Opinión | Hasta la golondrina emigró presagiando el final | Newsweek México


Opinión | Hasta la golondrina emigró presagiando el final



El pasado 28 de septiembre el pueblo se conmovió por la partida de José Rómulo Sosa Ortiz, José José al viaje eterno de los sueños. El espectáculo, la banda sonora comunitaria, las narrativas de “tres minutos” se enternecieron tras años pasivos de enfermedad y escándalo familiar constante. La cultura popular despide una voz privilegiada que hizo empatía con melómanos del mundo, con el corazón del amor popular, con el sentido romántico de “una mañana linda”. Una mágica voz, una partitura del romance cotidiano de sus enamorados y desenamorados, la vida de José José es la certificación de que lo normal dejó su lugar a lo excepcional.

Lo conocí al final de los años setenta del siglo pasado en “Los Globos” organización de don Rafael Mirabal Olvera (qepd) a quien profeso gratitud y honor, un centro social de gran historia en Aguascalientes; recuerdo a José Sosa como buen conversador, alegre, bromista, correcto, siempre caballero, para quien palabra y amistad fue primero. Conversaba relatos de sus días, como la grabación de “Lo pasado, pasado”, en la que el autor Juan Gabriel incorporó con el personal de SONY MUSIC ENTERTAINMENT el “aplauso para el amor”, en vivo en el estudio.

Nos escrituró (según sus reconocimientos) una producción musical en el eje de una “voz barítono lírico con categoría completa, dueño de timbre ligero, excelentes agudos, y desprendimiento interpretativo; alcanzó la voz de tenor como lo revelan sus notas que transitan de bajas “Sol2” hasta alta “La4” en la canción “Es un ángel”, 2.1 octavas exactas; generalmente alcanzó rangos entre un “Sol3” a un “Mi4”, como se aprecia en las grabaciones “Buenos días amor”, “Gavilán o paloma”…,” aunando sus capacidades físicas para sostener las notas musicales por segundos “eternos. Cualidades muy peculiares con el manejo respiratorio y capacidad de sus pulmones al sostener notas sin desafinar, perder potencia o mostrar alguna señal de asfixia, generalmente en voz media y de pecho. El instante mágico, creo, está en su puntual afinación en sus grabaciones que están en los archivos musicales que nos testó.

José José es un ídolo, sin duda, su estética está en el consiente e inconsciente colectivo y en indicadores de la sociedad de consumo. Su voz e interpretación suplen deidades y asumen el papel de juglar trashumante en las ondas hertzianas y presentaciones en espacios públicos donde logró prestigio y popularidad, consiguió hacer simultaneidad en convivencia masiva de impacto cultural. Ídolo, por la razón que destacó desde los escenarios en los que hizo comunicación por vía de versos en historias breves de amor y desamor, alegrías y tristezas, ánimo y desánimo, pasado y futuro…, con sus interpretaciones logró un lenguaje histriónico transmitió sentido a las frases, a las afectaciones emocionales, a los sentimientos, las actitudes…, a las ventas, más de 250 millones de discos. Su carrera se precipitó en contradicciones en el II Festival de la Canción Latina, 1970, interpretó “El triste” de Roberto Cantoral, obtuvo el tercer lugar que lo convirtió en ídolo; en la premier de su primer película anunciada el 19 de septiembre 1985, el terremoto. Ejercitó resiliencia como tensor moral, nunca se desanimó, ni abatido dejó de reinventarse.

Pepe, como le gustaba que lo llamaran, con su canto en grabaciones hace hablar y emocionar a las palabras, conmover su espíritu, entristecer y alegrar a los escuchas…, los lleva a diálogos interiores, sueños, imaginaciones, utopías… construyó al menos tres avenidas que desembocan en la rotonda del canto popular: por un lado, un carácter poético, que dio vida a letras con el rescate de sus rimas, cuando las hay, logró significados emocionales con el alcance de palabras y significantes lingüísticos en su sonoridad con ritmo y armonía; la recepción de sus canciones fueron acompañadas de arreglos musicales coherentes con la personalidad de ser para el “Príncipe de la canción” las partituras son transportadoras de un sentido referencial de su discurso musical, portador de diversas connotaciones y significados poéticos. Por otro lado, el carácter sonoro, melodía, armonía, ritmo, arreglos, sonido peculiar de los instrumentos de “los maestros”, como llamaba a los músicos, “que amablemente me acompañan”, signos sonoros que posibilitan la mágica cadencia, el proyecto melódico de sus directores que hilvanaron arreglos y canción. Además muestra un carácter aclarativo, voz, canto, cadencia vocal, discurso corporal, actitud, éthos…, reunidos en una manera de interpretar como una función del habla de la canción, con énfasis y emociones edificó en el discurso de la balada y el bolero una lírica del inventario sentimental mediante una cartografía de su estilo y actitud para el canto de amor y su opuesto, sin desvíos épicos.

Empático de inteligencia múltiple (Howard Gardner), percibió en un contexto común lo que otras personas pueden sentir, compartió sentimientos de participación afectiva en realidades masivas con éxito de emociones y reconocimiento en el eje de Dionisos.

 

 

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