La elección presidencial de 2018 no está en las urnas: Bernardo Barranco


La elección presidencial de 2018 no está en las urnas: Bernardo Barranco

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Las elecciones en el Estado de México son una muestra de cómo el PRI usa la estructura e instituciones de gobierno para lograr que su candidato llegue al poder. Todas estas intervenciones ilegales son compiladas y narradas en primera persona por exfuncionarios electorales en el libro El infierno electoral, coordinado por Bernardo Barranco.

 

LA RECETA para que un candidato del PRI llegue al poder contempla convertir el aparato del Estado en aparato electoral. Los servidores públicos se transforman en operadores cuyas acciones pueden ir, desde rentar una bodega, hasta usar los recursos de programas sociales para comprar el voto. Así lo explica Bernardo Barranco, coordinador de El infierno electoral.

El libro, que ya circula bajo el sello de la editorial Grijalbo, reúne textos elaborados por testigos de primera fila que miraron, al desempeñarse como consejeros del Estado de México, el funcionamiento de una maquinaria que, desde antes de la elección del presidente Enrique Peña Nieto, operaba con fuerza en sus revividas formas dinosáuricas.

Ahora, en la campaña por la Presidencia de la República, el sociólogo advierte que los operadores ya han encendido motores. Sus movimientos se pueden observar en la persecución al candidato de la alianza PAN-PRD, Ricardo Anaya, por parte de la Procuraduría General de la República (PGR); en las tarjetas rosas que se reparten en los estados; en la incidencia del crimen organizado en los procesos electorales, entre otros.

En el libro se describe y analiza la experiencia de las elecciones en el Estado de México, lo que no supone necesariamente que se replique tal cual en la próxima contienda nacional. Así lo explica Barranco: “Felizmente, México no es el Estado de México; por fortuna, tiene otros resortes, otra cultura, otro tipo de periodismo. Lo que señala el libro es el riesgo, es una advertencia. El mismo grupo que operó la elección del Estado de México es el que opera hoy la elección a escala federal; no quiere decir que vaya a pasar lo mismo, pero hay rasgos”.

Tal pareciera que, en el proceso actual —agrega el experto—, hay un divorcio muy marcado entre la ética y el poder, entre los valores y la acción política. Lo que se vive es un pragmatismo excesivo y una concepción que establece que el poder manda: las estructuras institucionales funcionan para conquistarlo y mantenerlo. El poder del Estado no es un instrumento de servicio, eso ya suena ingenuo y rebasado, dice. Las instituciones son usadas para preservar al mismo partido y a sus intereses, la clase política está alejada de la ética y de un proyecto de país hacia el futuro.

 

TERRORISMO ELECTORAL

En el capítulo con el mismo nombre, el maestro y exconsejero del Instituto Electoral del Estado de México Norberto López Ponce muestra que los métodos del crimen organizado crean una atmósfera de elecciones del miedo, la cual tiene dos vertientes. Una inhibe el voto y, la otra, lo orienta. Bernardo Barranco explica que esta última se ejemplifica con un caso claro: el asesinato de Luis Donaldo Colosio. Cuando llegó el día de la elección, Ernesto Zedillo ganó de manera masiva por el miedo que había a perder la estabilidad en el país. En este ejemplo, el miedo movilizó al electorado. Sin embargo, el miedo también se usa para retraer el voto, y es un hecho comprobable, según el también exconsejero electoral. Las acciones del crimen organizado, abunda, se dieron en aquellas regiones donde la oposición tenía mayor fuerza. Fue con cirugía donde se aplicó el método del terror, “en el Estado de México teníamos un promedio de participación electoral de 48 por ciento. En aquellas regiones donde se canalizó el voto a través de programas sociales y de terrorismo electoral creció hasta 70 por ciento, mientras que en municipios como Naucalpan, Coacalco y Tlalnepantla, la participación estuvo por debajo de 47 por ciento. Son prácticas multisistémicas, están perfectamente calibradas”.

En El infierno electoral Norberto López narra el hostigamiento que hubo a los militantes de Morena. Al acercarse el día de la votación, hubo acciones de intimidación graves, escribe. En sedes partidarias y algunos lugares donde se instalarían casillas se tiraron cabezas de cerdo; se pegaron pósteres grandes, falsamente firmados por el IEE, en los que se “recomendaban” medidas de seguridad en caso de presentarse una balacera. En aparatosos operativos policías municipales, a bordo de grandes camionetas con torretas encendidas, repartieron citatorios falsos de la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales (Fepade) a ciudadanos funcionarios de casilla y representantes de partidos. También hubo cientos de llamadas intimidatorias a funcionarios de casillas, describe el texto.

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En el libro, Barranco describe y analiza la experiencia de las elecciones en el Edomex, lo que no supone necesariamente que se replique tal cual en la próxima contienda.

LOS EMPRESARIOS Y EL PODER

De acuerdo con Barranco, la maquinaria electoral tiene oficio para disimular y evaporar los movimientos ilícitos no solo del erario, sino de empresas afines al PRI e incluso del crimen organizado. Se manejan miles de millones de pesos en dos grandes aspectos, asegura. El primero, refiere el coordinador del libro, el Grupo Atlacomulco que ha detentado el poder en el Estado de México por casi 90 años con sucesiones y vínculos de sangre, como es el caso de Alfredo del Mazo, tercera generación de su familia en el poder y del grupo. “La política en el Estado de México no solo es un engranaje político de poder, sino que involucra negocios ventajosos altamente rentables.

“El Grupo Atlacomulco es una escuela de hacer fortunas con la política, el eje ha sido el uso del poder político para beneficios económicos y del poder económico para fines políticos. El grupo es una vasta red de intereses económicos, financieros y empresariales”.

Para el autor, el segundo gran aspecto son los dineros sucios del mercado negro, narcotráfico y crimen organizado que, al parecer, en este proceso electoral se han politizado con la intervención del crimen organizado, “si no, no podríamos explicar los más de 30 muertos que llevamos en las últimas semanas —pero si nos vamos al año pasado estamos hablando de más de 100 muertos en términos políticos—; es decir, es una manera de operar del crimen organizado. Entonces, sí estamos ante las puertas de un verdadero infierno, si no tenemos atención en la legalidad, en la incorporación de recursos y de intencionalidades, estamos abriendo las puertas a que el crimen organizado vote a su manera y le permita a sus candidatos expandirse a ciertas regiones del país, ahí debemos estar muy atentos”.

 

LA EXPLOTACIÓN ELECTORAL DE LA POBREZA

En el Estado de México prácticamente 50 por ciento de la población está en situación de pobreza, la cual es usada por el PRI como un factor para la movilización de votantes. En el libro El infierno electoral, Barranco cita un estudio realizado por Clara Jusidman en el que revela que el presupuesto total del estado fue de 260,328 millones de pesos en 2017, mientras que lo destinado a la entrega de programas sociales fue de 157,492 millones de pesos, lo cual equivale a 60 por ciento del presupuesto. El estudio revela que los apoyos sociales incidieron en el ánimo del votante en condición de pobreza. La autora del capítulo “Pobreza y la compra y coacción del voto”, Ana Vanessa González Deister, afirma que la alianza PRI-PVEM obtuvo triunfos en los municipios donde los niveles de pobreza son mayores, y Morena ganó en donde los niveles de pobreza eran menores.

“Al analizar los porcentajes de pobreza extrema de los 125 municipios del estado con el porcentaje de votos que obtuvo la coalición PRI-PVEM en esas demarcaciones, se encuentra un coeficiente de relación de 0.72. Esto indica que, a mayor pobreza extrema, el porcentaje de votación por el candidato del PRI-PVEM fue mayor, y a menores índices de pobreza extrema, el coeficiente de correlación obtenido fue negativo de -0.61. Los datos no mienten ni están sesgados”, asegura la exconsejera.

El capítulo de González Deister detalla el manejo de los programas sociales para operar el voto y cómo creció el voto a favor del candidato del PRI en las regiones no urbanas y empobrecidas. El problema, en palabras de Barranco, rebasa la inducción electoral y política; el uso indebido de los programas sociales con fines electorales se plantea también como un dilema ético porque, ahí, hay niveles de perversidad social y estrategias que degradan aún más la condición de sectores excluidos”.

Durante estas elecciones, la observación electoral puede ir mucho más allá de un informe final donde se da cuenta de las anomalías que sucedieron durante la jornada. La ciudadanía, los académicos, la sociedad civil, podrían tomar un papel protagónico donde haya una observación electoral activa desde ahora que arrancaron las campañas, sugiere Barranco. El tema del aeropuerto —por ejemplo— es importante, dice, pero no hay que quedarse ahí. “Se debe cubrir, claro, pero el infierno electoral se está construyendo ya. Se está dando en los municipios, en los distritos, mientras nosotros estamos, entre comillas, distraídos con otros asuntos.

“Una observación electoral activa podría estar presente durante todo el proceso, en la adquisición de materiales electorales, en la toma de decisiones, en las sesiones del consejo general del INE, las cuales en gran parte son transmitidas en directo”.

El proceso electoral se está dando en el tejido social, es decir, ya están rentando bodegas, ya están los cuartos de guerra local en los municipios, en los distritos locales. Se está activando la estructura de operación con sus funciones, urge observar ahí, sobre todo en las regiones más pobres, concluye.

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