Ramos vivió en Venezuela lo que vive el pueblo cubano: Rosa María Payá


Jorge Ramos vivió en Venezuela lo que, a diario, viven el pueblo cubano y sus periodistas: Rosa María Payá



“Aquellos que quieren contar la realidad cubana —afirma la activista cubana— se enfrentan no solo a los registros, a los allanamientos, a que les destruyan sus cámaras y su información sino también a la cárcel, la represión, la violencia”.

 

UN AÑO ANTES de que Rosa María Payá Acevedo naciera, sus padres habían fundado un movimiento para luchar por los derechos de los cubanos y la democracia en Cuba.

“Yo nací y crecí mi infancia en los años noventa —explica— que en Cuba se conoce como el periodo especial”.

Siendo pequeña, en su primer contacto con una institución educativa, tuvo que jurar, como cualquier niño cubano, lealtad al comunismo, sin entender lo que eso suponía.

Comenzó a ver que “agentes de seguridad del Estado” solían visitar a sus maestros, a los médicos que atendían en los hospitales, a sus vecinos y a los amigos de sus papás.

Cursaba la primaria cuando también se percató que los padres de sus compañeros de aula no podían asegurarles ni siquiera la merienda. Los veía llegar a su casa por la noche; pedían comida para ellos y sus familiares siendo que “mi familia —dice— era tan pobre como todas las familias cubanas”.

Recuerda que “en esa época tan dura, el peso corporal de los cubanos bajó varias libras en todo el país; muchos cubanos se enfermaron por ausencia de vitaminas, de proteínas y empezaron a perder la visión”.

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Esto ocurría a la par de que iban en ascenso los actos de repudio en contra de su padre, Oswaldo Payá: líder de la oposición política al gobierno cubano que en 1988 fue uno de los fundadores del Movimiento Cristiano Liberación (MCL) y una década después fundó el Proyecto Varela con el que se buscaba que los cubanos pudieran tener libertad de asociación, libertad de expresión, libertad de prensa, les concedieran amnistía a los presos políticos y contaran con elecciones libres.

Rosa María relata que cuando su padre se encontraba recopilando firmas para dicho proyecto, la fachada de su casa fue marcada en pintura negra, “como de asfalto”, donde se leía: “Payá, gusano”.

Gusano, explica, es el término que “Fidel Castro y la dictadura comenzaron a usar, desde el principio, para calificar a cualquier cubano que decidiera criticar el sistema; a los que protestaban por los primeros fusilamientos, que protestaron porque la revolución ya no era derrocar a la dictadura sino para instalar el comunismo en la isla o que protestaban contra la intervención soviética”.

Tal frase despectiva se generalizó para referirse a cualquier cubano que decía algo “alternativo: a veces no era ni una crítica al sistema —explica—; era por escuchar a los Beatles, tener el pelo largo o ser gay o religioso o asistir a la Iglesia o practicar una religión yoruba o la santería; cualquier expresión alternativa te convertía inmediatamente en posible sujeto de represión”.

Ante las presiones, su familia se vio obligada a dejar su casa, pero su fachada quedó pintada así por años. Su mamá, solía enseñárselas a ella y sus dos hermanos. Rosa María cuenta que la invadía una “una mezcla entre vergüenza y, al mismo tiempo, de seguridad, porque nosotros crecimos (sabiendo), que podíamos actuar y decir lo que pensábamos y nuestros padres nos iban siempre a apoyar”.

La formación de los hermanos Payá se vio marcada por la labor cívica de sus padres que, a diferencia de la de sus amigos y compañeros de aula, “pensaban igual, pero lo que escuchaban en casa era: no repitas en la escuela lo que escuchas en la casa. Mientras lo que yo escuchaba en la mía era: tú dices lo que tú quieras y después ya veremos”. Al respecto, subraya:

“Esa posibilidad de crecer como personas libres en medio de una cárcel es algo que siempre le voy a agradecer a mis padres”.

La conversación con Newsweek México tiene lugar en la terraza de un hotel de la Ciudad de México, dos días después de que participó como oradora en el Oslo Freedom Forum, organizado por la Human Rights Foundation, y que por vez primera se celebró en nuestro país y América Latina.

El disidente: Oswaldo Payá lee un manifiesto en el que exige apoyo político a la disidencia cubana. Detrás de él sus compañeros de lucha.
ALBERTO ROQUE/AFP

ASESINAR PARA ACALLAR

Rosa María Payá (30 años) es una activista cubana que encabeza la plataforma “Cuba Decide”, y también pertenece a la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia.

Cuba Decide pugna por que se lleve a cabo un “Plebiscito Vinculante” para iniciar una transición a la democracia en Cuba.

Converso con ella el día en que su padre hubiese cumplido 67 años.

Oswaldo Payá recibió en 2002 el Premio Andrei Sajarov a los Derechos Humanos del Parlamento Europeo; en 2011 fue candidato oficial al Premio Noble de la Paz. Pero, en 2012, murió “en extrañas circunstancias” por causa de un accidente automovilístico junto al líder más joven de la oposición cubana, Harold Cepero.

En 2015 la Human Rights Foundation presentó en la Universidad Georgetown, en Washington D.C., el informe jurídico “El caso de Oswaldo Payá” que concluyó que tras analizar todas las evidencias disponibles todo apunta a que el incidente del 22 de julio fue provocado y no un accidente.

Rosa María se refiere a lo que ocurrió a su padre y Harold como “un asesinato”.

Entonces ella tenía 23 años y afirma que su padre recibió amenazas de muerte en muchos momentos de su vida. De hecho, “el año anterior a su asesinato, las amenazas de muerte eran más seguidas”.

Cuenta que al menos sufrió dos atentados previos al que terminó con su vida y la de Harold. Uno de ellos “utilizando la misma táctica: un auto golpeó por detrás el auto de mi familia, que era un Volskwagen del 64, en el que manejaba él e iba mi mamá; era un domingo y otro auto los golpeó con tal fuerza que volcó el carro y en ese momento no murieron los dos de puro milagro. De puro milagro no venía otro auto en dirección contraria, en la arteria más transitada, que es la calzada del Cerro, a menos de una milla de nuestra casa”.

Payá detalla que la policía estaba en el lugar de los hechos desde el inicio, “algo que no ocurre en Cuba jamás”, y que ese día, cerca de las cuatro de la tarde, se los llevaron con tal velocidad que sus padres no pudieron reconocer a su agresor. El hospital donde los ingresaron “estaba tomado por la seguridad del Estado, por el temido G2”.

La tarde de ese fatídico 22 de julio, Rosa María llamó al celular de su padre, y quien le contestó fue alguien que se identificó como una médico forense “que no tenía que hacer nada en el lugar de un accidente”.

El accidente ocurrió a 750 kilómetros de la Habana, por lo que llegar por tierra al lugar del accidente le habría tomado a su familia unas ocho horas. Cuando llegaron al aeropuerto para tomar un vuelo les dijeron que no había asientos disponibles, ni los de emergencia. “Es un régimen que tiene el control de todo”, comenta.

Fue entonces que solicitaron a las autoridades cubanas que pusieran su cuerpo en refrigeración, pero estas argumentaron que en el hospital “no había cámaras de refrigeración”, que estaban descompuestas. Pidieron lo llevaran a otro hospital y la respuesta fue que todas las cámaras de la ciudad no funcionaban. Por tal motivo, explica Payá, su familia tuvo que aceptar le hicieran una autopsia sin poder ver el cuerpo de su padre.

Sus enormes ojos café obscuros se tornan semicristalinos cuando narra este doloroso pasaje: “el aparato de Estado se ha encargado de oscurecer toda la evidencia”.

Todo lo que saben se reconstruyó vía los testimonios de testigos que estaban en el lugar, los sobrevivientes y los extranjeros que viajaban en el auto en una carretera en Báyamo. Durante seis años y medio, el informe de autopsia de Oswaldo Payá le ha sido negado a su familia.

“El sistema cubano está plagado de violaciones, las víctimas apenas tienen derechos en el sistema penal cubano, pero uno que sí cuenta es el de tener el informe de autopsia. El régimen cubano viola su propia ley para no entregarnos el informe de autopsia de mi padre y el de Harold Cepero”, observa.

EL FUNERAL DE OSWALDO PAYÁ: De lado izquierdo, la viuda, Ofelia Acevedo. Junto a ella, Rosa María Payá.
ALBERTO ROQUE/AFP

—¿Qué fue lo que ponderaste al decidir proseguir la lucha de tu padre?

—Mi padre era el líder del Movimiento Cristiano de Liberación, también el líder del Proyecto Varela, que es la campaña de movilización ciudadana más exitosa para que las leyes garanticen los derechos y poder tener elecciones libres; el régimen estaba y está viviendo una crisis de legitimidad muy grande. Los dictadores históricos estaban cada vez más viejos, desapareciendo físicamente y tratando de traspasar el poder a sus hijos y a sus nietos; fingiendo que estaban haciendo reformas democráticas cuando en realidad estaban consolidando su poder.

“En ese momento de su vida estaba muy activo —prosigue— desmontando lo que él le llamaba el Cambio-Fraude que es este intento de, a 55 años de dictadura, lavarse la cara y decirle a la comunidad internacional que estaban haciendo unas reformas cuando en realidad esas reformas eran para perpetuarlos en el poder”.

Antes que su padre muriera, Rosa María ya trabajaba con él, pero su labor era mucho menos pública para seguir los protocolos de seguridad y así intentar demorar “el golpe represivo que viene siempre, sobre todo contra los jóvenes que representan alternativas y que tratan de movilizar a la ciudadanía para cambiar la realidad”.

Reconoce que “el asesinato de mi papá y de Harold” fue un duro golpe para todos y conmocionó a la sociedad civil de Cuba.

Lo que vino después fueron más intentos de acallar a la familia Payá. Recibieron amenazas “para que no denunciáramos el asesinato, cosa que hicimos desde el primer día, desde el funeral”. A sus hermanos los comenzaron a seguir “oficiales con uniforme, para que no solo ellos sino todo el mundo supiera que los estaban persiguiendo”.

Rosa María recibió llamadas en su casa donde le decían: “Te vamos a matar”.

Estas amenazas y agresiones las denunciaron ante la Relatoría de Crímenes Extrajudiciales de la ONU, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y públicamente. En Cuba acudieron al Ministerio de Justicia y a la fiscalía general, pero “las respuestas son siempre burla, siempre violatorias de los derechos humanos”.

En este punto, cierra la respuesta sobre la pregunta de origen:

“Toda esta situación me llevó a tener una posición cada vez más pública, de denuncia por el asesinato de mi padre, de búsqueda de justicia y de involucramiento en el movimiento que él había fundado; en la idea de transformar al país hacia la democracia, hacia la participación ciudadana. Que los cubanos sean quienes exijan y decidan el cambio en Cuba, algo que no pasa en mi país hace más de 60 años”.

ROSA MARÍA PAYÁ: La posibilidad de crecer como persona libre es algo que siempre le voy a agradecer a mis padres.
ANTONIO CRUZ/NEWSWEEK MÉXICO

INSTIGACIÓN POLÍTICA

En 2015 se lanzó la plataforma Cuba Decide, que propone la realización de un plebiscito para que los cubanos decidan si quieren un sistema democrático en oposición a la dictadura de partido único; que cuente con garantías, observación internacional, que se pueda fiscalizar y dé acceso a la prensa.

Payá dice que esta plataforma de movilización ciudadana es “una herramienta de cambio pacífico para que legítimamente los cubanos puedan transitar a la democracia”.

Desafortunadamente, hoy en varias naciones de América Latina se viene documentando lo que supone enfrentarse a un régimen autoritario: “el poder está dispuesto a usar las armas contra el pueblo cuando este pide el cambio”.

—¿Qué hacer? —se le inquiere a la disidente cubana.

—Lo que nos queda a los cubanos es la lucha cívica no violenta, la movilización ciudadana, la desobediencia civil. Que no se vea como un conflicto partidista o ideológico porque de lo que estamos hablando es de derechos humanos para todos los cubanos.

—Tú ahora estás demandada por el gobierno cubano, ¿bajo qué cargos?

—Un capitán del Ministerio del Interior fue a mi casa a finales de noviembre a informar que yo estaba siendo acusada y que había comenzado un proceso penal en mi contra, por instigación a delinquir, por crímenes contra la seguridad del Estado.

Al respecto, asegura: “Nunca he cometido un crimen, ni dentro ni fuera de la isla”.

Y amplía: “Me encuentro bajo investigación en un país que está controlado por unos generales cuya constitución dice que está permitido el uso de las armas contra cualquiera que quiera cambiar el sistema económico, político y social”.

Cuando Rosa María Payá regrese a Cuba, dice que no sabe lo que va a pasar:

“La situación que estaba viviendo mi padre el día que fue asesinado es la misma que yo vivo cada vez que estoy dentro de la isla. No sabes qué es lo próximo que van a hacer en un país donde reina la impunidad”.

La persecución contra su persona la he denunciado en diversos foros y ante las Naciones Unidas. Dentro de la isla asegura que “es muy poco lo que se puede hacer, porque todas las instituciones son del régimen”.

Su familia inmediata vive fuera de la isla y la única que reside en Cuba es ella.

—¿Vas y vienes de Cuba por estar trabajando cerca de la sociedad?

—Así es. La plataforma ciudadana tiene su centro y área de trabajo dentro de la isla.

“Esto no es un partido político —apunta— es una plataforma de movilización. Todos los promotores de Cuba Decide tienen un rol decisivo dentro y fuera de la isla. Hay muchos cubanos fuera que también trabajan en la campaña, incluso hay organizaciones compuestas por miembros no cubanos como la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia que está en 20 países de la región y que apoyan la iniciativa ciudadana Cuba Decide”.

Aquí su voz sube de tono: “Ninguna dictadura, ningunos generales tienen derecho a decirme a mí, ni a ningún cubano, dónde tengo que vivir y dormir todas las noches, por qué puedo entrar o salir. Me rebelo contra esa idea”.

BOICOT EN CDMX

El pasado 26 de febrero en el Oslo Freedom Forum México Payá fue anunciada como la última oradora del evento. Apenas había iniciado su intervención cuando, de entre el público que atendía las ponencias surgieron gritos en su contra: “Mercenaria”, se escuchaba entre otros insultos. A lo largo de ese martes un grupo de jóvenes con banderas del partido comunista permaneció a las afueras del Museo de Antropología, donde se celebró el foro organizado por la Human Rights Foundation, que cada tanto gritaba consignas en contra de Payá.

Lo que pasó para ella no fue sorpresivo. “Estoy acostumbrada a que la embajada cubana, que son centros de inteligencia, pague manifestantes o movilice a las bases de los partidos comunistas en cada país; el objetivo es que lo que yo digo, no se escuche, que no se puede realizar el evento”.

—Lograron descuadrar tu intervención.

—Sí, reventaron el acto.

En abril pasado, en la VIII Cumbre de las Américas, celebrada en Lima, en Perú, medio centenar de cubanos y una decena de venezolanos boicotearon los discursos del secretario general de la OEA, Luis Almagro y de Rosa María Payá. Al grito de “mercenarios” se impidió el encuentro de representantes de gobiernos y miembros de la sociedad civil de Latinoamérica.

Ahí también, confirma, “reventaron, con tropas de choque, traídas de Cuba y de Venezuela, el acto y no dejaron al secretario de la OEA ni a mí hablar”.

Ella era una de las delegadas de sociedad civil que tenía que hablar ante el congreso permanente y los gritos impidieron que el mismo sesionara. “No tenían nada qué decir. El objetivo era que nosotros no pudiéramos decir nada”.

—En ese momento venía en camino el referéndum en Cuba

—Sí, el “Cambio Fraude” que mi padre denunciaba. La crisis de legitimidad del régimen cubano es cada vez más grande. La falta de apoyo de la comunidad internacional y sobretodo de América Latina a un régimen que interviene en Nicaragua, en Venezuela, que forma parte de la represión en esos lugares. El apoyo a ese régimen se ha reducido muchísimo.

“Todos los grupos sociales desde las poblaciones vulnerables, los activistas LGTBI, las iglesias, la sociedad civil, la oposición, la ciudadanía, todo mundo comienza a expresarse contraria a esta imposición del partido comunista y es entonces que fingen un referéndum que no cumple con ninguna de los mínimos exigibles para ser llamado creíble.

“No se nos dio posibilidad de hacer campaña, se reprimió con violencia a cualquiera que promovía una de las opciones que era válida en la boleta: la opción del NO; no se permitió acceso a la comunidad internacional; se cambió el padrón electoral del día del referéndum al día siguiente: según el comité nacional electoral de la dictadura cambió de 8.6 millones a 9.2 millones de personas, es decir, un fraude total, marcado por la represión violenta”.

Para Payá lo que tuvo lugar fue “una reforma ilegítima, un referéndum que fue un fraude y que si algo demuestra es que el régimen cubano no tiene ninguna voluntad de cambio, pero, al mismo tiempo, que los cubanos sí la tienen”.

Refiere que l OEA ya declaró ilegítima esa reforma y esa constitución; y que también lo acaba de hacer el Departamento de Estado. “Del Congreso guatemalteco acaba de salir una resolución para desconocer la imposición constitucional, esperamos que siga también en otros lugares de la región y esperamos también que el Congreso mexicano y la actual administración mexicana, que el señor López Obrador se ponga de parte del pueblo cubano”.

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—Lo que Jorge Ramos y su equipo vivieron con Nicolás Maduro en Venezuela se volvió ‘trending topic’; ¿crees que lo que pasa ahora en Cuba interesa igual?

—Lo que vivió Jorge Ramos en Venezuela es lo que a diario vive el pueblo cubano; lo que pasa a cualquier cubano que tiene una expresión alternativa, especialmente, aquellos que quieren hacer prensa.

“Aquellos que quieren contar la realidad cubana —abunda— se enfrentan no solamente a los registros a los allanamientos, a que les destruyan sus cámaras, a que les destruyan su información sino también a la cárcel, a la represión, a la violencia, todos los días”.

En este tramo de la conversación, Payá alude a lo que está ocurriendo en varias naciones del continente:

“Nuestras realidades no están desconectadas. Sobre todo, a nivel latinoamericano, los estudiantes que estaban protestando contra el régimen de Daniel Ortega, en las calles de Caracas, y que terminaron torturados en centros de detención, identificaban como cubanos a los directores de los centros donde eran torturados, donde eran violados. Estamos hablando de información jurada que forma parte de los informes de la OEA, no me lo estoy inventando, está documentado.

“Esto no tiene que ver con la derecha o la izquierda —sigue—; no estamos hablando de defender una u otra ideología, sino de un grupo de personas que usa la ideología para llegar al poder y luego quedarse en el poder y luego recortar las libertades de todos y robarse los recursos de esos pueblos”.

—El secretario de la OEA dijo esto mismo en el Oslo Freedom Forum México…

—Está en los informes de la Secretaría General de la OEA; los generales venezolanos son los primeros en rebelarse contra agentes extranjeros dándoles órdenes en su país. Está documentada por la oposición venezolana y por la prensa extranjera que ha tenido acceso a la información. En realidad, estamos asistiendo a una inherencia imperialista que viene de parte de una isla sin recursos, cuyo régimen vive de manera parásita, de aquellos a los que logra infiltrar y a los que logra coordinar. En este caso, un país tan rico y tan a la vanguardia de América Latina como era Venezuela.

—Hablas de la injerencia imperialista cubana en Venezuela y otros aluden a la injerencia imperialista de EU en Venezuela. A ti te tildan de “mercenaria” al servicio de la “derecha”. ¿Qué opinas al respecto?

—Pido que miren los hechos. Que no pongan los prismas ideológicos y la propaganda por encima de los seres humanos. Hemos estado conversando durante una hora y no hemos dado una sola opinión ideológica, no hemos hablado de derechas ni de izquierdas, hemos hablado de seres humanos tratando de sobrevivir y de vivir libremente. Eso viene antes de cualquier ideología, de cualquier posición partidista.

Mi invitación sobre todo a los jóvenes es a que miren a los seres humanos. A que miren la realidad, los hechos y que después tomen sus propias conclusiones. Pero que no pongan las ideologías por encima de los seres humanos.

Rosa María Payá está clara: “Vamos a seguir luchando”.

LA ACTIVISTA: Participa en una Cumbre de alto nivel sobre las Américas en Miami, Florida para hablar de la democracia en su país.
LEIGH VOGEL/AFP

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