Los límites físicos están en la mente


Los límites físicos están en la mente

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Luis Álvarez y Marcos Velázquez forman una pareja perfecta cuando se trata de competir en un triatlón. Son un ejemplo de que la ceguera no impide llegar a la meta.

 

Marcos y Luis trabajan a un metro de distancia. Si se separan, las cosas no salen bien; si no se coordinan, uno cae; el otro falla. Luis ha aprendido a ser paciente; Marcos, a soltar y dejarse guiar. Ambos son atletas, el primero es una persona ciega que cruza selvas y mares en triatlones, el segundo ha conquistado las siete montañas más altas del mundo y ha completado 155 carreras Iron Man. Quienes los miran pasar se sienten motivados y, en ocasiones, en la siguiente competencia los vuelven a encontrar, pero ya no como espectadores, sino como participantes.

Luis Álvarez comenzó en el deporte a los 23 años. En aquel entonces, este mexicano, que ha participado en todos los Iron Man del mundo, pesaba 94 kilogramos y fumaba, desde los 12 años, una cajetilla de cigarros al día. ¿Qué lo hizo cambiar radicalmente de forma de vida? Una carrera de cinco kilómetros que organizaba la universidad en la que estudiaba. Él fue el único alumno que no pudo llegar a la meta. La derrota lo llevó a ponerse su primer reto: completar una carrera de diez kilómetros en los próximos cuatro meses.

Su primer triatlón lo hizo en 1986, a los 32 años de edad. Cinco años después escuchó que existía el Iron Man: “Era una locura y nadie en México lo hacía, no había entrenadores, en verdad no sabías si te ibas a morir al final. En esa época había siete Iron Man en todo el mundo y me propuse hacer todos y lo cumplí. Desde hace más de 20 años hago todos los del mundo, por eso llego a la cifra de 155”, dice emocionado en la sala de su casa en Ciudad de México, sonriendo, al recordar el camino recorrido desde su primer Iron Man, hace 20 años.

La historia deportiva de Marcos Velázquez comenzó años más tarde. Él es ciego de nacimiento y a los 38 años se cansó de intentarlo todo sin lograr nada. Vivía también en Ciudad de México, pesaba 110 kilógramos y hoy describe al Marcos de esa época como un hombre flojo, sin fuerza de voluntad que no disfrutaba del ejercicio. “No tenía nada que ver con ser ciego, era simplemente flojera”, cuenta en una conversación telefónica. Entonces se mudó a Playa del Carmen, en donde se unió a un grupo de corredores que participaba en maratones y carreras en la Riviera Maya.

FOTO: ESPECIAL

UNA DERROTA QUE LE CAMBIÓ LA VIDA 

Cuando Marcos quiso hacer su primer triatlón, sus compañeros de carreras le aseguraron que no podría lograrlo, pues había un tramo que se hacía en bicicleta en la selva y, además, tenía que nadar en el mar. Marcos ni siquiera sabía nadar, pero estaba determinado a completar ese triatlón y, con la ayuda de uno de sus compañeros, el único que en ese momento confió en él, aprendió a nadar tres días antes de la competencia.

“Te daban dos horas para terminar el triatlón y nosotros nos tardamos dos horas y media. Fue tan emotivo escuchar a mi esposa y a mi hijo gritando emocionados y la forma en que, a pesar de ya estar entregando las medallas, hicieron que la gente regresara a la meta para echarnos porras, en ese momento supe que quería seguir haciendo eso”, cuenta Marcos desde su casa en Playa del Carmen. A través del teléfono se escucha la risa de su esposa.

Después de esa experiencia, Marcos entendió que tenía una misión y quiso hacer todas las carreras, maratones y triatlones que se pusieran en su camino. Pero lo alcanzó la realidad. “Mi esposa y yo nos dimos cuenta de que no podíamos solos, todo cuesta: la bici, el equipo, el viaje, el hospedaje, la comida, todo. Pero también nos dimos cuenta de que, aunque yo no soy muy rápido, mi condición de invidente inspiraba mucho a la gente. Así nació un proyecto que se llama Cruzando Metas, en donde nos abrimos al mundo. Contamos mi historia y empezamos a buscar patrocinios”, dice sobre su organización, que tiene como meta principal animar a las personas a acercarse al deporte.

Después de un episodio de ceguera temporal, Luis quedó muy tocado por la situación que atraviesan las personas ciegas. FOTO: CARLO ECHEGOYEN/NEWSWEEK EN ESPAÑOL

EL PUNTO DE QUIEBRE DE LUIS

Luis alcanzó la cima del Éverest en 2013, pero al descender, cuando iba a 8,300 pies, se le quemaron las córneas y se quedó ciego. “Fue muy complicado, en especial porque nadie te va a cargar para bajar, si no bajas por tu propio pie te mueres y en ese momento existía una gran probabilidad de que yo muriera. Estuve 14 horas en la zona de la muerte sin oxígeno, sin comer, deshidratado y sin poder abrir los ojos”, cuenta mientras da un sorbo a su whisky.

Cuando ya estaba cerca del primer campamento, narra, encontró a unos amigos mexicanos que comenzaban su acenso. Se detuvieron y lo ayudaron a bajar seguro hasta el campamento, sacrificando así su acenso por la vida de Luis. “Me rompí dos costillas y me troné las dos rodillas. Para cuando llegué al campamento me abrieron los ojos y ya podía ver algunas sombras, supe que iba a recuperar la vista, pero aún me faltaban 30 horas para llegar al campamento base y cuatro días para llegar a México”. Tardó tres meses en recuperar por completo la visión.

Luis Álvarez y Marcos Velázquez forman una pareja perfecta cuando se trata de competir en un triatlón. Son un ejemplo de que la ceguera no impide llegar a la meta.Después del episodio de ceguera quedó muy tocado por la situación que atraviesan las personas que viven sin poder ver en un mundo que no está diseñado para ellos. Así, cuando Marcos se le acercó para pedirle que lo acompañara a hacer un Iron Man, respondió que sí. Hasta el día de hoy han completado juntos cuatro de estas competencias. “Es mi compañero en esto y es un gran ejemplo para demostrarle a la gente que sí se puede, que no hay que quejarnos de lo que nos sucede en la vida porque todo lo podemos usar para crecer y ser mejores. Hay quienes completan el Iron Man sin piernas, sin brazos o sin vista. Todos pueden hacerlo”.

Sobre el proceso, Marcos explica: “Cuando nadamos lo hacemos con un arnés que va de cintura a cintura y nos separa un metro de distancia, entonces los dos podemos bracear muy bien, pero él tiene que ir a mi ritmo. Él ha aprendido a tener paciencia, a esperarme, escucharme y a sentirme en el agua. Hemos hecho una buena mancuerna, usamos una bici doble que pesa 13 kilos y nos ha ido muy bien”.

CRUZANDO METAS

Dice Marcos que en México solamente hay tres personas con discapacidad visual haciendo triatlones y que él nunca se los ha encontrado en estas competencias; según cuenta, no coinciden porque son muy pocos. Ahora, con Cruzando Metas, Marcos ha invitado a otros atletas, como Nora Toledano, a guiarlo en carreras o competencias y asegura que para ellos es una experiencia gratificante acompañar a una persona con discapacidad visual en estas cruzadas.

“En Texas éramos tres (haciendo el Iron Man) y ya con tres invidentes abren la categoría. Las dos veces que he ido hemos quedado en primer lugar. Es una muy bonita experiencia, no somos rápidos, pero la experiencia que dejamos y sentimos es muy padre”.

“En cada competencia que hacemos hay al menos tres personas que hicieron el Iron Man porque nos vieron, a mí y a Luis, hacerlo el año anterior. En cada triatlón hay quien me dice: ‘Yo te vi y ahora voy a hacer este triatlón’. Marcas como Speedo me patrocinan ahora gracias a esta iniciativa que es Cruzando Metas”, cuenta, y agrega que nunca imaginó que las cosas serían así, pues al inicio Marcos corría para desgastar toda la energía que había acumulado en 38 años.

NO PODRÍAN LOGRARLO SOLOS

Marcos no está solo en esto, y además de contar con el apoyo de distintos atletas y de formar parte del grupo Atletas Mayakoba, cuenta con su esposa, quien se encarga de las redes sociales, la página de internet, de conseguir los patrocinios y de contar la historia de Marcos para que más personas se enamoren de su proyecto. En el sitio venden unas playeras que dicen “No intento nada. Logro todo”, y con el dinero que recaudan, dicen, seguirán cruzando metas.

Luis corre motocicletas, fuma puros, bebe alcohol, tiene novia y un hijo. “El balance no existe; es una mentira”, dice riendo. “Tratas de hacer lo mejor que puedes, pero la verdad es que le robas tiempo a distintas actividades. Yo me siento muy afortunado de tener una novia que me acompaña y que es parte de todo lo que hago, eso lo hace más fácil”. También su hijo, al que a los seis años llevó a subir el Ajusco y quien a los 18 se convirtió en la persona más joven en completar un Iron Man.

LA VIDA NO LOS DETIENE 

Podríamos pensar que Luis y Marcos están satisfechos con los retos que han conquistado en su vida, pero su forma de ver las cosas es distinta. Su plan es no parar. Luis quiere cruzar nadando el Canal de la Mancha, dar la vuelta a Manhattan sin traje de neopreno y cruzar a la isla de Catalina. Además de las carreras icónicas en bicicleta, como el Race Across America y los maratones más complicados del mundo: el de la Muralla China, el maratón de la Antártida y los Six Majors, pero todos el mismo año.

Marcos quiere hacer, junto con Luis, todos los Iron Man del mundo para poder competir en el de Hawái. Además de seguir nadando con Nora Toledano y con todos los atletas que quieran seguir cruzando metas.  

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