Mariela Castro miente de nuevo sobre la UMAP | Newsweek México


Mariela Castro miente de nuevo sobre la UMAP



Mariela Castro, hija del gobernante cubano Raúl Castro, acaba de mentir de nuevo, esta vez en Montevideo, sobre la existencia de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), establecidas en Cuba por el gobierno de Fidel Castro de 1965 a 1968, en la provincia de Camagüey.

 

La sexóloga, convertida en años recientes en una especie de ministra de Ultramar de la dictadura castrista, hoy se dedica a visitar los más diversos países para tergiversar la triste realidad por la que atraviesa el pueblo de Cuba, sumido en la penuria y el pánico, y de paso justificar los crímenes de su tío y de su padre.

 

Yo le he replicado en otras ocasiones en que ella, en una y otra latitud, ha edulcorado la existencia de aquellos campos de trabajo forzado, las UMAP, a los que fueron llevados religiosos de distintas filiaciones, hombres sin oficio determinado, “apáticos al proceso revolucionario” y homosexuales, entre otros. Para ello remito a las seis partes de una serie testimonial que publiqué sobre el caso en el diario digital Cubaencuentro, en otros textos al respecto que di a conocer en la misma publicación y otros en el blog Gaspar, El lugareño. Asimismo, en 2002 publiqué la novela de mi autoría Un ciervo herido, cuyo argumento se desarrolla en las UMAP.

 

Le voy a poner fácil la apuesta a la señora Mariela Castro: si algo de lo que yo digo en los testimonios antes señalados, si algo del basamento real que tomo para la ficción de Un ciervo herido, es falso, que me fusilen; si la que miente, por ignorancia o no, es ella, que se disculpe.

 

Ha afirmado Mariela Castro en su reciente visita a Montevideo, donde ha participado en la primera reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina —allí ha sido declarada “Visitante Ilustre” de la capital uruguaya— que es “mentira” que en Cuba hayan existido campos de trabajo para homosexuales en la década de 1960. Y agregó que los homosexuales (…) también debían realizar el “servicio militar obligatorio”.

 

No voy a repetir lo que ya he escrito sobre ese “servicio militar obligatorio” al que ella se refiere; ya he narrado antes la desgracia a la que fueron obligados aquellos 22 000 hombres uniformados de azul. 

 

“Como era un momento complejo de agresiones permanentes de los Estados Unidos en la década del 60 (…) el servicio militar se aprovechaba para apoyar los procesos, se llamaban unidades militares de apoyo (sic) a la producción”, ha afirmado Mariela Castro en Montevideo. Esto, al menos para mí, no es legible. 

 

Y continúa: “Todos los jóvenes debían cumplir servicio. Y dentro había distintas unidades. Había el pelotón de los homosexuales, el pelotón de los religiosos”. Miente. No todos eran “jóvenes”: como he escrito en otras ocasiones, allí había hombres, y muchos —sobre todo homosexuales— de aun 30, 40 o más años de edad, que ya hoy, seguramente, han muerto. Pero puedo citar de nuevo sus nombres. Miente. En los primeros días todos los UMAP estaban mezclados. Miente. A los únicos que separaban, luego, era a los homosexuales —no por “pelotón”, sino por “compañías”—, y precisamente para los sitios más infernales; entre estos, a la “compañía” 4, del “batallón” 23, de la Agrupación 6, a un sitio llamado Guanos, cercano a otro nombrado La Anguila, que se hallaba quizás a 30 kilómetros del central azucarero Senado. Allí, en Guanos, los homosexuales que conformaban la “compañía” 4 estaban confinados de modo diabólico: por ambos laterales y por el fondo, las cercas de alambre de púas estaban tapiadas por fuera mediante compactas columnas de altas cañas, de modo que ellos ni siquiera podían ver el espacio exterior a través de las alambradas.

 

Cuando yo llegué, o me llevaron, a las UMAP, del 18 al 20 de junio de 1966 —dos días duró el viaje de 230 kilómetros, en tren, un tren “fantasma”— tenía 20 años. En días pasados cumplí 68. Esto lo digo porque, por ley de la naturaleza, cada vez quedan menos “sobrevivientes”, si es que así se les debe llamar; la mayoría de ellos agrupados en una valiosa organización radicada en Miami denominada “Asociación de Ex-Confinados Políticos de las UMAP”, que ha logrado dar excelentes testimonios de aquella tragedia.
Pero lo cierto es que ni los miembros de esta organización ni los demás otrora “soldados” UMAP dispersos por el mundo, tienen el poder económico y por consiguiente el poder de divulgación que posee el castrismo para desvirtuar aquellos hechos. He ahí el problema.

 

Del reconocimiento que ha recibido Mariela Castro ahora en Montevideo se infieren, entre paréntesis, unas preguntas: ¿Cuál será el destino de la Izquierda latinoamericana cuando, hoy, gobernantes de esa tendencia elegidos por la vía democrática entregan distinciones a emisarios de una dictadura de 54 años que ha enviado al exilio a más de dos millones de cubanos, que ha sumido a su pueblo en la etapa de inopia y represión más intensa de su historia?, ¿cómo pueden esos mandatarios de Izquierda glorificar a una tiranía que suprime el libre derecho a expresarse, donde todos los medios de comunicación existentes forman parte de la nómina del gobierno, donde por tanto la población no tiene acceso a internet y en fin a cualquier información que no sea la que proporciona el gobierno; donde hay hombres y mujeres que por escribir una opinión contraria en un medio del extranjero, con los contactos que esto implica, han sido condenados a 20 o más años de prisión? ¿Como será posible que gobiernos elegidos por la vía de las urnas, como son, además del de Uruguay, los de Ecuador, Venezuela y Bolivia, aplaudan a un régimen como el cubano que censura a los artistas y literatos allá nacidos que se opongan aun mínimamente a sus intereses?, ¿o que golpea de salvaje manera y encarcela a aquellas mujeres que en la actualidad, allá en Cuba, salen a protestar en silencio llevando como única arma un clavel en sus manos? ¿Debemos confiar nuestros destinos a semejantes movimientos de Izquierda? 

 

En cuanto al motivo principal de estas líneas, reitero: si algo de lo que he hecho público sobre las UMAP, resultara falso, que me fusilen y aun que escupan mi cadáver (que me sea perdonado el dramatismo); si la que miente es Mariela Castro, que se disculpe. 

 

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