"Ser feliz es un trabajo que requiere de mucho valor": Alexis de Anda


“Ser feliz es un trabajo que requiere de mucho valor”: Alexis de Anda



LA TRAGEDIA vuelta comedia torna un evento oscuro en una risa liberadora. Es así como Alexis de Anda recrea eventos funestos, como el abuso y violencia contra la mujer o el machismo, en piezas escénicas que mueven a la reflexión, pero con una sonrisa en el rostro.

“Alexis de Anda es un ser que nació en Coyoacán en 1987, que ha dedicado su vida a llamar la atención, por lo que decidió ser actriz y luego comediante. Lo principal en mi vida es la comedia y no solo como chamba, sino como modo de vida”, resume en esta entrevista en la que indagamos cómo convertir la desgracia en bromas que cimbren la conciencia.

—¿Qué reflexionas desde la comedia sobre el machismo y la violencia contra la mujer?

—Yo he vivido situaciones de abuso, de misoginia, tanto laboral o social; sé que no ha sido tan grave como las de otras mujeres que están en un lugar de vulnerabilidad tremendo, estamos muy pendientes del acoso callejero, pero olvidamos también que la mayoría del abuso viene en la propia casa, de los hermanos, tíos, de los papás. Tengo un chiste donde cuando cortamos con el novio pensamos que es la mayor tragedia y decimos:

“—Me duele, no puedo vivir sin él.

“—Pero en Oriente Medio apedrean a una mujer por enseñar el tobillo.

“—Me duele, es lo peor que me ha pasado en la vida.

“— Pero hay una niña en Iztapalapa que está teniendo un bebé de su propio padre.

“—¡Pero por lo menos su papá sí la quiere!

“Es esa mi manera —agrega— de entrarle a criticar estos temas tan heavy y trascenderlos”.

FOTO: ANTONIO CRUZ

—Hay un boom de comedia en Netflix, ¿ahora es más fácil llegar a más público?

—Yo creo que ahora es más fácil darse a conocer. Cuando empecé, la oleada del “Stand up comedy” en México también se iniciaba. Fue como agarrar la ola, como un surfer, así, justo desde el principio. Antes era subirse al trolebús escénico con seis personas en un camioncito a explicar qué es stand up.

—¿Hay competencia sana en la escena, sobre todo entre mujeres?

—Yo creo que sí hay apoyo, hay egos, obvio, pero creo que todos nos ayudamos a crecer, cada quien tiene su mundo y su comedia. Sofía (Niño de Rivera) abrió la brecha para todas las comediantes en México, fue de las primeras standuperas y me ayudó mucho al principio de mi carrera. Hay público para todos, mi comedia es más dark, más tabú, más sexo y drogas. Creo que esa mentalidad general en México de “te tengo que quitar para avanzar”, debemos quitarla. Vamos todos para el mismo lado, y mientras más nos apoyemos más lejos vamos a llegar.

—¿La comedia es también reflejo de la realidad social?

—¡Claro! Creo que la comedia también tiene que reflejar sus tiempos, hoy en día la crítica más apropiada para hacer que la gente pueda reflexionar sobre las cosas buenas y malas que están pasando, sobre todo las malas, se pasan mejor con una risa. No todos los comediantes hacen crítica social o política, yo sí soy una comediante que generalmente tiene una postura de crítica ante ciertos temas, sobre todo que tengan que ver con la mujer. La comedia refleja y también critica, por lo menos muestra luz sobre la parte más oscura de la realidad.

—¿El stand up en México es un mundo dominado por los hombres?

—El mundo de la comedia en general es mayoritariamente de hombres. Se les ha hecho creer a los hombres que ellos sí tienen el permiso de ser “cagados”, y las mujeres deben de portarse bien y hablar bonito. Por eso salimos figuras a decir: nel, podemos ser “cagadas” e inteligentes. 

—¿Cómo llegó la espiritualidad a tu vida?

—Tuve mi etapa dark, es parte del héroe: hay que descender a los infiernos para salir a la luz, conocer los opuestos. Me metí en la boca del lobo con todos los vampiros y dije: “De aquí soy”. Unos amigos en 2014 me invitaron a Wirikuta al desierto a comer peyote, fue el momento en que me entró plena conciencia de estar en presencia de algo mayor. Ser feliz es un trabajo que requiere de mucho valor, es fácil distraerse con el placer, que es distinto. La felicidad es un trabajo de todos los días. Si uno tiene el privilegio de estar aquí y estar sano, hay que aprovechar este regalo.

FOTO: ANTONIO CRUZ

—¿Cuándo fue la última vez que contaste algún chiste fuera de escenario y no fue divertido?

—A un galán, algo sobre el hinduismo, se me quedó viendo con cara de “ah, órale”, y pues dije: esta relación no va a funcionar. 

—¿La última vez que te enfrentaste a ti misma y te reíste de ti?

—En el show del sábado, cada vez que hago show me enfrento a mí misma y me río; de cómo, de pronto, cuando hay alguien que me gusta y conforme vas creciendo aumenta la presión social, bajan las expectativas, con cualquiera que me abra la puerta del coche suena en mi cabeza marcha nupcial, aunque sea el del Uber, no importa, tiene aguas, cable para el celular y trabajo fijo, ya me doy por bien servida. 

—¿La última vez que te reíste a carcajadas?

—En la última ceremonia de peyote a la que fui, en esos estados te abres mucho, la sensibilidad es demasiada. La risa es una cosa deliciosa.  

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