La 'cacica tehuana', una luchadora que modernizó a la mujer en el Porfiriato | Newsweek México


La ‘cacica tehuana’, una luchadora que modernizó a la mujer en el Porfiriato



JUANA Catarina Romero fue una mujer tehuana que, con la modernización, según el significado que esta palabra adquirió en el Porfiriato, hizo y logró lo que muchas mujeres de su época no pudieron tener: libertad, independencia, ser dueña de su propio negocio como empresaria y dar trabajo a su familia.

Además, no se casó ni tuvo hijos, algo que no era bien visto en la época.

Mientras México se modernizaba durante el Porfiriato, Juana Cata, como se le conoció en Tehuantepec, también anduvo por las vías de la modernización al dejar el tradicional traje de tehuana por el vestido occidental que las mujeres de clase media acostumbraban a usar.

Con 14 años de investigación, la académica Francie Chassen-López, originaria de Nueva York, Estados Unidos, ha dedicado gran parte de sus estudios a conocer e indagar en la historia de México, especialmente del estado de Oaxaca, con perspectiva de género, donde ha encontrado a mujeres sobresalientes e invisibilizadas en la historia. Una de ellas es Juana Catarina Romero, de quien escribe en su reciente libro, Mujer y poder en el siglo XIX. Juana Catarina Romero, cacica de Tehuantepec(Editorial Taurus, 2021).

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De acuerdo con la investigación de Chassen-López, Juana Cata fue una mujer humilde que vendía cigarros en los cuarteles para después emprender su propio negocio y convertirse en una comerciante y empresaria poderosa en Oaxaca.

También fue una mujer católica que se preocupó por la Iglesia, tanto que llegó a fundar dos escuelas, una para mujeres y otra para hombres. Todos los gastos fueron financiados por ella. Las amistades que la cacica llegó a tener fueron igual de poderosas que ella, tanto que a algunos hombres de la época no les pareció su presencia dentro de los negocios.

“Juana Cata tenía amigos poderosos, como Porfirio Díaz, pero ella solo lo contactaba cuando realmente tenía una crisis, no estaba en constante comunicación con él. Era amiga íntima del arzobispo de Oaxaca. Ella dio mucho dinero a la Iglesia, lo apoyó en la construcción del obispado en Tehuantepec. Ahí tenía a la Iglesia de su lado, supo manejar la política muy bien”, cuenta Fransie Chassen-López en entrevista con Newsweek México.

En su libro la autora explica que una de las claves para entender a Juana Cata se encuentra en su fascinación por la modernidad y la sociedad de consumo, habilidad que se refleja en la manera en que manejó sus negocios y empresas filantrópicas.

Esta es la biografía más completa de Juana Catarina Romero. Está sustentada en una investigación de muchos años.

La ropa que vestía y las telas que vendía, la arquitectura y los muebles de su casa. Esto y más llevaron a la autora a conocer más a esta enigmática mujer de quien se tiene poco archivo bibliográfico y fuentes vivas.

Al ser Porfirio Díaz una de sus amistades más poderosas e importantes de la época, la historia se ha dedicado a construir y mantener mitos en los que la ponen en una relación sentimental con el general Díaz, pero sin tener bases que lo comprueben o sustenten. Lo cierto es que la única relación comprobable que tuvieron fueron los negocios y el deseo de modernizar a México, como se puede leer en la obra de Chassen López.

UNA CACICA OAXAQUEÑA

Para conocer a Juana Cata la autora pasó algunos años en la elaboración de su tesis de doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en la cual el tema que relata es acerca de Oaxaca durante el Porfiriato, para después hacer una investigación más sobre ese mismo estado y las presidencias de Juárez y Díaz y entender qué papel había jugado la entidad durante esa época.

“Encontré que no había casi nada acerca de las mujeres y es cuando me encuentro con Juana Catarina Romero, haciendo esa investigación. Supuse que su vida sería una ventana a través de la que podríamos ver el papel de la mujer en la construcción nacional en el siglo XIX, que es el siglo que más me gusta estudiar porque es el menos investigado en la historia de México”, relata la autora.

Si bien esta es una historia que se reconstruye con documentos y familiares cercanos a Juana Cata, leer Mujer y poder en el siglo XIX… es acompañar a Francie Chassen-López por la vida de una mujer mexicana que enrollaba cigarros con su mamá en casa para venderlos en la calle o en los cuarteles durante la guerra para, años después, volverse la mujer más rica.

“Es una finquera, dueña de un ingenio de azúcar que viajó a Estados Unidos y Europa. Es una mujer que no estudió ni un día en su vida, entonces, por eso me fascinó su historia, aunque me costó muchos años”, cuenta.

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De las pocas pistas que se tenían de Juana Cata —para investigar—, no quedaba más que algunas cartas que se quemaron. Incluso, en 1944 su familia en Tehuantepec sufrió los estragos de la inundación del río Tehuantepec, lo que provocó la pérdida de los papeles que tenía la familia.

“Algunos parientes tenían algunos documentos, pero no un archivo personal para consultar. Entonces fue trabajo de detective”, cuenta Francie, quien visitó y consultó archivos y entrevistó gente. Además de leer diversos periódicos de la época y las transacciones comerciales que Juana Cata Romero realizó.

LAS MUJERES EN LA HISTORIA

Para la autora, la historia es un proceso en constante revisión. Por ello, este libro bien podría convertirse en la base de estudios acerca de este personaje para que otros investigadores puedan continuarla.

“Lo que quiero es mostrar de lo que es capaz una mujer en el siglo XIX. No se quedaban todas las mujeres en casa, es decir, la ideología del género era que la mujer en la casa y el hombre en la calle, pero, en verdad, las mujeres de clase trabajadora siempre han estado en la calle trabajando, y muchas mujeres de clase media, también”, añade.

De acuerdo con la investigación de Chassen-López, Juana Cata era una mujer muy humilde que después se convirtió en una mujer muy rica y poderosa de Tehuantepec. Nunca se casó, y eso fue clave, porque en el siglo XIX cualquier transacción económica que quisiera hacer una mujer requería del permiso del esposo, a esto se llamó “licencia marital”, en la que el hombre daba el consentimiento.

“En sus contratos siempre dice su nombre, edad y la leyenda: libre, es decir, sin un hombre y Apta para negociar y comerciante”, explica.

Chassen-López también habla de cuánta falta hace estudiar aún más la presencia de la mujer en la historia de México. Actualmente, la autora ya se encuentra preparando una nueva investigación acerca del papel de la mujer en la guerra. N

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