Las ondas de calor, una dificultad para pensar


Las ondas de calor, una dificultad para pensar



Científicos de Harvard descubrieron que el calor provoca un deterioro cognitivo en los estudiantes universitarios.

Un grupo de científicos ha descubierto que las ondas de calor realmente pueden afectar la capacidad para pensar. Investigadores de Harvard informaron que los estudiantes que viven en dormitorios donde se utiliza el aire acondicionado durante las ondas de calor tienen un mejor desempeño en pruebas cognitivas que los estudiantes que deben resistir las temperaturas elevadas.

La semana pasada, el 10 de julio, investigadores de la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de la Universidad de Harvard (Harvard Chan School) publicaron sus hallazgos en la revista PLOS Medicine.

José Guillermo Cedeño Laurent, investigador de Harvard Chan School y autor principal del hallazgo, declaró que como casi todos los estudios suelen centrarse en los efectos de salud del calor en las poblaciones frágiles, como los ancianos, existe la idea de que la población general no corre peligro durante las ondas de calor.

Cedeño Laurent agregó: “Para resolver este punto ciego, trabajamos con estudiantes sanos que viven en dormitorios, como una intervención natural durante una onda de calor en Boston. Es crítico conocer los riesgos de las distintas poblaciones si consideramos los pronósticos de que muchas ciudades, como Boston, registrarán una mayor cantidad de ondas de calor a resultas del cambio climático”.

En la investigación participaron 44 estudiantes de Boston. De ellos, 24 vivían en edificios con aire acondicionado, y los 20 restantes moraban en edificios sin esa característica. Los científicos instalaron un dispositivo en la habitación de cada estudiante para monitorear la temperatura durante un periodo de 12 días del verano de 2016.

Las temperaturas fueron razonables los primeros cinco días. Después hubo una onda de calor que duró cinco días, a la cual siguieron dos días de clima más fresco.

Al despertar cada mañana, los estudiantes respondían dos pruebas cognitivas en sus teléfonos. La primera pedía que identificaran, correctamente, el color de las palabras en pantalla. La segunda prueba constaba de preguntas aritméticas básicas y sirvió para evaluar la agilidad mental y la memoria.

Los hallazgos revelaron que, durante la onda de calor, los alumnos de los edificios sin aire acondicionado tuvieron un peor desempeño en las pruebas que los estudiantes que vivían en dormitorios con aire acondicionado y, además, mostraron una disminución en sus tiempos de respuesta y en la memoria.

Lo sorprendente es que la mayor diferencia en la función cognitiva de los dos grupos se observó durante los días más frescos posteriores a la onda de calor.

Los investigadores encontraron que, a la vez que la temperatura exterior comenzaba a bajar, la temperatura permanecía elevada en el interior de los dormitorios sin aire acondicionado.

“A menudo, la temperatura en el interior sigue aumentando incluso después que disminuye la temperatura exterior, dando la falsa sensación de que el peligro ha pasado cuando, de hecho, la ‘onda de calor en interiores’ persiste”, informó Joseph Allen, uno de los autores del estudio, profesor asistente de ciencias para evaluación a la exposición, y codirector del Centro para el Clima, la Salud y el Ambiente Global en Harvard Chan School.

“En las regiones del mundo donde el clima es predominante frío, los edificios están diseñados para retener calor. Esos edificios tienen dificultades para disipar calor durante los días veraniegos más calurosos que causa el clima cambiante, y esto da origen a las ondas de calor en interiores”, concluyó.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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