

Esta fotografía, tomada el pasado 4 de julio y publicada por la agencia oficial de noticias de Corea del Norte (KCNA), muestra una prueba del misil balístico intercontinental (ICBM) Hwasong-14 en una ubicación no revelada. Un ICBM en manos norcoreanas —algo que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, prometió que no ocurriría— es un hito para el aislado régimen comunista, que insiste en avanzar con su programa armamentístico que, dice, necesita para impedir una invasión. Expertos estadounidenses estimaron que el proyectil podría alcanzar Alaska e incluso penetrar más adentro en el territorio norteamericano. Pero hay amplio escepticismo ante la aseveración de Corea del Norte de que el misil es capaz de “apuntar a cualquier parte del mundo”. El líder de la dinastía norcoreana Kim Jong-Un declaró que el misil fue un “regalo” a los “bastardos estadounidenses” por el Día de la Independencia, informó la agencia oficial KCNA. Con ese armamento, Pionyang podría cambiar radicalmente los cálculos de aquellos países que buscan frustrar sus ambiciones militares. La Academia de las Ciencias de Defensa de Corea del Norte, que desarrolló el misil, dijo que el Hwasong-14 alcanzó una altura de 2,802 kilómetros y voló 933 kilómetros.