países la importan, tienen que gastar innecesariamente divisas externas. “La elección de la lactancia materna en vez de la alimentación con biberón, por lo tanto, aporta una importante ventaja económica para las familias y para los países pobres”, asevera la organización internacional.

La compra de una fórmula como sustituto de la leche materna desvía los escasos recursos monetarios de la familia y aumenta la pobreza, ya que un bebé de tres a cuatro meses de edad necesita alrededor de 150 litros en los primeros seis a siete meses de vida, lo que deriva en una alta inversión económica sin beneficios en la salud del bebé. 

De acuerdo con una serie de artículos publicados en The Lancet, el apoyo y la promoción de la lactancia materna en los países de todos los niveles de ingresos no solo mejoran la salud de las mujeres y los niños, sino que además generan beneficios económicos.

Se estima que los costos de la capacidad cognitiva inferior asociada a no amamantar asciende a más de 300,000 millones de dólares al año en todo el mundo, cifra comparable con la totalidad del mercado farmacéutico mundial.

LACTIVISMO

A escala mundial existe todavía cierta resistencia al ver a una madre amamantando a su hijo en público. “Es necesario que cambie la idea de que no puede darle de comer a su hijo en la calle o en otro espacio que no sea su hogar. En el caso de México, aún existen muchos tabúes, pero finalmente negarle este derecho a la madre equivale a discriminación.

“La raíz del problema es que han sexualizado los senos, que tienen la función de alimentar a un bebé. la madre debe hacerlo donde quiera que se encuentre porque se trata de un bebé y no se le puede impedir que coma”, comenta la pediatra Diana Espejel.

En las últimas décadas las leches artificiales han sustituido con mayor frecuencia y de forma abrumadora la leche materna, por lo que las consecuencias pueden ser imprevisibles. Ante esta preocupación surge el lactivismo, un movimiento que busca promover y visibilizar la práctica.

“El movimiento lactivista surge como respuesta a un importante descenso de la práctica de la lactancia humana materna; de manera espontánea y sin una cohesión y organización homogéneas, ha ido ganando espacio y visibilidad en sociedades occidentalizadas.

“Comprende la lactancia como una práctica con implicaciones biopsicosociales, como derecho e imperativo ético, y se plantea como movimiento de resistencia hacia las mujeres lactantes”, señala el estudio Lactivismo como movimiento de resistencia.

Este movimiento busca que la práctica de la lactancia materna se desarrolle tanto en el ámbito privado como en el público como un derecho social. Así también busca incentivar a las madres a amamantar a sus bebés y erradicar el uso de leche de fórmula.

La leche materna no se hace agua, al contrario, es rica en nutrimentos y se adapta a lo que cada niño necesita, explica la Dra. Espejel Huerta. Foto: Carlo Echegoyen

A la par de incentivar la lactancia, Diana Espejel, también miembro de la Asociación pro Lactancia Materna (Aprolam), explica que se debe promover la creación de lactarios dentro de los espacios laborales, es decir, un área con las comodidades necesarias para que una madre trabajadora pueda extraer la leche materna.

“Ya está en la ley que todas las empresas tienen que tener un lactario, incluso hay tiendas departamentales que ya los tienen, esto hace que disminuya el ausentismo en el trabajo porque habrá una mamá más tranquila con un niño más sano que se enfermará menos y se ausentará menos”.

La doctora Espejel Huerta menciona que otro de los mitos alrededor de la lactancia materna y que provoca que esta se abandone es que se cree que, después de cierto tiempo, “la leche se hace agua”. Eso nunca es verdad, afirma, “es rica en nutrimentos y se va adaptando a lo que cada niño necesita conforme a su crecimiento. Por ejemplo, al año de edad, el niño obtiene el 50 por ciento de calorías que requiere”.

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La lactancia prolongada tiene varios beneficios y estos tienen que ver con el tiempo que se ha lactado. El mínimo para alimentar a un bebé son seis meses, añade la pediatra, pero se puede amamantar hasta los dos años o más, el tiempo que la madre y el bebé estén cómodos. Y nunca requerirá fórmula. Mientras el bebé succione se estará produciendo leche, asegura la pediatra. 

A su vez, el apoyo de ambos padres también es necesario. Una investigación reciente de Philips Avent revela la importancia de la participación de la pareja en el proceso de la lactancia materna.

Los resultados del estudio muestran que el 63 por ciento de las madres quiere apoyo para alimentar al bebé por la noche. 

En la encuesta se demostró que el 81 por ciento de los padres quiere ayudar, pero hay algunas áreas en las que podrían hacer más para brindar apoyo, lo que significa que hay algunos aspectos del cuidado de un recién nacido que todavía recaen en la mamá, y existe la necesidad de una mayor educación para sus parejas, señala el estudio. 

Los resultados de la investigación muestran que el 76 por ciento de las madres piensa que se necesita más información sobre cómo sus parejas pueden apoyar el proceso de la lactancia materna.

Proporcionar apoyo continuo a las madres que amamantan, entonces, es clave, especialmente con las mujeres cada vez más restringidas en tiempo, y porque muchas tienen que hacer malabarismos entre el cuidado de los niños y sus carreras, se concluye.

En México, de acuerdo con el Inegi, 91.4 por ciento de los bebés nacidos en el periodo de enero de 2009 a septiembre de 2014 recibió leche materna, del cual solo 11 por ciento lo hizo de forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida.

Aun existe una imperiosa necesidad no solo de promover la práctica de la lactancia materna, sino también de que sea el alimento exclusivo para el bebé. Con ello también se debe asegurar que las madres tengan las condiciones propicias para que no abandonen la lactancia.

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