Tijuana, ciudad colchonera | Newsweek México


Tijuana, ciudad colchonera



Existe cada vez más oferta de colchones, pero no está claro quiénes son los clientes.

Cada que tiene oportunidad, Fernando se cambia de cama a mitad de la madrugada para seguir durmiendo.

Apenas se va su madre a trabajar o avisa que no llegará a casa, él brinca de su viejo colchón matrimonial de resortes al de ella que es más cómodo y nuevo.

El suyo tiene unos quince años en la familia. Fue de sus padres, después de su hermana, y finalmente llegó a la habitación de Fernando Ulloa.

“Nunca he comprado un colchón en mi vida”, dice el profesionista de 35 años de edad que seis días a la semana llega entre la una y dos de la madrugada a su casa después del trabajo.

Y no tiene pensado comprarlo pronto, aunque un resorte de su cama ya quiere asomarse y en Tijuana es de lo más sencillo encontrar una tienda.

El número de establecimientos en la ciudad casi se ha duplicado en los últimos años. Y aunque hay opciones para todos los bolsillos, con productos usados y reconstruidos, existe sobre todo un crecimiento en la oferta de colchones nuevos.

Según el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas (Denue), elaborado por Inegi este año, hay 37 establecimientos entre formales e informales en la ciudad, y 23 fueron incorporados en 2014.

Por otro lado, el gobierno de la ciudad dice que de 2007 a la fecha han emitido 14 licencias de operación para establecimientos de venta de colchones, y dos de ellas fueron en 2019.

Por eso los anuncios de descuentos y promociones se han convertido en una estampa común, por ejemplo, en importantes y transitadas arterias como los bulevares Gustavo Díaz Ordaz y Aguacaliente que conectan la ciudad de este a oeste.

Lo que no está del todo claro es a qué se debe el aumento. Porque si un mayor consumo de bienes de uso duradero pueden reflejar confianza y dinamismo económico, en este caso no parece haber cifras para probarlo.

Los clúster muebleros, asociaciones de hoteleros y desarrolladores de vivienda que fueron contactados no pudieron hablar sobre este mercado, y menos dar cifras sobre su papel en la economía local.

Algunos simplemente dijeron que no tienen información al respecto, pero otros como el clúster mueblero de Baja California nunca dieron la entrevista a la que se comprometieron en más de una ocasión.

Colchones matrimoniales en las instalaciones de Berun, empresa nacida en Tijuana hace 20 años

Milena Sorzano, docente de la escuela de administración y negocios en Cetys Universidad, dice que cuando los productos tienen más de tres años de vida útil hay dos variables que explican su consumo continuo: un aumento en la población, y por otro lado mejoras o nuevas versiones para estimular la demanda.

“La razón por la que se podría explicar es la cuestión migratoria. La cuestión fronteriza y la dinámica particular de Tijuana sirve para explicar muchos fenómenos económicos y sociales, y éste es uno de esos”, comenta.

Pero hay pocas voces que hablen de la razón del aumento en la oferta de colchones en la ciudad, y una de ellas es la de Rafael González, gerente comercial de Colchonera Berun.

Dice que entre las 12 tiendas que tienen en esta ciudad venden un promedio mensual de 2,100 unidades. Una cantidad que fue imposible verificar o contrastar.

La misma empresa Berun aceptó la entrevista después de más de dos meses de dar seguimiento a una solicitud hecha vía correo electrónico como lo solicitaron.

Berun vende en Baja California, Baja California sur y Sonora. Es la cadena con mayor presencia en Tijuana con el doble de establecimientos en comparación con su principal competidor: Súper Colchones, con cinco.

En cambio este último es el único registrado en la sede local de la Cámara Nacional del Comercio, Canaco. Tiene presencia en 14 estados del país con aproximadamente un centenar de tiendas, y aunque fueron contactados, no quisieron hablar.

Omar Galván, gerente de mercadotecnia de Berun, dice que hay un crecimiento del sector desde hace aproximadamente cinco años, una estimación que coincide con los registros de Inegi.

En cambio asegura que nada tiene que ver por ejemplo el sector hotelero, porque si bien puede parecer un cliente regular, para ellos significa sólo un 20% de sus ventas.

Esto sin importar que en los últimos años registró un importante impulso en Baja California, donde es altamente promovido el turismo médico, de placer y de negocios. 

 Según las expectativas de la Secretaría de Turismo del Estado (Secture), para el cierre del 2019 habría 4 mil habitaciones gracias a la llegada de nuevas inversiones. 

Pero Omar dice que la instalación de esas cadenas hoteleras no significó un “repunte considerable”, porque “dentro de su plan llegan con proveedor propio”, y buscan durabilidad para que los cambios no sean frecuentes.

Por el contrario afirma que su crecimiento está relacionado con el aumento de la población, y que sus principales clientes son la generación “millennial”. Hombres y mujeres de entre 20 y 35 años de edad interesados en el placer y el descanso.

“Parejas jóvenes o jóvenes solteros que se van independizando. Entonces, eso fue de lo que nos dimos cuenta a base de información. No se hizo ningún estudio, ni nada. Solamente fue en base a la información de nuestros propios clientes”, dice.

Pero en esas estimaciones no parece estar una de las sucursales de la misma Berun, que fue visitada para conocer la oferta de colchones en esa y otras compañías como Colchonera Internacional. 

“Aquí gente joven casi no viene a comprar colchones. Como que ya es la gente adulta. (Dicen:) ‘Sabe qué, ya no aguanto la espalda’. ‘Ya quiero descansar bien’. Matrimonios con sus niños”, dijo el vendedor de la tienda Berun.

En la explicación del gerente de mercadotecnia de Berun tampoco está Fernando Ulloa. Hace un par de años quiso comprar un colchón pero solo tenía ahorrado la mitad de su precio y mejor compró un armario.

Y teniendo en cuenta la caída en la vivienda de interés social por el alto número de casas abandonadas en los últimos fraccionamientos construidos en la periferia de la ciudad, la oferta que está en auge es otra.  

Está en el área que el sector inmobiliario llama “la zona dorada”: 10 kilómetros cuadrados alrededor del exclusivo Club Campestre, ubicado sobre el céntrico bulevar Aguacaliente.

La misma Berun tiene una tercera parte de sus sucursales en esa zona, según el directorio de ubicaciones de su portal digital. Su competencia directa, Súper Colchones, tiene un par.

Pero Bustamante Realty Group, una de las compañías involucradas en la ola expansiva de vivienda vertical en ese polígono, sólo puede especular sobre una probable relación entre los desarrollos y la venta de colchones. 

Dice que con 63 proyectos en los últimos dos años están construyendo 2 mil 309 habitaciones, y quizá un 75% de los propietarios comprará colchón como parte de la mudanza.

Aquí el estatus socioeconómico de la población entra en juego. El este de Tijuana concentra cerca de una tercera parte de los habitantes, pero las tiendas de Berun que se ubican ahí no tienen el mismo comportamiento que aquellas en la llamada zona dorada, según el gerente de mercadotecnia.

“No lo tenemos bien definido, pero es probable que sí sea un asunto de poder adquisitivo, o más que nada comportamiento de los clientes”, responde Omar.

Un colchón “económico” por ser de resortes ronda los 3 mil pesos y tiene una garantía de tres años. En cambio uno nivel medio o alto puede tener garantía de 10 años.

Colchón tirado en un lote baldío después de perder su vida útil, sin embargo cuentan con garantías, las cuales varían entre los 3 y los 10 años.

Según el material que puede ser foam, foam con gel, resorte encapsulado y hasta orgánico o con retardante para el fuego, se puede elevar a los 27 mil pesos para un colchón matrimonial. 

“Sí hay venta, definitivamente. Los colchones ya no se hacen como se hacían antes, esto es honesto. Ya no es lo mismo. He tenido clientes que les he vendido y han tenido 20 años, 25 años con sus colchones y no los habían cambiado”, comenta un vendedor que trabaja por comisión en otra tienda de la ciudad, ubicada en el este.

Él habla de compradores al menudeo, pero por volumen el gobierno de Baja California es un cliente importante para cualquier colchonera, aunque con Berun, la empresa que dice vender 2,100 colchones por mes, no parece tener acuerdos comerciales.

En 2011 la invitó a ella y seis empresas más a la licitación OM-INV-ADQ-07-11 para comprar colchonetas a la Secretaría de Seguridad Pública.

La licitación fue declarada desierta, pero un año después lanzó otra, la 32065001-021-12, para comprar ya no solo colchones, sino también cobijas, licitación en la que ya no participó Berun.

El contrato por 1 millón 749 mil 200 pesos lo obtuvo Colchonera Monarca S. de R.L. de C.V. con domicilio en Mexicali, compañía que tiene entre sus socios a Alejandro Caso Niebla, ex funcionario de Comunicación Social en gobiernos panistas a nivel local y nacional.

Incluso cuando la empresa ganó, él todavía era Jefe de la Unidad de Medios Nacionales y Relaciones Interinstitucionales en el gobierno del presidente Felipe Calderón.

Volviendo al menudeo, si hay una razón de peso que debe considerarse para cambiar un colchón en casa es cuando ya no permite el descanso. Una señal es el dolor de espalda.

Esa es al menos la recomendación del presidente del Colegio de ortopedia de Tijuana, Mario Armando Caloca Pichardo.

 Cuenta que el 90% de sus pacientes llega con ese dolor, pero menos del 10% lo relaciona con su colchón.

“La gran mayoría lo asocia con levantar algo pesado, con haberse caído, haber tenido un accidente hace muchos años (…) lógicamente lo que quisiera una colchonera es que cada mes le dijera que cambiara su mobiliario”, agrega.

Y entre pocas fuentes, Elías Herrera es un comprador que podría considerarse experto en colchones. En 37 años de vida ha tenido cuatro y tres los adquirió él, a veces por precio y otras por comodidad, y siempre regaló su cama usada.

“He escuchado por decirlo así el mito de que andan buscando los colchones viejos, se los llevan y que venden el armazón a otros, realmente no lo sé”, comenta.

Pero no es del todo un mito, e incluso muestra lo extenso del mercado de colchones en esta frontera.

Victoria Amparo tiene cuatro años construyendo con su hermano bases y cabeceras de madera que ofrecen en redes sociales.

Un tiempo compró colchones que llegaban de Estados Unidos y que reconstruían a la vuelta de su casa taller en la colonia Murúa. Pagaba hasta mil 400 pesos por un matrimonial y mil pesos por un individual para ofrecer camas completas.

La reconstructora aparece todavía en el directorio de Inegi, pero este año se mudó y no fue posible localizarla.

Pero Victoria asegura que sus clientes siempre preguntan por marcas, y que en el último año y medio sus ventas cayeron 30%. 

“Cuando no había tanta competencia vendía un poco más (…) la reconstrucción de colchones yo pienso que es por lo mismo. Mucha gente no tiene para comprarse un colchón caro”, comenta.

El gerente de mercadotecnia de Berun, empresa nacida en Tijuana hace 20 años, cuenta que pasaron de distribuidores a fabricantes precisamente porque no llegaban colchones nuevos y de alta calidad, ni del norte ni del sur.

Hoy con su manufactura en Playas de Rosarito son al menos la segunda fábrica relacionada con este sector en Baja California.

En la zona de Otay, Tijuana, opera Bekaert Deslee, compañía textil y filial mexicana de la empresa belga que elabora cubiertas para colchones y almohadas.

Newsweek Baja California gestionó durante casi dos meses una visita para hablar sobre el mercado de los colchones, pero Israel Gómez, Gerente de planta de Bekaert Deslee, no concretó la cita.

De cualquier manera, hoy siguen llegando colchones de segunda mano de los Estados Unidos, y no solo de resortes para su reconstrucción.

De acuerdo con cifras de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco), cada mes el grupo de Importación de Mercancías Populares importa 2 mil colchones usados, y una cantidad igual es ingresada por otros comerciantes no agremiados.

Fernando Ulloa dice que el colchón de su madre, que en el mercado está por encima de los 10 mil pesos ya con descuento, lo trajo su pareja hace tres años como producto usado.

Pero él no ha pensado otra vez en cambiar su viejo colchón de resortes, y las atractivas ofertas en los cristales de las tiendas no parecen convencerlo.

“Para mí solo, medio me aguanta (…) allí me hicieron”, comenta.

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