Plataforma pirata en el Golfo | Newsweek en español


Plataforma pirata en el Golfo



EN LAS AGUAS del Golfo de México, al oeste de Tabasco, yace una plataforma autoelevable, tipo jackup, acondicionada como hotel flotante. Se trata de una estructura propiedad de la empresa Delta Al Muhitat Shipping, LLC., que tiene su sede en el majestuoso oasis llamado Sharjah, capital del emirato árabe, en la zona metropolitana de Dubái.

Pero los lujos de la tercera ciudad más grande de los Emiratos Árabes Unidos contrastan con las condiciones del flotel, dotado de dormitorios con literas apiñadas para alojar unos 250 trabajadores de día y de noche, por el que Pemex pagó más de 2 millones de pesos cada día, lo equivalente a unos 8,400 pesos por cada individuo.

El casco de la plataforma está oxidado, desvencijándose. Yace infestado de cucarachas, roedores y moscas. Hay basura acumulada y cochambre. La falta de mantenimiento ha estropeado los equipos. Esto lo describen los propios trabajadores.

Al ritmo de la furia de los huracanes que por estos días golpean la Sonda de Campeche, en lo alto de su puente de mando serpentea la bandera de Vanuatu: dos franjas horizontales de color rojo y verde y un triángulo isósceles negro del lado izquierdo, separados con una línea amarilla y el colmillo de un jabalí junto con dos hojas de namele, una especie de helecho local.

La Strategic Excellence está registrada en esa isla del sur del Océano Pacífico que, según la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) es un paraíso fiscal, pero que a criterio de la ITF (International Transport Workers Federation,), es un pabellón “de conveniencia”. Se ubica a 1,750 kilómetros de Australia, el país más cercano, y a 10,733 kilómetros de México. Es decir, la plataforma yace a 6,669 millas náuticas de la que oficialmente es su casa.

Se trajo a México en 2015. Su contratación para la Sonda de Campeche fue una de las últimas que hizo la administración de Emilio Lozoya Austin, en una serie de triangulaciones que involucra a diversas empresas: su propietaria, Delta Al Muhitat Shipping, LLC, que la fletó a Tera Harta Maritime Ltd (THML), y esta a su vez la subfletó a Unión International Energy FZE, que en conjunto con la mexicana Proyectos y Cimentaciones Industriales, S. A. de C. V., la rentaron a Pemex.

Entre ese grupo de empresas hay ciertas peculiaridades, por ejemplo, que la Union International Energy, compañía árabe también, es representada en México por Alberto Ríos Treviño, quien a su vez es cónyuge de Rosario Brindis Álvarez, exlegisladora del Partido Verde Ecologista, exconsejera nacional del PRI, quien se desempeña como funcionaria de Pemex encargada del área de enlace Legislativo, con nivel 45. A los dos recientemente se les señaló en el Congreso de la Unión por verse implicados en un supuesto conflicto de intereses en la contratación de plataformas.

El contrato de “servicios de alimentación y hotelería con el apoyo de una unidad habitacional flotante” lo adjudicó Pemex a nombre de Delta Al Muhitat Shipping de México, S. de R. L. de C. V.

La plataforma de 52.67 metros de eslora y 53.34 metros de manga fue contratada por directivos de Pemex por adjudicación directa, mediante el contrato 648225826, formalizado el 22 de diciembre de 2015. Esto pese a que el monto por 567 millones 438,750.10 pesos, obligaba a realizar una licitación pública, de acuerdo con las leyes vigentes.

Pero, además, la plataforma presentaba graves anomalías. En una revisión que hicieron supervisores de Pemex —asentada en documentos internos cuya copia obra en poder de este semanario— se detectaron numerosas deficiencias. Aun así, fue contratada.

PERMISOS A MODO

Por causas atribuibles a la contratista, esta plataforma no entró en servicio el 30 de diciembre de 2015, como mandataba el contrato, sino hasta el 29 de marzo de 2016, tres meses después de la fecha obligada.

Pese a la enorme cantidad de recursos públicos involucrados, ni siquiera le requirieron que se abanderara en México, sino que le permitieron que operara con un permiso especial de navegación, de los que desde hace por los menos tres sexenios la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) otorga a compañías navieras y armadores para que metan sus equipos a trabajar en la industria petrolera mexicana con banderas de conveniencia, sin pagar impuestos al país ni tampoco cumplir las normas y leyes locales, lo que ha hecho de la industria offshore (costa afuera) un paraíso tanto fiscal como laboral para los contratistas.


Ante el riesgo que implica el que la plataforma se mantenga
conectada al activo de producción de Pemex, la Semar implementó un operativo de
vigilancia. FOTO: ESPECIAL

La Strategic Excellence operaba con un permiso especial de navegación autorizado por Saturnino Hermida Mayoral, director general adjunto de Desarrollo de la Industria Marítima de la SCT, con vigencia del 16 de julio al 16 de octubre de 2016.

En la Sonda de Campeche se conectó junto al Centro de Proceso Enlace Litoral, propiedad de Pemex, en la misma zona en la que hace una década colisionó la plataforma Usumacinta, que cobró la vida de 22 trabajadores. La tragedia ocurrió debido a las averías y falta de mantenimiento de los equipos de salvamento.

En una inspección de seguridad hecha a la Strategic Excellence el 5 y 6 de julio de 2016, se determinó que “los resultados obtenidos no fueron satisfactorios”. La plataforma presentó serias deficiencias en infraestructura y seguridad, algo inconcebible cuando Pemex pagó más de 567 millones de pesos; es decir, 2 millones 117,308.76 pesos cada 24 horas durante nueve meses. Si se aplicara la ley, el contenido del informe es suficiente para suspender el contrato.

Al cabo de esa revisión, los inspectores indicaron a los operadores de la plataforma que las anomalías debían repararse inmediatamente. No obstante, para diciembre, en que concluía el periodo de contratación, las deficiencias continuaban. Nunca se atendieron.

Las fallas no eran solamente en infraestructura. La mayoría de sus permisos y certificaciones estaban vencidos. Por ejemplo, su certificación de clase, el documento básico de un artefacto marítimo, venció el 25 de julio de 2016. Significa que durante seis meses trabajó contratado por Pemex sin esa certificación, indispensable para tener seguros.

Según las leyes y normas nacionales e internacionales marítimas, cuando concluyó el periodo del permiso especial de navegación otorgado por la SCT, y dado que no hay evidencia de renovación, debió desconectarse del área de plataformas de Pemex y removida no solo de la Sonda de Campeche, sino de aguas territoriales mexicanas.

No obstante, los directivos de Pemex le permitieron que prestara servicios a la petrolera por lo menos dos meses sin tener ya permiso vigente, ya que este, como se menciona, venció en octubre de 2016. Para diciembre, en que oficialmente concluía su contratación con Pemex, tanto los directivos de Pemex como Capitanía de Puerto debían haberse asegurado de que la Strategic Excellence se sacara de la zona, pero la plataforma allí continúa.

En el acta de entrega recepción de cierre de contrato suscrita el 22 de diciembre de 2016, el representante de Pemex, Alejandro Valle, inscribió la instrucción: “Reiterando al proveedor a realizar la movilización inmediata de la Unidad Habitacional Flotante fuera del área de inclusión de plataformas petroleras en la Sonda de Campeche, con la finalidad de liberar la posición que actualmente ocupa al costado norte de la plataforma HA-LT-01, del Centro de Proceso Enlace Litoral y no generar obstrucciones o riesgos no necesarios”.

El acta fue aceptada por César Aguilar Almeida, como representante de los contratistas. Sin embargo, ni se desconectó ni se sacó la plataforma y, desde entonces, hace ya nueve meses, se permite que se mantenga fuera de contrato.

Fuentes internas de Pemex explicaron que en el interior de la petrolera se negociaba una renovación del contrato, pero fue interrumpida cuando en el Congreso algunos legisladores denunciaron el supuesto tráfico de influencias que involucraba a María del Rosario Brindis, la funcionaria de Pemex, y a su cónyuge, Alberto Ríos Treviño.

Ello ató de manos a funcionarios de la paraestatal. No pudieron realizar la renovación inmediata del contrato, tal y como se pretendía. Pero no quitaron el dedo del renglón. En la Sonda de Campeche se permitió que los contratistas mantuvieran su plataforma conectada al complejo petrolero, donde aún continúa, en detrimento de la norma de seguridad, lo que pone en riesgo las instalaciones que son estratégicas para la industria petrolera mexicana.


Los tripulantes no tenían herramientas adecuadas, equipo de
protección ni alimentos en la Strategic Excellence. FOTOS: ESPECIAL

Áreas petroleras marítimas, como la Sonda de Campeche, son consideradas instalaciones de Seguridad Nacional. Por ello no hay manera de que un artefacto marítimo entre o salga de la zona sin la aprobación de los funcionarios de Pemex, la SCT y la Semar. Incluso Pemex tiene un área específica, llamada Control Marino, cuya función principal es la de vigía y coordinación del posicionamiento de barcos o plataformas, lo que en esencia significa que, todo lo que ocurre en la Sonda, Control Marino lo visualiza.

La Capitanía de Puerto tiene a su vez coadyuvancia con la autoridad laboral, y por ley, para que una plataforma o barco trabajen en la zona, la copia del contrato de cada tripulante debe quedar depositado como garantía de que los empleados tienen las condiciones de ley. Nada de eso cumplía la Strategic Excellence. Pero los funcionarios parecían tener los ojos cerrados a sus irregularidades, en tanto que esta prácticamente se convertía en una plataforma pirata.

LOS NÁUFRAGOS DE PEMEX

Felipe de Jesús Arias Quiroz es un ingeniero mecánico naval egresado de la Escuela Náutica de Mazatlán, cuenta siete años laborando en plataformas petroleras. Como muchos trabajadores, ha visto precarizarse las ofertas de trabajo en la Sonda de Campeche, una realidad alejada del discurso oficial del presidente Enrique Peña Nieto y de los eslóganes donde se aseguraba que, a partir de la reforma energética, Pemex sería más eficiente.

Como Newsweek en Español ha documentado con anterioridad, muchas compañías, amparándose en la amplia laxitud de las autoridades, redujeron los salarios (algunos incluso a la mitad) para pagar en abonos, o de plano no pagar con la certeza de que, ante el déficit de empleo en el país, tienen mano de obra asegurada.

En mayo pasado un amigo de Felipe, náutico como él, le reenvió una vacante aparecida en Facebook: “Se solicitan oficiales y operadores para plataforma”, se leía en el mensaje acompañado de un número telefónico.

Felipe marcó y le respondió un hombre llamado Juan Carlos Domínguez, quien se identificó como representante de Proyectos y Cimentaciones Industriales, compañía constituida en Coatzacoalcos. A él debía enviar su currículum. La respuesta fue pronta. Felipe fue contratado. Recibió por correo un boleto para trasladarse a Ciudad del Carmen. Se le pidió llegar a un Soriana, “porque la oficina no tiene luz”.

Domínguez lo recogió en la tienda departamental para trasladarlo hasta una bodega donde yacía el resto de la tripulación: Jorge Manuel Cárdenas, motorista; Alonso Ramírez, operador de grúa; Luciano Montejo, también motorista; Octaviano Pérez, eléctrico, y Hugo Arturo Chablé, cocinero.

Eran solo seis personas, aunque el certificado de Vanuatu indica que la tripulación mínima para operar la Strategic Excellence debe ser de 14.

No tenían contrato. Aun así, el representante de Proyectos y Cimentaciones Industriales logró subirlos —sin contratiempos en la Capitanía de Puerto— a la lancha Lady Ione de la compañía PM Offshore, y trasladarlos hasta la Strategic Excellence.

Cuando estuvieron a bordo se percataron de las deficientes condiciones de la plataforma. No había herramientas ni refacciones, tampoco equipo de protección personal, y además se les indicó que la reserva de combustible era mínima, así que únicamente trabajarían con el motogenerador de emergencia.

En un artefacto marítimo quedar sin combustible o en black out (apagado) implica un altísimo riesgo. No solo para la plataforma, sino para todo lo que hay a su alrededor, ya que en la oscuridad que prima en altamar es imposible saber que allí hay un artefacto marítimo y cualquier aeronave, plataforma o embarcación podría colisionar. El motogenerador de emergencia se usa únicamente por periodos breves, y como su nombre lo dice: solamente se hace uso en caso de una emergencia.

Sin embargo, en las narices de los directivos de Pemex y de todo el personal adscrito al área de producción en la Sonda de Campeche, la Strategic Excellence flotaba en riesgo latente de black out.


La Strategic Excellence ya presentaba irregularidades
durante su contratación con Pemex. El vencimiento de sus certificaciones y
permisos eran motivo para que se rescindiera su contrato.

A Felipe de Jesús Arias, autoridad máxima en la plataforma, su contratante le ordenó mantener el motogenerador de emergencia 12 horas al día. Las restantes 12 horas debían estar en apagado total. Pero él dice que no acató esa orden “por el riesgo que conllevaría estar sin equipos para combatir alguna contingencia”.

El combustible era solo uno de los males. Pronto los días en la plataforma se tornaron más difíciles por la desesperación de que los trabajadores que ahí laboraban no recibían ni un peso de salario, y tenían a sus familias esperando en casa.

Los tripulantes no tenían tampoco herramientas adecuadas, equipo de protección ni alimentos. Se les indicó que una empleada de Pemex, de la vecina Litoral Tabasco, les pasaría alimentos —y que todo lo pagaría Juan Carlos Domínguez.

En la plataforma los días se tornaron tortuosos cuando en altamar, 45 grados bajo un sol candente, sin aire acondicionado, refrigerador ni ventiladores por la falta de energía y combustibles, los tripulantes carecían de agua potable. Realizaban dobles jornadas para suplir a la tripulación que faltaba y, por si fuera poco, la empleada de Pemex comenzó a enviarles comida caduca.

“Si quieren alimentos buenos, díganle a su patrón que pague más. Por los 3,000 pesos que me está depositando no puedo darles otra cosa” —respondió la mujer cuando le reclamaron.

Para junio, el suministro de alimentos les fue cortado. Domínguez también había dejado de pagarle.

ABANDONADOS A LA DERIVA

La falta de ventilación y agua, la basura acumulada de meses, los baños sin buen drenaje y la imposibilidad de encender ningún ventilador detonaron la proliferación de plagas de cucarachas, moscas y otras alimañas. Aun cuando estaba en operaciones “normales”, los baños no funcionaban apropiadamente porque la planta tratadora de aguas fecales debía operarse manualmente, según registraron los inspectores en su supervisión.

Sin contar siquiera ya con aquellos alimentos caducos, los tripulantes comenzaron a pescar, pero a esa altura de 30 metros entre las patas de la plataforma y la superficie marítima era difícil que picara la carnada. Luego montaron vigía para aguardar a los audaces pescadores que suelen birlar el cerco de Pemex para maniobrar en las aguas aledañas a las plataformas. Un par de veces lograron hacerles trueque de pescado por alguna cinta o cuerdas. Pero después arreciaron los temporales, por mayor celada, y no avistaron ya lanchas pesqueras.

Indeciblemente, junto a portentosas plataformas y barcos en cuyos comedores se descorchan finos Chateau y se sirven langostas o apetitosos cortes cuando arriban de visita funcionarios de Pemex llegados de la capital, en la Strategic Excellence los tripulantes sobrevivían como náufragos aislados en remotas aguas.

Cuando se convencieron de que los temporales impedirían la travesía de pescadores hasta allí, Felipe se trasladó a la vecina plataforma Litoral Tabasco para exponer al superintendente la crisis de alimento y agua para beber. Se hallaban prácticamente en estado de mendicidad, así que el superintendente accedió a que fueran allí a alimentarse.

No todo estaba resuelto: el salario seguía sin llegar y la condición en la plataforma era más turbia que las aguas petroleras del Golfo: ni uno solo de sus certificados estaba vigente, por lo que tampoco tenía seguros. Para entonces también flotaban sin permisos. Tan caduca estaba la documentación como sus sistemas de seguridad y equipos; tan podrida su operación como los alimentos que les había enviado la empleada de Pemex revendidos al patrón.


En las narices de los directivos de Pemex y de todo el
personal adscrito al área de producción en la Sonda de Campeche, la Strategic
Excellence flotaba en riesgo latente de black out. FOTO: ESPECIAL

Ante la falta de pago, el 11 de junio, un motorista y el cocinero desertaron. Buscaron apoyo para que personal de Pemex en la Litorallos desembarcara.

Aquejado por fuertes dolores de estómago intensificados por la mala alimentación, el estrés y falta de medicamento, el 19 de junio Octaviano, el eléctrico, solicitó su desembarque, pidiendo apoyo también a los vecinos de Pemex.

En tanto, Felipe pasaba horas en el puente de mando en un peregrinar de llamadas de exigencia al patrón para que les pagara, les enviara medicina, comida, combustible…

“Tenemos hijos, nuestra familia espera el sueldo para comer, necesitamos el dinero. Nos urge”, le decía. “Somos personas, no animales, ¿nadie se hará cargo de nosotros?, ¿quedaremos a nuestra suerte?”, le escribió en un correo electrónico a Domínguez, el 22 de junio, en el que también le advierte que la tripulación está en una situación de crisis ante la falta de pago, y que las condiciones en la plataforma cada vez son más severas y riesgosas.

Sin respuesta, el día 25 emitió otro correo donde le narra que ya no tienen manera de conseguir alimentos, y que arrecia el mal tiempo con vientos de hasta 93 kilómetros por hora. Al principio Domínguez trataba de convencerlo de que la situación se normalizaría pronto, que ya estaban por autorizarle el nuevo contrato de Pemex y que por eso debían seguir cumpliendo su trabajo en la plataforma.

Hasta que un día, de plano le soltó:

—Ingeniero, la verdad ya tronó el asunto con la plataforma. Esta plataforma ya no se va a recuperar, yo les aconsejo que se vayan por sus medios. Allí ya no hay que hacer.

—¿Qué me está diciendo?

—Aquí ya tronó. Desembarquen como puedan.

—Pero, ¿cómo, ingeniero, si usted mismo nos subió aquí? ¿Y nuestro salario? ¡Manden una embarcación para bajarnos! Además, no nos han pagado ni un peso. Nosotros no podemos invertir en una lancha o un vuelo para desembarcar.

—No, pues aquí ya tronó. Bájense como puedan.

—¿Cómo vamos a bajar si estamos a una altura de 30 metros y no tenemos botes para salir? No podemos exponernos. Es mucho riesgo bajar por las patas de la plataforma, descender 30 metros y, si sobrevivimos, echarnos a nadar, buscar que alguna embarcación quiera auxiliarnos, hay turbonadas y huracanes. Es un riesgo para nuestra vida. Yo no puedo exponer a la tripulación.

En efecto, así como estaban vencidos sus certificados, habían caducado también sus sistemas de seguridad. No había cómo evacuar.


La plataforma presentaba graves anomalías. En una revisión
que hicieron supervisores de Pemex, asentada en documentos internos cuya copia
obra en poder de este semanario, se detectaron numerosas deficiencias.

—Lo siento mucho, pero no hay manera de apoyarlos —dijo, y colgó.

Así, simple y llanamente, los abandonaron a su suerte.

Para esos momentos eran tres hombres en una plataforma convertida en bomba de tiempo, infestada de plagas. Felipe intentó infructuosamente pedir auxilio a la Capitanía de Puerto. En cada una de las llamadas, tres o más veces al día, buscó al capitán del Puerto de Ciudad del Carmen, Ildefonso Carrillo Mora, pero este nunca le respondió. Siempre se justificó a través de una secretaria diciendo que estaba muy ocupado.

En una de estas llamadas recibió el mensaje de que, si quería que el capitán lo atendiera, debía llegar hasta su oficina en el Puerto Industrial Pesquero.

Felipe no podía creer lo que escuchaba:

—¿Qué no me entiende que esto es una emergencia? ¡Cómo voy a ir a capitanía si estamos embarcados y no tenemos equipos para bajar! —clamó.

Trabajosamente se contactó a las oficinas de la SCT en la Ciudad de México, y desde allí, el capitán Julián Hernández le dijo que su situación correspondía resolverla a la Capitanía de Puerto, obviando el que Felipe le había explicado que el titular de esa área se negaba a responder su llamada.

Desde su cómoda oficina en el piso 41 de la Torre Ejecutiva de Pemex, Juan Javier Hinojosa Puebla, director de Exploración y Producción, recibió información de lo que ocurría con la plataforma que fue traída a México, contratada por el área a su cargo, y la situación de los tripulantes allí abandonados.

—Es problema del Puerto —dijo, según un funcionario presente en la reunión. Hinojosa, siempre de acuerdo con esa versión, nunca consideró que era obligación de Pemex asegurarse de que la plataforma fuera desconectada del complejo de producción y sacada del área.

La Strategic Excellence presentaba ya irregularidades durante su contratación con Pemex. El vencimiento de sus certificaciones y permisos eran motivo para que se rescindiera su contrato, pero precisamente el área a cargo de Hinojosa Puebla mantuvo la contratación por lo menos hasta diciembre de 2016, y luego de concluido el contrato se le dejó seguir en el área, reclutando tripulantes con engaños.

La precariedad en la que yacían sus últimos tripulantes, encabezados por Felipe de Jesús Arias, no era excepcional en esa plataforma ni tampoco desconocida por el director de Pemex Exploración y Producción, Juan Javier Hinojosa, ni por el capitán de Puerto, Ildefonso Carrillo. Meses atrás, la tripulación de entonces fue también abandonada sin alimentos. El martes 13 de diciembre de 2016 fue el último día en que se abasteció su despensa, con una reserva para tres días, aunque el contrato con Pemex, por el que facturaba millones de pesos diarios, vencía hasta el 22 de diciembre.

La víspera de Nochebuena, en un oficio fechado el 23 de diciembre, la tripulación de ese momento le hizo saber al capitán de Puerto y funcionarios de Pemex que desde hacía diez días no tenían la alimentación debida, tampoco combustible, y no recibían su salario desde hacía un mes.

“Somos 13 trabajadores que permanecemos a bordo de la plataforma Strategic Excellence en calidad de abandonados, y retenidos en contra de nuestra voluntad, ya que la empresa no nos envía el relevo correspondiente para mantener operativa la plataforma y tampoco nos envía medio de transporte para poder bajar a tierra”, notificaron en la misiva los trabajadores, un documento que también se envió a los directivos de Pemex.

Al no tener respuesta de autoridad alguna, aquellos 13 salieron ayudados por otros trabajadores en la zona. Luego, los contratistas simplemente colocaron un anuncio en Facebook para reclutar una nueva tripulación.


Las autoridades navales mexicanas consideran que la
situación de la Strategic Excellence representa una amenaza. FOTO: ESPECIAL

ESTAFA Y CONTUBERNIO

Cuando una embarcación es detenida o se encuentra en una situación ilegal se debe notificar al representante del país de registro a bordo de la embarcación. Pero en el caso de esta plataforma, desde que Pemex la contrató, se evidenció que tampoco cumplía con el representante a bordo.

Después de que tuvo claro que la Capitanía de Puerto no llegaría a salvaguardarlos, Felipe pidió auxilio a la Asociación Sindical de Oficiales de Máquinas de la Marina Mercante Nacional, que desde Veracruz preside Enrique Pacheco George, y este pidió un SOS a la Secretaría de Marina para que los rescataran.

Contrario a su inicial determinación de mantenerse a bordo de la plataforma hasta que les pagaran su salario, ante la falta de alimentos y agua, las condiciones insalubres y el riesgo creciente en condiciones climatológicas extremas, los orilló a desembarcar.

La Secretaría de Marina intervino para llevarlos a tierra y, una vez allí, los tripulantes buscaron el domicilio que la empresa reportó ante Pemex para obtener el contrato y ante la SCT para que se les diera el permiso especial de navegación —el cual, ambas autoridades debían haber cotejado—. Se encontraron con la abrupta sorpresa de que se trataba de un terreno baldío a orillas de la carretera Villahermosa-Teapa.

En el ámbito náutico, el caso de la plataforma Strategic Excellence pone nuevamente en relieve las condiciones que enfrentan trabajadores reclutados por las compañías outsourcing en la Sonda de Campeche.

“Este tipo de situaciones ocurren porque México sigue sin ratificar el Convenio de Trabajo Marítimo de la OIT, que obliga a la regulación del sector. Aunque en el país tenemos la Ley Federal del Trabajo y la Ley Marítima, ante tanta compañía extranjera que trabaja en la costa afuera mexicana, es muy importante que se ratifique ese convenio internacional”, señala Enrique Pacheco George, secretario general de la ASOMMM.

“El caso de la Strategic Excellence —explica— ejemplifica que, tras la reforma energética, en la Sonda de Campeche se han intensificado los abusos de los contratistas de Pemex con los trabajadores, porque las compañías se aprovechan en mala manera de la reforma”.

Experto en normatividad marítima internacional, Pacheco George subraya: “Todo lo que ha ocurrido con la plataforma Strategic Excellence es irregular, sin embargo, tanto Pemex como la SCT le han permitido que siga en aguas territoriales de la Sonda de Campeche, y se han aprovechado de toda esta transición que ha habido también en los puertos”.

CORRUPCIÓN A FLOTE

Hace unos días, cuando desembarcaron a los últimos tripulantes de la Strategic Excellence —luego de tomarles una declaración de hechos—, la Semar, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, notificó al gobierno de Vanuatu la ubicación de una plataforma con su pabellón en aguas territoriales mexicanas y sus graves irregularidades, para que el gobierno de ese país insular de Oceanía oficialmente notifique a sus propietarios. Hasta el momento no ha tenido respuesta.

Ahora, en Londres, el caso será llevado ante la Organización Marítima Internacional, donde Vanuatu tiene como embajador y representante permanente a Laurent Parenté, y donde el caso comienza a discutirse como un “asunto de Estado”.

Las autoridades navales mexicanas consideran que la situación de la Strategic Excellence representa una amenaza para la integridad de la zona marítima más estratégica de la industria petrolera.

Ante el riesgo que implica el que la plataforma se mantenga conectada al activo de producción de Pemex sin los requisitos mínimos de seguridad en su derredor, la Semar implementó un operativo de vigilancia.

En un par de semanas, cuando se cumple el periodo que marcan los protocolos internacionales, y de no tener respuesta de sus propietarios, la Armada buscaría su incautación.

El valor que este artefacto marítimo tiene en libros contables es de 49 millones 600,000 dólares, lo que significa que, por arrendarla tan solo nueve meses, Pemex le pagó casi la mitad de su valor.

Para hablar del caso de esta plataforma, a través del área de prensa se ha solicitado a Pemex una entrevista con el titular de Exploración y Producción, Javier Hinojosa Puebla. Aún no hay respuesta.

Los últimos tripulantes de la Strategic Excellence siguen en busca de demandar laboralmente a sus contratantes para que les paguen los salarios que les adeudan, pero en los tribunales laborales les han dicho que su demanda no podrá avanzar mientras carezcan de un domicilio ante el cual notificar a la empresa.

“Aquí estamos varados, sin poder buscar otro trabajo mientras no se resuelva este asunto. Nos deben meses de sueldo, y tienen que pagarnos. ¿Pero cómo vamos a demandar si la dirección es un baldío? ¿No podemos enviar la demanda a un lote baldío, verdad? Estamos desesperados, nuestras familias dependen de nuestro salario”, se duele Felipe Arias.

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