Peralta: el Bajío en sus orígenes | Newsweek México




La llegada la Zona Arqueológica de Peralta es sencilla: las carreteras que existen en Guanajuato permiten una rápida movilidad entre municipios y también desde la mayoría de los estados del país a través del Aeropuerto internacional del Bajío.

 

Para visitar esta zona, saliendo desde la Ciudad de Guanajuato, no se rebasan los 80 minutos de viaje; del sur del estado, por ejemplo, de Acámbaro, Yuriria o Salvatierra, el trayecto se realiza entre 90 y 110 minutos en automóvil.

 

Peralta es una de las cuatro zonas arqueológicas abiertas el público en la entidad, y es una de las principales muestras de cuáles son los orígenes de las diferentes culturas que se desarrollaron en el Bajío mexicano, aprovechando la enorme riqueza natural que existía en la ribera del Río Lerma.

 

Los estudios arqueológicos muestran que se trata de un asentamiento de una cultura que floreció entre los años 300 y 700 de nuestra era, y de la cual se desconoce aún mucho, incluso su nombre originario, por lo que algunos arqueólogos han decidido llamarle simplemente “Cultura Bajío”; otros estudios, sin embargo, asumen que se trató de una de las numerosas ciudades construidas por los Chichimecas.

 

De acuerdo con los registros de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, el descubrimiento e inicio de los trabajos en esta zona arqueológica data del año de 1978, y fue sólo hasta el año 2008, es decir, 30 años después, que fue abierta al público.

 

Los estudios muestran que Peralta es contemporánea de otro de los sitios arqueológicos ubicados en Guanajuato, que es el de Plazuelas, el cual se ubica en el municipio de Pénjamo, y que será motivo de un segundo reportaje en próximas ediciones de NW en Español, en su edición de Guanajuato.

 

El sitio

 

La zona está distribuida en seis conjuntos de edificios, todos en la ladera del Cerro Peralta. Se trata de un conjunto de edificaciones que cuenta con un llamado “Conjunto nuclear”, más cinco asentamientos que se encuentran en lo que puede considerarse como la “estructura periférica”.

 

Hasta ahora, los conjuntos han sido denominados como sigue: El Divisadero, La Mesita de los Gallos, el Conjunto 3 (Celes) y el Conjunto 4 (Rancho); hay otros dos denominados como La Yácata del Chan y la Yácata del Fraile.

 

La extensión territorial total de este sitio es de 150 hectáreas, es decir, se trata de un asentamiento que en sus mejores épocas tuvo una extensión similar a la zona hasta ahora conocida de Teotihuacán. Sin embargo, también hasta ahora se ha logrado apenas excavar y recuperar alrededor del 10% de ese territorio, pues el resto se encuentra ocupado por tierras de cultivo y no se ha llevado a cabo el conjunto de inversiones y acciones jurídicas necesarias para lograr la total recuperación de esta zona.

 

Uno de los rasgos distintivos de la arquitectura desarrollada por la llamada “Tradición o Cultura Bajío” es la denominada técnica de “patios hundidos”; y por ello el sitio arqueológico de Peralta es tan relevante, pues es considerado por los arqueólogos como el sitio en donde quizá se expresa de mejor manera el desarrollo de ese estilo de construcción.

 

Se piensa que Peralta fue el centro de poder de una amplia zona constituida por 18 centros administrativos y 18 “sitios menores”; es decir, se trata de un importante centro de gobierno, administrativo y ceremonial en el centro del país, y particularmente en la vasta región que se pobló en el Bajío mexicano.

 

Las investigaciones sobre el sitio han sido lideradas por el arqueólogo Efraín Cárdenas, profesor e investigador de El Colegio de Michoacán, quien es el creador principal de la teoría de la “Tradición Bajío”, dentro de la cual se explica precisamente que en lo que hoy es el estado de Guanajuato se desarrolló una tradición cuya organización política se basada en relaciones de parentesco y cuya línea de mando podría considerarse menos vertical que la de los otros poderosos Estados mesoamericanos.

 

Esa estructura de la tradición Bajío permitiría hablar entonces, de acuerdo con el Mtro. Cárdenas, de una estructura con seis centros de poder: Peñuelas, Loza de los Padres, San Miguel Viejo, San Bartolomé Agua Caliente, Tepozán y Peralta.

 

De acuerdo con el texto: “Tradiciones arqueológicas”, coordinado por Efraín Cárdenas, en el Periodo Clásico se encuentran dos grandes tradiciones; las cuales son descritas de manera general en el texto citado, como sigue: “En el “Periodo Clásico destacan dos principales tradiciones regionales: Teuchitlán y El Bajío. La primera incluye trazos circulares, tumbas de tiro, cerámica Rojo sobre Bayo la técnica decorativa seudocloisonnè, figurillas antropomorfas y una notable variedad de maquetas de juegos de pelota y casas habitación. La segunda se distingue por su arquitectura, cuyo patrón constructivo combina uno o más patios hundidos asociados con uno o más basamentos sobre una plataforma, la cerámica asociada incluye Rojo sobre Bayo con negativo, cerámicas incisa y esgrafiada, Blanco Levantado y Negro sobre Naranja”[1].

 

De acuerdo con Cárdenas, El Bajío mexicano, dentro de los estudios arqueológicos que se desarrollan en el país, ha ido adquiriendo una cada vez mayor relevancia, pues los análisis e investigaciones llevadas a cabo permiten hablar ya de toda una región plagada de múltiples y complejos significados culturales. En efecto, sostiene el autor: “La cultura material del Bajío con más de 800 sitios arqueológicos, denota costumbres y ceremoniales compartidos con otras regiones de Mesoamérica, como el juego de pelota, los sistemas constructivos y los rituales funerarios, aunque mantiene expresiones particulares como las construcciones tipo Palacio (patios rodeados de habitaciones) las edificaciones circulares y diversos tipos cerámicos de notable calidad técnica y de gran expresión plástica y notables diseños”.[2]

 

La zona

 

San José de Peralta es una localidad que, de acuerdo con el Censo del 2010, cuenta con una población no superior a los 1,500 habitantes, mientras que el número de viviendas se ubicó en esa fecha en alrededor de 400 de ellas habitadas. Es una localidad eminentemente rural, y en la cual prevalecen carencias de todo tipo.

 

De acuerdo con varios de sus pobladores, la apertura de la Zona Arqueológica ha traído algunos beneficios a la localidad, pero en realidad, su presencia no ha significado una transformación que le dé a sus habitantes una perspectiva de futuro esperanzadora, tan es así que, a decir de varios de ellos, la migración sigue siendo la principal ventana de oportunidad “para progresar”.

 

Así, la llegada a la zona es a través de un pequeño camino rural, que entronca a la red carretera estatal; es un sendero pavimentado, en relativo buen estado, pero el cual, de no recibir mantenimiento, y pronto, seguramente presentará afectaciones importantes en la época de lluvias.

 

La zona cuenta con un pequeño museo, cuya exposición permanente da cuenta de los principales hallazgos realizados hasta ahora, y en el cual se exponen elementos centrales de la ya mencionada “Tradición Bajío”, incluida una osamenta incompleta, correspondiente a una persona del sexo femenino, la cual fue encontrada en uno de los entierros funerarios que se han encontrado en las excavaciones.

 

Al inicio del recorrido, hay una pequeña aula audiovisual, en la que se proyecta un documental realizado por TV UNAM y por El Colegio de Michoacán, en el que se da una explicación general de qué es lo que se va a encontrar el visitante; este documental está disponible, dividido en carias partes, en el siguiente enlace, que pertenece al Canal de Youtube del Colegio de Michoacán: https://youtu.be/tHMZmAtxuAg

 

Lo más impactante

 

Quizá lo más impactante al adentrarse en la zona arqueológica es la dimensión de los edificios que ya han sido “descubiertos”. Se trata de auténticas moles de roca, con un estilo complejo, y que revelan la complejidad y magnitud del sistema económico, político y social que existía en la zona.

 

Seguramente, al avanzar las excavaciones e investigaciones que se están desarrollando en  esa y otras zonas de la región, se encontrarán nuevos hallazgos, los cuales irán dando más elementos para armar el gran “rompecabezas” que existe en esa vasta región del país, y en la cual se estima que hay, según el Atlas de infraestructura y patrimonio cultural de México, 1,428 sitios que fueron registrados en 2008 y 2009.

 

La zona arqueológica en su conjunto 150 hectáreas, en las que se ubican los seis conjuntos de edificios hasta ahora localizados y confirmados; para recorrer esta extensión y observar con cuidado los edificios, es requerido un lapso de entre tres y cuatro horas.

 

Lo que hace falta

 

A diferencia de otras zonas arqueológicas, en Peralta no hay una buena señalización, ni tampoco una adecuada adaptación para facilitar la visita de personas con alguna discapacidad. Asimismo, tampoco se encuentran a lo largo del recorrido textos que describan al visitante qué es lo que está viendo, cuál es su relevancia histórica, y cuál es la fecha aproximada de su construcción, auge y caída.

 

Oportunidades perdidas

 

Darle viabilidad y posibilidades de crecimiento como atractivo turístico, pero también como espacio para la protección del patrimonio cultural del país, requiere de una nueva estrategia en todo el país, que le dé una lógica de crecimiento y desarrollo económico distinto a las localidades que se ubican cerca de las zonas arqueológicas.

 

En primer lugar, los gobiernos estatales, en este caso el de Guanajuato, debería asumir el compromiso de erradicar la marginación de la localidad de San José de Peralta; pero también de aportar recursos para mejorar los atractivos que están en torno a la zona. Algunos ejemplos:

 

  1. Incrementar las capacidades sociales para valorar y proteger nuestro patrimonio histórico, arquitectónico y cultural, exige de acercar, fundamentalmente a las niñas, niños y adolescentes al conocimiento de las mismas.

Se estima que a Peralta acuden alrededor de 3 mil personas al año; pero esto podría cambiar, si el gobierno del estado, en coordinación con los gobiernos municipales, desarrollasen una estrategia de visitas permanentes de alumnos de las escuelas de educación básica de la entidad, comenzando con las escuelas de los municipios cercanos. Esta sola medida incrementaría no sólo el número anula de visitantes, y con ello los ingresos de la zona, sino también la derrama económica para la localidad en que se encuentra.

 

  1. Mejorar la infraestructura secundaria. Si se trata de generar un espacio atractivo para niñas, niños y adolescentes, tanto el Gobierno del Estado como el del municipio podrían sumar recursos para la construcción de un parque recreativo en la periferia de la zona arqueológica; esto no sólo incrementaría el número de visitas, sino el tiempo de estancia y el consumo, fortaleciendo con ello el mercado local, tanto en el corto como en el mediano plazo. En la construcción de un espacio así debería involucrarse a la comunidad, no sólo en su edificación, sino posteriormente en su administración, operación y mantenimiento.

 

Estas y muchas otras ideas podrían implementarse, y darle un nuevo impulso al turismo cultural. Si el lema del estado ha sido hasta ahora el de “Guanajuato, destino cultural de México”, esto no puede reducirse sólo a los grandes festivales culturales de Guanajuato, León y San Miguel de Allende.

 

Por el contrario, la enorme potencia turística y la insuperable infraestructura hotelera, carretera y de restaurantes, debería ser la punta de lanza para promover una mayor oferta que permita no solo mantener lo que ya se tiene, sino detonar a la entidad como el principal destino turístico del país en lo que se refiere a los destinos sin playa.

[1] http://etzakutarakua.colmich.edu.mx/proyectos/curutaran/publicaciones/tradiciones1.pdf

[2] http://smamexico.org.mx/publicaciones/bajio/PDFs/07_Arqueo_lineal_cardenas.pdf

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