La pobreza que mata a la mariposa monarca y sus bosques


La pobreza que mata a la mariposa monarca



La cultura que a lo largo de 30 años se desarrolló para preservar la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca podría estar en riesgo por falta de recursos.

ANGANGUEO, MICH.— Cada agosto, la mariposa monarca inicia un recorrido de 4,000 kilómetros desde los bosques de Canadá y Estados Unidos hasta llegar a México.

En su trayecto por tierras mexicanas cruza Coahuila, Tamaulipas, Nuevo León, San Luis Potosí, Querétaro, Guanajuato, Morelos, Puebla e Hidalgo. Al localizar unas montañas situadas a 3,000 metros de altura sobre el nivel del mar, la Danaus plexippus —el nombre científico de esta especie de lepidóptero— por fin alcanza su destino temporal: los santuarios en los que hibernará entre noviembre y marzo.

La riqueza de la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, ubicada en la frontera de Michoacán y el Estado de México, radica en sus bosques de oyamel, pino, encino y cedro. Ahí también se encuentran 184 especies de vertebrados, de los cuales cuatro son anfibios; hay seis especies de reptiles; 118 tipos de aves y 56 de mamíferos.

No siempre hubo aquí un paraíso medioambiental.

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En la década de los 80, la tala inmoderada afectó considerablemente la zona hasta que, en 1986, el gobierno mexicano emitió un decreto para declarar la reserva como una Área Natural Protegida.

Fue entonces que muchos taladores y leñadores tuvieron que emigrar a las ciudades en busca de sustento. Y otros, guiados por una asociación de biólogos y campesinos, encontraron otras formas de laborar sin dañar los bosques. Aprendieron técnicas de cultivo sustentable, lo cual hoy les permite subsistir. Fue por ello que en 2008 la Unesco reconoció esta reserva como un Bien de Patrimonio Mundial Natural.

Sin embargo, pese a los esfuerzos de activistas y campesinos de la región, algunos de los santuarios ubicados entre las 56,259 hectáreas protegidas para los fines de migración, hibernación y reproducción de la mariposa monarca hoy se encuentran en peligro.

A mediados de febrero pasado, por ejemplo, la Fiscalía General de la República (FGR) informó que decomisó 4,744 metros cúbicos de pino en la reserva de la biosfera correspondiente a la localidad de Rincón de Soto, en el municipio de Aporo, Michoacán.

En la actualidad, los esfuerzos de quienes se han abocado a resguardar los santuarios de esta reserva que da albergue a 84 millones de mariposas, que a su vez contribuyen mantener el equilibrio medioambiental, preservar cadenas alimenticias, controlar plagas y permitir la polinización, son insuficientes.

A esto se agrega que los recursos para que las comunidades rurales hagan buen uso de sus bienes naturales, mejoren su calidad de vida y se involucren en la conservación de la región donde hiberna la mariposa monarca se están reduciendo drásticamente.

Hoy se teme que toda la cultura de protección fincada a lo largo de 30 años se pierda y retorne la tala inmoderada.

Esto comprometería la existencia de la mariposa monarca que hoy es un organismo de referencia para determinar los impactos en un ecosistema e, incluso, en el cambio climático.

BOSQUES SIN TALA

La reserva en Michoacán y estado de México alberga a aproximadamente 84 millones de mariposas. CARLO ECHEGOYEN/NEWSWEEK MÉXICO

“La comunidad estaba acostumbrada a vivir del bosque, de ahí se agarraba toda la madera”, relata Lucino Gutiérrez Morales, campesino y jefe de tenencia de la comunidad de Francisco Serrato, en Zitácuaro, Michoacán. “El bosque era fuente de trabajo de la gente de la localidad, y con ese decreto a muchas personas les pusieron un obstáculo, pues de dónde iban a sacar para comer, era la fuente de empleo de la comunidad”.

Lucino (35 años) vive en una comunidad enclavada en un tramo de la reserva de la mariposa monarca. Los árboles de su localidad pertenecen a esa biosfera. Recuerda que “mucha gente resintió el decreto porque ya no tenía acceso a trabajar en el bosque, y otra gente le tuvo que buscar por otros medios para seguir viviendo. Por ejemplo, muchas personas emigraron a las ciudades y se desestabilizó la comunidad”.

Don Guadalupe Garduño Velázquez es otro campesino cuya familia resintió los efectos del decreto contra la tala. Radicado en la comunidad indígena Carpinteros, en Zitácuaro, la mayor parte del bosque de su localidad pertenece a la reserva. “En zona núcleo tenemos como 220 hectáreas, y en zona de amortiguamiento son unas 230. Tenemos un total de 450 hectáreas de la reserva”, explica.

“Yo era muy joven cuando se dio el primer decreto —agrega— pero mi papá sí se dio cuenta bien. Antes se dedicaban a sacar madera del bosque y a sembrar maíz. Ya después de que se decretó la reserva mucha gente tuvimos que emigrar a las ciudades a trabajar, unos nos fuimos a Guadalajara, otros a Estados Unidos o a Ciudad de México”.

Para reforzar la preservación de la mariposa monarca hace un par de décadas científicos y campesinos acordaron trabajar en conjunto. Echaron a andar un modelo de desarrollo integral sustentable con el que capacitan e instruyen a las comunidades rurales en técnicas de cultivo, el uso apropiado de los recursos naturales, para que hagan mejoras a sus hogares y produzcan lo que consumen. Y que con esto, al mismo tiempo, participen en la preservación de la reserva de la biosfera.

AGROECOLOGÍA Y AGRICULTURA DIGITAL

Con la filosofía de que el desarrollo sustentable es clave para lograr que la agricultura permita a la población combatir la pobreza, el hambre y el cambio climático, los científicos y campesinos, agrupados en una asociación civil conocida como Alternare, desde 1998 se avocan a capacitar a campesinos, con conocimientos y estrategias para que generen bienestar en sus comunidades y mejoren su calidad de vida.

Asimismo, han puesto en marcha programas de agroecología y agricultura digital, los cuales incentivan el resguardo del fenómeno migratorio de la mariposa monarca y promueven el desarrollo rural en 11 municipios, con lo cual se ha beneficiado a unos 78,000 habitantes.

“Tras el decreto de 1986, la gente empezó a buscar otras opciones, como darle más prioridad al campo”, relata Lucino Gutiérrez, el campesino de la comunidad de Francisco Serrato.

Y agrega: “Con el tiempo, llegó la asociación, y con las comunidades empezó a trabajar y dar talleres de concientización, de que hay que proteger el bosque porque de ahí vamos a vivir. Al mismo tiempo, aprendimos a darle un buen uso a los recursos naturales, y con los talleres algunas personas vieron otras alternativas de cómo seguir viviendo en la localidad o emprender proyectos productivos en el campo”.

De esta forma, en las comunidades comenzaron a implementar técnicas de autoconsumo familiar, como la producción de hortalizas de traspatio, para que las familias pudieran obtener verduras sin pagar ellas. “Dieron unos talleres de cómo sembrar esa verdura que se ocupa para nuestra alimentación, y eso ayudó mucho porque la gente aprendió a producir cilantro, lechuga, brócoli, col o coliflor para nuestra propia alimentación, todo sin fertilizantes químicos, producidos de manera natural”, detalla el agricultor.

Varias de las técnicas adoptadas ya eran conocidas por los campesinos, pero estaban mal ejecutadas: “Prácticamente todo lo que se usa para producir verdura se tenía en la comunidad, por ejemplo el estiércol, y solo aprendimos a compostearlo y aplicarlo al suelo. En las comunidades tenemos caballos, vacas, borregos, chivos, pollos, pero no utilizábamos de manera adecuada el estiércol, ahora lo aprovechamos en la producción de verduras y árboles frutales. También aprendimos a construir estufas ahorradoras de leña, que ayudan mucho a la salud y al bosque. La estufa se ocupa mucho para hacer las tortillas, la comida, calentar agua, y usan muy poca leña”.

PROYECTOS PRODUCTIVOS

Otro eje de la asociación Alternare es generar ingresos para las familias de la región a través de proyectos productivos. Mediante técnicas de bajo impacto ambiental, grupos de campesinos son adiestrados en la producción de miel y en la elaboración de jarabes y pomadas. Sin embargo, el proyecto más importante es el de la zarzamora, en el cual 31 agricultores producen el fruto y lo exportan a Estados Unidos con la certificación de orgánico.

El campesino Lucino Gutiérrez es uno de esos productores. Aunque en sus tierras siembra maíz, frijol y trigo, ha decidido trabajar también con la zarzamora para mejorar su economía.

“Mucha gente ha optado por el cultivo de aguacate —señala—, pero nosotros estamos con la zarzamora para sacar un poco de ingresos para subsanar todo lo que ocupamos y tener algo económico para la familia. Es un proyecto nuevo en la región, tenemos el clima que nos favorece y un poquito de agua. Es un cultivo que requiere mucho trabajo y compromiso porque se produce orgánicamente, no le metemos químicos”.

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Por su parte, el agricultor Guadalupe Garduño hoy en día se dedica a la producción de aguacate y maíz. La vida de su comunidad comenzó a cambiar hace unos diez años, cuando los pobladores recibieron capacitación para trabajar la tierra de manera más efectiva y mejorar sus hogares con tanques de agua o baños secos.

“También empezamos a valorar los bosques de la mariposa porque uno no sabe lo que tiene”, reflexiona don Guadalupe. “Mucha gente de mi comunidad dice: ‘Es que para qué cuidamos el bosque si el gobierno no nos ayuda nada’. Pero no hay que verlo así, pues tenemos un santuario de la mariposa monarca muy bonito, y eso lo motiva a uno a seguir cuidándolo. Además, el bosque es una parte del ecosistema, y si acabamos con él y plantamos puro aguacate de dónde vamos a sacar agua. Por eso los árboles son una parte importante en las comunidades”.

La actual reserva de la biosfera se sitúa en medio de una cadena montañosa localizada a unos 100 kilómetros al noroeste de Ciudad de México. La zona protegida abarca áreas de los municipios mexiquenses Temascalcingo, San Felipe del Progreso, Donato Guerra y Villa de Allende, así como de los ayuntamientos michoacanos Contepec, Senguío, Angangueo, Ocampo, Zitácuaro y Aporo.

ALTERNATIVAS SUSTENTABLES

Alternare ha tenido mucho que ver en los trabajos de conservación y desarrollo sostenible de parte de la reserva.

A lo largo de 20 años, sus baterías se han enfocado en el desarrollo de procesos de capacitación para comunidades rurales en el uso, manejo y valor de los recursos naturales.

El objetivo es implementar soluciones integrales para la problemática socioambiental en la reserva. Para lograrlo, echa mano de estrategias que fomentan el correcto manejo de los recursos naturales y que aseguran la conservación del hábitat de la mariposa, así como los servicios ambientales que este provee. El objetivo es dar una mejor calidad de vida a las comunidades asentadas en la región.

Guadalupe del Río, bióloga egresada de la UNAM y presidenta de la asociación, explica que la asociación se ha vuelto un programa que ofrece alternativas sustentables para el campo y el campesino.

“La idea que tuvimos cuando la fundamos es que la gente que vivía de la explotación del bosque tuviera alternativas de vida. La base para que estas alternativas prosperen es el fortalecimiento de las capacidades. Nosotros no vamos a las comunidades a hacer cosas para la gente, más bien la capacitamos para que produzcan más, formen una empresa, reforesten, cuiden el bosque”.

Los trabajos con las comunidades se conducen con base en cuatro grandes ejes de acción. El primero es un programa que instruye a personas para que guíen a sus comunidades hacia un desarrollo sostenible y de conservación de los recursos naturales. El segundo consiste en un modelo alternativo de producción, cuyo propósito es generar una autosuficiencia alimentaria que permita a las familias campesinas satisfacer sus necesidades básicas.

Otro eje está dedicado a la preservación de los bosques y el agua y pretende contribuir a la conservación de la microcuenca río San Juan Zitácuaro, una de las más grandes de Michoacán. Y la meta del último eje es generar ingresos para las familias a través de proyectos productivos y técnicas de bajo impacto ambiental, como el de la zarzamora.

En tanto que un pilar fundamental es el adiestramiento, la asociación echó a andar un centro demostrativo y de capacitación. Localizado en el ejido Rincón de Soto, en Aporo, Michoacán, abarca ocho y media hectáreas y cuenta con una estructura de plan de estudios y actividades para los capacitados.

El sitio funciona también como centro de demostración, pues ahí se practican las técnicas relacionadas con la conservación de los recursos naturales. Además, aquí se exhiben aquellos trabajos que después son realizados en las comunidades, como casas sustentables de adobe, baños secos y estufas de leña.

“Aquí se aplican más de 40 técnicas de bajo impacto ambiental, así es como nosotros ayudamos a la conservación de la región y a mejorar la calidad de vida de las personas de la reserva”, comenta Alma Navarrete, capacitadora en el centro. “Por ejemplo, las comunidades aprenden a transformar sus plantas medicinales y colectarlas pertinentemente. Los nopales los transforman en pomadas para bajar la fiebre, los magueyes los convierten en jarabe para fortalecer los pulmones”.

Una de las técnicas más relevantes que han aprendido los campesinos de la región es la rotación de cultivos, indispensable para evitar las plagas y enfermedades. En México, en la década de 1960, a los agricultores se les enseñó que no era sano para la tierra intercalar frijol, calabaza y maíz en una sola siembra. Lo ideal era que todo el campo lo sembraran de un solo producto, con lo que se dio paso al monocultivo.

“Eso hoy nos ha obligado a buscar algo para curar las enfermedades y las plagas del maíz porque, como siempre va a haber maíz, las plagas llegan seguras de que lo encontrarán. La rotación de cultivos es un controlador natural de plagas, y eso lo saben los campesinos de la región”, apunta la capacitadora.

Por su parte, Karen Vega, igualmente miembro de la organización, manifiesta que es imposible pedirles a los habitantes de la reserva que conserven el área cuando tienen niveles de ingresos bajos y habitan comunidades en condiciones de pobreza: “Conservación y desarrollo van de la mano. No podemos pensar en conservar si no estamos gestionando un desarrollo sustentable en el caso de una reserva como la mariposa monarca”.

Por tal razón, lo primordial es garantizar seguridad alimentaria y vivienda digna a las comunidades. Después vendrán los trabajos de conservación del bosque y el agua y para generar ingresos con proyectos productivos.

“En tres ciclos cuidamos a la naturaleza, garantizamos la alimentación, tenemos vivienda digna y tenemos ingresos, así se crea un círculo virtuoso”, resume Karen Vega.

EN POS DE RECURSOS

A lo largo de cuatro meses, la reserva de la mariposa monarca atrae a más de un millón de turistas cada año.

De noviembre a diciembre, los santuarios —algunos convertidos en centros ecoturísticos— reciben recursos de un turismo deseoso de pasear en los bosques y observar las mariposas. Para los visitantes, además, se disponen guías, restaurantes con alimentos típicos y atracciones extras como tirolesas y paseos a caballo.

Sin embargo, después de marzo, cuando la mariposa monarca emprende su viaje de vuelta a tierras estadounidenses y canadienses, los santuarios ven cómo el turismo disminuye de forma considerable.

Ante la baja de ingresos, los pobladores que ofrecen los servicios a los turistas se ven en la necesidad de buscar otras formas de subsistencia.

El tema de los recursos es un asunto que preocupa sobremanera a Alternare. En tanto que se trata de una organización sin fines de lucro, sabe perfectamente el gran reto que significa seguir adelante aun con la dificultad que implica conseguir financiamiento.

“Nosotros logramos recursos buscando fondos con otras organizaciones de segundo piso, que son las fundaciones que tienen dinero para dárselo a grupos operadores como nosotros”, explica Guadalupe del Río, presidenta de la asociación. “Ellos generan convocatorias anuales y nosotros competimos para ganar esos fondos, y es como nos hemos financiado”.

No obstante, esta dinámica significa un problema grande, pues debe realizarse cada año y, en un momento dado, no se sabe si se contará con los suficientes fondos para seguir adelante.

“También tenemos un programa con una tarjeta de crédito para que la gente que nos quiera ayudar nos dé 100 pesos o lo que desee mensualmente. Otra de las formas que tenemos para mantenernos es buscar donaciones, y ahora queremos abrir la puerta a empresas por la parte de responsabilidad social, presentarles nuestro proyecto y ver si quieren apoyarnos o becar a alguno de los chavos que capacitamos”.

Si los trabajos de preservación sustentable de la reserva dieran marcha atrás, la primera afectada sería la mariposa monarca. Cuanto más disminuya la cantidad de mariposas, más impactos adversos sufrirá el ecosistema, pues los lepidópteros transportan el polen de las flores a diversas plantas.

Además, las mariposas son excelentes bioindicadoras del estado de salud de los ecosistemas naturales y reflejan las condiciones de conservación o de alteración de los ecosistemas debido a la estrecha relación planta-animal.

Por ello su preservación es una prioridad, sobre todo cuando conservar las reservas y santuarios ha generado opciones de subsistencia para unas 78,000 personas de 11 municipios. Ello sin contar que ha significado una opción laboral para los jóvenes en un territorio que se ha librado de la violencia que actualmente padecen los municipios del norte, sur y oeste de Michoacán.

Pero sin recursos, la preservación de la reserva de la mariposa monarca se vería seriamente afectada. Sin un sostén económico, campesinos y agricultores que hoy son apoyados para que cuiden la naturaleza y tengan alimento, vivienda digna e ingresos, podrían volver a la tala de árboles.

“El futuro que nosotros vemos para que esto no muera es volvernos autosuficientes —concluye la presidenta de Alternare—. Ya lo estamos haciendo con la producción de zarzamora y arándano junto con las comunidades, nosotros también somos ya una SPR [Sociedad de Producción Rural] para poder sacar recursos de la venta de zarzamora. Eso lo tendremos que hacer porque cada vez se hace más difícil conseguir fondos”.

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