De Tinder al Caribe | Newsweek México


De Tinder al Caribe



Derecha, izquierda, izquierda, izquierda, derecha, derecha y match. Hola, sólo estaré aquí dos días ¿quieres hacer algo hoy? Escribiendo, escribiendo… Hey, tengo una despedida en tal bar a las 8, si quieres nos vemos antes ahí, pásame tu número para mandarte la ubicación. Del tinder al WhatsApp en menos de 5 minutos, tiempo récord. Pensó.

Eran apenas las 11 de la mañana apenas así que resultaba conveniente, había que aprovechar que se trataba de su primera vez en la Ciudad de México y quería –aparte de conocer algún mexicano-visitar al menos un par de lugares en este viaje exprés. Una vueltita al centro, Bellas Artes, la experiencia del metro, unos tacos de pastor, una cerveza en una cantina, un mezcal y de regreso al hostal para estar listo en el bar a las 7. El día iba bastante bien, esperaba que así continuara, ya había pasado por varios desencantos a través de estas aplicaciones para conocer gente, tenía casi que diseñado su protocolo de diagnóstico, esto le llevaba por lo regular en menos de 10 y nunca más de 30 minutos. Constaba en llegar un poco antes al lugar para identificar salidas de emergencia, baños y el ambiente general, le gusta estar ahí antes para ver llegar a sus citas, pensaba que había algo importante en esos detalles, con qué seguridad camina, si hace contacto visual, saluda con una sonrisa, la mano o sólo con los ojos… todo contaba. Luego seguía la identificación, el momento de la verdad, del encuentro, a pesar de llevar ya varios años utilizando estos métodos virtuales para más que ligar, socializar siempre se topaba con unos minutos  de incomodidad fantástica, era justo en ese lapso de tiempo que se definía el resto de la noche , le bastaban un par de muletillas y titubeos para darse cuenta cuando alguien estaba sólo mintiéndole, o que simplemente eran todo menos compatibles, dependiendo el caso de alguna manera casual y muy amable ya tenía un plan de escape para eso, una alarma puesta justo a los 30 minutos del inicio del encuentro que debía decidir si desactivar, ignorar, posponer o contestar para hablar consigo mismo en voz alta y pretender que debía irse con urgencia, también por esto cargaba siempre efectivo del país en el que estuviera para solo sacar un billete ,disculparse y marcharse con disculpas llenas de mentiras. Hoy no sería la excepción, llegó 15 minutos antes pero su ritual fue abruptamente interrumpido por un abrazo sincero y una sonrisa seguida de un Parece que a los dos se nos hizo temprano, ¿por qué sólo te quedas dos días?

Con su acento convertía casi cualquier oración en una frase simpatiquísima, un coreano hablando español casi tan bien como su interlocutor no es algo que se vea todos los días, comenzaron con un par de mezcales y terminaron con  unos hot dogs callejeros a unas cuadras de distancia, fue entonces cuando Charles confesó entre mordidas que era su cumpleaños. La cara de sorpresa de Mateo era como la de un niño que ha sido elegido por el mago de la fiesta a pasar al frente para practicar magia. Estaba decidido al día siguiente lo llevaría a Xochimilco, tenía      que vivir la experiencia y celebrar con mariachi.

Todo había sido jijiji y jajaja hasta que Charles por fin respondió por fin la pregunta que  Mateo le había hecho al llegar al bar. Sólo se quedaba dos días porque debía volver a trabajar, resulta que llevaba ya cuatro años con esta costumbre, tomarse un break de un par de días para pasar en un país distinto su cumpleaños para después volver al crucero en el que trabajaba y del cual no podía librarse los siguientes meses.

Las trajineras, el mariachi, tlayudas, elotes preparados, tequila, gorros de fiesta, karaoke y más tacos para cerrar con broche de oro, al despedirse, contrario a cualquier pronóstico sólo pasó eso, una despedida, un abrazo mucho más largo que con el que se habían conocido, un beso en la mejilla y la promesa de escribirse con la esperanza de volver a coincidir pero sin mucha intención de hacerlo posible, al menos no entonces.

Resulta que fueron los 4 meses más rápidos desde que empezó a trabajar en ese rubro, todas las noches, sin importar en que parte del mundo estuviera pasaba horas conectado con Mateo, hablaban sin parar como si fueran dos adolescentes; compartían fotos de sus familiares y anécdotas de sus amigos, todo el tiempo se enviaban canciones, fotos, y ya hasta conocían virtualmente a algunos actores importante de la vida del otro. Así se enteró Charles de que Mateo tenía varios años soltero porque su última relación lo había dejado muy desanimado a intentar salir formalmente de nuevo, mientras que Charles era más bien un nómada cero interesado en comprometerse, ni con un lugar, muchos menos con una persona. Dos semanas antes de que el crucero fuese a parar decidieron poner las cartas sobre la mesa, querían volver a verse, sentirse, mover unos centímetros al centro los labios al momento de saludarse y no tener que despedirse nomás. Quedaron de encontrarse en un punto medio, Cancún fue el lugar ganador.

Nada de disimulo había en sus pasos nerviosos, y eso que no se esperaba lo que estaba por venir. Charles estaba decidido, de entre toda la gente que había visto pasar, no sólo aquellos a quienes había conocido deslizando a un lado de la pantalla u el otro, nunca había conocido a alguien que le gustara tanto como para mantenerlo cerca más de uno o dos meses- y eso como máximo-así que como se consideraba un estratega, eso hizo. Planear.

Aeropuerto, taxi, hotel y la tercera cita. Hasta que les pasó no pensaban que fuera posible enamorarte de alguien a través de conversaciones. Los dos días que había pasado juntos como lapas celebrando su cumpleaños les dieron suficiente material para crear todos los escenarios en los que querían verse juntos, tanto que, cuando el barco zarpó esta vez se los llevó a los dos juntos.

Cinco cumpleaños más han compartido juntos, siempre en un país distinto, como Charles quería, pero siempre juntos como los dos continúan decidiendo.

 

 

 

 

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