Disturbio silencioso: Yo La Tengo logra la trascendencia mediante la espontaneidad


Disturbio silencioso: Yo La Tengo logra la trascendencia mediante la espontaneidad

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Yo La Tengo, la más persistente y confiablemente grande de las bandas de rock independientes, regresa con su álbum número 15. Como siempre, nada de eso fue planeado.

 

Hace unos meses, Ira Kaplan y Georgia Hubley, el dueto de marido y mujer que han tocado juntos en la banda Yo La Tengo durante 34 años, recibieron a algunos amigos en su apartamento. Les dijeron un secreto: Yo La Tengo había terminado un nuevo álbum, el decimoquinto de la banda, y planeaban llamarlo There’s a Riot Goin’ On (Hay un disturbio en marcha), un oportuno guiño a Sly and the Family Stone.

Resultó que sus invitados nunca habían escuchado el álbum de Sly Stone. Kaplan, que lo considera uno de sus favoritos, imita su propia reacción: “¿No conocen ese disco!”. Lo sacó inmediatamente de su colección de grabaciones y lo tocó para ellos.

Durante décadas, Yo La Tengo ha desempeñado una función similarmente curatorial para sus admiradores. La amada banda de Hoboken, New Jersey, es famosa por tocar covers espontáneos en sus conciertos y contar con músicos invitados sorpresa en sus espectáculos anuales de Jánuca (una de sus tradiciones favoritas consiste en tocar las ocho noches del Jánuca en el mismo sitio). Kaplan fue un crítico de rock antes de convertirse en roquero, y la discografía de la banda está repleta de eruditas referencias culturales y oscuros covers, como la estupenda deconstrucción de “You Can Have It All” (Puedes tenerlo todo), de George McCrae. Así que, ¿por qué no tomar un título de Sly Stone en 2018?

Breve lección de gramática roquera: What’s Going On (sin apóstrofe en la palabra Going) hace referencia al importante álbum que Marvin Gaye grabó en 1971. What’s Goin’ On es el título de un álbum del Quinteto de Frank Strozier, grabado en 1977. There’s a Riot Goin’ On, titulado en respuesta al álbum de Gaye, es el nombre de la obra maestra de 1971, compuesta por Sly and the Family Stone y grabada en una época de tremenda agitación nacional. Y There’s a Riot Going On (sin apóstrofe) es el título del nuevo álbum de Yo La Tengo (el título de Sly es tan icónico que un programa de revisión de gramática sugiere cambiar Going por Goin’).

El título del álbum “se sentía bien”, dice Kaplan, de 61 años, durante una reciente conversación en las oficinas de Manhattan de Matador Records. Kaplan viste su característico uniforme: pantalones vaqueros y camiseta con rayas muy delgadas, y está sentado frente al bajista de la banda, James McNew (Hubley no está presente, pues prefiere que sus compañeros hablen en las entrevistas). Yo La Tengo eligió el título a principios de 2017, más o menos en la época en la que millones de estadounidenses realmente tomaron las calles para protestar contra la nueva presidencia de cierto magnate de los bienes raíces.

Sin embargo, Riot no suena en ningún momento como Sly Stone. Y a pesar de su título que aparentemente llama a la resistencia, el material no es abiertamente político. En cambio, parece haber una contradicción deliberada entre el título y los relajantes sonidos del álbum, que se centra alrededor de murmurantes bucles y flotantes pasajes ambientales. La onírica expansión de estilo y textura, amplia pero no aleatoria o dispersa, se suma a la colección musical más cálida y serena de la banda desde And Then Nothing Turned Itself Inside-Out (Y entonces nada se puso al revés), del año 2000.

BARNEY BRITTON/REDFERNS/GETTY; BURAK CINGI/REDFERNS/GETTY; TIM MOSENFELDER/GETTY

“Fue una experiencia totalmente hermética”, dice McNew al hablar de la elaboración del álbum. No hubo una grabación convencional ni produjimos demos. El trío trabajó completamente solo en el estudio, y en lugar de escribir canciones en la forma en que suelen hacerlo, recuperaron años de melodías no utilizadas, bandas sonoras cinematográficas descartadas y retazos para crear algo nuevo (prescindiendo de un ingeniero o productor externo, McNew construyó el álbum él mismo con Pro Tools).

“No creo que estuviéramos pensando por qué grabábamos”, señala Kaplan. “Simplemente lo hacíamos. Con el paso del tiempo, hemos tratado tanto como nos es posible de no decirnos a nosotros mismos que estamos trabajando en un nuevo disco. Es principalmente como: ‘Vamos a juntarnos a tocar preocupándonos lo menos posible por el resultado final’”.

He aquí una revelación explosiva: los miembros de Yo La Tengo ya no viven en New Jersey. Aunque la banda es prácticamente la mascota de Hoboken, Kaplan y Hubley se mudaron discretamente a Manhattan en 2014, poco después de que el Maxwell’s original, el famoso semillero de Jersey de música independiente que durante mucho tiempo fue sede de las actuaciones de Yo La Tengo en Jánuca, cerró sus puertas (la banda resucitó la tradición de Jánuca en el Bowery Ballroom en 2017). McNew ahora vive en Brooklyn.

Para cierta población de nerds independientes, Yo La Tengo es sinónimo de New Jersey tanto como Bruce Springsteen. Sin embargo, “aun cuando vivíamos en Hoboken, no había mucho en Hoboken que nos importara”, dice Kaplan. “Estaba el Maxwell’s y WFMU. Nos encantaba el Guitar Bar. Hay cosas que amamos en Hoboken”.

Y Yo La Tengo todavía tiene un estudio en esa localidad, donde la banda ensaya y donde grabó su nuevo álbum. También fue ahí donde la banda se formó: Kaplan y Hubley se conocieron a principios de la década de 1980, tras encontrarse frecuentemente en las mismas tiendas de discos y conciertos.

La pareja decidió crear una banda y publicó un anuncio clasificado en The Village Voice, donde Kaplan escribía a veces sobre música: “Se solicita guitarrista y bajista para una banda que podría sonar o no como The Soft Boys, Mission of Burma y Love”.

Tras publicar una serie de álbumes irregulares y casi grandiosos con Coyote Records y atravesar numerosos cambios de personal, Yo La Tengo afianzó su alineación cuando McNew se unió en el bajo, justo a tiempo para el álbum de 1992 May I Sing With Me (¿Podría yo cantar conmigo?). Con Painful (Doloroso), de 1993, un indeleble equilibrio de baladas oníricas y ruidos de distorsión y acople de notas, la banda alcanzó la grandeza. Y entonces… ha permanecido básicamente así.

¿Alguna vez ha habido alguna banda de rock independiente que sea más persistente y confiablemente grande que Yo La Tengo? El sólido trío es una de las pocas bandas en activo que han representado ininterrumpidamente a la corriente subterránea independiente de Estados Unidos de la década de 1980. Sonic Youth, dirigida por otro dueto de marido y mujer, se disolvió junto con el matrimonio de Kim Gordon y Thurston Moore. Los Pixies y Dinosaur Jr. se tomaron largos descansos. R.E.M. se retiró con dignidad. Lo mismo hicieron los Replacements, aunque menos dignamente.

La banda se ha mantenido activa en una forma u otra desde 1984. En ese tiempo han caído imperios, distintos papas han ido y venido, la industria musical se ha tambaleado al borde del colapso, y Yo La Tengo ha resistido, publicando grabaciones de calidad cada dos o cuatro años, como si nada. Todos estos álbumes son disfrutables, y algunos de ellos (particularmente Painful y I Can Hear the Heart Beating as One (Puedo escuchar el corazón latiendo como si fuera uno) de 1997, toda una hazaña estilística) son considerados clásicos indiscutibles.

“Tienen esa extraña habilidad para saber cuándo y exactamente cómo cambiar las cosas para que sigan interesándoles”, dice John McEntire, que mezcló el nuevo álbum y produjo Fade (Fundido), de 2013. “Son capaces de decir: oh, ahora seremos los Condo Fucks [otra encarnación de la banda] durante dos meses. O cuando deciden girar la ruleta y hacer lo que resulte”.

McEntire se refiere a la excéntrica gira Wheel of Fortune (Rueda de la fortuna) de la banda, en la que los fanáticos determinaban la lista de canciones que se interpretarían esa noche girando una ruleta gigante. Por ejemplo, la rueda podría evitar que la banda solo podría tocar canciones cuyo título comenzara con la letra S. Una noche, salió “Teatro de comedia de situaciones”, y Yo La Tengo interpretó un episodio completo de Seinfeld en el escenario.

Cuando menciono la notable longevidad de la banda, Kaplan simplemente se encoge de hombros. “Simplemente nos gusta tocar”, dice. “Así que realmente no es tan difícil”. Cuando señalo que Yo La Tengo parece ser la principal banda sobreviviente de la generación de 1980, él declina ese honor. “Los Mekons ya no tocan mucho, pero siguen activos”, dice. “Ciertamente, los Flaming Lips. Y nuestros amigos de Antietam son absolutamente notables. Ellos comenzaron antes de que nosotros”.

Pero los Flaming Lips suelen tocar la misma lista de canciones todas las noches, mientras que Yo La Tengo encuentra la trascendencia mediante la espontaneidad. La versatilidad de la banda en concierto resulta impresionante. En los últimos tres años, llevaron a la madre de Kaplan, que tiene más de 80 años, a cantar en el Summerstage de Central Park, tocaron a través de globos amarillos con el compositor experimental Alvin Lucier en 2016 y compartieron el escenario con Nick Lowe en uno de sus espectáculos de Jánuca, sin haber ensayado nunca con él.

Un tema recurrente de nuestra entrevista es la falta de interés de Yo La Tengo en hacer planes. Recordemos la rueda de la fortuna: dejemos que el destino lo decida. McNew dice que el nuevo álbum fue grabado “accidentalmente”, y Kaplan dice que la banda no comenzó a preocuparse sobre los espectáculos de Jánuca sino hasta unas cuantas semanas antes. “Hemos aprendido a concentrar nuestras preocupaciones”, dice McNew.

El único plan a largo plazo que Kaplan admite es el futuro de la banda. Tras preguntársele si Yo La Tengo seguirá activa por otros 30 años, no lo duda: “Definitivamente”. ¿Y qué hay de presentarse las ocho noches de Jánuca de nuevo? No tienen ni idea.

Publicado en cooperación con Newsweek / Published in cooperation whit Newsweek

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