Curas pederastas de Pensilvania, refugiados en América Latina


Curas pederastas de Pensilvania, refugiados en América Latina



Debido a que no hay registro de las poblaciones en las que supuestamente realizaron trabajo pastoral, se desconoce cuántas víctimas totales son las de estos sacerdotes. En algunos casos, los curas pederastas siguen activos en países como Argentina y, en otros, han sido asesinados.

Al menos siete sacerdotes acusados de abusos sexuales en Pensilvania, Estados Unidos, se trasladaron a Perú, Brasil, Colombia, Paraguay y Cuba con permiso de sus superiores. En la mayoría de los casos, sin vigilancia de los obispos del lugar de destino, pues no se encontró registro formal de una solicitud para ser admitidos en las diócesis de esos países.

Con el expediente de Pensilvania se puede conocer la trayectoria de “depredadores sexuales” que cambiaron de templos y de diócesis solo para seguir cometiendo más abusos. Lo más grave es que en los países a donde fueron de visita o de labor pastoral se desconoce si abusaron sexualmente de niños y jóvenes.

El expediente, dado a conocer por autoridades de Pensilvania, Estados Unidos, en el cual se denuncia que seis diócesis de ese estado ocultaron durante 70 años los abusos sexuales cometidos por 300 sacerdotes, también revela el “tránsito de sacerdotes pederastas” que viajaron en “misiones religiosas” a países de América Latina y el Caribe. Por ello, el número de víctimas no se podrá cuantificar al no existir registros de las poblaciones en las que supuestamente realizaron su trabajo pastoral.

La Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes (SNAP, por su siglas en inglés) de México realizó un análisis del expediente, presentado el 14 de agosto por el Gran Jurado de Pensilvania. El documento señala que se desconoce si viajaron a otras naciones, además de las mencionadas, pues en el expediente registran periodos prolongados fuera de sus diócesis sin que las autoridades eclesiásticas estadunidenses hayan informado en dónde se localizaban los sacerdotes.

Joaquín Aguilar y Eric Barragán, responsables de SNAP México, detallan en su análisis que en el expediente de Pensilvania no solo queda registrado el mecanismo que empleó de manera sistemática la jerarquía católica a escala global para transferir a los sacerdotes pederastas a otras diócesis, sino también la impunidad que se les otorgó al permitirles realizar su trabajo pastoral en otros territorios sin vigilancia alguna, dejando a los niños y jóvenes indefensos ante estos “depredadores sexuales”.

Algunos de los casos que presenta SNAP México en su análisis, después de haber revisado 160 fichas de sacerdotes acusados de pederastia, se presentan a continuación.

Imagen: AdobeStock

PADRE GEORGE ZIRWAS

Se ordenó como sacerdote en septiembre de 1979. Sirvió en varias parroquias hasta 1995, momento en que tomó una “licencia de ausencia”.

Hay evidencias documentales de que abusaba de niños desde 1987, a pesar de eso se mantuvo activo en varias parroquias de Pittsburg. En marzo de 1988 fue sometido a una “evaluación” por sus actos, pero al salir de un “tratamiento” continuó en el ministerio. En noviembre de ese mismo año fue acusado de abuso sexual por dos jóvenes, uno de 16 y otro de 17 años, en el mismo estado de la Unión Americana. Fue enviado al Instituto de San Lucas en diciembre. Al concluir otro “tratamiento” continuó como sacerdote y en 1991 fue acusado nuevamente de abusar de otro menor.

En julio de 1995 pidió que se le transfiriera a una diócesis en Miami, Florida, por la “alta cantidad de acusaciones falsas” en su contra. Para lograr su traslado amenazó con demandar a la Iglesia si no le hacía caso, y le fue otorgada su solicitud. En noviembre de ese año fue acusado de abuso sexual por un joven de 15 años, entonces se le otorgó una “licencia de ausencia” que aludía a “razones personales”.

Al obtener esa licencia se fue a vivir a Cuba, donde la Iglesia estadunidense no tuvo ninguna documentación o información sobre sus actividades.

En 1996, Zirwas escribió a la Diócesis de Pittsburg para reportar que tenía información sobre otros sacerdotes que estaban cometiendo actividades sexuales ilegales. A cambio de esta información, demandó un incremento en su pago mensual mientras gozaba de su licencia.

El Gran Jurado de Pensilvania descubrió una red de pederastas dentro de la diócesis de Pittsburg que incluía a Zirwas, Francis Pucci, Robert Wolk y Richard Zula. La red manufacturó pornografía infantil en las propiedades de la diócesis, incluyendo parroquias y oficinas donde regularmente utilizaban violencia, látigos y sadismo al violar a menores.

Este grupo de pederastas regalaba cruces de oro a sus víctimas para que los demás miembros detectaran que esos jóvenes eran susceptibles de ser abusados.

En 2001 Zirwas fue encontrado muerto en su departamento en La Habana, le inyectaron en el cuello una sobredosis de tranquilizantes para animales. Del homicidio solo se informó que fueron detenidas dos personas, una de las cuales fue condenada a muerte en un pelotón de fusilamiento.

En 2003, el periódico Miami New Times realizó un reportaje sobre la estancia de Zirwas en La Habana y menciona que se dedicaba presuntamente a ayudar a los pobres y era un miembro activo de la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, travesti, transgénero e intersexual (LGBTTTI) cubana, además de mantener una relación amorosa con un cubano.

Algunos conocidos del padre señalaron que “era muy querido y siempre estaba rodeado de amigos, por lo que se entendió que la noticia sobre sus acusaciones no había aterrizado en el país”.

Según Ronald Lengwin, portavoz de la diócesis de Pittsburgh, la familia de Zirwas solicitó ayuda para trasladar el cuerpo del sacerdote a Estados Unidos y recibió ayuda federal para lograrlo porque no había relaciones diplomáticas con Cuba.

El cardenal Donald Wuerl de Washington, de quien el papa Francisco aceptó su renuncia el pasado 18 de octubre en medio de la polémica por encubrimiento de abusos sexuales, asistió al funeral de Zirwas, según reportó el Pittsburgh Post-Gazzete, y ahí lo consideró “como un hombre amable que había predicado un mensaje de salvación a través de la fe en Jesús” y agregó que “un sacerdote es un sacerdote” porque, “una vez ordenado, lo es para siempre”.

Se le solicitó información a la Conferencia Episcopal de Cuba sobre la estancia del padre Zirwas en su territorio, pero no dio respuesta.

Imagen: Jeff Swensen/Getty Images/AFP

REVERENDO CARLOS URRUTIGOITY

El sacerdote Carlos Urrutigoity llegó a Estados Unidos en 1991 después de haber sido acusado de “comportamientos incorrectos” al estudiar en Nuestra Señora Corredentora, en La Reja, Argentina. Después se ordenó en la Sociedad de San Juan, en la Diócesis de Scranton, Pensilvania.

El 15 de septiembre de 2001, el obispo James C. Timlin fue informado de que el padre Urrutigoity tenía la costumbre de dormir con niños y jóvenes en su cama, pero el cura negó cualquier acto sexual inapropiado.

El 12 de enero de 2002, el obispo Timlin recibió correspondencia del representante del papa, que incluía la carta del padre de un joven que acusaba a Urrutigoity y a otros dos sacerdotes de conducta sexual inapropiada. Las acusaciones fueron entregadas a las autoridades legales locales, pero fueron desechadas porque habían prescrito.

Los sacerdotes fueron enviados a una evaluación clínica a Canadá y removidos del ministerio activo mientras se concluía la investigación de la diócesis, la cual determinó que Urrutigoity no debía ejercer su ministerio en contacto con niños o jóvenes.

En 2008, Urrutigoity fue removido del territorio de Scranton y se trasladó a la Diócesis de Ciudad del Este, Paraguay, donde fue acogido por el obispo Rogelio Livieres Plano, del Opus Dei.

En Paraguay refundó la orden de la Sociedad de San Juan y era el segundo al mando del obispo Livieres Plano. En 2014, el Vaticano inició una investigación sobre la situación de los seminarios y el encubrimiento de Carlos Urrutigoity acusado de abuso sexual. Esa investigación concluyó con la remoción de Rogelio Livieres Plano por la “falta de disponibilidad de presentar su propia renuncia” y la remoción del cargo de vicario de la diócesis al sacerdote.

Después Urrutigoity se trasladó a la diócesis de Mendoza, en Argentina, donde actualmente se encuentra en el Instituto del Verbo Encarnado en San Rafael de Mendoza, vinculado al Opus Dei.

Carlos Lombardi, de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina, informó a Newsweek México que en ese país no se tiene registrada ninguna denuncia en contra del sacerdote.

El activista Lombardi remitió a una investigación realizada por el periódico La Nación, de Argentina, que logró contactar al sacerdote y este señaló que cualquier declaración sería a través de su hermano y abogado, quien, al responder las preguntas, aseguró que el sacerdote “no ha sido condenado, ni sancionado, ni por la justicia norteamericana, paraguaya o canónica. En la Iglesia no hubo tampoco ningún proceso canónico formal que pudiera resultar en sanciones eclesiásticas, ni hubo abuso sexual a menores”.

A la pregunta de por qué fue denunciado su hermano, respondió: “Para los fiscales norteamericanos que investigaron el caso de la denuncia en cuestión se trataba de investigar supuestas faltas que prescriben en un año, no delitos o crímenes que prescriben en ese estado (Pensilvania) en diez años. Si hubiera habido acusaciones de crímenes sexuales creíbles, hubiera habido ciertamente un proceso penal”.

PADRE DONALD C. BOLTON

Fue ordenado en la Congregación del Santísimo Redentor, en 1952. Después de estar dos años en San Alphonsus, Esopus, Nueva York, fue asignado a cinco parroquias en Brasil (de 1954 a 1970), en donde se desconoce su trayectoria. Posteriormente regresó a Estados Unidos.

Bolton fue acusado y sentenciado después de declararse culpable de abuso sexual contra una niña, en 1987. Otra víctima denunció que Bolton también abusó de ella desde 1976 hasta 1980, y que en 1978 la llevó con cinco de sus amigas (la víctima de 1987 era una de ellas) a un campamento. Adicionalmente, según el expediente de Pensilvania, abusó de un niño entre 1976 y 1977.

La diócesis lo regresó a su orden en 1990 y hasta 2006, año en que falleció, fue asignado a dos iglesias en Florida.

Imagen: AdobeStock

REVERENDO JESÚS BARAJAS

Sacerdote de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos, fue ordenado en Colombia en 1982. De marzo de 1987 a noviembre 1989 ejerció en la Diócesis de Harrisburg, Pensilvania, con la comunidad de habla hispana en York y Lebanon.

Hay un escrito fechado el 30 de junio de 1989 que menciona: “Aunque hay alegatos en el pasado sobre su cercanía con los jóvenes de la parroquia, de las que recibió advertencias especiales, él sigue con esas cercanías”.

El 7 de noviembre de 1989 hubo acusaciones de que cometió abuso sexual contra dos menores, y el 16 de noviembre se informó que Barajas se separaría de la diócesis cuatro días más tarde. Ante esta situación, la Diócesis de Harrisburg le dio 2,000 dólares para cubrir los costos de transporte y que se regresara a Colombia.

En enero de 1990 se le envió una carta al reverendo Antonio Caprarola en Roma para dar aviso de que, “…por muchas razones serias, la vida y ministerio del padre Barajas comprobó ser insatisfactorio y, consecuentemente, se solicita que su relación con la Diócesis de Harrisburg sea terminada”.

En 1995 intentó pedir licencia para establecerse en la Diócesis de Brooklyn, Nueva York, pero fue rechazada después de que se comunicaron con la Diócesis de Harrisburg para pedir referencias.

Hay relatos en los medios que datan de 2016 sobre un sujeto colombiano de la orden Trinitaria que responde al nombre de Jesús Barajas “intentando”, desde hace 20 años, hacerse pasar como sacerdote en Jackson Heights, Nueva York.

Imagen: AdobeStock

REVERENDO DONALD CRAMER

El 17 de agosto de 2012, el Departamento de Seguridad Nacional y el Servicio de Inspección Postal de Estados Unidos se presentaron en la Diócesis de Harrisburg, Pensilvania, para investigar al padre Cramer.

La pesquisa reveló que Cramer participaba en un chat de internet usando el seudónimo “Bigmark512” y comunicándose con una persona en el estado de Connecticut que anteriormente fue incriminada por posesión de pornografía infantil. En las conversaciones, el padre mencionó que quería viajar a México para “rentar” niños.

La investigación también reveló correos electrónicos en los que el padre Cramer escribía sobre su interés en menores de edad.

Varias secciones del informe de Pensilvania sobre casos como este están reservadas debido a que actualmente hay una demanda en curso.

REVERENDO OSWALD E. ROMERO

Fue ordenado sacerdote en 1950. De 1955 a 1965 trabajó en San Francisco Borja HS, en el Colegio y Universidad Jesuita y en la Universidad Católica de Quito, Ecuador, donde se desconoce si hay denuncias en su contra.

Después se trasladó a Estados Unidos. Y en 2006 fue acusado por un hombre de 53 años, quien dijo haber sido víctima de abuso sexual entre 1966 y 1967 en Pittsburg, por parte de Romero.

PADRE JAN OLOWIN 

Fue misionero de los Jesuitas en Juliaca, Perú, en 1966. Desde 1967 llegó a la Diócesis de Erie, en Pensilvania, donde fue acusado de abusar de tres jóvenes en 1993.

Una de las víctimas describió cómo fue “asaltado sexualmente” por el sacerdote durante un viaje a México, pero el informe no da más detalles. En 2016 Olowin fue retirado de la actividad parroquial mientras estaba jubilado en Peoria, Arizona, después de las acusaciones de “mala conducta clerical” hechas varias décadas atrás.

Joaquín Aguilar, director de SNAP México, señaló que con el expediente de Pensilvania se puede conocer la trayectoria de “depredadores sexuales” que cambiaron de templos y de diócesis solo para seguir cometiendo más abusos.

Lo más grave, mencionó, es que en los países a donde fueron de visita o de labor pastoral se desconoce si abusaron sexualmente de niños y jóvenes. Por ello, consideró, es una tarea de la Iglesia católica eliminar esos traslados porque ya está comprobado que, si lo hacen una vez, pueden volver a abusar de los menores.

Aguilar recordó que desde la publicación del documento “Introducción sobre la manera de proceder en los casos del delito de solicitación”, en la década de 1960, en el que se autoriza el cambio de templos y de diócesis, los sacerdotes abusadores se sentían protegidos por la Iglesia, y en 1980 se incrementaron los abusos sexuales de esos clérigos a escala mundial.

Para Eric Barragán, la presencia de estos sacerdotes pederastas en los lugares más pobres de América Latina “es un peligro para los niños, porque no hay nadie que los supervise, son depredadores enviados por sus jerarcas para predicar la palabra de Dios y no nos podemos imaginar cuántas víctimas dejaron”.

El activista explicó que esos curas, al entrar en un país, “no pedían permiso al obispo de la diócesis; solamente llegaban, porque no se encontraron en el expediente cartas dirigidas a alguna autoridad eclesial. Entraban como turistas a hacer lo que querían hacer”.

El problema al que se enfrenta la Iglesia católica, concluyó, es que los casos de abusos sexuales por sacerdotes son denunciados años o décadas después, por lo que debe estar preparada para que nuevos abusos sigan haciéndose públicos.

El pasado 19 de octubre, la diócesis de Pensilvania informó que el Departamento de Justicia de Estados Unidos abrió una investigación sobre el encubrimiento y abuso sexual contra menores cometidos por sacerdotes. Además, que siete diócesis habían recibido un citatorio de las autoridades. Las diócesis de Allentown, Erie, Harrisburg, Filadelfia, Pittsburgh, Scranton y Pensilvania han señalado que cooperarán con la investigación.

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