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En la era Trump, Washington pierde la oportunidad de ser un líder en Latinoamérica
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En la era Trump, Washington pierde la oportunidad de ser un líder en Latinoamérica

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En 2015, Donald Trump inició su campaña presidencial con una descripción burda de los inmigrantes mexicanos como narcotraficantes, violadores y criminales, y pasó gran parte de su campaña burlándose del Tratado de Libre Comercio de América del Norte mientras enfatizaba su doctrina de “EE UU Primero”. El presidente Trump ahora ha estado en el poder un año, y algunos expertos se preguntan si esta postura ha debilitado la posición de EE UU en Latinoamérica.

Él no se ha suavizado con el hemisferio durante sus primeros 365 días en la presidencia: las visiones proteccionistas de Trump en economía han estancado las negociaciones del TLCAN, y continúa insistiendo en la construcción de un muro a lo largo de la frontera entre EE UU y México. Aun más, el presidente supuestamente se refirió a El Salvador como un “mierdero”, dio fin a las protecciones contra la deportación de miles de inmigrantes centroamericanos y haitianos y endureció las políticas de EE UU con Venezuela y Cuba.

Las acciones de Trump han hecho impopular a EE UU en la región. La idea de un muro fronterizo es ampliamente rechazada —94 por ciento de los mexicanos se opone a su construcción— y los índices favorables de EE UU se han hundido en varios países latinoamericanos, según una encuesta reciente de Pew Research.

No obstante, la directora de asuntos mediáticos de la Casa Blanca afirmó que la administración de Trump “ha promovido políticas positivas” para Latinoamérica en el terreno del comercio y la seguridad nacional.

“El presidente envió [al vicepresidente Mike Pence] a viajar por Latinoamérica el año pasado para asegurarse de que el comercio y la seguridad hemisférica [se mantengan] sólidas y que Estados Unidos siga siendo un líder dentro del región”, dijo Helen Aguirre Ferré a Newsweek. “[Luego] el secretario del Departamento de Seguridad Nacional, [John] Kelly, fue a Miami para una conferencia con naciones centroamericanas [y México en junio] para hablar de asuntos que conciernen a ambos países, incluida la seguridad nacional y la seguridad fronteriza, y cómo podemos ayudarnos mutuamente contra el narcotráfico y el crimen internacional”.

¿Qué debería esperar Latinoamérica durante el segundo año de Trump como presidente? A continuación, un resumen de los problemas más apremiantes de la región.

México: ¿qué pasará con el TLCAN y el muro fronterizo?

Trump ha afirmado en repetidas ocasiones que México pagará por el muro fronterizo “indirectamente a través del TLCAN”, el tratado de libre comercio que él ha atacado en Twitter y durante numerosos mítines por todo el país. Como resultado, algunos expertos creen que las negociaciones del TLCAN con los socios comerciales México y Canadá no irán a ningún lado.

“No hay duda de que el TLCAN necesita ser actualizado; sin embargo, a causa del contexto actual, no creo que haya una discusión racional”, comentó a Newsweek Eduardo Gamarra, profesor de ciencias políticas en la Universidad Internacional de Florida, domiciliada en Miami. “No veo una modernización del TLCAN, pero no percibo una decisión unilateral de EE UU de retirarse”.

Aun cuando los detractores del TLCAN dicen que le ha costado a EE UU empleos en el sector manufacturero, el pacto ha generado una integración económica en toda Norteamérica desde su comienzo a principios de la década de 1990. México ha visto un auge en exportaciones agrícolas a EE UU y aumentó su fuerza laboral automotriz de 120,000 a 500,000 desde 1994, mientras que 14 millones de empleos en EE UU dependen del acuerdo y 200,000 empleos relacionados con las exportaciones se crean cada año. Pero podría ser difícil cambiar la postura de la administración con respecto al tratado.

“Estará en manos de los funcionarios de EE UU, los elegidos, representantes y otros oriundos de estados agricultores el tratar de influenciar al presidente y su equipo”, dijo Shannon K. O’Neil, alto miembro de estudios latinoamericanos en el Consejo de Relaciones Exteriores, un grupo de expertos domiciliado en Nueva York. “A Trump le sorprendió ver cuánto apoyo le dan los agricultores al TLCAN en estados republicanos, cuando habló en Tennessee en la Oficina de Agricultura” previamente este mes.

En cuanto al muro fronterizo, aun cuando su construcción total es improbable, Trump tiene la intención de lograr por lo menos una construcción parcial o hallar otra manera de demostrar que se ha mejorado la seguridad. “Es posible que se destine dinero a la seguridad fronteriza [más bien], algo que el presidente demostrará —en una posible búsqueda de la reelección— que él sí mantuvo la seguridad [a lo largo de su administración”, comentó Juan Carlos Hidalgo, analista político de Latinoamérica para el Instituto CATO, un grupo de expertos domiciliado en Washington.

Christopher Sabatini, profesor numerario de política internacional y pública en la Universidad de Columbia, dijo a Newsweek que aun cuando la “gran base de Trump cree en un muro”, no será construido porque la administración posiblemente enfrente disputas de dominio cuando trate de adquirir tierras. Una tercera parte de la tierra requerida para la construcción pertenece al gobierno federal o tribus nativas americanas, mientras que las restantes son propiedad de estados e individuos privados, y muchos de ellos están a lo largo de la frontera entre Texas y México.

El Salvador: el futuro de los beneficiados del EPT y la MS-13

Casi 200,000 salvadoreños perderán su Estatus de Protección Temporal en septiembre de 2019. Aun cuando podrían abandonar el país voluntariamente o solicitar un nuevo estatus inmigratorio, es posible que muchos serán deportados. Ello propiciará una caída en las remesas, una fuente crucial de ingreso que ayudó a El Salvador a mantenerse a flote en años recientes. Dado que 97 por ciento de las remesas de los salvadoreños provienen de EE UU, esto podría aumentar potencialmente la pobreza en un país que lidia con una tasa de desempleo abrumadora y crea solo 11,000 empleos al año.

EE UU y El Salvador tienen un acuerdo que restringe la cantidad de deportaciones a 50,000 al año. “Solo hay ocho vuelos a la semana a San Salvador, y la infraestructura [aeroportuaria] salvadoreña no permite aumentar el ritmo de deportaciones de todas formas”, mencionó Hidalgo.

Aun así, un grupo tan grande de deportados podría afectar la economía salvadoreña. Muchos se han acostumbrado a puestos de altos salarios en EE UU y podrían batallar para encontrar puestos adecuados para sus habilidades. Quienes sí encuentren empleo podrían desplazar a otros salvadoreños quienes ya están en la fuerza laboral, y esas personas podrían ser obligadas a tratar de emigrar a EE UU en busca de mejores oportunidades.

La nación centroamericana también podría presenciar un influjo de pandilleros de la MS-13. El grupo que ha ido evolucionando hasta ser un socio clave de los cárteles mexicanos de la droga, así como una potencia criminal y militar en Honduras. (A mediados de la década de 1990, EE UU deportó a miles de miembros de la MS-13 a El Salvador.) Washington ha trabajado para deportar pandilleros o quienes son sospechosos de actividad pandillera.

Los salvadoreños deportados, en especial los jóvenes, posiblemente sean blanco de reclutamiento de la MS-13, lo cual a su vez podría obligar a los jóvenes a emigrar a EE UU en busca de su seguridad. “La población salvadoreña [ya] es vulnerable a la MS-13, por lo que este es un desafío monumental para El Salvador, el cual llevará a más migración [de El Salvador a EE UU]”, predijo O’Neil.

La política actual de EE UU con El Salvador surge de las “respuestas ad hoc y malicia” de Trump”, dijo Sabatini. “Regresar a 200,000 personas a El Salvador podría aumentar las posibilidades de que regresen a EE UU sin papeles. No hay empleos, no hay oportunidad” en El Salvador.

Venezuela: ¿los funcionarios enfrentarán más sanciones?

Desde mediados de 2017, la administración de Trump ha impuesto sanciones a funcionarios venezolanos y prohibido que instituciones financieras de EE UU provean de dinero nuevo al gigante petrolero estatal Petróleos de Venezuela del gobierno venezolano. Las sanciones han resultado problemáticas para el régimen de Nicolás Maduro, el cual ha batallado para cumplir sus deudas. En agosto, Trump dijo que no descartaba “una opción militar” para mitigar la crisis política en ese país.

Al preguntarle si EE UU impondrá más sanciones a funcionarios venezolanos, Sabatini dijo que Washington “no tiene el apetito para expandir las sanciones. El problema aquí es que, en cierto punto, dejarán de ser efectivas”. Hidalgo predijo que EE UU endurecerá las sanciones mientras tiene presente que “no quiere imponer sanciones más amplias a la economía venezolana porque esto afectará a la población. Estados Unidos no querría ser responsable de un colapso económico en ese país”.

Mientras China y Rusia buscan ejercer más influencia en Venezuela mediante sociedades militares y ventas de armas, según la Estrategia de seguridad Nacional del presidente, la administración debe explorar medidas diplomáticas con actores regionales e internacionales. Si Trump cumple su promesa de imponer sanciones a las exportaciones petroleras de Venezuela, podría afectar los empleos en más de 20 refinerías de EE UU, y podría aumentar los precios de la gasolina para los consumidores estadounidenses.

“EE UU tiene que movilizar a otras naciones observadoras para que se comprometan en pláticas serias sobre los derechos humanos”, añadió Sabatini. Mientras tanto, O’Neil advirtió que si la única meta de EE UU es derrocar al régimen, no tendrá éxito. “Al momento, el objetivo del gobierno de EE UU es un cambio de régimen, pero las sanciones rara vez logran este fin”, explicó ella.

Cuba: una isla en transición

En diciembre, el líder cubano Raúl Castro anunció que dejaría el poder en abril, posiblemente pasándole la estafeta al vicepresidente Miguel Díaz-Canel, quien sería el primer líder nacido después de la revolución en la isla en la década de 1950. Esta transición ocurre en medio de una relación deteriorada entre EE UU y Cuba, ya que la administración de Trump optó por retirar algunas de las políticas de la era de Obama, como aflojar algunas de las restricciones de viaje para turistas individuales y aumentar el acceso a negocios y hoteles relacionados con las fuerzas militares cubanas. Los nexos entre los dos países también se vieron afectados por los reportes de un supuesto ataque sónico furtivo que, se dijo, provocó pérdida de la audición y discapacidad cognitiva entre diplomáticos estadounidenses quienes trabajaban en la embajada de EE UU en La Habana en 2016. Esto llevó a la expulsión de 15 diplomáticos cubanos de Washington en septiembre pasado.

Aun cuando algunos reportes indicaron que la salida de Castro podría “dar un espacio para levantar” el embargo comercial de EE UU a Cuba que tiene 57 años de antigüedad, es poco probable que las relaciones bilaterales mejoren inmediatamente incluso si Castro renuncia. “Trump y su equipo continuarán usando su retórica”, comentó Gamarra. “A menos que haya una circunstancia imprevista, habrá más de lo mismo, para detrimento de los cubanos quienes viven en la isla”.

Sabatini añadió: “Antes que nada, Castro se mantendrá en el poder porque será el jefe del Partido Comunista, por lo que estará detrás del trono. Deberíamos cultivar [mejores] relaciones, pero no sucederá milagrosamente en el siguiente par de meses”.

En octubre, Díaz-Canel rechazó los llamados de Trump a restaurar “la democracia y el capitalismo” en la isla, según Reuters. “Cuba no hará concesiones en su soberanía e independencia, ni negociará sus principios o aceptará la imposición de condiciones”, dijo él en su momento. “Los cambios necesarios en Cuba serán llevados a cabo únicamente por el pueblo cubano”.

A pesar de las tensiones, empresarios de EE UU podrían buscar proyectos en Cuba, en especial en la producción de alimentos, biotecnología, construcción y energía. Aun más, funcionarios cubanos y estadounidenses posiblemente continúen cooperando en la lucha contra el comercio ilícito de drogas, después de que los países sostuvieron pláticas durante una reunión en Washington la semana pasada.

¿Qué sigue para la región?

Aguirre Ferré dijo que la solidaridad hemisférica tiene la máxima importancia para la administración de Trump.

“EE UU mira hacia delante para comprometer a estos países a hallar otros acuerdos que sean mutuamente benéficos”, continuó ella. “La administración de Trump ha hecho más para apoyar los derechos humanos en Cuba y Venezuela, [así como] acuerdos comerciales bilaterales, en el primer año de lo que cualquier otra administración ha hecho en cuatro u ocho años. Estamos orgullosos de nuestro historial en nuestro primer año”.

Pero el futuro de las relaciones entre EE UU y Latinoamérica es incierto. Varios países en la región celebrarán elecciones, y los líderes emergentes en países como México, Colombia, Brasil y Venezuela podrían ser menos amigables con Washington.

“Las elecciones se decidirán por políticas locales más que por políticas de EE UU”, señaló O’Neil. “No comprometerse en 2017 significa que [la administración de Trump] perdió esta oportunidad”, comentó ella, añadiendo que países como México, Chile y Perú han hecho avanzar sus propias agendas, como unirse al Acuerdo de Asociación Transpacífico, una entidad de la que Trump se retiró a principios del año pasado.

Sabatini también señaló la “influencia menguada” de EE UU en la región. “Este es un hemisferio que ama el multilateralismo”, dijo él, pero el secretario de estado Rex Tillerson no asistió a una reunión vital de la Organización de Estados Americanos en junio, durante la cual Venezuela iba a ser condenada por sus violaciones a los derechos humanos. Él también dijo que es posible que Trump no asista a la Cumbre de las América en Perú en abril.

“Podemos perder más apalancamiento en la región a expensas de nuestro propio interés nacional, en especial cuando se trata de [reunir] votos en la ONU, por ejemplo”, mencionó Sabatini.

Aun cuando las relaciones entre EE UU y Latinoamérica se han enfriado, a todos los países les interesa mantener una relación en términos de políticas de seguridad e inmigración. “No estamos en nuestro punto más bajo en la historia, pero este ciertamente es un momento en que las relaciones bilaterales no se han descongelado”, concluyó Hidalgo.

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