Nigeria: el milagro del siglo | Newsweek México


Nigeria: el milagro del siglo



Es medianoche en un palacio medieval ubicado en la ciudad más vieja de África Occidental: Kano, Nigeria. Hace mil años esta fue una de las ciudades más ricas del mundo, la última estación del comercio a través del Sahara que trajo armas y sal a cambio de esclavos, oro y marfil. El palacio tiene muros de 1.5 metros de grosor, estanterías de piso a techo, senderos de piedra y cúpulas adornadas con mosaicos. En los muros hay grandes fotografías a color de un hombre de apariencia seria que viste un turbante blanco con un velo que cruza la parte inferior de su rostro. Los dos extremos del nudo ceremonial que mantiene en su lugar el velo se ven como orejas de conejo.

El hombre es Muhammadu Sanusi II, el decimocuarto emir de Kano, el segundo puesto religioso más importante de Nigeria. Veo cómo su asistente gatea por la alfombra. Agachando la cabeza hasta el suelo, le entrega mi tarjeta de presentación al emir, luego se aleja gateando hacia atrás. Sanusi me hace señal de que me siente.

Estoy aquí para descubrir qué le depara el futuro a Nigeria. Me han dicho que el emir es una de las “tres o cuatro” personas que podrían saber la respuesta. Es una cuestión importante, y no solo para los nigerianos. En 30 años, Nigeria será, en cuanto a población, más grande que Estados Unidos. A finales del siglo será la tercera nación más grande del mundo, detrás de India y China, y el país grande más densamente poblado, con más personas por kilómetro cuadrado que incluso India. Tendrá más musulmanes que cualquier otro país en el mundo, y más cristianos. Y si puede resolver sus problemas socioeconómicos, también podría ser la primera superpotencia en el hemisferio sur. Tiene una cantidad tremenda de ventajas que deberían ayudarle a lograr eso: recursos, tamaño, talento, ética laboral y un gobierno democrático, pero tiene una lista de retos igual de grande.

El emir de Kano ve un futuro de, entre otras cosas, derechos más fuertes para las mujeres y agricultura moderna.
Foto: Patrick van Katwijk/Getty

 

Espero que Sanusi me pueda decir cuál triunfará.

El emir tiene un grado académico en la sharia, la ley islámica. También una maestría en economía. Antes de convertirse en emir, fue el director del equivalente nigeriano de la Reserva Federal. Su agenda reformadora fue tan agresiva que la llamaban el tsunami Sanusi. Esto le dio a él un reconocimiento como el principal banquero central del mundo. Tiene una agenda igual de ambiciosa para su emirato. Escucho cómo él describe un futuro que tiene derechos más fuertes para mujeres y niños; también explica cómo usar la educación y las leyes de pensión alimenticia para acabar con el matrimonio infantil y reducir el crecimiento demográfico. Habla de modernizar la agricultura e invertir en su cadena de valor.

¿Podrá suceder?

CONDICIÓN DEL ESTADO

Cuando estás parado en una calle polvorienta, hasta los tobillos de basura, viendo a hombres jóvenes cargar una carreta con garrafas de 20 litros de agua que venderán de puerta en puerta a los hogares que carecen de tubería interna, no es fácil imaginar a Nigeria como una superpotencia. Las expectativas para el país han sido altas con anterioridad: poco después de su independencia en 1960 y durante el entusiasmo por la Revuelta Africana hace una década.

El emir en un desfile en Kano.
Foto: Stefan Heunis/AFP/Getty

Y, aun así, a pesar de haber tenido tanto a su favor, Nigeria ha seguido estancada cerca del fondo de los índices usados para comparar naciones —progreso social, desarrollo humano, paz, gobernabilidad, innovación, fragilidad, corrupción y facilidad para hacer negocios—, mientras que las naciones asiáticas han despegado. Nigeria no es un Estado fallido, pero tampoco es uno exitoso. Oge Onubogu, quien encabeza los programas para África del Instituto de Paz de Estados Unidos, dice: “Nigeria se tambalea de una crisis a otra, pero cada vez que piensas que está a punto de colapsarse, se recupera de nuevo”.

Está en una de esas crisis en este momento. Yemi Koyejo, del Consejo Multicultural Nigeriano-Americano en Houston, dice que los nigerianos solo quieren “una vida decente”. Ella añade que esto se reduce a servicios básicos. “Está realmente mal al momento en Lagos, y si está mal en Lagos, imagínate cómo es en el resto del país. La persona promedio quiere abrigo, seguridad, atención médica y electricidad”.

Mientras tanto, la población se está disparando, creciendo a más del doble de rápido que el promedio mundial. Esto es especialmente cierto en el norte, donde los índices de fertilidad por lo general rondan los siete hijos por mujer. Excepto en Lagos, los gobiernos locales batallan para recaudar impuestos y proveer servicios básicos. La “clase media” es definida como la capacidad de comprar agua embotellada y un generador.

Un residente muestra la moneda nigeriana, en Lagos.
Foto: Joseph Egabor/EyeEm/Getty

Todavía más preocupante para la mayoría de los nigerianos es la situación de la seguridad. En promedio, siete nigerianos de clase media y trabajadores petroleros son secuestrados todos los días. Hace pocos años, la mayoría de la gente hacía el viaje corto desde la capital Abuya hasta Kaduna por carretera. Ahora, la mayoría lo hace en tren. En Navidad, una rama de Boko Haram afiliada con ISIS publicó un video que mostraba la decapitación de diez cristianos en Maiduguri. Toda conversación sobre viajar termina con dos palabras: ten cuidado. Las comodidades en los condominios de lujo incluyen vidrio a prueba de balas.

La mayoría dice que la situación de la seguridad está conectada con la economía y que quienes cometen fraude cibernético, extorsión, piratería y hurto, lo hacen porque no tienen una manera legítima de participar en la economía. Son emprendedores de la violencia. “Si tienes algo en juego, no te persuadirán de ponerte un chaleco suicida”, dice Fareedah Yahuza Yashe, quien dirige la Iniciativa de Compromiso Comunitario y Desarrollo Social, o CESDI. (CESDI es una organización no gubernamental en Maiduguri que ayuda a las víctimas femeninas del grupo miliciano Boko Haram.)

Los nigerianos tienen una ética laboral que hace ver a los escandinavos como holgazanes. Nadie se sienta en Nigeria.

Es difícil progresar en cualquier lugar, pero es especialmente difícil en Nigeria. Una serie compleja de políticas y acuerdos mantiene la paz entre las múltiples comunidades del país: una población con más de 250 grupos étnicos divididos equitativamente entre musulmanes y cristianos. En la práctica, esto dificulta hacer las cosas. Una propuesta de ley para mejorar la transparencia en la industria petrolera ha estado estancada en la Asamblea Nacional por 19 años. Y muchos se resisten al cambio. En 2014, Sanusi fue despedido de su puesto bancario por exponer la corrupción. Poco después de su nombramiento como emir, bombarderos suicidas y gatilleros de Boko Haram atacaron la mezquita junto al palacio del emir, y mataron a más de 120 personas. Ahora, el gobernador del estado de Kano y un blanco frecuente de las críticas de Sanusi, Abdullahi Ganduje, quiere dividir al emirato para reducir el poder de Sanusi.

Muchos de los problemas, y mucho del atascamiento, provienen del petróleo. Cerca de 100 millones de dólares en petróleo brotan del suelo cada día. Si se los reparte entre esa población enorme, esto es apenas alrededor de 50 centavos por persona al día. Esto no es suficiente para hacer ricos a todos, pero más que suficiente para hacer a algunos muy ricos. Se calcula que 80 por ciento de los ingresos petroleros ha parado en 1 por ciento de la población. Es dinero por el que vale la pena luchar, y eso es lo que hacen los nigerianos en todo nivel de la economía. El petróleo le ha dado a la política una importancia desmedida. Como dice Onubogu: “Si eres excluido de la política, eres excluido de la economía”.

Planta energética Afam VI, en el sur de Nigeria.
Foto: Florian Plaucheur/AFP/Getty

El petróleo suma 97 por ciento de las exportaciones oficiales de Nigeria. En los últimos 21 años, el precio de referencia del petróleo ha estado en una montaña rusa entre 17 y 145 dólares por barril. Los precios altos del petróleo han motivado políticas fiscalmente irresponsables, como gasto excesivo, obras públicas por vanidad, importaciones subsidiadas de productos de petróleo refinado, manipulación de la moneda y niveles altos de proteccionismo. Durante los tiempos de auge, Nigeria despilfarraba el dinero petrolero llevando a cabo eventos internacionales como los Juegos Panafricanos de 2003. Gastó en proyectos grandiosos como el Estadio Nacional Moshood Abiola, en la nueva ciudad capital de Abuya, y el programa espacial nigeriano, el cual ya ha lanzado cinco satélites. Durante los periodos de precios bajos, Nigeria se ha visto obligada a pedir prestado.

El petróleo también ha arruinado el medioambiente. Aun cuando se ha progresado, hay una larga historia de prácticas menos que óptimas de compañías internacionales, como encender gas, lo cual contribuye significativamente al cambio climático, así como los desastres medioambientales provocados por los bandidos que roban petróleo de los oleoductos y los empresarios que operan refinerías ilegales (y peligrosas) de queroseno y diésel y descargan sus desperdicios en la tierra y ríos.

¿OTRO MILAGRO ECONÓMICO?

Aquí viene lo impactante. A pesar de la violencia, los trámites burocráticos y la codicia, el éxito económico de Nigeria podría igualar al de China. El país podría finalmente estar a la altura de su potencial enorme. Y tiene la misma ruta al éxito que China: la economía. Esto parece casi impensable. Pero es solo porque la China que conocemos es la China de 2019. Pocos de nosotros recuerdan al panda dormilón que era China hace 40 años. Ya hemos visto cinco milagros económicos en Asia Oriental, por lo que es fácil colocar a China como parte de esa tendencia. Es difícil imaginar un milagro económico africano porque ninguno de nosotros ha visto uno.

Transformar una economía no es fácil, pero se puede hacer. Cuando Mao Zedong murió, en 1976, China era una de las naciones más atrasadas y empobrecidas del mundo. El producto interno bruto per cápita, en esencia una medición del ingreso medio, era cercano a 200 dólares (ajustado a la inflación). Dos años después, Deng Xiaoping llegó al poder y desreguló la economía. Esta se disparó. El ingreso anual medio ahora es cercano a 10,000 dólares; 850 millones de personas salieron de la pobreza. La transformación se logró a una velocidad pasmosa. Uche Orji, un exbanquero de inversiones en Wall Street y que ahora es el director ejecutivo de la Autoridad Soberana de Inversión de Nigeria, dice que él fue por primera vez a China en 1998. Cuando regresó cinco años después, estaba “agradablemente irreconocible”.

Bilikiss Adebiyi-Abiola, graduada del MIT y fundadora de WeCyclers, sortea el terreno complicado entre obtener ganancias y hacer el bien en Lagos.
Foto: Cristina Aldehuela/AFP/Getty

Las cifras en Nigeria hoy son sorprendentemente similares a las que tenía China antes de la reforma. En 1978, el índice de pobreza de China era del 55 por ciento, casi idéntico a las estadísticas más recientes de Nigeria. Y la alfabetización adulta en China era apenas el 65 por ciento, en comparación con el 62 por ciento de Nigeria. Hoy, el índice de pobreza de China es casi cero, y la alfabetización está en 97 por ciento.

Si una comparación con China parece demasiado ambiciosa, ¿qué tal India? Nigeria e India tienen más que unas cuantas similitudes: ambas son excolonias británicas y tienen una cantidad extraordinaria de grupos étnicos (2,000 en India), corrupción endémica, conflictos religiosos y una diáspora leal y bien educada. Antes de 1991, India tenía una economía socialista fuertemente regulada, con niveles extremos de proteccionismo para las industrias locales y niveles tristemente célebres de trámites burocráticos pendientes. De cara al incumplimiento, el primer ministro P. V. Narasimha Rao y el ministro de finanzas Manmohan Singh comenzaron un programa de reformas para reducir tarifas, abrir la economía a la competencia y la inversión extranjera, y reducir la burocracia. El PIB per cápita se disparó de 368 a 2,010 dólares. Entre 2014 y 2018, India creció más rápido que China.

Estudiantes en un concurso de innovación. Foto: Olukayode Jaiyeola/Nurphoto/Getty

 

Como pasó con China e India, mucho del argumento sobre el potencial de Nigeria se reduce a una palabra: tamaño. Los países grandes tienen ventajas enormes sobre los pequeños, tanto en términos de eficiencia económica como en su capacidad de atraer inversiones. Fue el potencial del enorme mercado interno de China, no su utilidad como una fuente de productos baratos, lo que atrajo la inversión extranjera en la década de 1980. Nigeria es el “último mercado abierto importante en el planeta”, dice Randy Buday, director regional de DHL Express para África Occidental y Central.

La democracia de Nigeria tal vez sea imperfecta, pero es democracia.

Tiene alrededor de 200 millones de personas, diez veces más que la nación africana media y casi el doble de la segunda más grande, Etiopía. Una de cada siete personas negras en el planeta es nigeriana. La población de Nigeria ya es más grande que la de Rusia, y dentro de 30 años sobrepasará la de Estados Unidos. Según Naciones Unidas, a finales del siglo Nigeria tendrá 733 millones de habitantes. Tiene lo que Folasope Aiyesimoju, director ejecutivo del conglomerado UAC y otrora de Kohlberg Kravis Roberts en Londres, llama “demografía por la cual morir”. En otras palabras, una población joven. Nigeria también es la economía más grande de África y sobrepasa a Sudáfrica. Según Canback Consulting, que se enfoca en economías emergentes, ya tiene una clase media pequeña, pero creciente.

Por supuesto, como China en 1978 e India en 1990, Nigeria tiene en vigor una serie de políticas económicas que sofocan la innovación y eficiencia. El gobierno da demasiado control y no suficiente apoyo, como en infraestructura y servicios básicos. Un director ejecutivo dice extraoficialmente: “Los negocios ruegan que no los note el gobierno”. Otro describe un “desfile continuo de tipos del gobierno que pasan por mi oficina tratando de extorsionarme”.

Andrew S. Nevin, de PwC, señala que el sector público en Nigeria es diminuto en comparación con la mayoría de los países. Cierto. Pero si Nigeria elimina los obstáculos para crecer, su economía también podría dispararse.

Estudiantes universitarios en Lagos. Foto: Frédéric Soltan/Getty

ARMAS SECRETAS

Algunas piezas del rompecabezas ya están encajando. Nigeria tiene un mercado bursátil y de capital funcional. Los bolsillos del país están prosperando. Sanusi señala el estado de Lagos, el cual da un modelo excelente de lo que Nigeria podría ser. Es dinámico y las cosas funcionan, en parte porque el gobierno recauda impuestos y los reinvierte en mejorar la infraestructura y proveer servicios.

La economía de exportación está diversificándose. Nevin dice que la exportación más valiosa de Nigeria ahora es la gente, no el petróleo. Alrededor de 5 millones de nigerianos viven en el extranjero, principalmente en el Reino Unido y Estados Unidos. La diáspora está bien educada. Casi una tercera parte de los nigerianos en Estados Unidos tiene grados académicos avanzados. Esta diáspora también es apasionadamente leal. Nigeria recibe más cada año de las remesas, dinero enviado a casa por quienes trabajan en el extranjero, de lo que recibe en ayuda extranjera. Nevin calcula que las remesas formales e informales podrían totalizar hasta 40,000 millones de dólares. Pero la diáspora da más que solo dinero. Es una conexión en tiempo real con el conocimiento y tecnología occidental.

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Nigeria también tiene una industria de artes y entretenimiento en auge, lo cual es una fuente tanto de ingresos por exportación como de orgullo. Nigeria ha producido una cantidad asombrosa de novelistas de primera, incluidos Wole Soyinka, ganador del premio Nobel; Chinua Achebe, cuyo Todo se desmorona ha sido traducido a 57 idiomas, y Biyi Bandele y Chimamanda Ngozi Adichie.

Edición de video en Irokotv. Foto: Pius Utomi Ekpei/Afp/Getty

La industria nigeriana de cine y televisión, o Nollywood, es reconocida como la segunda o tercera más grande del mundo, después de Hollywood y Bollywood de India. Produce alrededor de 50 películas a la semana, de todos los géneros. Las películas nigerianas se exhiben en hogares y salas de cine o de video en todo el país, así como a lo largo y ancho de África y la remota diáspora nigeriana. Las consumen todos los niveles de la sociedad, desde los bastante ricos para tener antenas satelitales hasta quienes acuden en masa a “centros de exhibición comunitaria”, en esencia, minisalas de cine que usan televisores de pantalla plana. Las televisoras en muchos países africanos compran la programación nigeriana. Es común encontrar telenovelas y comedias nigerianas en los televisores de cafeterías y bares a lo largo y ancho del continente, incluso en países francófonos. Los vendedores caminan por las calles de Freetown, Sierra Leona, vistiendo ponchos de plástico que contienen DVD nigerianos, a menudo pirateados. En su mayoría son filmadas apresuradamente y de bajo presupuesto, algunas hechas por quienes el actor y director Ali Nuhu llama “cineastas de cuneta”. Pero Nigeria también tiene un segmento de alta calidad. La película Lionheart fue nominada este año al Oscar a la mejor película extranjera, antes de ser descalificada por tener demasiado diálogo en inglés. Por supuesto, lo irónico es que los nigerianos hablan inglés.

La industria nigeriana de las artes ha sido tan dominante, que artistas de otras naciones africanas le han dado el máximo elogio: quejarse de la “nigerización”. Nollywood es importante como una fuente de empleos e ingresos por exportación, pero aún más que eso, es un recordatorio para los nigerianos de lo que pueden hacer cuando se enfocan en ello.

En la búsqueda de películas de “Nollywood”. Foto: Pius Utomi Ekpei/AFP/Getty

EMPRENDEDORES EN TODAS PARTES

Pero hay todavía más en la columna positiva. El petróleo, las películas y la diáspora están bien establecidas. Sin embargo, el futuro les pertenece a las compañías que todavía ni siquiera están en el radar. Nigeria tiene un ecosistema empresarial sólido y vibrante. Yaba, en Lagos, es el Silicon Valley de Nigeria. Ha atraído el apoyo de empresarios tecnológicos internacionales como Mark Zuckerberg, de Facebook. Nigeria es especialmente fuerte en tecnología financiera y telecomunicaciones. Y la explosión de alta tecnología no es solo en Lagos. Amal Hassan ha convertido a Outsource Global Technologies en una organización de primera clase que provee operaciones subcontratadas de call center. Su compañía está ubicada en el norte, en Abuya y Kaduna.

Hay miles de empresas incipientes en Nigeria, y no solo hacen productos de alta tecnología destinados a las clases alta y media. Algunas tratan de ganar fuerza en ese terreno complicado entre obtener ganancias y abordar los grandes problemas sociales. Después de concluir su maestría en administración en el MIT, Bilikiss Adebiyi-Abiola comenzó WeCyclers, básicamente un negocio de recolección de basura con motocicletas que atiende al 60 por ciento de la población de Lagos que vive en vecindarios pobres donde la gente es demasiado pobre para pagar la recolección de basura. WeCyclers toma sus desperdicios y les paga con el dinero que gana del reciclaje.

El espíritu de la pequeña empresa está en todas partes. El sector informal —vendedores callejeros, negocios locales y comerciantes— está en auge también, sobre todo en Lagos. Los nigerianos tienen una ética laboral que hace ver a los escandinavos como holgazanes.

Una tienda de mercancía variada en Maiduguri. Transformar una economía no es fácil, pero se puede hacer.
Foto: Jean Chung/Getty

Nadie se sienta en Nigeria. Es imposible caminar por la calle sin que se te acerque alguien a venderte algo, desde cacahuetes hasta limpiaparabrisas y una manicura allí mismo. En Kaduna, el gobernador ha convertido una sección del mercado en un “programa de reciclaje” para darles empleo a los jóvenes. Es un trabajo agotador y peligroso: destrozar alternadores viejos con martillos para sacar el alambre de cobre del interior; doblar láminas de metal para techos, viejas y afiladas, para hacer paneras, y derretir latas de aluminio para moldearlas de nuevo en ollas para cocinar. El programa no tiene escasez de solicitantes, muchos de los cuales están menos interesados en aprender las habilidades básicas que provee el programa que en ganar dinero para pagar sus cuotas escolares y así moverse a mejores empleos. Los nigerianos están entusiasmados con la educación y mejorar uno mismo.

Todo eso está bien. Pero las películas, la alta tecnología y la venta callejera no son suficientes para apoyar a tres cuartas partes de 1,000 millones de personas. Como dice Aiyesimoju: “Google ha sido un gran éxito, pero no ha transformado la economía estadounidense” ella sola. La transformación requerirá de abordar industrias centrales como el petróleo, la manufactura y agricultura, haciéndolas más eficientes y competitivas. En el caso del petróleo, también hay la necesidad de optimizar la compañía estatal que controla la industria, la Corporación Nacional Nigeriana del Petróleo. En el caso de la agricultura, está alejándose del cultivo de supervivencia que usa herramientas y técnicas casi de la Edad de Piedra y se acerca al cultivo moderno de alta producción y está redistribuyendo a los trabajadores desplazados en lo que Margaret McMillan, profesora de economía de la Universidad Tufts, llama el “sector moderno”. Hasta ahora, el progreso es irregular.

Pero Nigeria tiene un arma secreta: la democracia. Los académicos Daron Acemoglu y James Robinson, autores de Por qué fracasan los países, argumentan que los estados autoritarios que liberan sus economías obtienen un empuje a corto plazo, pero este no dura porque el éxito sostenido requiere de “capitalismo inclusivo” y democracia. Eso es lo que está sucediendo ahora en China. Una oleada de líderes autócratas posteriores a Deng no fueron capaces de resistirse a reafirmar el control de la economía y revertir muchas de sus reformas. Cuando lo han hecho, el crecimiento se ha enfriado.

Las enormes granjas han vuelto nómadas a los pastores, lo cual ha provocado violencia.
Foto: Luis Tato/AFP/Getty

La democracia de Nigeria tal vez sea imperfecta, pero es democracia. Desde el final del régimen militar, en 1999, Nigeria ha tenido cinco elecciones con cada vez más validez. En 2015, un candidato de la oposición ganó y asumió el poder pacíficamente, lo cual no es un logro pequeño en el África subsahariana. Toda una generación de nigerianos no tiene recuerdos del gobierno no democrático. Tiene una prensa en su mayoría libre y una sociedad civil vibrante. Los sucesivos gobiernos civiles han tomado acciones para proteger la democracia mediante reducir la que tradicionalmente ha sido la amenaza más grande: los militares. Ellos han hecho al país deliberadamente a prueba de golpes de Estado mediante debilitar al ejército, retirando a sus altos líderes y reconformándolo como una fuerza de seguridad interna que está dispersada por todo el país. Según GlobalFirePower.com, el ejército nigeriano ahora es el 44 de 137 países, lo cual lo ubica en algún punto entre Perú y Dinamarca, y muy por detrás de Sudáfrica.

Los inversionistas todavía no han entrado en Nigeria, pero están observando. Antes se solía hablar del potencial económico de los países BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Ahora se habla de los MINT: México, Indonesia, Nigeria y Turquía.

“Al momento, Nigeria es vista como demasiado difícil, pero hay una montaña de dinero esperando por venir si hace las cosas bien”, dice Aiyesimoju. Según Orji, Nigeria está “a solo unos cambios de distancia” de convertirse en un lugar atractivo para los inversionistas. “Mira a Corea del Sur”, añade. “Todo lo que requirió fue cambiar una cosa: la ley de tenencia de tierra”. (Ese cambio permitió granjas más grandes, las cuales les permitieron a los granjeros invertir en mecanización.)

Jeff Schlapinski, de la Asociación de Capital Privado en Mercados Emergentes, un grupo industrial para inversiones de capital privado, señala algunos de los cambios que harían atractiva a Nigeria. “La corrupción es repudiada por los inversionistas occidentales. Y no les gusta la incertidumbre”.

Vale la pena señalar que, según el Índice de Percepción de la Corrupción, el problema de la corrupción en Nigeria no es peor que el de otro estado petrolero, Rusia, y solo un poco peor que el de China. El presidente actual, Muhammadu Buhari, fue elegido por una campaña contra la corrupción. Schlapinski dice que acabar con la política de respaldar la moneda sería un buen comienzo.

Jornada electoral en Jimeta en 2019. Desde el final del régimen militar, en 1999, Nigeria ha tenido cinco elecciones con cada vez más validez.
Foto: Luis Tato/AFP/Getty

¿LISTA? ¿O NO?

El camino para ser una superpotencia no es fácil. La economía puede ser el catalizador, pero se necesitará más que una reforma económica para crear la Nigeria que los nigerianos quieren. Sanusi cree que se requerirá un cambio en la sociedad. Al preguntarle por qué aceptó el papel de emir en vez de entrar en la política, responde: “No lo acepté. Lo busqué. Estoy tratando de cambiar toda la cosmovisión de una sociedad. Solo puedo hacerlo desde este papel”.

También hay problemas políticos. El país necesitará sortear la misma tormenta y lidiar con los mismos retos de madurez que China, India e incluso Estados Unidos. Por ejemplo, mantener unido al país. Estados Unidos enfrentó 11 rebeliones en sus primeros cien años. China ha tenido rebeliones en Tíbet, Sinkiang y ahora Hong Kong. Los expertos desde hace mucho han predicho que Nigeria podría desmembrarse. Como lo explica John Campbell, exembajador estadounidense: “El sur [cristiano] está exasperado con lo que ven como la negativa terca del norte a salir de la Edad Media y unirse al mundo moderno”.

Pero los nigerianos se burlan de la idea de la separación. El abogado nigeriano Sam Kargbo dice: “El petróleo mantiene unido al país. Mientras haya petróleo, nadie se irá a ningún lado”. Pero hay demasiadas divisiones geográficas, étnicas y religiosas como para descartarla.

Niñas fulanis asisten a clases en un salón de la Escuela Nómada Wuro Fulbe, en la Reserva de Pastoreo Kacha, estado de Kaduna.
Foto: Luis Tato/AFP/Getty

Los políticos a menudo explotan la religión, tanto para recibir apoyo para sí mismos como para distraer a los votantes de los problemas como la economía. Nigeria se enorgullece de ser la nación más religiosa del planeta. En 2014, un hombre fue enviado a un hospital psiquiátrico por admitir que era ateo. Nigeria tiene un montón de religiones tradicionales, como el islam, el cristianismo protestante y el catolicismo. También tiene un sector de “evangelio de la prosperidad” en auge, con todo y pastores cuales estrellas de rock que dan un entretenimiento salvador. A pocos kilómetros de la mezquita nacional en la capital está el Domo Dunamis de la Gloria, que tiene el auditorio más grande del mundo, con capacidad para 100,000 personas sentadas. Por lo menos será el más grande hasta este año, cuando esté terminada la Catedral de la Mano de Dios en el estado de Ríos.

Nigeria también será obligada a lidiar con problemas sociales espinosos como la contaminación, el cambio climático y la inclusión. Muchas nigerianas eminentes tienen negocios o están en la política, pero las mujeres en general no tienen los mismos derechos y oportunidades que los hombres. En áreas rurales, a menudo son blanco de la violencia. En el estado de Borno el año pasado, unos pastores violaron en grupo a cinco niñas. La policía no investigó el caso, y muchos creen que les pagaron, según Rebecca Dali, quien en 2017 ganó un premio Sergio Vieira de Mello de Naciones Unidas por su labor humanitaria. Yashe, de CESDI, quien vive en Borno, dice que Nigeria está a tres o cinco generaciones detrás de Estados Unidos en términos de derechos de las mujeres. Ella habla de Lagos. Tardará más en el norte, asegura.

Pero Sanusi dice que las cosas ya empiezan a cambiar. “Hace una generación, el emir le habría dicho a su hija con quién casarse. Pero mi hija ha ido a la escuela. Para ella, las cosas son diferentes”. Aun así, añade, África no está “lista” para adoptar los derechos LGBT.

Nigeria podría despegar. Pero ¿lo hará? Y de hacerlo, ¿cuándo? Es difícil decirlo, claro está. Que finalmente pueda abrirse camino dependerá de sus líderes. El presidente, Buhari, no está inclinado naturalmente a hacer los cambios en la política económica que suscitarían el crecimiento. Como dice Judd Devermont, director del Programa de África en el Centro de estudios Estratégicos e Internacionales: “Buhari tiene una visión retrógrada y poco ortodoxa de cómo administrar una economía moderna. Sustitución de importaciones. Manipulación de la moneda. Proteccionismo”.

Creyentes en los Ministerios de Salvación, una iglesia pentecostal en Port Harcourt.
Yasuyoshi Chiba/AFP/Getty

Un alto funcionario del gobierno tiene una valoración más positiva: “Es una cuestión de prioridades. Buhari está intentando primero reparar el tejido social de una nación”. De cualquier forma, Buhari posiblemente se retire en 2023. Como dice un experto: “Es difícil saber lo que sucederá después. La política nigeriana es como un globo de nieve”.

Nigeria podría convertirse en la próxima China. Tal vez no. Podría ser algo intermedio. Mi nieta tal vez escriba el mismo artículo dentro de 50 años. Tal vez Nigeria siempre será el país del mañana.

Sí, Nigeria está superpoblada, es pobre, ruidosa, sucia e insegura. No es el África de los artículos de las revistas de viajes, con personas en Land Cruisers convertibles tomando fotografías de leones mientras un sol rojo se oculta detrás de una acacia. Pero Nigeria tiene algo. Un factor extra. Una energía palpitante que es palpable. Una autoestima excepcionalmente alta y una creencia en el excepcionalismo propio. En la nigeriatud. Como dice una de mis fuentes: “Nos gusta golpearnos el pecho”.

No apostaría en su contra.

Sam Hill es colaborador de Newsweek, autor de libros de grandes ventas y consultor. Escribió sobre Sierra Leona para Newsweek en octubre pasado.

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