Las alianzas de Fidel Castro en Latinoamérica | Newsweek México


Las alianzas de Fidel Castro en Latinoamérica

En la época de la navegación por velas y vientos, Cuba significó un destino necesario y preciado: personas que encontraban una nueva vida, múltiples opciones comerciales, donde convivían la esclavitud, la agricultura, el industrialismo y un choque natural entre las ideas de una cierta independencia o de una total libertad. La isla que tomó en sus manos Fidel Castro desde 1959 sigue siendo, al día de hoy, un experimento ensortijado. Década tras década, Cuba generó alianzas inconcebibles. Todas tácticas, pero sin perder el norte estratégico: mantener el poder absoluto y llevar la bandera de la revolución cubana tan lejos como fuera posible. Porque si algo tiene la perspectiva de la Realpolitik es que no valora las acciones del poder desde las obras humanas; simplemente, las evalúa a partir de sus causas y consecuencias. Y cada alianza realizada por Fidel tiene su propio peso histórico.

Una conversación y un café

Newsweek en Español conversó con tres analistas políticos venezolanos, cada uno de ellos mantiene una perspectiva de pensamiento claro: la social democracia —Daniel Lara Farías—, el nacionalismo desarrollista —Noel Leal— y la Realpolitik —José Ricardo Thomas—.

—¿Cuáles alianzas serían las más importantes bajo el esquema de Castro Ruz como un creador de lugartenientes con fecha de vencimiento?

DLF: —Sus alianzas fueron con los insurgentes de toda la región. No hubo nadie, quien se alzara contra la democracia y se declarara comunista, que no contara con Fidel. Desde los guerrilleros venezolanos de los 60, hasta los Carapintada argentinos de los 90, pasando por los Tupamaros uruguayos, los del Frente Farabundo Martí del Salvador, Francisco Caamaño en República Dominicana, Sendero Luminoso en Perú…

NL: —Quizás las alianzas más fuertes son las que mantuvo con Daniel Ortega, Salvador Allende y Hugo Chávez… pero creo que Lula Da Silva y Manuel Marulanda fueron esenciales. Sin ellos, estructurar el Foro de Sao Paulo hubiese sido aún más cuesta arriba. Toda la social democracia latinoamericana, de una u otra forma, fue dependiente o buscaba su aprobación y la conexión emocional con Cuba… el yateGramma sigue marcando un nexo especial.

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—Las alianzas más breves y las más estables…

DLF: —Creo que la más larga relación y más importante fue con tres factores. La primera con las FARC colombianas. La segunda con el movimiento sandinista, al cual aportó ingentes recursos e incluso personal, destacando un personaje como Antonio de la Guardia, quien hasta se nacionalizó nica y fue asimilado al ejército regular sandinista. También recordemos que De la Guardia fue uno de los fusilados en el 89 en la “Causa Número Uno” y, por último, veo la relación con el panameño Manuel Noriega. La importancia de estos tres es una: está documentado que con esa tríada se montó la operación de “romper el bloqueo” que derivó en narcotráfico.

NL: —Toda la guerrilla latinoamericana tiene su huella, el único factor, un tanto extraño a mi parecer, es Perú, donde ni Velasco Alvarado, por un lado ni Abimael Guzmán, por el otro, a pesar de comulgar con la misma ideología, fueron grandes adoradores de Fidel Castro.

JRT: —Yo veo alianzas que siguen abiertas en el mundo político y en cierta medida, en algunos reductos sociales las relaciones con Nicaragua y El Salvador. Por otro lado, con Haití y Granada sus relaciones fueron tácticas. Castro sabía ganarse muy bien la mentalidad de los militares, sobre todo con losmilitares izquierdistas en Latinoamérica, vía su culto a la acción, al personalismo, al uso de la estimulación del ego…luego, en una segunda fase viene la conexión Libia y su adiestramiento militar impartido allí.

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—¿Y el caso Venezuela?

DLF: —Su alianza en Venezuela fue una sola y fue con la izquierda insurgente, tanto cuando se alzó, como cuando se mantuvo vegetando durante décadas para asaltar el poder por cualquier vía: vía golpes de estado. Entre ellos, Puerto Cabello, Carúpano, Barcelona, en los años 60; el 4 de febrero de 1989; el 27 de noviembre de 1992; vía frentes guerrilleros —en el estado Falcón y el Cerro Bachiller, apoyados con desembarcos de armas y personal cubano…— y también vía magnicidio, con los planes develados por la inteligencia venezolana para matar a Luis Herrera Campíns, en el desfile militar de 1982, imitando la operación contra Anwar El Sadat —cuyos encargados eran Visconti Osorio y Arias Cárdenas, luego alzados en 1992—. Además, vía electoral, con los protagonistas de 1993, sumados a los actores de todas las aventuras anteriores.

—¿Quiénes más en Venezuela son hijos dilectos de sus enseñanzas?

DLF: —La relación paterno-filial con muchos de los involucrados es profunda y cultivada por décadas con personajes como José Vicente Rangel, Luis Miquilena, el ex canciller Arcaya, Víctor Hugo Morales, Giordani, Pedro Duno, J.R. Núñez Tenorio y varias decenas más.

—¿El mejor alumno… el peor alumno de Fidel fue…?

DLF: —Para mí, el mejor alumno de Fidel es Daniel Ortega. Creo que aprendió eso de sobrevivir, mutar para conservar el poder, prescindir paulatinamente de la manía burguesa de las elecciones y la división de poderes y, lo más importante, calcular bien el alcance de su poder, que nunca ha buscado poseerlo más allá de sus fronteras, para garantizar el control interno. Chávez fue bueno en el control de la imposición progresiva, en mimetizarse y en calcular los tiempos, pero no aprendió de la prudencia hacia afuera. El peor alumno es difícil decirlo, la competencia entre Pablo Escobar, Jimmy Carter y Manuel Antonio Noriega es dura. Pero, lo que sí puede decirse es que, después de los pueblos cubano y venezolano, sus más sensibles víctimas son Allende en Chile y Bishop en Granada, quienes lo tuvieron como aliado, cuando en realidad los despreciaba y los vendió como mejor pudo.

Índice de dolor acumulado

Muchos líderes que hacen política poco piensan en los daños directos o colaterales. Se cree que la historia es una sucesión de eventos impresa en los libros y que solo algunos memoriosos pueden rescatar, en la medida que la opinión pública sufre de amnesia selectiva. En los años 60 las intervenciones comunistas y anticomunistas fueron moneda corriente en el área centro y suramericana. Posteriormente, al final de la década de los 90, el chavismo entra en juego en la región. Un movimiento con exceso de petrodólares y apalancado en una estética y retórica similar al partido Acción Democrática de 1945, pero hiperbolizada. Su aparición resume la suma de todos los males del continente: populismo, peronismo, aprismo, caudillismo, militarismo, mesianismo, revanchismo. Un cóctel de demagogia que ardió sin mucho esfuerzo en un país como Venezuela —monoproductor y estatista, perfecto para generar una línea autoritaria y clientelar, casi de manual— y que también engancharía a una serie de países donde la opción de la aventura muchas veces va de la mano con la inconsciencia, la ignorancia y el hambre de poder de élites o grupos insurgentes. Si algo supo Cuba en medio siglo de fidelismo, fue jugar un riguroso ajedrez con sus figurillas, sacrificadas, a veces, como peones… o movidos a discreción como alfiles.

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