Trump dice que no es racista, pero sus escándalos sugieren otra cosa | Newsweek México


Trump dice que no es racista, pero sus escándalos sugieren otra cosa



Donald Trump ha buscado salir del escándalo internacional que generaron sus declaraciones contra países africanos, Haití y El Salvador, a los cuales habría calificado de “países de mierda”, asegurando ante la prensa que no es un racista, sin embargo el presidente estadounidense carga con un pasado de señalamientos por conductas discriminatorias.

“No soy un racista. Soy la persona menos racista que jamás han entrevistado, eso se los puedo afirmar”, dijo el presidente estadounidense en el Trump International Golf Club de West Palm Beach, Florida.

El empresario inmobiliario inició su carrera hacia la Casa Blanca con un duro discurso en contra de la inmigración en el cual llamó a los mexicanos “violadores”, lo cual marcó la pauta para que las relaciones entre EE.UU. y el gobierno mexicano llegaran a su punto más bajo en los últimos años.

También durante la campaña, se ganó las críticas de gran parte de la cúpula de su partido y de familias militares al confrontar a los padres inmigrantes y musulmanes de un soldado estadounidense muerto en Irak que intervinieron en la Convención Demócrata. “Su esposa estaba ahí, de pie. No tenía nada que decir. Probablemente, ni siquiera le estaba permitido hablar”, declaró el entonces aspirante Trump, algo que le valió cuestionamiento incluso de su partido.

Ya como presidente, Trump dijo que un juez de padres mexicanos no debería llevar el caso contra Trump University, señalada de incurrir en fraude al ofrecer a ancianos y estudiantes sin preparaciones previa costosos cursos que supuestamente les reportarían ganancias rápidas.

El mandatario dijo que la “herencia mexicana” del juez Gonzalo Curiel y su pertenencia a asociaciones de abogados latinos representaban un “conflicto absoluto” de intereses en el caso. “Estoy construyendo un muro. Es un conflicto de intereses inherente”, dijo Trump en junio pasado a The Wall Street Journal.

La polémica lo persiguió cuando en agosto de 2017 cuando a propuesta para retirar la estatua del General Robert E. Lee, quien luchó en la guerra civil de EE.UU en el bando de los Estados Confederados, favorables a la esclavitud, desató una oleada de incidentes en Charlottesville, Virginia, que culminaron cuando un supremacista blanco arrolló a una multitud de activistas. Al menos una persona murió y 19 resultaron heridas. Donald Trump fue criticado por no condenar de inmediato esta agresión y por asegurar que “ambos bandos” tenían responsabilidad en los disturbios.

Durante la pasada campaña presidencial, Trump recibió un apoyo importante de líderes y grupos supremacistas alineados en torno al movimiento Alt-right e incluso del Ku Kux Klan.

De igual forma, ha sido cuestionado su proceder durante las protestas que han encabezado los jugadores de NFL por la violencia policial en contra de personas afroamericanas. “Cuando un tipo hace eso [hincarse durante el himno nacional], el dueño debería decir ¡Saque a ese hijo de puta fuera del campo ahora mismo, está despedido! ¡Despedidoooo!”, dijo en septiembre pasado Trump, a la par de cuestionar los altos sueldos de los jugadores en un deporte en donde la mayoría de quienes lo integran son afroamericanos.

En noviembre, Trump se olvidó de todo protocolo cuando, en medio de un acto en honor de indígenas navajo que crearon un código de comunicación durante la guerra que los japoneses jamás lograron descifrar, y mencionó a Pocahontas para burlarse de la senadora Elizabeth Warren, del ala izquierda del Partido Demócrata.”Ustedes estaban aquí mucho antes de que ninguno de nosotros estuviera aquí”, dijo Trump a los nativos presentes. “Aunque tenemos una representante en el Congreso que dicen que estaba aquí desde hace mucho tiempo. La llaman Pocahontas”.

Sin embargo, estos están lejos de ser los únicos señalamientos contra el supuesto racismo de Trump. En febrero de 2017 un informe desclasificado del FBI sacó a luz el caso de discriminación racial presentado contra el presidente de Estados Unidos y su padre hace casi 40 años, el cual se resolvió con un acuerdo sin admitir responsabilidades.

Según el caso, Trump y su padre fueron acusado de haber cobrado una renta mayor de uno de sus condominios a familias afroamericanas por el simple hecho del color de su piel. “Al final de mis dos semanas en Tysen Park, Fred Trump [el padre de Trump] me dijo que no alquilara a negros. También quería que me librara de los que había en el edificio diciéndoles que había viviendas baratas disponibles para ellos”, declaró un exempleado.

Trump además fue uno de los principales promotores de la idea de que su antecesor Barack Obama, el primer presidente afroamericano que han tenido los Estados Unidos, había nacido en Kenia y no en Hawái. La situación obligó a Obama hacer público su certificado de nacimiento en 2011.

Trump niega haber sido racista

Trump ha negado haber llamado de esa forma a otras naciones, pero un senador del Partido Demócrata que participó en el encuentro reseñado The Washington Post y The New York Time confirmó los dichos.

En esta reunión, legisladores plantearon el tema de la protección de inmigrantes de países de África, Haití y El Salvador, pero Trump habría exigido saber por qué Estados Unidos debería aceptar inmigrantes de “países de mierda” en lugar de gente procedente de naciones como Noruega.

Este nuevo escándalo ha enturbiado las negociaciones entre demócratas y republicanos sobre inmigración, en especial el programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés) el cual protege a miles de dreamers.

“Estamos listos, dispuestos y en condiciones de llegar a un acuerdo sobre el DACA”, dijo Trump que protege a los inmigrantes llegados a Estados Unidos de manera ilegal cuando eran niños. “No creo que los demócratas quieran llegar a un acuerdo. Los beneficiarios del DACA deberían saber que los demócratas son los que no van a llegar a un acuerdo”, aseguró.

El mandatario anunció en septiembre que eliminaría el programa, pero retrasó la medida para darle al Congreso seis meses -hasta marzo- para idear una solución duradera.

Los legisladores demócratas “no quieren seguridad en la frontera”, dijo Trump. “Hay gente entrando a raudales. No quieren detener las drogas, y quieren quitarles dinero a nuestros militares, algo que no podemos hacer”, añadió.

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