El fantasma en la radio


El fantasma en la radio

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Los SEAL de la Armada de Estados Unidos supuestamente abandonaron a un hombre en Afganistán. ¿También trataron de bloquear su Medalla al Honor?

 

Mientras la penumbra previa al amanecer subía por una ladera afgana, un mando militar de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, llamado Jay, se acurrucaba en la nieve mientras escuchaba una voz consternada crujir en su radio, la cual enseguida se desvaneció. Momentos después, dice, la voz se oyó de nuevo, y entre la estática se abrió paso algo más que un susurro angustiado: “Este es Mako Three Zero Charlie… Este es Mako Three Zero Charlie…”. Las mismas seis palabras una y otra vez, las cuales se disiparon antes de que Jay pudiera oír algo más.

Jay formaba parte de un equipo de reconocimiento que operaba detrás de las líneas enemigas, y de inmediato reconoció el código de identificación y la voz. Pertenecían a su similar de otro equipo: John Chapman, sargento técnico de la Fuerza Aérea. Desde su posición elevada y oculta, Jay respondió una y otra vez en su poderoso radio con capacidad satelital. No recibió respuesta. La voz continuó alrededor de 40 minutos, explica, como un mantra lastimero: “Este es Mako Three Zero Charlie… Este es Mako Three Zero Charlie…”. Luego quedó en silencio. No fue sino hasta la tarde siguiente que Jay supo que Chapman había muerto y que él fue el último estadounidense en oírlo vivo.

Hoy, alrededor de 16 años después de la muerte trágica de Chapman, el desacuerdo feroz sobre lo que sucedió en esa cima nevada amenaza con eclipsar dos recomendaciones a la Medalla de Honor que —al momento de la publicación— esperan la aprobación de la Casa Blanca. La disputa amarga enfrenta a miembros de los SEAL de la armada con operadores especiales de la Fuerza Aérea y mandos del Ejército. Ha involucrado a numerosos altos líderes militares, varios de los cuales tenían vínculos personales en la lucha desesperada en la montaña Takur Ghar.

LAS ARMAS DE MARZO: Slabinski mira a un Chapman herido. El rifle del aviador estaba sobre su pecho, con la mira láser subiendo y bajando al ritmo de su respiración. ILUSTRACIÓN: RYAN INZANA

La controversia gira alrededor de la Operación Anaconda, un intento de rodear y destruir una fuerza grande de Al-Qaeda, en marzo de 2002. Se dio en el oriente de Afganistán y costó las vidas de ocho estadounidenses, siete de ellos en Takur Ghar. Chapman estaba entre los muertos. Usando metraje del dron Predator y otra evidencia, la Fuerza Aérea ha argumentado que una unidad del Equipo 6 SEAL lo dio erróneamente por muerto mientras se retiraban bajo un fuego intenso. Después, según afirma la Fuerza Aérea, Chapman combatió por una hora, seriamente herido y solo, antes de que milicianos de Al-Qaeda lo mataran mientras él cubría a un helicóptero que se acercaba.

Sin embargo, los SEAL rechazan la afirmación de que Chapman estuviera vivo cuando huyeron. “Los SEAL no querían que se les dijera —oficialmente— que dejaron a un camarada vivo en esa montaña”, comenta un exfuncionario de defensa, quien, como la mayoría de las fuentes mencionadas en este artículo, solicitó el anonimato por razones de seguridad o para describir discusiones delicadas de alto nivel sobre miembros de unidades clasificadas.

Declaraciones de testigos nunca publicadas y metraje en video vistos por un reportero de Newsweek parecen apoyar la versión de la Fuerza Aérea. James Mattis, el secretario de Defensa, finalmente estuvo de acuerdo, y envió a la Casa Blanca una recomendación para otorgarle a Chapman la Medalla al Honor en el otoño de 2017. Si el presidente Donald Trump la aprueba, la Medalla al Honor de Chapman sería la primera en otorgarse basada principalmente en inteligencia técnica en vez de recuentos de testigos oculares (la Fuerza Aérea y la Armada se negaron a hacer algún comentario oficial para este artículo).

¿DEJADO ATRÁS? La Fuerza Aérea afirma que Chapman se enfrentó cuerpo a cuerpo antes de su muerte. ILUSTRACIÓN: RYAN INZANA

Lo que ha consternado y enfurecido a algunas fuentes familiarizadas con la batalla es que Mattis también recomendó para la misma condecoración a Britt Slabinski, el entonces suboficial y líder del equipo SEAL y quien supuestamente dejó atrás a Chapman. Algunos operadores especiales culpan a Slabinski no solo de la muerte de Chapman, sino de las vidas perdidas de los otros seis miembros de operaciones especiales en la montaña. Otros dicen que es absurdo recomendar a alguien para la Medalla al Honor por su valentía en una lucha en la que dejó a un compañero de equipo atrás, aunque fuera por error. Cuando un reportero de Newsweek le informó que Slabinski estaba en la lista para una Medalla al Honor, un operador especial del Ejército que participó en la operación se horrorizó. “Me pateaste en las pelotas cuando me dijiste eso”, comentó. Mike, exanalista de objetivos de la Fuerza Aérea, quien monitoreó la transmisión del Predator de la lucha en Takur Ghar en tiempo real y la volvió a ver dos veces el año pasado a solicitud de la Fuerza Aérea, estaba igualmente sorprendido. “Estoy totalmente consternado de que la Armada esté montando un paquete”.

Algunos observadores están furiosos con la Armada por siquiera recomendar a Slabinski para la condecoración, lo cual, afirman, fue parte de una campaña para sabotear la acción de la Fuerza Aérea a nombre de Chapman. Semejante campaña no tendría precedente, según Doug Sterner, experto en condecoraciones militares. “No puedo pensar en un solo caso en el que en una rama del servicio se opusiera una Medalla al Honor a otra”, menciona.

Los partidarios de Chapman dicen que el episodio muestra los esfuerzos extraordinarios que harán los SEAL para proteger su reputación. Un SEAL que participó en la lucha de Takur Ghar disputó fuertemente esa valoración: “Eso es un montón de mier…”. La culpa, dice, la tiene la Fuerza Aérea por permitir que la controversia se hiciera pública sin hacer la “debida diligencia”, la cual habría incluido entrevistar a él y sus compañeros SEAL.

SI MUERO EN UNA ZONA DE COMBATE: Chapman yace muerto en el primer búnker. Una autopsia reveló después que murió por dos balas que lo alcanzaron en la parte superior del cuerpo. ILUSTRACIÓN: RYAN INZANA

Otros familiarizados con la batalla saltaron a defender a Slabinski, aun cuando reconocieron la óptica inusual de otorgarle una Medalla al Honor. “Él es introvertido, pero es muy audaz en sus acciones”, dice un exoficial del Equipo 6 SEAL que sirvió frecuentemente con Slabinski. “Pensé que era un gran líder”.

Un exfuncionario de defensa familiarizado con las discusiones sobre las recomendaciones para la Medalla al Honor es inflexible con respecto a que Slabinski, un SEAL al igual que su padre y quien se retiró de la Armada como suboficial mayor en 2014, merece su condecoración, al igual que Chapman. Pero se lamenta de cómo, mientras los dos paquetes de condecoraciones se abrieron camino a través del proceso de aprobación, el heroísmo de los dos valientes a veces ha quedado en segundo lugar ante lo que él llamó “los aspectos tribales” de la comunidad de operaciones especiales. “Es una historia burocrática que no está cubierta de gloria”.

FUEGO EN LA MONTAÑA

Esa historia comenzó menos de seis meses después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, cuando Estados Unidos lanzó la Operación Anaconda, una batalla de alto perfil contra Al-Qaeda. Desde el principio salió mal. Los estadounidenses esperaban que los combatientes yihadistas estuvieran en masa en los poblados esparcidos en el valle de Shahikot, pero no fue así. Más bien, cuando la infantería de Estados Unidos aterrizó en helicóptero en el valle el 2 de marzo, se percató de que el enemigo se había escondido en el terreno alto que lo dominaba. Por dos días, los milicianos usaron armas automáticas y fuego de mortero para arrinconar a los estadounidenses y obligaron a sus aliaos afganos a retirarse antes de que siquiera llegaran al valle.

Sin embargo, hubo una parte exitosa de la operación. En los días previos a la batalla, dos equipos de reconocimiento de la Fuerza Delta del Ejército y uno del Equipo 6 SEAL se escabulleron tras las líneas enemigas desde su base en Gardez, 13 kilómetros al norte del Shahikot. Desde sus puntos con perspectiva ventajosa, muy arriba del valle, generaron ataques aéreos devastadores y proveyeron inteligencia crítica sobre las fuerzas de Al-Qaeda. Su éxito llamó la atención del cuartel de avanzada del Equipo 6 SEAL en la Base Aérea Bagram, alrededor de 145 kilómetros al norte de Gardez. La acción de reconocimiento y el Equipo 6 fueron parte de una fuerza de tarea compuesta de unidades del Comando Conjunto de Operaciones Especiales, o CCOE, la organización secreta que dirige muchas de las misiones militares más delicadas. Temprano el 3 de marzo, un día después del asalto principal, el comandante de la fuerza de tarea dio la orden de enviar más SEAL al valle. Uno de esos equipos, encabezado por Slabinski, fue llamado Mako 30.

La misión de Slabinski era establecer un puesto de observación en la punta de Takur Ghar, una montaña de 10,469 pies en el extremo sureste del Shahikot. El plan era insertar en helicóptero a los ocho operadores de Mako 30 cerca de la montaña y hacerlos patrullar hasta la cima cubiertos por la oscuridad. Esto les permitiría a los SEAL, que usaban gafas de visión nocturna, ubicar a cualquier combatiente enemigo, dispararle, llamar ataques aéreos o escapar. Pero una serie de retrasos imprevistos significaron que al equipo se le acabó el tiempo para aterrizar en la ubicación de inicio y maniobrar montaña arriba antes del amanecer.

ILUSTRACIÓN: RYAN INZANA

Mientras tanto, la cadena de comando empezó a romperse. En vez de comunicarse a través del centro de operaciones de reconocimiento donde estaban en Gardez, los SEAL empezaron a hablar por radio directamente con su cuartel en Bagram. Slabinski dijo a Bagram que quería posponer la misión 24 horas; pero, por razones que nunca han quedado en claro, sus jefes lo presionaron para que llegara a la cima de la montaña esa noche. Al sentir que no tenía más opción, Slabinski le pidió a la tripulación del helicóptero de fuerzas especiales del Ejército que llevara a su equipo directamente a la punta. Esto rompería una regla cardinal del reconocimiento: nunca te infiltres directamente en helicóptero en tu puesto de observación, ya que le delatas tu posición al enemigo. Pero una aeronave de combate de la Fuerza Aérea había sobrevolado la cima previamente esa noche y dijo que estaba libre de enemigos.

La tripulación del helicóptero accedió a hacer lo que le pedía Slabinski. Sin embargo, cuando el helicóptero Chinook de Mako 30, conocido como Razor 03, llegó a la cima de la montaña, los milicianos encampados allí le dispararon a la aeronave y la dañaron seriamente. Mientras el piloto batallaba para abortar el aterrizaje y trataba de alejar el helicóptero del peligro, el sargento primero Neil Roberts, de Mako 30, cayó de la parte trasera y se hundió en la nieve. Como la aeronave estaba demasiado dañada para regresar a la cima, el piloto aterrizó de emergencia en el extremo norte del valle. Otro helicóptero recogió a la tripulación y a los siete operadores y los llevó rápidamente a Gardez.

Conscientes de que era poco probable que los milicianos le perdonaran la vida a Roberts si lo capturaban, seis miembros de Mako 30 rápidamente abordaron otra aeronave de operaciones especiales que los llevó de vuelta a la montaña. No lo sabían en ese momento, pero ya era demasiado tarde. El análisis del metraje del Predator reveló luego que los combatientes de Al-Qaeda mataron a Roberts poco antes de las 4:30 horas el 4 de marzo. Todo lo que sabían era que su misión era increíblemente peligrosa. “Cuando tomé la decisión de rescatar a Neil, al momento solo sabía que eso iba a ser la última cosa que haría en este planeta”, dijo Slabinski ante una audiencia de la Fundación SEAL de la Armada, en Nueva York, el 2 de marzo de 2017.

El helicóptero tocó la cima poco antes de las 5:00 horas. Slabinski fue el primero en saltar, pero trastabilló. Le siguió Chapman, el único no SEAL del equipo. Este pertenecía al 24º Escuadrón de Tácticas Especiales (ETE) de la Fuerza Aérea. Esta unidad es el equivalente, en la Fuerza Aérea, de la Fuerza Delta o el Equipo 6 SEAL, y trabaja exclusivamente para el CCOE. El papel primario de Chapman, como controlador de combate de Mako 30, era llamar ataques aéreos. Los operadores de Mako 30 de nuevo enfrentaron un fuego avasallador cuando descendieron del helicóptero. Cuando la aeronave partió, los hombres se dividieron en tres pares. Chapman y Slabinski se dirigieron cuesta arriba y avanzaron difícilmente entre la nieve que llegaba a las rodillas para alcanzar un búnker desde el que les disparaban. Mataron a los dos hombres en el búnker, pero entonces estalló fuego de ametralladora de un segundo búnker cercano. De repente, Chapman cayó. Slabinski lo miró de reojo. El rifle del aviador estaba sobre su pecho, con la mira láser subiendo y bajando al ritmo de su respiración, por lo que el SEAL sabía que estaba vivo. Momentos después, un segundo miembro del equipo fue herido mientras arreciaba el fuego enemigo. Los SEAL eran superados, y no veían a Roberts por ningún lado. Slabinski tenía pocos segundos para sacar a sus hombres del fuego cruzado. Miró atrás hacia Chapman. El láser ya no se movía. Concluyó que el aviador estaba muerto. Slabinski les ordenó a sus hombres retirarse, así que los SEAL corrieron y se deslizaron por la ladera de la montaña, perseguidos por fuego de ametralladora. Los SEAL hallaron un refugio temporal bajo una saliente rocosa. Desde allí dieron su ubicación para traer una aeronave de combate de la Fuerza Aérea. Luego, los cinco sobrevivientes, dos heridos de gravedad, se movieron alrededor de 5,000 pies en seis horas a una ubicación donde un finalmente helicóptero los rescató.

Pero mientras los SEAL hacían su escape, fallas en la radio satelital y la confusión entre varios cuarteles significaron que una fuerza de reacción rápida del CCOE —un pelotón de comandos del Ejército— fue lanzada desde Bagram en dos Chinook y se encaminó a Takur Ghar. Mientras una aeronave esperaba más instrucciones, la otra voló directamente a la cima, ignorando que dos helicópteros ya habían sido acribillados al tratar de aterrizar allí. Esta vez, los milicianos derribaron el Chinook, conocido como Razor 01, con una granada propulsada por cohete cuando aterrizaba. En la subsiguiente batalla de un día entero, tres comandos, un aviador de operaciones especiales y un paracaidista rescatista de la Fuerza Aérea murieron antes de que los comandos finalmente se hicieran con el control de la cima de la montaña.

“ALGO ESTABA MAL”

Después de la lucha en Takur Ghar, operadores especiales del Ejército y la Fuerza Aérea culparon de sus bajas a la mala toma de decisiones de los SEAL. Algunos miembros de la unidad de Chapman estaban tan molestos que trataron de evitar asignaciones con el Equipo 6 SEAL, cuenta un exoperador de la Fuerza Delta. Y no tardó mucho en que se corriera el rumor de que tal vez Chapman no había muerto cuando los SEAL dijeron que sí. “Los chicos sabían que algo estaba mal al día siguiente, por la manera en que los tipos de la Armada hablaban de ello”, narra un excontrolador de combate familiarizado con la lucha y sus secuelas. A las pocas semanas, añade, los colegas de Chapman en el 24º ETE concluyeron que él estaba todavía vivo cuando los SEAL se retiraron y había peleado solo contra lo imposible.

Esa posibilidad la planteó oficialmente por primera vez Andy Milani, teniente coronel del Ejército, a quien el CCOE nombró para investigar la batalla. La indagatoria de Milani sigue siendo clasificada, pero él repitió sus hallazgos en un ensayo no clasificado que escribió mientras asistía al Colegio de Guerra del Ejército, en 2003. En ese ensayo señaló que el metraje del Predator había captado una lucha en la cima de Takur Ghar durante el periodo entre la retirada de los SEAL y el derribo del Razor 01. La investigación de Milani mostró que Roberts estaba muerto para cuando Mako 30 regresó a la montaña, pero alguien todavía combatía en la cima de Takur Ghar en un momento en el que supuestamente no había estadounidenses vivos allí. Según Milani, el metraje mostraba a un hombre en un búnker, luchando contra por los menos dos combatientes. El teniente coronel planteó dos explicaciones posibles: los milicianos de Al-Qaeda se confundieron entre sí por estadounidenses o la figura misteriosa era Chapman, que luchaba por su vida después de que los SEAL lo dejaron atrás.

ILUSTRACIÓN: RYAN INZANA

Milani no llegó a una conclusión, pero en enero de 2003 la Fuerza Aérea le otorgó a Chapman una Cruz de la Fuerza Aérea póstuma por sus acciones hasta el momento en que Slabinski dijo que había muerto (como la Cruz de la Armada y la Cruz por Servicios Distinguidos del Ejército, la Cruz de la Fuerza Aérea es una condecoración al valor solo por debajo de la Medalla al Honor). Al argumentar a favor de la condecoración, la Fuerza Aérea dependió tremendamente de las declaraciones testimoniales de tres de los miembros sobrevivientes de Mako 30, quienes lo describieron en términos heroicos. Slabinski, en particular, reconoció a Chapman por salvarles la vida. “Sé que si John no se hubiera enfrentado a la primera posición del enemigo, esta seguramente nos habría matado a todos antes de que halláramos cubierto”, dijo Slabinski en su declaración, la cual obtuvo Newsweek. “John Murió [sic] salvándonos del fuego enemigo que era efectivo desde tres lados cuando él murió… John merece la medalla más alta que podamos conseguirle”.

De la misma manera, la Armada le otorgó a Slabinski una Cruz de la Armada por sus acciones desde el momento en que el Razor 03 aterrizó de emergencia hasta el rescate final de su equipo tras las bajas de Roberts y Chapman. “Durante todo este confrontamiento sostenido, el suboficial Slabinski exhibió una gracia clásica bajo fuego para liderar incondicionalmente la intrépida operación de rescate, con lo que salvó las vidas de sus hombres heridos y estableció las condiciones para la conquista final del enemigo y la captura de Takur Ghar”, se lee en la distinción militar.

Con las bajas enterradas y las cruces al servicio otorgadas, Takur Ghar desapareció de los titulares por más de una década. Pero dentro del mundo muy unido de los operadores especiales de la Fuerza Aérea, todavía ardía el deseo de que la Casa Blanca reconociera lo que ellos veían como la magnitud total del heroísmo de Chapman. Trece años después de su muerte, tendrían su oportunidad.

“UNA BATALLA FENOMENAL”

Desde la Guerra de Vietnam, ningún miembro de la Fuerza Aérea ha recibido la Medalla al Honor. En mayo de 2015, Deborah Lee James, secretaria de la Fuerza Aérea, leyó un artículo que preguntaba qué se requería para que a un aviador se le otorgara la medalla en la era posterior al 11/9. El tema intrigó a James, quien estaba a cargo de recomendar Medallas al Honor al secretario de Defensa, quien a su vez tenía que decidir si suscribía las recomendaciones y las entregaba a la Casa Blanca para su aprobación. Dado que casi todas las siete Cruces de la Fuerza Aérea y casi la mitad de las Estrellas de Plata otorgadas a aviadores desde el 11 de septiembre de 2001 fueron para operadores especiales, James ordenó a un Comando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea que investigara si alguna de las condecoraciones merecía ser promovida. Algo complicaba la directiva de James: las regulaciones del Pentágono estipulaban que para que una condecoración menor se convirtiera en Medalla al Honor, tenía que presentarse nueva información.

Después de por lo menos seis meses, según James, su equipo reportó que había identificado una posible promoción en la Cruz de la Fuerza Aérea de Chapman. La nueva información consistía principalmente en un análisis cuidadoso del video tomado por el Predator de la acción en Takur Ghar. Los individuos se veían como algo más que manchas negras en el metraje infrarrojo que el dron transmitía mientras circunvolaba a más de kilómetro y medio sobre la montaña. Al comparar y combinar el metraje del Predator con el video tomado por una aeronave de combate de la Fuerza Aérea que circunvolaba, los analistas fueron capaces de aislar la mancha que era Chapman y rastrear sus movimientos.

La Fuerza Aérea luego creó una presentación en video de una imagen dentro de una imagen, en la que una recreación animada de la lucha llena casi toda la pantalla, en sincronía con el metraje del dron reproducido en una caja. El video nunca se ha hecho público, y el Comando de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea se negó a comentar para este artículo. Pero un reportero de Newsweek fue capaz de ver el video y tomar notas. Mientras lo narra un oficial de la Fuerza Aérea, el video muestra a Slabinski saltando de la rampa trasera del Chinook y exhibe cómo pierde el equilibrio y cae en la nieve. El siguiente en salir del helicóptero es Chapman, quien dispara mientras carga contra el primer búnker, que está a unos 30 metros de distancia. Slabinski lo sigue, y en cierto momento casi lo alcanza. Luego, Chapman aparece adelante, llega al búnker y dispara dentro por varios segundos antes de que Slabinski lo alcance, alrededor de 90 segundos después de bajar del helicóptero.

“Cuando el sargento Chapman llegó al complejo del búnker, mató a dos combatientes y tomó control del terreno”, dice la voz en off del narrador. “Al destruir la posición frontal de línea del enemigo, el sargento Chapman eliminó la amenaza más cercana al equipo Mako 30”. Así, el video valida la declaración de Slabinski, en la que reconoce a Chapman por matar a dos combatientes enemigos, para luego ocupar el búnker. La única diferencia: Chapman probablemente hizo los disparos que mataron a los dos combatientes de Al-Qaeda en el búnker casi a quemarropa, en vez de los “22 metros” que Slabinski calculó en su declaración.

Chapman luego abre fuego contra el segundo búnker de Al-Qaeda, alrededor de 10 metros de distancia. “Sin dudarlo o preocuparse por su propia seguridad, el sargento Chapman se movió de una posición a cubierto para enfrentarse a la ametralladora cercana”, dice el narrador. “Mientras el sargento Chapman disparaba al Búnker 2, un combatiente enemigo lo flanqueó, lo cual resultó en un combate muy cercano. El sargento Chapman mató al combatiente enemigo, pero durante este enfrentamiento, al sargento Chapman le dispararon y cayó”. Aun cuando no es posible identificar en el video el momento en que le dispararon, debió ser a los dos minutos de bajar del helicóptero. En este instante, según ha dicho Slabinski, valoró que Chapman todavía estaba vivo.

De los otros cuatro SEAL en la misión, dos siguieron a Slabinski y Chapman. Los otros dos se encaminaron en la dirección opuesta. El metraje muestra a uno de los SEAL que se unieron a Slabinski arriba de un peñasco y disparar una ametralladora M60 antes de recibir un disparo y caer, y exhibe a los tres SEAL acurrucándose en la base del peñasco por algunos segundos. A menos de tres minutos después de llegar, los SEAL empezaron a retirarse. Slabinski ha dicho que fue entonces cuando concluyó que Chapman estaba muerto.

Slabinski se negó a ser entrevistado para este artículo y dirigió a un reportero a la oficina de asuntos públicos del Comando de Guerra Especial de la Armada, la cual no respondió a las solicitudes de comentarios. Pero en 2016, dijo a The New York Times que, tras dar la orden de retirarse, él en realidad se arrastró hacia el cuerpo de Chapman en la prisa por abandonar la montaña y no vio señales de vida. “Ya estoy 95 por ciento convencido de que está muerto”, dijo Slabinski. “Por eso pensé: ‘OK, tenemos que movernos’”.

ILUSTRACIÓN: RYAN INZANA

Sin embargo, el video del Predator, que ofrece una visión ininterrumpida de Slabinski durante este periodo, no parece exhibirlo arrastrándose cerca de Chapman. Pero sí lo muestra a él y otros dos SEAL pasar cerca del cuerpo de Neil Roberts cuando se retiran. Ya que los SEAL nunca mencionaron que hallaron a Roberts, algunos han especulado que Slabinski confundió el cuerpo de Roberts con el de Chapman, que estaba a pocos metros de distancia. “En realidad, es una teoría muy común que el cuerpo que Slab cree que revisó era el de Roberts”, dice el excontrolador de combate. “Esa también es mi teoría”.

Los SEAL estuvieron en la cima de la montaña menos de cuatro minutos. Mientras hacen su escape, el cuerpo de Chapman yace inmóvil en el primer búnker por alrededor de 12 minutos; pero luego el metraje capta movimiento allí, aun cuando nadie se le ha acercado desde que los SEAL huyeron. El hombre en el búnker continúa moviéndose y disparando su arma por casi una hora. “Estoy 110 por ciento seguro de que es Chapman”, dice Mike, analista de objetivos de la Fuerza Aérea de la misión original. En un análisis del video en 2017, llevado a cabo por la Fuerza Aérea y obtenido por Newsweek, Mike contó 39 destellos diferentes de boca de rifle que emanaron del primer búnker entre aproximadamente las 5:40 y las 6:08 horas. “Es evidente; puedes ver que Chapman definitivamente jala el gatillo de ese M4, y los disparos vienen”, comenta. “No sé cuántos [milicianos] se llevó, pero fue una batalla fenomenal”.

El análisis de Mike señala que el hombre en el búnker dispara en casi todas las direcciones. Chapman, añade, estaba defendiéndose desesperadamente de enemigos que lo habían rodeado. Dos veces, combatientes de Al-Qaeda se las arreglaron para arrastrarse hasta el búnker, y se ve que Chapman los mató en combate cuerpo a cuerpo. La naturaleza de la lucha y la luz del día que se extendía por la montaña hacen tremendamente improbable, menciona el excontrolador de combate, que este fuera un caso de dos combatientes enemigos atacándose mutuamente por error. “Están uno arriba del otro”, añade. “No hay confusión aquí”.

La Fuerza Aérea afirma que, poco después de que Chapman mata al segundo combatiente de Al-Qaeda, y momentos antes de que el helicóptero que transporta a los comandos llegue a la cima, él sale de su posición a cubierto y les dispara a los milicianos en el segundo búnker. Esta acción lo llevó a su muerte y es central en el caso de la Fuerza Aérea de que merece la Medalla al Honor. Chapman tomó este riesgo enorme para dar fuego de cobertura al helicóptero que se dirigía a la cima, sostiene la Fuerza Aérea. “El sargento Chapman entendió las ramificaciones de sus acciones”, dice el narrador de la Fuerza Aérea. “Se movió desinteresadamente enfrente de la ametralladora enemiga en el Búnker 2 con el fin de enfrentar la amenaza para el helicóptero entrante”.

Esa decisión es meritoria de la Medalla al Honor por sí misma, según el excontrolador de combate. “Él salió del búnker después de que le dispararon media docena de veces [y lo atacaron] cuerpo a cuerpo, y luego las dos rondas finales que le quitaron la vida fueron lo único que lo detuvieron”, añade. “Le dispararon en el pie, la pierna, el torso. O sea, este hombre, no sabemos qué pensó, pero tomó la decisión, a pesar del mucho dolor y miedo que debió sentir, de salir del búnker cuando el helicóptero venía”.

Los comandos finalmente hallaron su cuerpo en el primer búnker. Después, una autopsia reveló que Chapman murió por dos balas que lo alcanzaron en la parte superior del cuerpo. “Una le estalló la aorta”, señala el excontrolador de combate, quien está familiarizado con la autopsia, “y entonces su presión sanguínea cayó a cero, y expiró, y eso demora 30 segundos, tal vez.

MAKO THREE ZERO CHARLIE

La presentación en video no fue la única evidencia que la Fuerza Aérea usó para respaldar su argumento por Chapman. También obtuvo una declaración jurada de alguien nunca entrevistado con anterioridad en conexión con Takur Ghar: Jay, el similar de Chapman en uno de los equipos de la Fuerza Delta, que ocupaba un puesto de observación a aproximadamente 5 kilómetros al norte de Takur Ghar. Jay era de la unidad de Chapman y conocía su estilo de radio. En septiembre de 2016, en una declaración jurada obtenida por Newsweek, dijo a un abogado de la Fuerza Aérea que oyó en repetidas ocasiones la voz de Chapman y su código de identificación —Mako Three Zero Charlie— en la radio durante el periodo en el que el video lo muestra luchando por su vida. “La voz en la radio era la de John Chapman”, dijo Jay en comentarios nunca antes publicados.

Un SEAL de Mako 30 afirma que la Armada investigó las aseveraciones de Jay y concluyó que eran inexactas. “Todo eso fue desmentido con las bitácoras de comunicaciones y quién estaba allí”, comenta a Newsweek. “Cuando se hurgó en ello, no estaba basado en los hechos”. Y añade: “Estábamos en las mismas frecuencias [de radio] y nunca oímos eso”.

El excontrolador de combate disputa esta aseveración. “No estaban en las mismas frecuencias”, menciona. “Esa es una pantalla de humo. Él está obedeciendo las reglas de su parte”. Los SEAL habrían estado en una frecuencia entre equipos en sus radios de mano, mientras que “Jay habría estado en la [frecuencia] común de campo de batalla”, dice el excontrolador de combate. Agrega que no hubo bitácoras en las que se hubieran registrado los llamados de Chapman, porque la frecuencia en la que estaba llamando no alcanzó ninguno de los puestos de comando donde se realizaban dichas bitácoras.

La autopsia de Chapman, que la Fuerza Aérea volvió a analizar como parte de su investigación, también apoyaba el argumento de que él peleó durante un periodo sustancioso en la cima. “Al hombre le dispararon y laceraron 16 veces, incluyendo… contusiones en rostro, nariz, cuello y manos”, comenta el excontrolador de combate. La autopsia de Chapman declara que todas las heridas del aviador ocurrieron antes de su muerte. “Eso no sucedió en los primeros dos minutos”. Los moretones en las manos, el cuello y el rostro de Chapman, añade, posiblemente fueron el resultado de combate cuerpo a cuerpo con los dos milicianos que alcanzaron el búnker antes de que él los matara.

Una evidencia final que respalda el argumento de la Fuerza Aérea: según dos fuentes familiarizadas con los detalles del paquete de condecoración de Chapman, cuando él y sus utensilios fueron recuperados, se halló que disparó toda su munición usable antes de sucumbir por sus heridas; Chapman vació seis tambores de 30 tiros, muchos más de los que podría vaciar durante los dos minutos o menos que pasaron antes de que Slabinski lo viera caer.

EL JUEGO DE CULPAS

En enero de 2016, Ash Carter, secretario de Defensa, ordenó a las fuerzas militares que llevaran a cabo una revisión de las cruces de servicio y las Estrellas de Plata de los conflictos posteriores al 11/9 para ver si alguna ameritaba una promoción. El intento de la Fuerza Aérea de impulsar la condecoración de Chapman se dio como parte de esa revisión. En su directriz, Carter dispensó el requisito de que “se provea información material nueva, sustancial y relevante para justificar una promoción”, dice Dave Eastburn, mayor del ejército y un portavoz del Pentágono. No obstante, funcionarios de la Fuerza Aérea y otros cercanos a la acción para promover a Chapman al parecer ignoraban que él hizo eso.

La Fuerza Aérea dividió sus conclusiones sobre las hazañas de Chapman en sus acciones desde el momento en que Mako 30 aterrizó de vuelta en Takur Ghar hasta cuando los SEAL se retiraron y luego los eventos en la cima. Para James, la secretaria de la Fuerza Aérea fue lo segundo, y en especial la evidencia en video, lo que le convenció de que Chapman merecía la Medalla al Honor.

“Eso era todo lo que yo necesitaba”, dice ella a Newsweek. “Eso fue como la prueba forense en una escena de un crimen, casi”. Envió su recomendación a la oficina de Carter, confiando en que el argumento de la Fuera Aérea era invulnerable. “Pensé que el paquete iba a ser pan comido, fácil de aprobar”, comenta James.

El 27 de agosto de 2016, The New York Times publicó un artículo (coescrito por este reportero) sobre la acción de la Fuerza Aérea para conseguirle a Chapman la Medalla al Honor. El artículo decía que los “hallazgos [de la Fuerza Aérea] podrían reavivar viejas tensiones” en la comunidad de operaciones especiales por la misión. Y para sorpresa —y alarma— de James, lo hizo. “La gente tenía miedo de ser culpada por el hecho de que la misión no salió bien, y luego, además de eso, es una cosa espantosa creer ahora que dejaste atrás a alguien como muerto y que de hecho estaba vivo”, agrega. “Hay mucha culpa rondando por allí, y también está en juego la reputación de los SEAL”.

A los pocos días de la publicación del artículo, una reunión de altos líderes militares le dio a James la oportunidad de hablar con Tony Thomas, general del Ejército y director del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos. Él fue comandante del 1º Batallón de Comandos en Afganistán al momento de la botella. Los tres comandos que murieron eran sus hombres, algo que nadie le dijo a ella.

James dice que le preguntó a Thomas si podía contar con su apoyo con respecto a su recomendación de promover la condecoración de Chapman. Él le aseguró que su cuartel “apoyaba absolutamente” la recomendación, menciona ella (un funcionario militar quien ha discutido este asunto con Thomas dice que, según el general, nunca se dio tal conversación). James cuenta que salió de la conversación con una confianza renovada en que la promoción continuaría sin problemas. Los eventos pronto cambiarían su parecer.

“FUE MUY DOLOROSO”

Desde el principio de su acción para promover la condecoración de Chapman, la Fuerza Aérea parece haber tomado un cuidado extraordinario en no impugnar a Slabinski o a los SEAL. Funcionarios de la Fuerza Aérea sabían que tenían mucho que perder al buscarle pelea a un grupo tan políticamente influyente, así que rodearon sigilosamente la idea de que miembros del grupo de mayor élite entre los SEAL habían abandonado sin querer a un compañero de equipo en medio de un tiroteo. “Nadie acusó a Slabinski o a cualquiera de los otros integrantes del equipo de hacer algo diferente a lo mejor que pudieron en esas circunstancias terribles”, dice James.

En su relación de la presentación en video de la Fuerza Aérea, el narrador describe la decisión de Slabinski de retirarse de la cima de la montaña en términos positivos: “Esta acción audaz posiblemente evitó una pérdida catastrófica de todo el equipo. La intención del líder del equipo era suprimir al enemigo con poder aéreo. El equipo esperaba eliminar la amenaza, localizar al suboficial Roberts, recuperar el cuerpo del sargento Chapman y cumplir su compromiso de no dejar ningún hombre atrás. De nuevo, el enemigo y el medioambiente desbarataron los planes del equipo”.

No obstante, para finales de 2016 quedó en claro que los SEAL iban a resistirse al intento de la Fuerza Aérea de promover la condecoración de Chapman con base en sus acciones después de que estos se retiraron de la cima de la montaña. “Ellos no querían dar la impresión de que dejaron atrás al sargento técnico Chapman”, dice un exfuncionario de la Fuerza Aérea, quien añade que esto se aplicaba tanto a los miembros de Mako 30 como a los líderes SEAL. “Fue muy doloroso y muy problemático para ellos en muchos niveles”.

Los SEAL empezaron a lanzar “barricadas burocráticas” en un intento de retrasar o derrotar la acción de promover la Cruz de la Fuerza Aérea de Chapman, dice el exfuncionario. “Había una presión tremenda [de parte de la Fuerza Aérea] para tener esto listo para finales de la administración [de Obama]”, dice Gabe Camarillo, secretario adjunto de la Fuerza Aérea para asuntos de personal y reservas de enero de 2016 a enero de 2017. Si el presidente Barack Obama dejaba su cargo sin otorgarle la medalla a Chapman, “no había ninguna confianza de que esto no muriera prematuramente”, apunta. Funcionarios de la Fuerza Aérea sostuvieron reunión tras reunión entre sí y con sus similares en la oficina del secretario de Defensa durante todo 2016, salvando un atolladero tras otro. Pero cuando parecía que el paquete de Chapman tenía una posibilidad de llegar a la Casa Blanca a tiempo, burócratas del Pentágono intervinieron.

Personal de la oficina de Peter Levine, subsecretario en funciones de personal y disposición de defensa, notó que los SEAL nunca firmaron sus declaraciones testimoniales originales para la Cruz de la Fuerza Aérea de Chapman. Esas declaraciones eran parte del paquete de promoción. Levine y su personal tenían intención de hacerlas firmar, en especial porque el caso de Chapman de otra manera “no tendría precedente” al depender de inteligencia técnica en vez de testigos oculares, dice James. “Así, la gente idónea contactó a estos individuos y les pidieron que firmaran sus palabras de hace 15 años”, recuerda James. Pero después de “un par de meses” a la espera de los SEAL, “ellos se negaron”, afirma (Camarillo, el exsecretario adjunto de la Fuerza Aérea para asuntos de personal y reservas, confirma este recuento). “Ahí fue cuando las cosas se estropearon, y los SEAL… se percataron de que ‘oh, podemos asumir una postura y tal vez boicotear esta cosa’”, dice el excontrolador de combate (un SEAL de Mako 30 dice que no tenía conocimiento de este desarrollo y que nunca le pidieron tal declaración después de la batalla, mucho menos que se negó a firmarla. Newsweek verificó la existencia de declaraciones de tres de sus compañeros de equipo y trató de contactarlos, pero no fue posible hablar con ellos).

Para los funcionarios de la Fuerza Aérea, la supuesta negativa de los SEAL a firmar sus declaraciones testimoniales representó un punto de inflexión. “Creo que fue entonces cuando en verdad hizo clic en mi mente: sí, algo más está pasando aquí, y qué vergüenza”, dice James. Frustrada, funcionarios de la Fuerza Aérea le explicaron lo que sucedía al personal de Levine, quien finalmente permitió que el paquete continuara sin las firmas. Pero se había perdido un tiempo valioso.

El Equipo 6 SEAL y el Comando Naval de Guerra Especial se opusieron a la acción de la Fuerza Aérea de promover la condecoración de Chapman con base en los eventos después de que los SEAL se retiraron, según múltiples fuentes. El contralmirante Tim Szymanski, quien como director del Comando Naval de Guerra Especial supervisa todas las unidades SEAL, estaba en el centro del debate. “El principal defensor de Slabinski era Szymanski”, dice un oficial de la Armada familiarizado con la controversia de las condecoraciones. Pero Szymanski tenía un interés personal en cómo se contaría la historia de Takur Ghar. Él fue director de operaciones del Equipo 6 durante Anaconda y ayudó a dirigir la misión de Mako 30 desde Bagram. Slabinski les ha dicho a otros que, cuando llegó de regreso a Bagram, magullado y exhausto por la ordalía, Szymanski fue la única persona que lo abrazó y le dijo que había hecho un buen trabajo. Desde ese momento, se desarrolló un vínculo entre los dos, dice un exalto oficial del Equipo 6 que conoce a ambos. “Ski siempre tenía mucha confianza en Slab, y estaba muy orgulloso de él”, añade. “Podrías decir que era una buena relación”.

Como lo veía Szymanski, “la Fuerza Aérea trataba de ponerse contra la Armada y más o menos avergonzar a Slab”, dice el exalto oficial del Equipo 6, y estaba determinado a responder por él. “Su punto era: ‘Ese tipo [Slabinski] hizo todo lo humanamente posible… Nunca en tu vida vas a jodidamente tratar de obtenerle [una condecoración] a Chappy que afecte a Slab’. Y así, pienso que él [terminó] doblando sus esfuerzos para ayudar a Slab, porque si Chappy la recibe, la palabra no dicha es: ‘Bueno, ¿quién lo dejó atrás?”.

Pero la defensa feroz de Szymanski a Slabinski requirió que el almirante de SEAL se opusiera a cualquier reconocimiento público de lo que la Fuerza Aérea, en su estudio del incidente, llamó “Hallazgo Material 2”, el cual decía que Chapman luchó después de que los SEAL lo dejaron atrás. “Simplemente no sé cómo puedes defender a Slabinski y aceptar el Hallazgo 2”, dice el oficial de la Armada familiarizado con la controversia. De hecho, durante todo 2016, los SEAL trataron de persuadir a la Fuerza Aérea y luego a la oficina de Carter de que justificaran la promoción de Chapman únicamente con base en sus acciones antes de que los SEAL dejaran la montaña, dice Camarillo. Según exfuncionarios de la Fuerza Aérea, para diciembre de 2016, con el paquete finalmente en el escritorio de Carter, el argumento de los SEAL al parecer cobraba fuerza en el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, el cual no toma la decisión final, pero se le permite aportar.

Ese mes, dice un exalto oficial de la Fuerza Aérea, Thomas, el director del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, dijo al general David Goldfein, jefe de Estado de la Fuerza Aérea, que había cambiado de opinión con respecto a darle todo su apoyo al paquete de promoción de Chapman. Según dos exfuncionarios de la Fuerza Aérea, Thomas dijo que estaba más dispuesto a apoyar una promoción con base en las acciones de Chapman hasta el momento en que se retiraron los SEAL, pero él quería que la Fuerza Aérea retirara la segunda parte de la distinción militar de Chapman, la cual resumía sus acciones después de que los SEAL se retiraron (Jason Salata, capitán de la Armada y un portavoz del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, remitió todas las preguntas sobre su papel de mando en el proceso de la Medalla al Honor a la oficina del secretario de Defensa).

Para decepción de James, dice el exalto funcionario de la Fuerza Aérea, Goldfein le dijo que él había aceptado la solicitud de Thomas, preocupado de que hacer lo contrario embrollaría la acción de promoción en meses de debate. A la Fuerza Aérea se le acababa el tiempo con la administración de Obama, y Goldfein pensó que aceptar ante Thomas le daba al servicio una mejor oportunidad de asegurar la promoción de Chapman (a través de un portavoz, Goldfein se negó a comentar al respecto).

James estaba molesta por la manera en que Thomas la había eludido, pero había poco que pudiera hacer, dice el exalto funcionario de la Fuerza Aérea. Pocas semanas antes de que Trump fuera investido, el secretario de Defensa firmó el paquete de promoción de Chapman. James le pidió a la Casa Blanca que acelerara el proceso, pero era demasiado tarde. Pasarlo por el Consejo de Seguridad Nacional y hacerlo llegar al escritorio del presidente, así como el desafío logístico de arreglar las múltiples ceremonias que son el estándar cuando el comandante en jefe presenta el galardón más alto de la nación, requería de más tiempo. Cuando la administración de Trump asumió el cargo, el paquete de Chapman regresó al Pentágono para otra revisión.

“Fue rebotado”, dice James, quien culpó a la supuesta táctica dilatoria de los SEAL de que no se pudiera aprobar la condecoración a tiempo. “Cien por ciento, eso provocó el retraso”.

Como nominada política, James dejó el Pentágono al final de la administración de Obama. Cuando se fue, llamó a la madre de Chapman para contarle que el paquete de su hijo había regresado al Pentágono. James se queda sin habla al recordar la conversación. “Pero pensé para mí: ‘Bueno, seguramente, seguramente, seguramente con el general Mattis, regresará rápidamente”, recuerda. Pero, de nuevo, su optimismo era infundado.

 

“MÁS ALLÁ DEL LLAMADO DEL DEBER”

Poco antes de la investidura de Trump, la Armada sorprendió a quienes observaban de cerca la saga de la promoción de Chapman. Como parte de la revisión de condecoraciones dirigida por Carter, el servicio recomendó que la Cruz Naval de Slabinski también fuera promocionada a la Medalla al Honor. Un SEAL de Mako 30 dice que oyó por primera vez la confirmación de la intención de la Armada a mediados de enero de 2017, pero la había supuesto por rumores pocos meses antes. Por lo que les oyó a otros SEAL después, parecía que la Armada veía esto como un quid pro quo por la promoción de Chapman. “Empezó a volverse: ‘O damos dos o no damos ninguna’”, dice el SEAL de Mako 30. (Él también pensó que la Armada habría recomendado una promoción para Slabinski incluso si la Fuerza Aérea no hubiera intentado hacer lo mismo por Chapman. Slabinski se la merecía, y la revisión le dio a la Armada la oportunidad de hacerlo realidad, comenta.)

Cuando se esparció el rumor del plan de la Armada a través de la comunidad de operaciones especiales, algunos estaban estupefactos. “Simplemente es increíble que le otorguen la Medalla al Honor”, dice un funcionario de operaciones especiales retirado, pero familiarizado íntimamente con la batalla. “Slab tiene totalmente la culpa de todo lo que sucedió esa noche”. Él y otros sugirieron que la acción de la Armada era una reacción directa a la de la Fuerza Aérea a nombre de Chapman. “No pueden detener el paquete de Chapman”, comenta Mike, el exanalista de objetivos. “Así que ahora están tratando de guardar las apariencias”.

Incluso, miembros del propio servicio de Slabinski fueron tomados por sorpresa. Hasta ese momento, la “narrativa” de la Armada sobre Takur Ghar había sido: “Slab obtuvo una Cruz Naval por su valor esa noche; no dejó a nadie detrás”, dice el oficial de la Armada. “Nunca fue: ‘Lo que Slab hizo merece la Medalla al Honor’”.

Ray Mabus, secretario saliente de la Armada, la última etapa en la cadena de aprobación de la Armada para la promoción, no contestó las llamadas telefónicas para que comentara para este artículo. Thomas Oppel, quien sirvió como su jefe de Estado, dice que aun cuando él y Mabus estaban conscientes de las “opiniones sobre esto que diferían con respecto a si Slabinski merecía esta condecoración”, no era un tema importante de discusión con Mabus, quien aprobó la promoción y la envió a la oficina de Carter.

La Fuerza Aérea decidió no oponerse a la recomendación de Slabinski a la Medalla al Honor. “La Fuerza Aérea nunca ha dicho una palabra negativa sobre Slabinski”, comenta James. “Todos creen que hizo lo mejor que pudo”. Sin embargo, la acción de la Armada creó un problema para el Pentágono. Como dice el excontrolador de combate: “¿Cómo un hombre puede ganar la Medalla al Honor salvando la vida de todos los demás, y el segundo tipo —cuya vida fue salvada por el primero, como él lo reconoce en su declaración testimonial, y quien luego toma la decisión de dar por muerto al primer tipo— también gana la medalla más alta de la nación?”.

Según un exfuncionario de defensa, la respuesta era que, al igual que la Cruz Naval de Slabinski, la promoción no solo cubriría el tiroteo en la cima, sino también su valentía al liderar a su equipo de vuelta a Takur Ghar para tratar de rescatar a Roberts, y luego en guiar a los sobrevivientes montaña abajo hasta estar a salvo. Fueron totalmente las acciones de Slabinski las que persuadieron a John Richardson, almirante en jefe de operaciones navales, de que merecía la Medalla al Honor, dice el exfuncionario de Defensa. “Dada la situación horrorosa en que se hallaba, el ser capaz de liderar al resto del equipo hasta estar a salvo después de perder a dos hombres por fuego enemigo y tener dos más heridos de gravedad, fue más allá del llamado del deber”, dice el funcionario.

Pero, tal vez sensibles al argumento expresado por el excontrolador de combate, los SEAL siguieron objetando la insistencia de la Fuerza Aérea de que Chapman había sobrevivido después de la partida de ellos. Como lo dice un exalto funcionario de la Fuerza Aérea: “Realmente aún seguían poniendo barricadas”.

“LO HARÁN EL CHIVO EXPIATORIO”

Hasta mediados de 2016, los SEAL parecían haber descrito como heroicas las acciones de Chapman antes de que supuestamente lo dieran por muerto. Pero para ese otoño, empezaron a cambiar su postura en aras de resistirse al intento de la Fuerza Aérea de promocionar la condecoración del aviador. En esta nueva versión de los eventos, las acciones de Chapman en los momentos posteriores a que el helicóptero aterrizó, fueron resultado de que desobedeció la orden de Slabinski de ponerse de inmediato bajo cubierto y contactar la aeronave de combate arriba, para que pudiera disparar en apoyo del equipo. “Básicamente, estaban a punto de ingresar… y él simplemente echó a correr, con las armas disparando, totalmente fuera del manual, fuera del guion, buscando la gloria, lo que sea”, dice el oficial de la Armada familiarizado con la controversia. “Esa fue la manera en que me lo transmitieron”.

Un memorándum del CCOE, obtenido por Newsweek, con respecto a la promoción potencial de Chapman incluye una nota anexada por un representante del Equipo 6 el 21 de septiembre de 2016, que expresa el siguiente argumento: “Las acciones fueron inconsistentes con las órdenes dadas al ST Chapman”, dice la nota. “Desatendió su responsabilidad primaria de establecer comunicaciones con el apoyo aéreo, y si él se hubiera consolidado inicialmente con el equipo y establecido las comunicaciones, ello habría permitido la identificación positiva del equipo, su ubicación, y habría permitido fuegos AAC [apoyo aéreo cercano] que podrían haber salvado a Chapman y evitado las heridas de los otros dos miembros del equipo”.

Este nuevo viraje prendió a los partidarios de Chapman, quienes lo vieron como un intento desesperado de arruinar su condecoración. “Esa se convirtió en su postura cuando ya nada funcionaba”, dice el excontrolador de combate. “En el lado de la Fuerza Aérea de la ecuación, nuestra decepción en ese momento era absoluta. Porque era algo así: muchachos, con el fin de proteger su imagen, mancharemos el legado de un hombre de quien todos ustedes estuvieron de acuerdo que les salvó la vida a todos hace 15 años, pero ahora, para proteger la marca [SEAL], lo harán el chivo expiatorio”.

El supuesto intento de los SEAL de cambiar la narrativa sobre las acciones iniciales de Chapman tampoco pudo persuadir a altos funcionarios del Pentágono que finalmente tomarían la decisión de hacer avanzar o no la recomendación a la Casa Blanca. Como dice uno de ellos: “Hubo algunas personas que dijeron: ‘Vamos, no se suponía que él fuera a la izquierda; se suponía que iría a la derecha”, a lo cual todos dijimos: ‘El maldito enemigo estaba a la izquierda. Él fue hacia el sonido de las armas, ¡así que cállense!”.

Un SEAL de Mako 30 dice no recordar que alguien acusara a Chapman de no obedecer las órdenes, y que hasta donde sabía, los SEAL no tenían ningún problema con reconocerle su heroísmo “hasta el momento en que a Chapman le dispararon”. Pero, añade, las supuestas acciones del aviador después de ese momento fueron “lo que la Fuerza Aérea usaba para promocionarlo”. Eso irritó a los colegas de Chapman en Mako 30, quienes aún no están convencidos del argumento de la Fuerza Aérea de que su colega sobrevivió después de que se retiraron. “La forma en que unieron las piezas —dice el SEAL de Mako 30— simplemente no encajaban”.

Mattis, el secretario de defensa, ordenó a su segundo, el coronel infante de Marina retirado Bob Work, y al presidente del estado mayor conjunto, el general infante de Marina Joseph Dunford, que evaluaran los méritos de ambas nominaciones. Celebraron una serie de reuniones contenciosas de alto nivel en el Pentágono. La naturaleza única del caso de Chapman fue el factor principal que una vez más retrasó el proceso, según un exfuncionario de defensa familiarizado con las discusiones. Altos funcionarios del Pentágono estaban preocupados de que no hubiera recuentos de testigos oculares del heroísmo de Chapman.

Una constante en las discusiones: las alianzas de las diferentes “tribus” de operaciones especiales y las conexiones directas de varios líderes de la lucha en Takur Ghar. Además de Thomas y Szymanski, Joe Votel, general del Ejército y director del Comando Central de Estados Unidos, tenía un interés personal en la refriega en la cima de la montaña. Al momento de la batalla, él comandaba al 75º Regimiento de Comandos, lo cual significaba que era el jefe de Thomas. Los comandos que murieron también eran sus hombres. El comandante del Equipo 6 de 2015 a 2017 también había trabajado para Szymanski en Bagram durante Anaconda. Como resultado, dice un exfuncionario de defensa, “no había observadores completamente objetivos en toda esta cosa”.

“UNA CABEZA EN BANDEJA”

Conforme los dos paquetes se abrían camino por el sistema, algunos funcionarios militares expresaron su preocupación por varios episodios cuestionables en el pasado de Slabinski. La ley federal dicta que un miembro de servicio no puede recibir la Medalla al Honor “si su servicio después de que se distinguió no ha sido honorable”.

Slabinski estuvo asociado con por lo menos tres incidentes controvertidos desde Takur Ghar, según un artículo de enero de 2017 en The Intercept sobre supuestas transgresiones del Equipo 6. El artículo incluía un archivo de audio de un segmento de una entrevista que Slabinski sostuvo con el autor Malcolm MacPherson para su libro Roberts Ridge, el cual cuenta la historia de Takur Ghar desde la perspectiva de Slabinski. En la entrevista, Slabinski cuenta una misión de 2002, no mucho después de la lucha en Takur Ghar, y describe cómo le disparó al cadáver de un combatiente enemigo que él sabía que estaba muerto, solo para ver al cuerpo sacudirse cuando las balas lo alcanzaban. Un exoficial de operaciones especiales que ha oído a Slabinski discutir el mismo incidente, dijo que le sonaba como si pudiera ser interpretado como “un crimen de guerra”.

Los otros dos episodios ocurrieron durante un despliegue de 2007 y 2008 en Afganistán. En uno, Slabinski les dijo a sus hombres antes de una misión que quería “una cabeza en bandeja”, según The Intercept. Slabinski y otros luego dijeron que él hablaba metafóricamente, pero uno de sus hombres parecía tratar de serrar la cabeza de un miliciano muerto. (Slabinski luego dijo a The New York Times que le ordenó al operador que dejara de hacer lo que estaba haciendo.) El Servicio Naval de Investigación Criminal lo revisó, pero cerró el caso después de no hallar evidencia de que los SEAL hubieran infringido las leyes de conflictos armados.

Poco después, el escuadrón de Slabinski estuvo involucrado en otro incidente polémico cuando ancianos locales acusaron a los SEAL de matar a todo hombre que vieron en una misión. Un exalto miembro del Equipo 6 dijo al Times que Slabinski, el hombre enlistado de más alto rango del escuadrón, ordenó a los operadores que mataran a todo hombre adulto que encontraran en la incursión. Slabinski negó haber dado semejante directriz, y una investigación del CCOE no halló ofensa alguna. “Las acusaciones en el artículo de Intercept fueron revisadas por el Comando Naval de Guerra Especial cuando se publicó ese artículo”, dice un funcionario naval. “No se halló que alguna acusación de mala conducta fuera creíble”.

Aun cuando el artículo de Intercept cubrió los tres incidentes, solo el incidente de 2002 llamó la atención de los funcionarios del Pentágono que consideraban si enviar a la Casa Blanca la recomendación de la Medalla al Honor a Slabinski. Como dice uno de ellos: “Tenemos conocimiento del archivo de audio en el que Slab admitió dispararle al cadáver. Sin embargo, nos dijeron que no fue sujeto a una acción disciplinaria. Después de una consideración cuidadosa, se decidió que no era algo que debiera impedirle a Slabinski recibir el galardón más alto de la nación al valor”. No obstante, los funcionarios marcaron la cuestión cuando enviaron la recomendación. “Queríamos asegurarnos de que quienes tomen la decisión final tuvieran conocimiento del incidente”, comenta un exfuncionario de defensa.

Sin embargo, un exalto oficial del Equipo 6 dice que una Medalla al Honor por sus acciones durante la lucha en Takur Ghar obligarían a Slabinski a evocar repetidas veces un episodio especialmente traumático que él ha tratado de dejar atrás. En 2016, Slabinski dijo a The New York Times que le habían diagnosticado trastorno por estrés postraumático y todavía veía “visiones” de figuras moviéndose en cámara lenta en Takur Ghar. “No pienso que él realmente quisiera esta cosa”, dice el exalto oficial del Equipo 6. Pero Slabinski ha aceptado con renuencia que es su “deber” aceptar la condecoración si el presidente la suscribe, añade. “Él será el profesional callado y lo representará lo mejor que pueda”.

“EL HEROÍSMO DE AMBOS”

Para julio, Dunford y Work recomendaron que las condecoraciones para Slabinski y Chapman sean promocionadas a la Medalla al Honor. Mattis envió ambos paquetes a la Casa Blanca en el otoño. Si Trump las aprueba, será apenas la segunda vez en la era posterior al 11/9 que dos Medallas al Honor se otorguen por acciones durante la misma batalla, dice el experto en condecoraciones Sterner.

A pesar de las acciones de los SEAL y el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos, cuando la distinción militar de Chapman fue a la Casa Blanca, incluía una referencia a su lucha después de que los sobrevivientes de Mako 30 se habían retirado. Work finalmente reinsertó esa redacción, dice James. Pero otra fuente le dice a Newsweek que muchos de los detalles relacionados con las acciones de Chapman durante ese periodo serán clasificados “dada la inteligencia técnica que estuvo involucrada”.

Esta noticia, ya conocida por aquellos familiarizados, aumentó la percepción de que el Pentágono trataba de proteger la reputación de los SEAL. “Es parte de tenerle consideración al Equipo 6 de SEAL”, comenta el excontrolador de combate. “Les permite en cierta forma confundir las cosas”.

Lori Longfritz, hermana de Chapman, dice que su prioridad es ver que reconozcan el heroísmo de su hermano, no la política que ha rodeado la acción para promocionar su condecoración. “Solo quiero que John reciba la condecoración que merecía en enero de 2003”, dice a Newsweek. “Lo que suceda aparte de ello no me importa”.

Portavoces del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos y del Comando Central guardaron silencio con respecto a si sus jefes estaban de acuerdo con las promociones a Chapman y Slabinski. Sin embargo, un funcionario de defensa dice que el Comando de Operaciones Especiales no estaba de acuerdo con la promoción de Slabinski, pero sí con la de Chapman, solo con base en sus acciones antes de que los SEAL se retiraran. Hubo una acción tardía para persuadir a Mattis de que no aprobara la promoción de Slabinski, según un alto funcionario del Pentágono. “Hay algo de malestar por la presión de la Armada para promocionar, y algunas personas han expresado dudas… con respecto a si en verdad merece una Medalla al Honor”, comenta el funcionario. “Un par de personas ha tratado de frenarlo, pero parece que el tren ya dejó la estación, a menos de que la Casa Blanca decida lo contrario”.

En cuanto un paquete de Medalla de Honor llega a la Casa Blanca, su aprobación está prácticamente asegurada, dice Sterner. Sin embargo, la administración de Trump todavía tiene que hacer un anuncio con respecto a cada paquete. “La política [del Departamento de Defensa] es no comentar sobre el estado de las nominaciones pendientes a la Medalla al Honor hasta que el galardón sea anunciado por la Casa Blanca o la medalla sea otorgada por el presidente”, dice Eastburn, el portavoz del Pentágono.

“El aspecto de la reputación en todo esto” podría ser por qué la Casa Blanca se ha tomado tanto tiempo en aprobar las condecoraciones, dice un exfuncionario de defensa. En otras palabras, la administración de Trump podría estar preparándose para un revés. “Cuando le pides al presidente que otorgue la Medalla al Honor, quieres asegurarte de que él entienda: ‘Mire, algunas personas verán esto como controversial y podría desarrollarse en la prensa de maneras que desmerezcan el heroísmo de ambos”, dice el exfuncionario.

Cualquier debate sobre las condecoraciones sería injusto para los hombres que serán reconocidos, comenta Sterner. “No debería haber controversia aquí”, añade. “Condecorar a ambos con la Medalla al Honor no le resta nada de prestigio a la condecoración y hace todo para subrayar el verdadero heroísmo de dos militares muy, muy dedicados”. Altos funcionarios del Pentágono finalmente llegaron a la misma conclusión. “Lamento que demorara tanto y que hubiera un debate contencioso, pero estoy satisfecho de que, al final, se tomó la decisión correcta”, dice el exfuncionario de defensa. “Tanto Slab como Chappy fueron guerreros valerosos que ameritaron una Medalla al Honor”.

Esto no garantiza una opinión unánime entre los funcionarios que han observado cómo se desarrolló el proceso. “El suelo está jodidamente empapado como para que nosotros en verdad nos mantengamos firmes en algo de esto”, dice el oficial de la Armada familiarizado con la controversia. Mientras tanto, el Pentágono, añade, trata de silenciar a los detractores. La oficina de Mattis ha “dejado muy en claro que ‘si esta cosa avanza, no queremos oír ninguna voz disconforme o parloteo al margen’”. Ello podría ser una esperanza en vano. “Sé cuán mala puede ser esta historia”, dice el oficial sobre los efectos secundarios potenciales. Lo que le hace preguntar: “¿Por qué estamos metiéndonos en esta sierra circular?”.

Sean D. Naylor, el autor de Not a Good Day to Die: The Secret History of Operation Anaconda, es corresponsal de seguridad nacional de Yahoo News.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation with Newsweek

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