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Pisadas del duque
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Pisadas del duque

Francis Whately, director de David Bowie: Five Years (David Bowie: Cinco años), el documental de la BBC, se sintió tan sorprendido como el que más cuando Bowie murió de cáncer de hígado, el 11 de enero de 2016. Whately, como todos aquellos que estaban fuera del círculo íntimo de esta leyenda de la música, ignoraba que el artista estaba enfermo. Y el momento fue estremecedor: Bowie acababa de publicar Blackstar (Estrella negra), su álbum más arriesgado en décadas.

En retrospectiva, en Blackstar pueden encontrarse pistas, como el persistente uso de imágenes de la muerte y la mortalidad. “Miren aquí arriba, estoy en el paraíso”, canta Bowie al comienzo de una canción. Y también estaba la desconcertante nota que Whately recibió un mes antes de la muerte de Bowie a los 69 años. “Escribió un correo electrónico bastante raro, diciendo que estaba muy feliz con el nuevo álbum”, dice Whately. “Y que estaba muy feliz con la forma en que lo había tratado la vida. Y dijo: ‘¿Qué más se puede pedir?’”.

El cineasta notó lo extraño del mensaje, pero se imaginó que simplemente era Bowie siendo Bowie. “Escribía cosas raras a menudo. Sus correos electrónicos eran muy divertidos. Y extravagantes. Fue solo después de su muerte que pensé: bien, ¿en realidad este era su adiós?”.

De hecho, ahora parece que Bowie estaba diciendo adiós por correo electrónico, en sus canciones y en secreto. Y la nueva película de Whately para HBO, David Bowie: The Last Five Years, es su propia clase de despedida, una recreación de la inspiración renovada durante los años finales del astro del rock, antes y después de que fuera diagnosticado con cáncer de hígado en 2014.

A pesar de su título (que alude a la canción “Five Years” [Cinco años] del álbum Ziggy Stardust), la historia comienza en 2004, cuando Bowie sufrió síntomas de un ataque cardiaco mientras actuaba en Alemania, con lo que dio por terminada abruptamente la que sería su última gira mundial. En la película, varios miembros de su banda recuerdan el escalofriante momento en el que Bowie perdió su capacidad de cantar. Tras someterse a una angioplastia, se retiró de las giras y se desvaneció en su vida privada enpis la Ciudad de Nueva York. Pasaron los años. El cumpleaños número 60 de Bowie vino y se fue. Los fanáticos suponían que el camaleón del pop estaba harto de grabar discos. Luego, en 2011, los miembros de su banda recibieron un correo electrónico: él estaba listo para trabajar de nuevo.

El documental de Whately proporciona un íntimo vistazo en las sesiones de grabación del álbum resultante, The Next Day (El día siguiente). El dilema de Whately: el cantante dirigía las sesiones como si fueran una operación de la CIA; a los músicos se les pedía que firmaran acuerdos de confidencialidad y no se permitían cámaras en el estudio.

¿Cómo hacer un documental sin imágenes? Whately decidió recrear las sesiones, reuniendo a todos los músicos. “Creo que el hecho de tocar esta música de nuevo fue una catarsis para ellos”, dice Whately.

Uno de esos músicos, Gerry Leonard, guitarrista de Bowie durante mucho tiempo, describió para Newsweek la forma en que Bowie dirigía las canciones hasta completarlas. “Era como estar con un gigante en la habitación. Su visión e intensidad, y la gran variedad de influencias a las que recurría… Era todo un Goliat como artista”, dice.

En The Last Five Years se recrean de manera similar las sesiones de grabación del siguiente álbum de Bowie, el notable y enigmático Blackstar, que evitó recurrir a una alineación convencional de banda de rock en favor de un acompañamiento más funky, más experimental. Para entonces, Bowie ya estaba enfermo. Aunque parecía sano y vigoroso cuando estaba en el estudio, Johan Renck, quien dirigió los videos musicales de “Blackstar” y “Lazarus”, recuerda que Bowie se comunicó con él por Skype para decirle que estaba gravemente enfermo y que podría morir. “Pensé, por un breve segundo, que parecía asustado”, recuerda Renck en la película.

En una escalofriante coincidencia, Renck hizo que Bowie se acostara en su lecho de muerte para “Lazarus”. La escena no pretendía representar la enfermedad de Bowie. No fue sino hasta más tarde que Renck supo que su estrella había descubierto que su cáncer era terminal la semana misma en que grabó el video.

Los fanáticos que ansían dar un vistazo al proceso creativo de Bowie no deben perderse The Last Five Years, pero aquellos que esperan obtener detalles íntimos de su batalla contra el cáncer quedarán decepcionados. Whately decidió no contar con la participación de la familia de Bowie, y la película no hace ningún intento real de violar la barrera erigida entre su vida pública y la privada. “Yo era admirador de su música, no de su vida privada. Y él era una persona bastante tímida y discreta”, señala Whately, cuya película es la culminación de 40 años como admirador, desde que vio la extravagante portada del disco Aladdin Sane, cuando era niño y se sintió “consternado y emocionado a partes iguales”.

A pesar de todo el sentido de teatralidad de David Bowie, dice Whately, el artista “trataba de hacer frente a los grandes temas: la fama, la alienación, la espiritualidad, básicamente, qué es lo que estamos haciendo aquí”, afirma Whately. “Con la posible excepción de Leonard Cohen, no puedo pensar en otro artista que haya producido uno de sus mejores trabajos al final de su vida”. 

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