El nivel medio superior, la piedra de tropiezo de los jóvenes mexicanos | Newsweek México


El nivel medio superior, la piedra de tropiezo de los jóvenes mexicanos



El país carece de un sistema equitativo e incluyente en su oferta educativa para el bachillerato. Especialistas consultados coinciden, además, en la urgencia de que existan suficientes espacios con la localización adecuada para atender la gran demanda estudiantil.

 

Cuando Agustín cursaba el quinto grado de primaria viajó a Ciudad de México y saludó al entonces presidente Felipe Calderón. Durante una ceremonia, el mandatario le entregó un diploma al niño por obtener el primer lugar en un examen de aprovechamiento. 

Oriundo de Tapachula, Chiapas, Agustín salía de su casa todos los días a las cinco de la mañana rumbo al mercado de la ciudad. Trabajaba de cargador y, con lo que ganaba, se pagaba los gastos de la escuela, a la que asistía por la tarde. 

Con ese trabajo se mantuvo hasta la secundaria. Presentó el examen para estudiar la educación media superior y consiguió un lugar en el Colegio de Bachilleres de Chiapas, Plantel 08 Tapachula; pero antes de terminar el primer semestre abandonó la escuela. Los libros, las cuotas, los pasajes y la comida eran ya un gasto mayor y el poco dinero que le dejaba su trabajo era insuficiente.

En educación, uno de los problemas más importantes que padece México es el abandono de los estudios por parte de adolescentes de forma temporal o definitiva, principalmente en la educación media superior. 

Actualmente, en el país unos 4.8 millones de infantes y adolescentes, de entre 3 y 17 años, no asisten a la escuela. Las tasas más altas de inasistencia están en preescolar y en la educación media superior.

“El abandono escolar es un proceso que tiene sus inicios desde la educación primaria, pero es en la secundaria y en el bachillerato donde más alumnas y alumnos dejan las escuelas por diversas razones.

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“Es en esta etapa cuando encaran de manera personal diversas problemáticas, algunas derivadas de las necesidades económicas familiares y, otras, de una preparación deficiente durante los grados escolares anteriores”, explica el doctor Juan Pablo Arroyo Ortiz, subsecretario de Educación Media Superior, de la Secretaría de Educación Pública, en entrevista con Newsweek México. 

Los ciclos de formación nunca cuidan la configuración gradual de capacidades, habilidades y conocimientos al avanzar en las edades de los alumnos, añade Arroyo Ortiz. 

De acuerdo con el informe “Principales cifras del sistema educativo nacional 2018-2019”, durante el ciclo escolar 2001-2002 ingresaron en la primaria 2 millones 475,340 niños. En 2006-2007 egresaron 2 millones 269,091 alumnos.

En el periodo 2007-2008 ingresaron en la secundaria 2 millones 160,272, y en 2009-2010 egresaron 1 millón 775,728. Durante 2010-2011, 171,646 alumnos ingresaron a una educación técnica y en 2012-2013 egresaron como profesionales técnicos 18,067.

Quienes ingresaron en el bachillerato en el ciclo 2010-2011, fueron 1 millón 544,644 adolescentes; en 2012-2013, egresaron 1 millón 112,041. Continuaron estudios superiores, durante el ciclo 2013-2014, 831,492 estudiantes, y en 2017-2018 egresaron 594,561 profesionistas.

El mismo informe señala que, para el último ciclo reportado, 2018-2019, se logró abatir el abandono de un 14.5 por ciento a un 12.9 por ciento en una matrícula de 5.2 millones de estudiantes de educación media superior.

UNA GRAN FALLA DEL SISTEMA

“El nivel medio superior es la piedra de tropiezo de los adolescentes mexicanos. Estudios señalan que nuestro país presenta una gran falla para garantizar que adolescentes continúen sus estudios en la educación media superior.

“La forma en que está diseñado el sistema de selección y asignación de espacios escolares es totalmente discriminatorio. Aplica el concepto de que ‘el código postal’ determina el proyecto de futuro en términos educativos.

“Los alumnos que obtienen un lugar en escuelas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o el Instituto Politécnico Nacional (IPN) son quienes tienen mejores condiciones de vida, viven en delegaciones cercanas a estas instalaciones y en otros casos vienen de colegios privados”, comenta a Newsweek México Juan Martín Pérez García, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim).

En Ciudad de México y el Estado de México, los alumnos tienen la oportunidad de participar en el Concurso de Asignación a la Educación Media Superior, un proceso organizado por la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Medio Superior (Comipems).

En 2019 se registraron 310,159 aspirantes para presentar el examen de la Comipems; solo dos alumnos obtuvieron calificación perfecta, 128 aciertos.

175,286 estudiantes, más de la mitad de los aspirantes, solicitaron planteles de la UNAM como su primera opción. La Universidad solo recibió a 34,543 alumnos. En el caso del IPN, 42,121 estudiantes lo solicitaron como opción. El Instituto recibió a 25,720 estudiantes.

En los otros estados que conforman el país, el examen es aplicado por la SEP. En 2020, por la problemática de la pandemia, fue realizado vía internet.

Los exámenes para continuar los estudios de bachillerato, señala Pérez García, son una expresión de discriminación por el origen y la condición económica de los adolescentes. Otro factor que pone en desventaja a los jóvenes de bajos recursos económicos es el curso privado de preparación del examen de admisión a la educación media superior.

“Hay una necesidad inevitable de tomar el curso para poder presentar un examen, lo cual también se convierte en un acto de discriminación ante la dificultad de muchas familias pobres de pagarlo, y generalmente es una posibilidad más cercana para acceder a un mejor puntaje.

“El curso es una evidencia del fracaso del sistema educativo, de los contenidos y el currículo que se da a lo largo de los años porque no es homogéneo ni de la misma calidad, particularmente entre escuelas públicas y privadas”.

Arroyo Ortiz, el funcionario de la SEP, explica que hay escuelas que son deseadas por el “pase automático” que ofrecen para entrar sin examen de selección o ingreso en el nivel superior en la misma universidad; otra razón es el prestigio que tienen las instituciones.

“También hay escuelas que son rechazadas por su ubicación en zonas que se perciben como de riesgo o inseguras, o bien por la distancia y tiempos de recorrido de los estudiantes a sus domicilios”.

En algunas regiones del país, indica el doctor Arroyo, otro factor importante que toman en cuenta los jóvenes para la elección de la institución es que la oferta educativa sea pertinente con las necesidades de desarrollo y oferta de empleos de la región.

El subsecretario añade que el que un alumno consiga un espacio en la escuela de su elección o no, depende de su formación anterior. 

“El exceso de demanda de algunos planteles limita las oportunidades de varios alumnos porque, aunque estén bien formados, no alcanzan el puntaje necesario para ganar un espacio. Sin embargo, es necesario mencionar que al estudiante se le ofrecen opciones alternativas cuando el cupo del plantel al que aspira ingresar es insuficiente”.

Un factor que pone en desventaja a los jóvenes de bajos recursos son los cursos privados de preparación del examen de admisión a la educación media superior. Foto: Moisés Pablo/Cuartoscuro

¿Y EL FACTOR POBREZA?

El doctor Eduardo Andere, analista y experto en temas de política educativa y educación comparada, comenta a Newsweek México que dos podrían ser los impedimentos para continuar el bachillerato. “Quizás el más importante es la crianza en el hogar, que no fomenta la educación ni el valor de la escuela; dos, un proceso educativo de primaria y secundaria que no motiva a los niños y jóvenes a seguir estudiando.

“No creo que sea la pobreza, quien llega a tercero de secundaria ya ha tenido al menos nueve años de educación escolarizada para saber la gran importancia de la educación para el futuro de su vida”.

Por su parte, para el director de Redim, Martín Pérez, el principal factor que impide a los jóvenes ingresar en el bachillerato es fundamentalmente la pobreza.

“La enseñanza media superior no es gratuita. No solamente es lo que se pide en la escuela, también los traslados, alimentación, libros y todo lo que significa poder cumplir con la educación; y conforme se avanza, el costo también aumenta”. 

De acuerdo con el directivo, pueden ser obstáculos las escuelas como el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (CBTIS) y el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica (Conalep), ya que, señala, son opciones que normalmente buscan que los adolescentes se conviertan en técnicos.

Eduardo Andere señala por su lado que, en 2017, 2018 y 2019, el Conalep fue la institución que aceptó a los alumnos con los más bajos puntajes. 

La UNAM, por el contrario, fue la institución que admitió a los alumnos con más alto puntaje. “Aunque entiendo las razones académicas de este proceso, el problema pedagógico es que se crea un efecto ‘estigma’ en los alumnos y las instituciones”.

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“Es decir, si vas al Conalep es porque eres un alumno de bajo desempeño. Lo contrario sucede con la UNAM. En este sentido, los alumnos y las instituciones son estigmatizadas, lo que provoca un efecto negativo de bola de nieve o un círculo vicioso.

“La autoridad educativa debe buscar un proceso que evite este pernicioso efecto de estigma pedagógico que solo empeorará las cosas para los alumnos y las instituciones estigmatizadas”.

Pérez García señala en su momento que estas escuelas poseen de manera permanente el discurso de que el futuro es una carrera técnica, y así se cancela la posibilidad de continuar estudios universitarios. Ello provoca un determinismo económico que se traduce en bajos salarios, trabajos precarios y la reproducción de la pobreza.

A ese respecto, el directivo de Redim ve en una inversión estratégica por parte del Estado mexicano una garantía de permanencia en las escuelas, siempre y cuando se mejore la calidad y la suficiencia de recursos para que no solamente sean técnicos, sino que estas escuelas puedan aportar elementos para quienes quieran continuar estudios universitarios. 

El subsecretario Arroyo comenta por su parte que, si un adolescente abandona los estudios antes de ingresar en el bachillerato, la región donde vive determinará sus oportunidades de trabajo. 

“Los trabajos que puede conseguir una persona con certificado de secundaria en comparación con una persona con certificado de bachillerato son jerárquicamente inferiores y menos remunerados”.

Pérez García añade que las becas han aumentado, pero siguen siendo insuficientes. “Los 800 pesos al mes no permiten que un estudiante en una condición de precariedad pueda cubrir lo que demanda el estudio. Necesario es mencionar que fundamentalmente quienes se quedan sin estudiar son mujeres adolescentes.

Ello se explica “por la cultura machista que las lleva a involucrarse en el cuidado de sus hermanos y tareas domésticas o el trabajo familiar, sumado a los embarazos tempranos. Aunque también existe la posibilidad, en hombres y mujeres, de que la escuela no sea atractiva ni forme parte de sus expectativas”.

LA VIOLENCIA, OTRO MOTIVO DE DESERCIÓN

La violencia se suma a los factores de deserción de los adolescentes. Principalmente en escenarios del crimen organizado. Transitar en ciertas zonas puede representar un riesgo de vida, tomando en cuenta que en provincia existen pocas escuelas cercanas a las zonas rurales.

Guerrero, Sinaloa y Tamaulipas son algunas de las entidades donde los centros educativos han cerrado sus puertas por largos periodos a consecuencia del crimen organizado. “Esto es reflejo de un Estado cooptado o que forma parte de las redes de microcriminalidad, otro factor que no permite continuar los estudios a partir del control territorial”, señala Pérez García.

Ello también es discriminación, insiste el director de la Red por los Derechos de la Infancia en México, porque no existen protección, ni seguridad, ni apoyos suficientes para quienes están en condiciones de pobreza o precariedad; el abandono prolifera en los pueblos indígenas o población con discapacidad.

El trabajo que puede conseguir una persona con secundaria en comparación con una persona con bachillerato es jerárquicamente inferior y menos remunerado. Foto: Félix Márquez/Cuartoscuro

Para quienes abandonan la escuela después de la secundaria también existe la posibilidad de migrar. “Entre más pobres sean los adolescentes que dejan de estudiar, tienen menos alternativas de desarrollo y la migración, aunque es peligrosa, también es una opción de desarrollo, porque continuar con sus estudios, incluso técnicos, tampoco es una posibilidad, y al quedarse sin estudios también quedan en vulnerabilidad ante el crimen organizado”.

LOS MUNDOS RURAL Y URBANO

La cantidad de ingresos económicos que se destina a las zonas rurales dista de lo que recibe la región urbana, lo que Pérez García califica como una “discriminación estructural”. Esto se refleja en la inversión en personal docente. Quienes enseñan en zonas rurales tienen menos posibilidades de acompañamiento y actualizaciones, y las consecuencias las padecen los estudiantes. 

Los recortes presupuestales del actual sexenio han contribuido al deterioro y a la crisis educativa, señala Pérez García, y afectan la actualización, infraestructura y los recursos destinados para población con discapacidad o indígena.

Para el directivo de la Redim, es necesario y urgente el reconocimiento de los adolescentes como ciudadanos de pleno derecho y, a partir de ahí, hacerlos parte de la solución de los problemas educativos. 

“Se necesita invertir en aquellas poblaciones que ya están reconocidas como personas con carencias y que no pueden continuar con la educación media superior, se necesita un gasto y una inversión estratégica para aquellos segmentos de población que históricamente han quedado excluidos.

“El sistema educativo sigue en crisis. Las dos reformas educativas fueron un fracaso, no colocaron el derecho a la educación en el centro. Fueron reformas vinculadas con acuerdos político-electorales. La de Peña Nieto con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y la segunda de López Obrador con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), ambas como pago de votos y no necesariamente reformas de fondo”.

El director de Redim añade que se necesita que los adolescentes sean una prioridad, de otra manera, con la pandemia y los efectos, la crisis en educación media superior se va a profundizar.

El doctor Juan Pablo Arroyo Ortiz, por su parte, comenta que se requiere un sistema educativo con mayor equidad e inclusión en su oferta educativa, es decir, que existan la cantidad suficiente de espacios y con la localización adecuada para atender la gran demanda. 

También se requiere que se cumpla con el mayor nivel de calidad educativa con opciones pertinentes a los intereses y particularidades de las regiones del país.

“En la educación media superior estamos enfocados en la revisión del marco curricular común y de las opciones de egreso propedéuticas y tecnológicas, en una profunda reflexión y discusión con docentes y directivos de los subsistemas de bachillerato, donde ya tenemos los primeros resultados en algunas áreas de los planes de estudio. 

“Estamos en un proceso amplio y diverso de formación docente en habilidades para la educación, la didáctica y la pedagogía, así como en la actualización de los contenidos. Se les capacita para mejorar sus habilidades digitales y uso de las tecnologías de la información, comunicación, conocimiento y aprendizaje digitales para mejorar su desempeño profesional y lograr mayor fortaleza en el aprendizaje de nuestros alumnos”.

EDUCACIÓN SELECTIVA, ELITISTA Y EXCLUYENTE

La educación media superior ha sido, desde su surgimiento, selectiva, elitista y excluyente, así lo explica el doctor en sociología Juan Fidel Zorrilla Alcalá en entrevista con Newsweek México. 

“Es elitista porque pueden entrar muchos, pero se quedan pocos; selectiva porque se escoge ‘lo mejor’ para que llegue a la educación superior, y excluyente porque los mecanismos con los que está constituida hacen que se beneficien y favorezcan ciertos modos de incorporación de atención y de respuesta por encima de otros.

“Actualmente el sistema de educación superior cuenta con cinco y medio millones de estudiantes en comparación con hace 50 años, cuando solamente había 37,000 estudiantes de preparatoria en todo el país. Lo que confirmaba ese carácter elitista y excluyente, es decir, una formación orientada a la formación de unos cuantos”, explica el también especialista en políticas para la educación media superior y superior.

El sistema educativo comenzó a sufrir una modificación, señala Zorrilla Alcalá, en 1994, cuando México ingresó en la OCDE y las políticas de educación se vieron sujetas a la comparación sistemática internacional de datos sobre el desempeño de educación media superior, lo cual fue una novedad porque el sistema siempre se había comparado consigo mismo.

Empero, los resultados educativos no han sido del todo favorecedores para México. “El sistema creció tan rápido y la formación de los profesores históricamente ha sido muy laxa, por lo tanto, hay deficiencias. En la oferta educativa hay una gran heterogeneidad, alumnos que provienen de todo tipo de escuelas. Algunos llegan con un promedio de 10 en matemáticas, pero resulta que el maestro solo dio clases dos meses o no había maestro y alguien más se encargó, y para no tener problemas les puso 10 a todos. Es decir, la calificación no representa lo aprendido.

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“Se junta la heterogeneidad en la oferta con la heterogeneidad en la demanda por educación y, además, hay que añadir la personalidad individual y la personalidad social de cada alumno, elementos que contribuyen a la deserción. He comprobado que la mayor parte del abandono escolar sucede antes que termine el primer semestre de preparatoria, generalmente antes de que hayan tenido la primera calificación parcial, posiblemente a los dos meses de haber entrado”.

El sociólogo añade que durante la educación media superior los alumnos se enfrentan en cada asignatura a una exigencia de índole propedéutico. “En la materia de física se le exige como si fuera a estudiar en la facultad de ciencias, en matemáticas se le exige como si fuera a asistir a una ingeniería.

“El sistema educativo no funciona porque está orientado todavía al aprendizaje memorístico, enciclopédico. De aprender lo que dice y hace el profesor. Los alumnos tienen en cada materia un número altísimo de contenidos que aprender, entre 50 y 80 contenidos por asignatura, en cada programa de cada semestre”, advierte Zorrilla Alcalá.

En tanto, los conocimientos de los estudiantes que asisten a un examen de admisión distarán por las variaciones no solamente entre instituciones y planteles, sino también por las diferencias dentro de la misma aula.

“Hay una gran diversidad entre los recursos y experiencia con que llegan los alumnos y en general se enfrentan a una exigencia rígida estructurada, programática que maneja cada profesor”.

Es así como la educación pide lo que no ofrece, señala: “Además, muchos adolescentes llegan mayormente preparados a un examen de admisión de la media superior porque las familias de origen tienen educación superior, esto otorga una ventaja”. 

El doctor Alcalá comenta que, tanto en México como en América Latina, se sabe que tener educación media superior es el pasaporte para salir de la pobreza.

“Pero cuando vemos cómo funciona el sistema selectivo, nos damos cuenta de que las oportunidades son mucho mayores para los alumnos que proceden de los quintiles más altos de ingresos que llegan a la escuela que para quienes provienen de los quintiles más bajos. En los hechos, la dinámica del sistema sigue siendo selectiva, propedéutica y elitista. Nadie busca excluirlos voluntariamente, pero el sistema funciona de esa manera”.

La obligatoriedad de la educación media superior también se ha convertido en un problema, indica, puesto que el Estado tiene la obligación de tener un espacio para cada alumno y, además, de calidad.

El sistema se ha preocupado porque los alumnos no se queden sin una oportunidad, pero el lugar que les ofrece difícilmente va a coincidir con lo que buscan. 

“La calidad es un problema porque asegurar esto en un sistema tan grande y tan heterogéneo, con instituciones tan diversas, bajo formas de control tan diferenciadas es una complejidad enorme.

“Por ahora, ‘calidad’ en términos tradicionales y propedéuticos significa que el alumno tenga un buen promedio en todas las materias con una orientación muy memorística, de retención y repetición, eso es lo que tiende a funcionar y tener alta calidad es prácticamente imposible porque el sistema está hecho para que solo el que tiene buena memoria tenga buenas calificaciones”, indica el sociólogo. 

Por ahora, “calidad” en términos tradicionales y propedéuticos significa que el alumno tenga un buen promedio en todas las materias. Foto: Tercero Díaz/Cuartoscuro

Para el experto, se necesita una orientación distinta. Se deben ofrecer alternativas distintas y sugiere que al alumno se le exija mayor aprovechamiento en las materias a las que estaría encaminando su educación superior.

Meses después de abandonar el bachillerato en su natal Tapachula, Agustín se unió a un grupo de jóvenes que consumían drogas a las afueras de la preparatoria donde antes estudió. Ahora se le ve deambulando por los pasillos del mercado local. Sus sueños de ser un maestro reconocido, como en su momento se lo platicó al expresidente Felipe Calderón, terminaron sepultados para siempre.  

 

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