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Libertad, igualdad, fraternidad y… ¡miedo!



PARÍS, FRANCIA.—Por tercera ocasión en apenas 18 meses Francia fue blanco de un ataque terrorista mayor. El pasado 14 de julio, en la simbólica ocasión de la fiesta nacional francesa, un hombre al volante de un camión de 19 toneladas embistió a la multitud que había asistido esa noche, en Niza, a los tradicionales fuegos artificiales. Un atentado que causó la muerte de 84 personas y lesiones a más de 300.

Francia volvió a vivir momentos de profunda emoción, días de duelo, solidaridad y homenajes nacionales como sucedió después de los atentados contra el semanario Charlie Hebdo y el supermercado judío Hyper Casher entre el 7 y 9 de enero de 2015, y la matanza en la sala de conciertos del Bataclan, los cafés de los alrededores y el estadio de Francia el 13 de noviembre de 2015.

Al igual que en París, los habitantes de Niza acudieron en los días subsecuentes al lugar del atentado a manifestar su emoción y llenaron de flores, mensajes y diversos objetos el Paseo de los Ingleses (Promenade des Anglais), ese suntuoso malecón que es una de sus principales arterias y que quedó ensangrentado por el ataque.

Pero en Niza, ese 14 de julio el terrorismo de masa no solo cruzó las fronteras de la capital. Por el perfil de su autor y su modus operandi,este tercer ataque deja la impresión de que el impacto general es mayor, que el miedo crece y que la cohesión nacional se fisura.

“En 15 años de vivir en Niza nunca creí que algo así me sucedería. A pesar de los atentados en París, yo tenía tanta confianza en Francia, me sentía tan segura”, comenta a Newsweek en Español, Sara, psicóloga colombiana que ese 14 de julio pudo haber sido una de las víctimas del terrorista.

El sociólogo Gérôme Truc, autor del libro Sidérations, une sociologie des attentats (Estupor, una sociología de los atentados), publicado en 2016, que ha estudiado las reacciones populares después de varios atentados mayores como los del 11 de marzo de 2004 en Madrid, los del 7 de julio de 2005 en Londres y los de París en 2015, asegura que después de cada atentado las manifestaciones de solidaridad son del mismo tipo, pero su amplitud o evolución cambia según el contexto.

“Por lo general, la población hace frente a una situación de atentados uniéndose detrás del Poder Ejecutivo. Pero con esta repetición de atentados la gente tiene la impresión de que el Poder Ejecutivo no está cumpliendo con su trabajo, no defiende a los ciudadanos lo suficiente, lo cual se traduce por fisuras en la cohesión nacional”, explica Truc.

La primera fisura evidente se manifestó tres días después del atentado cuando, al cabo del minuto de silencio que se observó en el Paseo de los Ingleses, se escucharon numerosos silbidos al momento en el que el primer ministro, Manuel Valls, se retiraba del lugar.

“Después de este tercer atentado hay un aspecto de enojo contra el gobierno que se observó en Niza con motivo del minuto de silencio”, asegura François Bernard Huyghe, politólogo e investigador del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS).

“La impresión es que nada funciona, estamos en estado de urgencia, que se ha prolongado ahora, hay soldados en la calle por todos lados, todo el tiempo nos dicen que debe haber unidad y, sin embargo, siguen los atentados. El miedo nace de la repetición, y el enojo de la ineficacia. Porque son tres grandes atentados, pero también varios más pequeños”, comenta.

La oposición, que ha jugado sobre la unidad nacional sagrada en este tipo de eventos, después de Niza, a pesar de haber respaldado la prórroga del estado de urgencia, se mostró más crítica.

“Esta tercera vez la oposición cambia, el atentado de Niza llega después de meses muy difíciles en el ámbito social y la derecha ya no tiene ganas de parecer tonta una tercera vez, sobre todo por la cercanía de las elecciones presidenciales de 2017”, dice Huyghe.

Las encuestas de opinión también traducen esta nueva desconfianza hacia el gobierno. Si bien el presidente François Hollande rompe récords de impopularidad, sobre todo debido a su gestión económica, los atentados le habían sido favorables y había logrado ganar puntos porque una mayoría de franceses cerraba filas detrás del Ejecutivo. Sin embargo, a raíz del ataque en el Paseo de los Ingleses, el 67 por ciento de los franceses ya no confía ni en Hollande ni en Valls para luchar contra el terrorismo.

Ataque diferente: El tipo de atentado también genera mayor inquietud, ya que el terrorista simplemente alquiló un camión y lo lanzó de manera indiscriminada contra la multitud. Foto: Valery Hache/AFP

Gerôme Truc explica que después de los atentados de París, en provincia el sentimiento era de solidaridad con las víctimas, pero no se sentían en peligro.

“El atentado de Niza cambia eso. Se instala cierto miedo y, por lo mismo, enojo contra dirigentes políticos”, destaca.

El tipo de atentado también genera mayor inquietud, ya que el terrorista simplemente alquiló un camión y lo lanzó de manera indiscriminada contra la multitud.

“El 14 de julio es un evento familiar, en el que la gente comparte, hay música, venden helados, la gente va a pie a lo largo de todo el Paseo”, cuenta la colombiana Sara.

“Yo estaba con mi hijo de siete años sobre la avenida del lado de la playa, le había comprado bombones. Cruzamos el camellón central para irnos del lado de la ciudad. Pero apenas habíamos cruzado cuando se escuchó un ruido increíble, unos gritos terribles, vimos la multitud que corría y de repente ese camión blanco a una velocidad impresionante que pasó a un lado de nosotros, del otro lado del camellón”.

“Nos dimos cuenta de que era voluntario porque iba como buscando a la gente. Con el choque volaba la gente como trapo y después el camión pasaba por encima. Fue algo tan horrible”, cuenta.

El perfil del terrorista difiere de los que perpetraron los atentados de 2015, que habían combatido en Siria o en Afganistán, haciendo la yihad (la guerra santa), y puede parecer más inquietante.

Mohamed Lahouaiej Boulhel, tunecino de 31 años, residente de Niza, es un infrayihadista, según explica Brigitte Juy, psicoanalista y miembro de la Asociación Entr’autres, especializada en la lucha contra la radicalización islamista.

“Los que llamamos infrayihadistas son personas que no expresan abiertamente una radicalización de tipo cultural, pero que desde hace tiempo viven en un ambiente favorable que les sirve para canalizar su voluntad narcisista, de identidad y que, en un momento dado, será su vía de redención.

“No es exactamente una radicalización rápida, pues son gente que vive en esos ambientes desde hace tiempo, que tiene un discurso de odio y ruptura hacia la sociedad que no corresponde a su ideología. Lo que es rápido es la decisión de pasar a la acción”, relata.

“Este hombre desde hacía semanas había cambiado de tipo de vestir y de manera de vivir. Era una señal”. Y añade: “No quiero provocar miedo, pero sí es un perfil que desgraciadamente tenemos con frecuencia en alrededor de 60 por ciento de los casos que vemos”.

Ante un tercer atentado islamista en tan corto tiempo, la respuesta de las autoridades que prolongaron el estado de urgencia y mantienen la presencia militar en las calles no resulta suficiente para analistas como François-Bernard Huyghe, especialista en temas de seguridad, que observan una diversidad de problemas logísticos y una falta de comprensión del problema por parte de las autoridades.

“Por un lado, hay un problema de funcionamiento de los servicios de inteligencia, los diversos servicios tienen problema para trabajar conjuntamente”, señala.

“También falta profundizar en el conocimiento de todos esos perfiles yihadistas, su modo de funcionar, y su ideología”, dijo.

Otros estudiosos como Gérôme Truc también destacan la falta de un trabajo de más largo plazo en los sectores escolar y educativo.

“Lo que vivimos hoy es consecuencia directa del 11 de septiembre; de la manera en la que sociedades occidentales reaccionaron al 11 de septiembre. Las guerras en Irak y Afganistán generaron desestabilización en la región y en nuestros países, toda una generación de gente que llega hoy a los 20, 30 años y que creció en ese mundo y se identificó más del lado de los terroristas que de las víctimas. No hicimos nada para combatir eso”, dice. “No veo al gobierno emprender esa vía, y aunque no es una solución de efecto inmediato, es algo necesario”.

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