España: el pacto del olvido


España: el pacto del olvido



Una nueva generación española parece dispuesta a enfrentar las atrocidades del dictador fascista Francisco Franco.

A fines de noviembre, un grupo de adolescentes españoles se hallaba sentado en una abarrotada sala de cine madrileña, escuchando atentamente relatos de su país que jamás habían oído. Historias de niños recién nacidos robados a sus madres; de inocentes ejecutados y enterrados en tumbas masivas; de tortura; y de las generaciones posteriores que buscan justicia y reconocimiento para impedir que su sufrimiento caiga en el olvido.

Esos jóvenes fueron a mirar nuestra película, “El silencio de otros”, que sigue a los supervivientes de los crímenes cometidos durante cuatro décadas de dictadura bajo el general Francisco Franco, y su lucha contra la amnesia colectiva española para obtener justicia por el régimen que aterrorizó al país desde la Guerra Civil Española (1936-1939) hasta la muerte del general, en 1975.

Las escuelas enseñan muy poco de aquel periodo. En 1977, tras la muerte del dictador, el gobierno español aprobó la Ley de Amnistía que liberó a los prisioneros políticos, aunque también garantizó que jamás se investigaran los innumerables crímenes de la dictadura. Una ley que ha dado en conocerse como el “pacto del olvido” y cuya intención fue que España ignorara el pasado para construirse un futuro democrático, donde las viejas heridas sanaran en silencio y por sí solas.

Por supuesto, no es posible alcanzar la paz con el simple hecho de olvidar la violencia. El olvido es impensable para miles de supervivientes cuyos seres queridos aún yacen en esas tumbas masivas, y cuando muchos torturadores y otros criminales siguen prófugos. Y es por eso que grupos de víctimas y asociaciones de la memoria histórica se han esforzado durante décadas para combatir ese olvido.

En los últimos meses y días, el conflicto de España con su pasado ha adquirido nueva perentoriedad. Desde que Pedro Sánchez, el presidente de gobierno, prometiera retirar los restos del dictador de su enorme mausoleo en el Valle de los Caídos, en las afueras de Madrid, se ha desatado un debate sobre el sitio donde deben depositarlos. Entre tanto, una serie de campañas y casos judiciales testimonian la presión que ejercen los supervivientes del régimen franquista para obtener reconocimiento y apoyo del público.

La película sigue el desarrollo de una demanda internacional encabezada por la jueza argentina María Servini, quien hace uso de la jurisdicción universal para investigar estos crímenes de lesa humanidad. Entre los perfiles de supervivientes se cuentan los de María Martín, cuya madre fue ejecutada en 1936 por la acusación de ser “roja”; Chato Galante, activista torturado en la década de 1970 por el infame esbirro estatal Antonio González Pacheco (conocido como “Billy el niño”); y María Bueno, a quien arrebataron su recién nacido, en 1981, como parte de la tendencia de secuestros infantiles. Este patrón, conocido en España como el escándalo de los “bebés robados”, se originó con las teorías eugenésicas de Franco.

La respuesta al filme ha sido muy distinta de la que imaginamos hace siete años, cuando emprendimos este viaje. En aquellos días, cualquiera que abogara por dar justicia a las víctimas de Franco recibía el consejo de no “remover huesos”, como dijera el ex presidente de gobierno José María Aznar. Sin embargo, tras su proyección en festivales cinematográficos de todo el mundo, nos abrumó la respuesta emocional de los espectadores, quienes se mostraron profundamente conmovidos y solidarios con la causa de los supervivientes. Y, para nuestra sorpresa, lo mismo ocurrió con los españoles. Al hablar con ellos, empezamos a percibir mucho más apoyo del esperado para las víctimas y los supervivientes; y esto, a todo lo ancho del espectro político.

Como un mes después del estreno de noviembre de “El silencio de otros”, las localidades seguían agotándose en España (la película llegará a las salas estadounidenses en la primavera de 2019). Un corto basado en la película se ha viralizado, con casi 3 millones de visitas. Una revista española describió nuestro trabajo como “el documental más obligado en 80 años”.

Antes del debut, Bertha Foundation -uno de los productores- brindó su apoyo para realizar una encuesta, la cual investigó la postura del público en cuanto a los problemas que nuestra película plantea para España, el país donde tiene más relevancia. Los hallazgos fueron alentadores: dos tercios de los respondedores consideran necesario modificar la ley, y que los franquistas que perpetraron crímenes de lesa humanidad comparezcan ante la justicia; solo 15 por ciento de los encuestados se opuso a esta idea. Por otra parte, siete de cada 10 personas opinaron que el Estado debe ayudar a dar nueva sepultura a las más de 100,000 víctimas que yacen enterradas en fosas masivas; y tres cuartos señalaron que el Estado tiene que financiar una base de datos de ADN, gratuita y voluntaria, para ayudar a quienes temen haber sido víctimas del secuestro infantil.

Todo apunta a que gran parte de España está lista para un cambio y sus cuestionamientos ya están planteados. El mes pasado, el Parlamento emitió un voto unánime para iniciar el proceso de una legislación nacional que respondería a muchas de las demandas de las familias afectadas por la práctica del secuestro de bebés, incluida la imprescindible base de datos pública. Con anterioridad, este tipo de movimientos se han ahogado en un mar de indiferencia.

Ahora es distinto. Durante una proyección del mes pasado, dos adolescentes resumieron la situación actual. El primero cuestionó: “¿Por qué crees que los políticos de hoy no harán algo al respecto? ¿Están esperando a que mueran los sobrevivientes para que pasar la página?”. El otro preguntó, visiblemente conmovido: “¿Qué podemos hacer las nuevas generaciones para continuar con tu lucha?”. Eso nos infundió esperanza. Entre otras cosas, porque evidencia una nueva disposición de hacer justicia antes que se agote el tiempo.

Galardonados con el Emmy, Almudena Carracedo y Robert Bahar son los directores de “El silencio de otros”, ganadora de 16 premios de cinematografía, incluido el Premio del Público de la Berlinale Panorama. La cinta está nominada como mejor documental europeo en los Premios del Cine Europeo.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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