Urge que la salud medioambiental se convierta en política de Estado: Julia Carabias




La científica habla de la salud medioambiental del país y la urgencia de que el asunto se convierta en política de Estado

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, Newsweek en Español conversó con Julia Carabias Lillo, la bióloga mexicana que en el año 2004 en Japón recibió el Premio Internacional Cosmos, galardón de mayor prestigio en materia medioambiental y quien ha formado parte de los comités científicos de la ONU y otros organismos internacionales.

–¿Cuál es la situación actual del medio ambiente?

–Es muy crítica. Las sociedades cada vez son más urbanas que rurales con relación al medio ambiente, y perdemos el entendimiento de que las necesidades básicas para la sobrevivencia de la especie humana dependen completamente de la naturaleza. Las sociedades se han acostumbrado a pensar que los alimentos surgen del mercado y el agua de las tuberías. Eso deriva de que no existe una política de desarrollo adecuado, en el que pueda haber un proceso armónico entre el bienestar de las sociedades urbanas y la preservación de los recursos naturales.

– Usted dice que el medio ambiente debe ser política de Estado ¿Cómo debe ser esa política?

–El tema es transversal. No es posible gestionar nada sin que tenga relación con el medio ambiente es la parte económica, el contexto social, el tema de producción de alimentos, energéticos, el abasto de agua, la salud. No hay forma de ver el medio ambiente como un punto aislado, aunque así se manejó durante muchas décadas y por eso hemos tenido tantos problemas.

La transversalidad atañe responsabilidades compartidas porque ni la sociedad ni el gobierno estamos dando los pasos necesarios para hacer el cambio. Ahora parece que el tema ambiental está en la agenda de todos, pero no con la importancia que requiere, es sólo como compromiso en los planes de desarrollo, pero requerimos cambios radicales que impliquen una economía basada en bajas emisiones de carbono, respetuosa en la extracción de agua, biodiversidad, suelo.

Y sobre todo, el enfoque en los patrones de consumo, insisto en ello porque es lo que nos toca hacer a cada uno. Y esto no quiere decir que renunciemos a ningún estándar de bienestar, sino que debemos poner más cuidado. Por ejemplo, no podemos seguir consumiendo esas cantidades de popote o las bolsas de plástico para cualquier cosa que hagamos, o que compremos. De uno en uno parecería que no pasa nada, pero somos 7 mil millones de habitantes en el planeta, y se están construyendo islas de basura en el mar que están entrando a la cadena trófica provocando problemas muy serios en poblaciones marinas.

En este ámbito, la voz de Carabias ha abierto brecha. Su constante labor de visibilizar el tema medioambiental como imprescindible en la agenda de políticas públicas, le hizo acreedora, en 2017, a la Medalla Belisario Domínguez, el máximo galardón para una ciudadana en México.

– ¿Cuáles son las prioridades que deberá considerar el próximo gobierno?

– Un tema muy importante es que la planeación de la política económica debe estar basada en un proceso que emita menos carbono. Hay que encaminarse seriamente a movernos con energías limpias para el uso doméstico e industrial, eso va a contribuir a disminuir sustantivamente las emisiones y el deterioro medioambiental.

Tres lecciones de una bióloga pro cultura medioambiental

Carabias combina su labor científica con el ámbito académico y, con un talento pedagógico, explica las causas y consecuencias del deterioro medioambiental.

Primera lección: Los ecosistemas son un complejo de especies, plantas, animales y microorganismos que funcionan e interactúan entre sí. Esas formas de interactuar generan el conjunto de beneficios que da equilibrio a la naturaleza. Es ese equilibrio el que el ser humano trastoca con la sobreexplotación. No nos pensamos como una especie más de la naturaleza, y somos solo eso: una especie más.

Segunda lección: La sobreexplotación de los recursos naturales engendra a los enemigos del medio ambiente, como la pérdida de ecosistemas y de su biodiversidad, deforestación, escasez y contaminación de los recursos hídricos provocado también por el inadecuado manejo y confinamiento de residuos.

De toda la historia de la humanidad, han sido los últimos 50 años donde los seres humanos han transformado los ecosistemas más rápida y extensamente. Para el caso de México, el Informe del Medio Ambiente que elabora la Semarnat identifica la pérdida de ecosistemas prácticamente en todo territorio.

Tercera lección: una vida en busca de soluciones.

Julia Carabias junto con un grupo de colegas logró colocar la problemática medioambiental en la agenda pública, en un camino que comenzó en las aulas de la Facultad de Ciencias en la UNAM, luego su trabajo en la sierra de Guerrero, las selvas en Chiapas, su paso al frente de Semarnat y en organismos internacionales.

Su trayectoria ha sido paralela a la de episodios tornados encrucijada para el país. Como titular de Semarnat (1994-2000) le tocó enfrentar los feroces incendios que en 1998 registraron una frecuencia e intensidad inusitadas: 14 mil 445 que afectaron 850 mil hectáreas.

Aquel episodio fue lo más difícil con lo que ha lidiado en su vida: “Me tocó atender hasta 150 incendios al día. Para mi fue el infierno, absolutamente. No teníamos ya ni recursos humanos, ni recursos económicos y el país seguía incendiándose porque fue el periodo de secas mas fuerte que hubo. Estaba muy deprimida frente a casos de brigadistas atrapados por el fuego. Por otro lado, se empezó a hacer conciencia de que los fuegos no son naturales, que los provocamos los humanos por el cambio climático y el uso de fuego agropecuario que es totalmente incompatible con la conservación de la naturaleza y, a partir de entonces, se empezó a tener una visión distinta. Esa es una de las cosas que hemos podido lograr, cambiar la visión sobre el medioambiente”.

– ¿Por qué dedicar una vida a preservar el medio ambiente?

–¡Ah caray, nunca me había hecho esa pregunta! Es un asunto de convencimiento, yo surjo de una familia de refugiados de la Guerra Civil española que vienen a México asilados con el gobierno del general Cárdenas y me críe en una casa donde siempre se nos formó con los valores de justicia, igualdad, solidaridad. Durante mi juventud siempre me fui moviendo en dos terrenos que me satisfacían personalmente que era el luchar por un país mas justo, mas equitativo, por eso entré aquí en la universidad y fui muy activa con los temas sindicales, y los partidos de izquierda en esa época y, al mismo tiempo, tenía esta pasión de estar vinculada con la naturaleza.

Al estudiar biología y tener esta actividad política encontré que van juntas: el poner al servicio de las comunidades el conocimiento que permita que sus recursos naturales les ayuden a desarrollarse y superar las condiciones de pobreza, una contradicción muy lacerante en este país cuando son ellos los dueños de la riqueza. Y con la visión política de entender los procesos que ocurren en el campo, me permitió avanzar y tener hoy resultados concretos, con proyectos que están mejorando la vida de la gente en el campo y garantizando la conservación del medio ambiente. No es un trabajo es una pasión.

Un alto precio

Defender el medioambiente en México se ha tornado mortífero. El Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) registra que de 2010 a la fecha han ocurrido más de 390 agresiones a defensores del medio ambiente, del territorio y recursos naturales, incluidos 29 asesinatos.

–¿Qué le dicen esas cifras?

–Que le estamos pegando fuertísimo a los intereses económicos. Nosotros estamos enfrentándonos a los traficantes de animales, a los cazadores, a los invasores, pero sobre todo a quienes mueven  esas redes, y eso en México está muy vinculado con el crimen organizado. Entonces quien está definiendo el bosque en Michoacán, la pesca en el alto golfo, es meterse con el narcotráfico y crimen organizado, por eso debe hacerse conciencia de que estamos en riesgo.

–¿Quién fue su principal influencia en el tema medioambiental?

–La licenciatura fue un poco azaroso, es una anécdota en la que yo estaba rumbo a la Facultad de Medicina y me topé en la mitad de las islas unos jóvenes a quienes le pregunté que dónde estaba la facultad y me dijeron que para qué iba allá que mejor me quedara en Biología, me invitaron a una clase y allí me quedé. Y allí tuve varias influencias, como el maestro Sergio Guevara,  quien me invitaría a trabajar con él en las selvas; también Montserrat Gispert, Efraín Hernández, Arturo Gómez Pompa, hasta que llego con el doctor Sarukán, con quien llevo ya muchos años haciendo una colaboración profesional muy interesante. Enrique Left también influyó mucho sobre mí, sobre todo con un proyecto muy ambicioso que hicimos en la montaña de Guerrero.

Por estos días la bióloga pasa la mayor parte de su tiempo en la Reserva de la Biósfera de Montes Azules, en la selva chiapaneca, la más importante selva tropical húmeda de México, pero permanentemente sujeta a presiones de todo tipo, incluidas las invasiones.

Allí desarrolla un proyecto con el cual 650 familias que habitan la zona sur han logrado establecer cadenas productivas integrales para preservar el medio ambiente. Hoy esa área, dice emocionada, “está perfectamente conservada y así lo demuestran los registros oficiales. Lo que estamos haciendo ha estabilizado la deforestación, ha disminuido los ilícitos, la gente vive mucho mejor de lo que vivía antes, las poblaciones de animales están allí. Eso es un proceso de caminar hacia el desarrollo sustentable, así que para mi es muy satisfactorio el ver que sí hay oportunidades de hacer las cosas diferentes, y que esto que estamos haciendo en Chiapas se puede replicar en todo el país, basta convertirlo en una política de Estado, y ese es el intento que seguiré haciendo el resto de mis años: que esto que estamos haciendo se incorpore como una política de Estado, porque es un proyecto muy serio que demuestra y da la pauta del cómo puede desarrollarse el campo mexicano, y conservarse el medio ambiente”.

Ese proyecto, subraya, “demuestra que sí pueden hacerse cosas distintas, y que no implica ni frenar el desarrollo ni quitarle derechos a nadie, ni detener la economía. La economía se desarrolla, la sociedad se desarrolla y vive mejor, y la naturaleza se conserva”.

Hoy, dice, en la selva de Chiapas observar el vuelo de las guacamayas “es muy emocionante porque refleja muchas cosas. Además de que es de una enorme belleza, refleja el esfuerzo de mucha gente tratando de conservarlas. Eso es muy emblemático del trabajo al que me he dedicado: conservar los recursos, tratar de que la gente vida mejor, que tenga una cultura diferente, y si vuela la guacamaya es que está bien”.

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Un mundo sin contaminación plástica, el gran reto

Sobre el lecho marino flotan amorfas islas de policloruros de vinilo, un compuesto de petróleo y etileno altamente contaminante: es el popote por el cual alguien sorbió su bebida, la botella de refresco, la bolsa del supermercado, que desechados viajaron entre drenajes, ríos y mares hasta parar en un océano, tornándolo en cloaca para la flora y fauna marinas.

Las fotografías de bolsas indigestando una tortuga, y un popote de 12 centímetros que perforó la nariga de otra, difundidas recientemente por biólogos, muestran el atroz efecto del uso indiscriminado de los plásticos.

Las cifras se cuentan solas: 500 mil millones de bolsas se usan en el mundo cada año, unos mil 369 millones al día; por minuto se comercializa un millón de botellas de plástico, 16666 en México; y a lo largo de su vida cada persona en promedio utiliza 38000 popotes. La mitad de todo esto se usa una sola vez y se desecha, acabando en rellenos sanitarios contaminando los suelos o aguas.

Foto: Secretaría de Medio Ambiente.

Al menos 8 millones de toneladas de plástico terminan en los océanos, el equivalente a la descarga de un camión de basura cada minuto, o 1440 camiones al día. Greenpeace compara que es el peso de 800 Torre Eiffel, o 14285 aviones Airbus A380, o cubrir 34 veces la isla de Manhattan; podría ser también la superficie entera de Cancún, o una línea recta de Chiapas a Chihuahua.

Probablemente ninguno de los humanos que vivimos hoy podremos ver la degradación de uno solo de esos objetos porque esta requiere mas de cien años.

Que el mundo se ahoga en plástico es un hecho. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) alerta que en los océanos hay 18 mil fragmentos de plástico por kilómetro cuadrado, que están matando un millón de aves y unos cien mil mamíferos de 600 especies marinas. Y el Foro Económico Mundial calcula que en 2050, es decir, dentro de 32 años, habrá más plásticos que peces en el mar.

Ante esa tendencia, “Un planeta #SinContaminación por plásticos” es el lema que Naciones Unidas tendrá este 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha en que, año con año, se busca concientizar a la población.

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